24 may. 2013

La marató i mitja

En su momento nos quedamos saliendo hacia Castellón para participar en la maratoimitja (MiM), el ultra (63 kms. 3000 D+ 1800 D-) con más sabor popular, probablemente junto a los 101 de Ronda. No podía ser de otro modo en un país como el nuestro: la MiM era en su origen una romería y los 101 los organiza la legión (ponga usted aquí, españolito, la interjección que proceda en función de cuál de las dos Españas le hiele el corazón).  El caso es que las dos se han convertido en plataformas de iniciación popular en el mundo del trail, sin perjuicio de aspirar también a concentrar lo mejor y más granado de los atletas españoles. De hecho, junto a la MiM también se celebraba el Campeonato de España de Ultra Trail con una distancia de 115 kms. El caso es que alguien no se enteró bien porque el mismo fin de semana se celebró en Canarias una pequeña prueba, casi desconocida, en la que no llegó a participar ni uno sólo de los miembros del sexycircus internacional del trail running (bueno, alguno sí fue). El caso es que los amigos del circuito pirata de CR nos repartimos de conformidad con los principios elementales de la división del trabajo: los buenos (Quijotes) irían a la Transvulcania y el lumpenproletariado del trail running (CxC) a Castellón.
Y eso no estuvo mal: algún día iré a la Transvulcania, pero hasta que llegue ese día, si es que tiene que llegar, pienso pasármelo de puta madre en la MiM. Vimos el mediterráneo cuando comenzaba a atardecer, recogimos nuestro dorsal (nos perdimos, sin embargo, el briefing), nos tomamos una cerveza esperando a Manu, que venía de Madrid directo desde el trabajo, nos tomamos otra ya sin esperar a nadie cerca del hotel (1 tercio/1 €) y al final nos fuimos a cenar. Resulta que, además de bueno y barato, el hotel tenía dentro (¿) un restaurante italiano en el que estaban cenando los del equipo Buff (sección enjutos) y algún que otro club. Había mesas de grupos pequeños de amigos que seguramente venían a la MiM. Había hasta un grupo de tres amigos con sus mujeres que habían aprovechado para organizar el viajecito (qué envidia me dieron ellos cuando al día siguiente me las encontré a ellas animándoles en varios puntos del recorrido). Y luego nosotros, vestidos de asistente a briefing venido a menos. En fin, a la piltra a las 12:00 y a levantarse a las 4:00 (¡coño, a las 4:00!).

Buff!















Vístete de Hoko truhán, cómete un bocadillo de salchichón, llena la camel con agua del grifo porque Jorge también se ha olvidado de comprar mineral, piérdete por las calles de Castellón con el coche, llega al parking, deja la mochila, espera a Ricardo que viene desde Valencia, ¡coño, Ricardo cabezón!, hola Carlos amigo de Ricardo, mira Jorge, un tío poniendo cuernos de jevi, sí, justo delante de SuperPaco, el del micrófono seguro que es el de los 40 principales de Castellón, mira un helicóptero con cámara como el que utilizan para hacer los videos de Kilian, ¡pero cómo es posible que haya tanta gente para correr 115 ó 63 kms! Si es que hay familias enteras, gente de todas las edades, fiebres ultraequipados y marchadores con morral. Cucha, Jorge, que me parece que aunque vayamos disfrazados de Hoko esto va a ser tipo nosotros.


Ricardo y su amigo

Llegamos a tiempo a la salida
La Salida

Salimos andando, literalmente, hasta más o menos el km. 7. A partir de ahí trotamos en las bajadas y el resto pie a tierra. Los legendarios avituallamientos de la MiM. Nos vamos separando de Ricardo y su amigo. A Manu le perdimos de vista al salir. Vamos Jorge y yo, chino chano, y de vez en cuando trotamos un poco. Jorge por ahora aguanta. Adelantamos a Superpaco y a Nanopiesnegros: ¡qué tíos! Seguimos. Las primeras muestras de idiotez: envases de geles. No serían pocas.
Chino, chano
Jorge adelantando a Superpaco


