19 sept. 2013

Vivaqueando por el campo (3ª parte... y última)

Estábamos jodidos, bien jodidos...

Seguíamos avanzando hacia la carretera, sin decir nada. Cada uno iba haciendo sus cábalas, pero no era cuestión de ponerlas en común. Lo único que había que hacer era seguir... Seguir y pensar en algo positivo. Por eso, tal y como habíamos hecho cuando no encontrábamos la Cañada Real, volvimos a recordar que al día siguiente, el sábado, habíamos quedado en casa de Carlos y Anne. Nos habían invitado a cenar unos solomillos a la parrilla para que probáramos con los mismos una salsa verde que Carlos había logrado hacer muy parecida a la que te ponen en el Restaurante "El Churrasco", de Córdoba. Carlitos es un fenómeno. Y un buen bebedor de cerveza. Así que nuestro consuelo era ése: Que al día siguiente nos inflaríamos de cerveza y solomillo con salsa verde en casa de Carlos y Anne.

De repente, oímos un ruido. Era un motor. El de un coche. Al momento vimos aparecer un todo-terreno blanco a gran velocidad que venía hacia nosotros. Debía ser el vehículo blanco que habíamos visto antes, cerca de la vivienda de la finca que estábamos atravesando. Paró a nuestro lado.

- ¿Qué hacéis vosotros por aquí?
- Sabemos que no deberíamos, que es privado, pero...
- Menudo susto me habéis dado, cuando os he visto he creído que llevabais escopetas.- Dijo señalando nuestros bastones.
- Es que nos hemos quedado sin agua. Íbamos por el camino de Juan Cantos con intención de llegar al Embalse de la Fresneda, bordearlo y bajar hasta la carretera que llega a Viso del Marqués para poder beber allí y rellenar las mochilas.
- Subid.

Sin decir esta boca es mía, obedecimos. Nos llevó de nuevo a la vivienda donde poco antes no habíamos encontrado a nadie. Nos dejó en el coche y se metió dentro. Podía ser que hubiera pasado a por una escopeta para darnos dos tiros y habernos enterrado un poco más allá, pero nosotros solo pensábamos que habría ido a por unos vasos de agua, quizá un litro, quizá litro y medio... De pronto apareció con una garrafa de agua de 8 litros, congelada en su mayor parte. A punto estuvimos de besarle en los morros... "Ahora no os faltará", nos dijo. Nos llevó prácticamente al sitio donde nos había recogido, nos abrió la puerta de la finca y nos dejó la garrafa de agua para que hiciéramos con ella lo que quisiéramos. 


Estábamos secos. Nos entraron (y porque paramos) unos dos litros de agua a cada uno de nosotros en nuestros tiernos buches. No teníamos consuelo. ¡Qué rica! ¡Qué fresca! 

Llenamos mi mochila (otros dos litros) y el bidón de Luis (medio más). Dejamos la garrafa con el hielo que quedaba en la puerta de la finca y salimos trotando para completar -ahora sí- nuestra ruta.

Parecíamos otros. Qué importante es la hidratación y, en casos como éste, no solo a nivel fisiológico, sino también psicológico. No sabíamos qué iba a ser de nosotros, ni hacia dónde dirigirnos, ni siquiera si llegaríamos a algún sitio. Sin embargo, ahora, habiendo resuelto el problema, las cosas se veían de otra manera. Las piernas funcionaban. El ánimo estaba intacto.

Corrimos los cuatro kilómetros que nos separaban del camino que saldría a nuestra derecha (al lado de la "caseta forestal"). Al llegar a ella vimos que había un todo-terreno. Miramos por las ventanas por si estaba el guarda, pero allí no había nadie. Había que seguir por un camino con un cartel de "camino privado". Seguimos trotando y a los pocos minutos nos encontramos con el guarda que nos preguntó qué hacíamos allí. Le explicamos nuestras peripecias y nuestra intención de acortar por allí para ir al Valle de los Perales. Rápidamente nos indicó por dónde tendríamos que ir, advirtiéndonos que por allí siempre nos encontraríamos los carteles de prohibido el paso, pero que no nos preocupáramos, que siguiéramos adelante. Un tipo majo.

También es verdad que cuando alguien del campo te ve corriendo por ahí, sobre todo si le dices de dónde vienes y adónde vas, se asombran. Parece que, al saberlo, bajan la guardia, pensando que no puede ser que vayamos por ahí para hacer nada malo. Por eso, normalmente, se muestran colaboradores y te ayudan en lo que pueden. 

Bueno, a lo que íbamos. Que seguimos corriendo, ya casi sin parar por esos campos "privados", -con tramos muy bonitos, por cierto- hasta salir nuevamente a un carreterín.

Desde allí, recorrimos los últimos metros para llegar, por fin, al Parque Forestal "Valle de los Perales"


Llegamos con las últimas luces, a las 21:00 horas. Habíamos recorrido unos 50 km en 9:45 horas (contando pérdidas de tiempo y lugar, paradas, charletas...).
En rojo el tramo "improvisado" para llegar al "previsto" (naranja)

Al llegar, fuimos directamente a la fuente. Nos lavamos la cara y las manos. Bebimos más agua, mucha agua. Seguíamos teniendo mucha sed.

No había casi nadie. Únicamente estaban dos parejitas haciendo fuego (en el Valle de los Perales hay barbacoas situadas en un recinto cerrado por los cuatro lados para evitar incendios, con lo que la prohibición de hacer fuego no es aplicable). Nos adecentamos con unas toallitas y nos cambiamos de ropa. Nuestros "vecinos" nos preguntaron de dónde veníamos y cómo. Se lo explicamos tan, tan bien que se apiadaron de nosotros y, mientras cenábamos nuestro jamoncito, nuestro lomo y nuestro pan alemán, se acercaron para darnos a probar sus manjares cocinados a la brasa: chorizo de matanza de la zona y chuletas de aguja. Además, nos iban ofreciendo de vez en cuando unas exquisitas aceitunas.
Luis no estaba borracho, solo henchido de alegría y emoción ante la mesa
Detalle de la "convidá" de los amables lugareños
También estaba por allí un trabajador del ayuntamiento del Viso que hacía las veces de guarda del parque forestal. Luis, como el que no quiere la cosa, ante la pregunta de éste sobre qué haríamos esa noche, le dijo:
- Hombre, si no te importara, nos gustaría pasar aquí la noche. Solo traemos el saco y el aislante, en plan vivac. 
- Por mí podéis quedaros. Si queréis, allí estaréis resguardados. - Nos dijo señalando una construcción donde estaban los cuartos de baño.

Sobre las 23:00 horas, se marcharon todos. Antes, habíamos sido previsores y les pedimos una botella de coca-cola de litro y medio vacía que iban a tirar. Serviría para sustituir al día siguiente la bolsa rota de agua.

Ya solo estábamos Luis y yo. Como aquéllo es un parque forestal con zona recreativa había alguna farola que nos proporcionaba la poca luz que necesitábamos para montar "nuestro campamento".

No hicimos caso al guarda. A Luis le daba "coseja" dormir al lado de los baños (él es un pelín escrupuloso), por lo que montamos el refugio contra la pared de una casa rural que en aquel momento no estaba ocupada. 

Sacamos nuestra cortina de baño, le pusimos los vientos y la sujetamos, por un lado, a las rejas de las ventanas de la casa y, por el otro, a unas piedras. No nos tapaba por completo (sacábamos los pies) pero nos protegía el cuerpo de la humedad que había en el ambiente.

Colocamos los aislantes y, entre los dos, las pertenencias (zapatillas y poco más). Extendimos los sacos, pusimos las mochilas como almohadas y ¡A dormir!. Ni estrellas, ni leches... La cortina de una ducha (al menos era azul).

¿Me respetarás?.- Dijo Luis
¿No me estarás tentando?.- Contesté yo



Al parecer, a no sé qué hora llegaron unos jóvenes que, sin percatarse de nuestra presencia, estuvieron por allí con la música a toda leche, inflándose de beber y magreándose a manos llenas (¡Juventud, divino tesoro!). 

Me lo dijo Luis al día siguiente. Él había tardado mucho en dormirse y, cuando lo lograba, dormía con un ojo abierto y el otro cerrado. Según dice, yo me quedé dormido al instante (Es que yo tengo la conciencia tranquila, jejeje).