Les Useres, km. 30. Me pongo de bocatas como el tenazas. Llamo a mi mujer porque la he dejado en CR en una situación de alarma sanitaria familiar y me confirma que la cosa no ha mejorado (ouch). Jorge me hace un Jorge: oye, voy tirando que si me paro me duele la cintilla, ya si eso luego… Vale, no te preocupes. Salió como un morlaco del toril. Empezó a correr y a darle caña a los bastones y llegó en 10:30 h., habiendo ido andando casi 30 kms.y rebajando casi una hora y media la segunda parte respecto a la primera. Al final, casi coge a Manu. No le dolió la rodilla en ningún momento, se lo pasó como dios y terminó un ultra con sensaciones más que buenas. Y todo ello a pesar, y gracias, a haber sabido aguantarse durante la primera mitad. Le vendrá bien para el GTP110.
Mis kms. 30-40 fueron horribles: mucho calor húmedo, pérdida de cosas ricas y necesarias para el organismo debido al sudor y desfalleciendo en las subidas. A partir del 40, ya aproximándonos a Teruel, baja la temperatura y diluvia. Mucho mejor. En el 40 y pocos otro avituallamiento buenísimo. Me lo como todo (con perdón) y en ese momento soy consciente de que termino seguro. Tengo fuerza para hacer otros diez y pienso que, si llego al 50, los últimos 10 los hago aunque sea reptando (¿Quién del suelo es cicatriz?). Pero es que cuando alcanzo el 50, que es el último avituallamiento y en el que no lo hago peor (dios, un corredor bebiendo de una bota de vino),  compruebo que estoy bastante bien. Total, que la última cuesta termina en el km. 60 y los tres últimos de bajada por piedras y pinchos los hago corriendo y pegando brincos con los bastones: si no me tuerzo un tobillo o me doy una hostia llego por debajo de 12:00 h. El último km. tengo que acelerar el ritmo porque no estoy seguro de la hora de salida y entro en la meta esprintando. 11:53 h. Jorge me está esperando, me cuenta lo bien que le ha ido a él y me dice que soy un monstruo. Y es verdad. Me emociono al sentarme por haber terminado y haberlo hecho tan bien y él me reconoce que a él le ha pasado lo mismo… una hora y media antes. Luego entraría Ricardo, desfallecido y un poco cabreado por algunos asuntillos que no mencionaremos ni siquiera para decir que cuando llegó a un par de avituallamientos ya no había nada (legendarios, si hay), pero al rato se le pasó y sus sensaciones fueron tan buenas como las nuestras.
No mentía
¡Qué hermosura madre!
Un último bocadillo de jamón (hoy han caído tres barras en bocadillos como poco), tres caldos de pollo y a la ducha. Nos ducharíamos 800 personas en cuatro duchas. De esto prefiero no hablar. Sólo diré que me robaron mi camiseta de finisher pero que no me importó porque eso era lo menos que podían robarme en un cuchitril como ése, lleno de culos. De vuelta al hotel, recarga de hidratos, o como se llame: al pedir en el italiano tuve que convencer a la camarera de que me iba a comer yo sólo todo eso (c.p.). A dormir otra vez y a la mañana siguiente a CR.
Vamos, un ultratrrrrrrail.


17 may. 2013

De Arroba de los Montes al Estrecho de las Hoces

Sábado, 11 de mayo. Era un sábado de los de correr.

Se corría la Transvulcania en la isla de La Palma (83,3 km. 4415 m. D+ y 4110 m. D-). Allí estarían Toty, Iván, José Luis, Marín, Luismi. Máquinas del carrerismo campestre y de lo que les pongas.

Y en Castellón, además de la CSP 115 km., se correría la Marató i Mitja (MIM) (63 km. 2850 m. D+ y 1600 D-). Allí disfrutarían Luis, Jorge, Ricardo y el gran Manuwar. Máquinas de lo que les pongas también, pero éstos -como yo- en versión diésel.

Incluso alguno habría por ahí, como nuestro querido amigo Daniel (De T run is T life), corriendo los 101 km de Ronda

Y aquí, en La Mancha, un pura sangre y un diésel "deshacendaos". Juan Carlos y yo. ¡No podía ser! No podíamos quedarnos quietos. No tendríamos tanto tiempo como los de la Transvulcania o la MiM, porque Juan Carlos tenía una comunión en Toledo y yo tenía una comida (a la hora de comer, claro) y un cumpleaños que se preveía como "merienda-cena-ydetó". Así que decidimos hacer una ruta cortita, pero por un sitio que no conociéramos. El lugar elegido sería todo el monte que hay entre las poblaciones de Arroba de los Montes y Puebla de Don Rodrigo. 