Solo recuerdo haberme despertado al oír algo, sin saber qué era, levantar un poco la cortina y darme un susto de muerte. Al ver la piedra que sujetaba el viento al lado de mis pies creí que era una rata (¡me dan un asco!) Al comprobar que era la piedra volví a los brazos de Morfeo.

A las siete de la mañana nos estábamos levantando. Los sacos habían resultado todo un acierto. Aguantarían temperaturas bastante más frías. Nos pusimos nuevamente las mallas HOKO (que tienen un tratamiento anti-olor que es una auténtica maravilla), una camiseta limpia de CxC, nos aseamos como pudimos, nos tomamos un bocata y un zumo y preparamos las mochilas. 

Mientras desayunábamos, decidimos que no podríamos hacer la ruta completa que teníamos pensada porque sería casi imposible llegar antes de las tres de la tarde a Calzada de Calatrava a devolver la llave de las puertas de la finca de "La Atalaya de Calzada" (a pesar de que no valían para nada). El policía local nos estaría esperando y no podíamos abusar de él (de su confianza quiero decir...). Así que nos daríamos un paseito por aquellos cerros que tan bonitos se veían con la luz de la mañana.

Nos adentramos en el monte por donde nos había dicho el guarda que, además, coincidía con el itinerario inicial que teníamos marcado. Pronto nos encontramos una valla. Cerrada. Alta. A saltar (Vamos a tener que empezar a llamarnos DxC: DelinquiendoporelCampo). 

Trotábamos las bajadas, los llanos e, incluso, alguna subida suave. Andábamos las subidas más pronunciadas. Las piernas parecían estar recuperadas del día anterior. Además, la presión era nula. Y el paisaje, precioso.

Hablábamos, disfrutábamos, mirábamos... Por cierto, se nos había olvidado algo... A mí me vino a la cabeza de repente (bueno, a la cabeza no). No habíamos ido al baño desde el día anterior, así que tuve que apartarme tras unos frondosos chaparros para proceder. (Lo siguiente no lo cuento). 

No sé si tendrá o no sentido, pero suelo poner una piedra (tan grande como sea necesaria) para tapar lo que antes no estaba. Así que, al levantar una de considerable tamaño (por necesidad) pasó eso que siempre había oído, pero que nunca había visto. Justo debajo de la piedra, había un alacrán. Por cierto, un bicho muy bonito.

- ¡Cojones, menudo ejemplar! - Vociferé para que me oyera Luis.
- No hace falta que me lo describas, guarraco - Contestó Luis.
- ¿A que no sabes lo que tengo? - Le dije. Luis ni siquiera contestó.

Con ayuda de un palito en forma de pinza cogí al bichito para enseñárselo a Luis. Le hicimos una foto y volvimos a dejarlo donde lo habíamos encontrado.
El alacrán
Seguimos un poco más, hasta encontrarnos con una valla (¡otra!). Ésta marcaba el límite del P.N. de Despeñaperros en la provincia de Jaén. Es decir, que separa Andalucía de Castilla-La Mancha. Como en el cartel rezaba que no se podía pasar sin autorización, no seguimos. Nos dimos media vuelta. 

Al volver, para que no fuese igual tratamos de seguir otra ruta, pero el mapa y los cortafuegos no coincidían plenamente, así que después de subir una fuerte pendiente para cruzar un monte, tuvimos que dar media vuelta, volver a bajar y coger nuevamente el camino de ida, pero al revés.
Ya hacía calor.
Paradita a la sombra para echar un trago de agua
Tuvimos tiempo para disfrutar, para ver el paisaje, incluso para contemplar algunos ciervos. Nos sorprendió que una de las ciervas y su cría no se marcharan al vernos. Estuvieron allí, a nuestro lado, mirándonos, de la misma forma que nosotros las mirábamos a ellas. Cuando nos cansamos, nos fuimos cada uno por nuestro lado. 

Bambi y su mamá
Al medio día estábamos llegando de nuevo al Valle de los Perales, después de 20 km muy agradables (si queréis ver por dónde, PINCHAD AQUÍ). Llamamos a las contrarias para decirles que no nos había comido un lobo la noche anterior, que ya estábamos de vuelta y que pronto estaríamos en casa. 