Eran las 6 de la mañana cuando Juan Carlos pasaba por mi casa para hacer los setenta kilómetros que nos separaban del inicio de nuestra ruta. Llegábamos allí con luz. 
Juan Carlos acicalándose

Dejamos el coche en el pueblo y tras una primera intentona errónea salíamos de la población y comenzábamos a subir directamente y sin anestesia hasta la cuerda de la Sierra de Arroba. Un kilómetros y medio para ascender unos doscientos metros.  


Subiendo a la Sierra de Arroba
Nada más volcar hacia el lado sur de la sierra, el paisaje empezaba a cambiar. Más verde, más tupido, más bonito.


Pronto te encuentras con una puerta que puede traspasarse sin problemas y, desde allí, se desciende por un cortafuegos hasta una pista en perfectas condiciones que discurre por la mitad de la falta del cerro, con vistas a la Sierra de Enmedio.
La valla
El inicio del cortafuego

Juan Carlos por delante y por detrás (con perdón) y la Sierra de Enmedio


Desde esa pista perfectamente conservada (parece que la han barrido) se comienza a descender muy suavemente a lo largo de unos 10 km. Se trata de una de esas bajadas en las que, sin tener apenas sensación de descenso, las piernas van rápidas y sin esfuerzo. Ni cuesta, ni te cargas. Además, nosotros lo hicimos despacio porque el paisaje era precioso, la temperatura ideal y parábamos para poder contemplar lo que se abría ante nuestros ojos, para hacer una foto o para tratar de ver lo que oíamos entre el bosque. Vimos alguna serpiente, muchos pájaros y algunos ciervos.

Después de esos 10 km vemos el río Guadiana, uno de sus meadros, justo antes de encerrarse en el Estrecho de las Hoces.


Justo después vuelves a perder de vista el río, porque el camino empieza a descender aún más y el terreno de la izquierda queda cada vez más alto. Sin embargo, nosotros nos apartamos del camino para poder contemplar nuevamente el río.
Subiendo una bonita loma para contemplar el río Guadiana
Mirador natural


Desde allí el espectáculo es magnífico. Todo el meandro abajo, el Estrecho al fondo, la sierra, el ruido del agua, los pájaros, el olor a campo, una luz preciosa y nada más.

Volvemos otra vez al camino por donde habíamos llegado y nos acercamos, ahora sí, al río en una bajada más directa. No obstante, antes de llegar a abajo nos hacemos unas fotos que, en realidad, no sirven ni para trasladaros lo bonito que estaba todo, ni la alegría que teníamos por estar allí. En dos horas solo habíamos estado corriendo, oliendo, mirando, viendo, disfrutando, sin nadie que nos molestase.





Y después de las fotos, ahora sí, bajamos finalmente al nivel del río, lo que aprovechamos para comer unas barritas de cereales con chocolate que estaban de escándalo.


Un descansito y a seguir corriendo. Sin embargo, esta vez el camino se dirigía desde el nivel del agua hasta lo más alto de la sierra de Enmedio, poco a poco, sin mucho desnivel, pero sin parar de subir. Ahora iríamos viendo el valle a nuestra izquierda, intuyendo a lo lejos por dónde habíamos bajado a la ida. Los metatarsos de mi pie izquierdo estaban empezando a inflamarse. Es lo que tiene hacer el bestia unos días antes por piedras con unas zapatillas desgastadísimas con más de 1500 km en su suela. Cada piedra que se clavaba me iba doliendo más, pero no pararíamos. Más de diez kilómetros de subida con un pequeño falso llano en mitad. El paisaje, igual de bonito que antes.

De repente estábamos en la carretera que une la Puebla de Don Rodrigo y Arroba, pero justo antes de llegar a ella, bajamos por un cortafuegos en lo que sería la parte final de nuestro recorrido, una sucesión de desniveles importantes hacia arriba y hacia abajo que no nos darían tregua hasta llegar, nuevamente al inicio de la pista que habíamos cogido al principio después de subir y bajar parte de la Sierra de Arroba.


Desde allí solo quedaba desandar lo andado, subir y bajar directamente a Arroba de los Montes para terminar con casi 31 kilómetros en las piernas, 1060 metros de desnivel positivo y 4 horas de monte para recordar.

A las 12:15 estaba de vuelta, ducha rápida y al campo, esta vez para comerme una fabulosa paella con amigos, amigas, churumbeles y mucha cerveza.


Paella by FELIPE

Si quieres ver la ruta completa en WIKILOC, pincha aquí.


10 may. 2013

Teoría y praxis del BRIEFING


Sabemos que este blog se ha convertido en un referente en materia de urbanidad y por ello hemos creído adecuado proporcionaros algunas indicaciones acerca del modo en que debéis comportaros en ese acto social que os pone tan nerviosos. Como los españoles ya no vamos ni a misa ni a los toros, la simple idea de encontrarnos en un recinto cerrado con otras personas sin tener en nuestras manos una pancarta o un silbato hace que nos entre un cosquilleo incómodo. Así que vamos a ello.
¿Qué es esto?
Un briefing es la charla técnica que nos dan antes de una carrera, en nuestro caso por la montaña, el campo o el puto monte sin más. Los hay de varios tipos. El más rudimentario es el que di yo mismo el otro día en la In-Fernán Caballera: me subí a un banco de la plaza del pueblo y dije cuatro cosas bien dichas, se me olvidaron otras tantas y al final tuvo que subir Quique a hacer algunas correcciones y a completar la charla. Comportarse en estos casos es muy sencillo: basta con escuchar con media sonrisa y, cuando el pollo acabe, darnos la vuelta con un “aaarrea…” o un “adioslaluz”. El problema son los otros, esos que tienen lugar la tarde de antes cuando retiras el dorsal y te meten en un sitio tipo cine con butacas e incluso sacan un ordenador (sí, amigos, los famosos medios audiovisuales) y te enseñan una bonita presentación con todos los datos relevantes, los que ya están en el reglamento que se supone que hay que haber leído y algunos nuevos: “cuidado con la bajada del ahorcado, que parece que tiene piedra suelta”, “el último mapa dice que va a caer la de dios es cristo”, “no tiréis papelicos al campo”, etc.
¿Cuál es el problema?
Si no sabéis cuál es el problema que aquí se plantea es que o bien no habéis ido a uno de estos briefings, o es que vosotros ya tenéis buena pinta de serie. Los demás ya conocéis la sensación de comprobar que eres un mierdaseca a la vista de tanto cuerpo atlético o enjuto. ¡Claro que no les veis en la carrera! ¡Es que no coincidís con ellos ni siquiera en la salida! Y frente e a ellos, tú. Sí, el mismo que salía el jueves y llegaba el domingo, el que un buen día se astragó (normalmente coincidió que tuvo descendencia) y empezó a correr. Dos sensaciones alternativas recorrerán tu mollera: la de que te miran tanto porque están pensando en echarte a una cazuela y la de que vas necesitando desenroscar la boina una vueltecita más. Pero descuida, que CxC sección enseña y divierte te ayudará, si no a pasar desapercibido, sí al menos a moverte con algo parecido a la dignidad. Y para ello lo primero es conocer al enemigo.
Paisanaje (propuesta de sistematización)
Este es el primer tipo: el enjuto cuarentón. No es muy alto pero se le ve fuerte y recio. No le sobra de nada, especialmente pelo, porque o bien es calvo o está muy rapado. En el vestir es sobrio pero acertado: llevará una segunda capa de marca cara pero que se ve usada, preferentemente con el símbolo o el nombre de algún club, aunque también puede ser de la selección andaluza o balear de carreras por montaña. Pantalones de montaña caros, sin atajos. Zapatillas de correr por el monte limpias, aunque se las ve pateadas: preferentemente salomon speedcros y nunca unas asics porque, claro, son para gordos. Y todo eso de vivos colores. La conclusión es que viene a esto, sí, pero probablemente también vaya a comprar de esta guisa a Ahorra Más. De este tipo en CxC tenemos a uno.
El segundo se parece al anterior: de hecho, podría ser él mismo pero quince o veinte años atrás. Tiene pelo, probablemente largo y, los días especiales, rizado a lo 11811. El outfit anterior le parece convencional, así que además de risas y seguridad en uno mismo lleva ropa de tienda de skater, más o menos lo mismo que utiliza en temporada cuando se acerca a Pirineos a hacer snow. Pero, ay amigo: de aquí a diez años todos calvos y te veo con las speedcros. Y volverás a los esquís.
El tercer tipo es el triatleta que está probando. Parte del primer tipo pero le saca una cabeza y media y varios palmos de envergadura. Tiene unas espaldas que no le caben en el cuerpo, el culo duro como una piedra y no le gusta la ropa excesivamente llamativa: la atención ya la llama él, si eso. Está serio y concentrado porque no viene aquí a hacer el capullo, ni a perder el tiempo ni, mucho menos, a hacer snow. O gana o le dará un pajarón.
La solución
No te preocupes. Siempre puedes ir al briefing disfrazado de portero de balonmano, es decir, con un buen chándal de paño y una sudadera de roky balboa gris, ambas prendas tala XXL (como Quique); o vestido de entrenador de fútbol 7, categoría alevín, con un anorak de esos que te hacen como una bola (como Jorge); o vestido como si vinieras directo de los billares, ya sabéis, vaqueros, parte de arriba de chándal de cremallera y zapatillas para salir volao (como yo, excepto por lo del chándal, que me da corte); o vestido como un entrenador de baloncesto del Dinamo de Zagreb (como Paco Vargas), o con lo último de Decatlón (esperemos que sea el próximo Príncipe de Asturias del deporte). Vayas como vayas, eso sí, míralos bien a todos para ver si se te pega algo y en esta carrera, por lo menos, intenta no llegar el último. Siempre puedes amenazar al penúltimo con agredirle físicamente si no se deja adelantar (como haría otro CxC, por cierto).
Y dicho esto, cierro que salgo disparado a ver si llego al briefing de la maratóimitja. Vamos Jorge y yo, y acompañamos a Ricardo, amigo cabezón, y a Manu, que parece dispuesto a dar muerte al falso metal en cuanto den la salida.
PD: en la próxima contribución de CxC-Urbanidad, cómo comportarte en el vestuario después de una carrera de montaña.


9 may. 2013

26 km por LA CALDERINA

De Izq. a Dcha: Arriba: Guti, Iván, Jorge, Quique, Toty, Nano.
Abajo: Juan Carlos, Marín, Miguel Ángel, José Luis, Ramón, José.


Hace ya bastantes años, el día 1 de mayo de 1886, comenzaban unas jornadas de lucha obrera en Chicago que se saldaban finalmente con la muerte de varios sindicalistas que exigían una jornada laboral de 8 horas (los Mártires de Chicago).

Por eso se eligió el 1 de mayo para celebrar el Día Internacional de los Trabajadores, fiesta del movimiento obrero mundial.

«ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa»

Como la cosa no está para quitarle horas al trabajo, nosotros se las quitamos al sueño y a la casa para destinarlas a correr por el campo.

Este 1 de mayo los CxC correríamos sí o sí. Pensábamos hacerlo por la zona del embalse del Vicario, pero el día de antes surgieron varias opciones: los Bomberos harían una salida cortita por la zona de Picón con unos amiguetes que querían comenzar a dar zancadas por el campo. Serían 15 km suaves. Por otro lado, los Quijotes Transalpinos (ahora Transvulcánicos) querían irse a la Sierra de la Calderina para hacer unos 25 km con el desnivel que fuera menester para llegar a punto para su participación en la carrera dela isla de La Palma.

No sé cómo Juan Carlos unió sus ganas de correr con las ganas que tenía Nano de ir a trotar un rato por La Calderina, pero, al final, nos decidimos por la versión más larga y dura (con perdón) de las tres. Bueno, sí lo sé. Juan Carlos le dijo a Nano que serían solo 15 o 20 kilómetros. Seguro que se equivocó y le bailaron los números.

A las siete y media de la mañana del día 1 salíamos para allá Juan Carlos, Nano, Ramón, Jorge y yo. En otro coche irían Toty, Miguel Ángel, Guti, Iván Manzano y Marín. Desde Los Yébenes saldrían José Luis y  un colega suyo que no conocíamos: José. En total, doce.

A las 8:20 empezábamos a trotar todos juntos desde un descansadero de la Ruta del Quijote situado a unos dos kilómetros del pie de La Calderina. Hasta allí el ascenso era muy suave, tanto como el ritmo que llevábamos. Desde el comienzo de la subida a la Calderina hasta su cumbre hay casi cinco kilómetros de pista con un desnivel constante. Pronto estábamos arriba.

Mientras subía pensaba en la diferencia de percepción que vas teniendo con el paso del tiempo y de los kilómetros. Hace un año y ocho meses acudíamos por primera vez a La Calderina. Ramón aguantó la tirada y subió corriendo, pero ni Luis ni yo fuimos capaces. Se me hizo eterna, tuve que parar varias veces a andar y cuando paraba ni andar podía. Sin embargo, después de este tiempo y, sobre todo, de muchos kilómetros en las patas, la cosa se ve de otra manera. Se me hizo muchísimo más corta, más suave y más bonita. ¡Cosas del “celebro”!

Arriba nos hicimos las fotos de rigor, echamos un trago, picamos algo (yo, gominolas) y vimos el siguiente cerro que había que subir. Desde allí se veía bonito. Acto seguido iniciamos el descenso, pero para variar y no aburrirnos a mitad de bajada nos “tiramos” por un cortafuegos que nos sirvió para disfrutar, poner a prueba los tobillos y decir sandeces sin ton ni son (Los de CxC, claro. Los otros son muchachos sensatos)




Una vez abajo enfilamos el nuevo objetivo, otro cortafuegos (esta vez para subirlo) que estaba a unos dos kilómetros y medio. La cosa empezaba razonable, pero poco a poco se iba poniendo dura (c.p.) hasta el punto de cagarte en la madre y el padre del cortafuegos. Así que hubo que poner la reductora, echarle paciencia, cuádriceps y gemelos. Como era de esperar, Juan Carlos, José Luis e Iván iban en el grupo de cabeza, en el que también se coló Guti, como si aquello fuera para ellos  más llano que para nosotros. Nosotros -para controlar el tema, no porque fuéramos echando los higadillos- cerrábamos el pelotón por este orden: Jorge, Ramón, Yo, Miguel y Nano que, en aquellos momentos, se acordaba de todas las generaciones pasadas y futuras de Juan Carlos. – Y que quince o veinte kilómetros. – Decía con cara de pocos amigos

Menos mal que arriba echamos un trago y yo, como experto nutricionista que soy gracias a los muchos años que me vengo nutriendo, les enseñé a los demás los magníficos geles que llevaba esta vez para recuperarme del esfuerzo y reponer hidratos y proteínas para seguir como una moto. Geles de atún en forma de empanada envuelta en papel de aluminio. No es que estuviera bueno, es que te dejaba nuevo. Llevé dos trozos y uno de ellos fue repartido y degustado entre los más valientes. 


Ahora tocaba crestear por una zona preciosa de toboganes de unos dos kilómetros y medio. La vista era espectacular. Lástima que Jorge empezara a notar molestias estomacales (seguramente por no haber comido empanada). Nano también iba bastante tocado por una sobrecarga en los aductores.  Menos mal que el amigo Toty (el cuidador) iba a su lado, con su cámara, dándoles palique para que se les pasara más rápido. La verdad es que Toty es la “madre” del grupo, sin duda. 


Desde allí ya solo quedaba bajar (2,5 km) y llanear (6 km), cada uno a su ritmo. Sin embargo, de vez en cuando, los primeros esperaban a los últimos para reagruparnos.  

En la última parada me hice el valiente y seguí el ritmo de dos de los crack del grupo (Juan Carlos e Iván) y, sorprendentemente, conseguí llegar al final a la misma vez que ellos -y antes que los demás- lo que hizo que terminase con unas sensaciones extraordinarias.

Camiseta seca, estiramiento, unas risas, unas fotos y para casa, no sin antes parar a tomar un par de cervezas para reponer ácido fólico, que es muy importante según Txus Mari.











En definitiva, 26 km y pico de carrera, unos novecientos metros de desnivel positivo y un buen rollo espectacular.

Quizá haya que ir pensando en darles un toque a los Bandoleros del Guadarrama para ver si les interesa una sección de Bandoleros Manchegos que, como ellos, disfrutan enormemente de la naturaleza, el deporte, la compañía y los post (o entrenamientos pasivos en barra o mesa de bar)  

*Por cierto, ¿quién hizo la foto de grupo?