María (la contraria de Luis) iría a recogernos (¡Ole, María! 75 km de ida y otros tantos de vuelta). Como tardaría un poco, aprovechamos para darnos un baño en las gélidas aguas de la piscina del parque forestal, lo que nos dejó completamente nuevos. Nos comimos un bocata que nos quedaba y nos sentimos los reyes del mambo.
Los materiales dieron la talla
Al rato llegó María (y, encima, nos trajo cervezas frescas), fuimos a Calzada de Calatrava, entregamos las llaves de la finca en el ayuntamiento y regresamos a casa.

Vivaquear por el campo había resultado muy atractivo, con su antes, su durante y su después. Queda claro que nuestro vivac fue un vivac de pacotilla, pero, al fin y al cabo, era nuestro primer vivac. Ya habrá tiempo de dormir a kilómetros de la civilización, teniendo que cazar y pescar nuestra propia comida, bebiéndonos nuestra propia orina para sobrevivir, pero de momento habíamos disfrutado 25 horas completas por el campo (con su día, su noche y el día siguiente). ¡¿Qué más se puede pedir?!

Ni que decir tiene que por la noche devoramos los solomillos en casa de Carlos y Anne y que la cerveza que nos dieron estaba fresquísima. Y que el Gin-Tónic, recupera una barbaridad.



PD: Qué sí... que ya sé que soy un pesao, pero las trilogías es lo que tienen...

11 sept. 2013

Vivaqueando por el campo (2ª parte)

Nos habíamos quedado a los pies del Castillo de Calatrava la Nueva.

Luis y yo teníamos la intención de trotar hacia el Valle de los Perales, unos cincuenta kilómetros en dirección sur, para hacer vivac allí y continuar al día siguiente hasta el P.N. de Despeñaperros. A pesar de ello, ninguno de los dos teníamos experiencia ni en vivac, ni en acampada, ni hemos sido boy scouts...

Ya habíamos preparado los bocatas, habíamos revisado el contenido de las mochilas y nos disponíamos a salir cuando Luis se da cuenta de que la parte final del tubo de su bolsa de agua de litro y medio (el "pitorro" de beber) pierde algo de líquido. Parece fruto de la presión de la mochila al ir tan cargada, pero no creemos que sea grave. También lleva un bidón de medio litro en la cintura. Y yo dos litros de agua en mi mochila.
El castillo, Luis y yo
Eran las 11:15 de la mañana cuando nos despedíamos de Paco y empezábamos nuestro camino hacia el Valle de los Perales.

Conocíamos los primeros 15 km. El resto, sería una aventura en toda regla.

Nada más salir del castillo, hay que cruzar la carretera, seguir de frente y atravesar la ruta de D. Quijote para dirigirse a la Atalaya de Calzada, una finca pública vallada y con la caza arrendada a particulares. 

Cuando has recorrido unos dos kilómetros encuentras una valla con el único cartel de "coto privado de caza", nada dice de que la finca es pública, de quién es o cómo se puede visitar. O te buscas la vida (o te encuentras al guarda una vez que la has saltado, como ya nos pasó una vez) o no te enteras de nada. 

Esta vez teníamos llave.


Pero la llave no abría. Así que tuvimos que saltar. No había más remedio. En cualquier caso, no solo teníamos la llave (que no abría), sino que contábamos, además, con el permiso de la policía municipal. Aún así, tampoco nos apetecía encontrarnos al guarda, así que caminamos y corrimos prácticamente en silencio. A pesar de ello, fueron muchas la perdices que asustamos con nuestras pisadas.


El paisaje que se contempla al comenzar a subir es absolutamente impresionante. Desde allí se domina todo y la vista alcanza hasta lugares que no sabemos reconocer, salvo grosso modo.

De momento, vamos vigilando la carga. El saco y el aislante no se mueven casi nada y, lo que es mejor, el movimiento de éstos no se aprecia al correr en absoluto. Además, hemos colocado alguna cosa más entre los cordones de sujeción. Yo, el cortavientos. Luis, los mapas de la primera parte.

La subida la hacemos sin parar y a buen ritmo. Pronto rompemos a sudar, pero cuanto más subimos, más fresco hace y el viento nos seca la piel y las camisetas.

Rápidamente llegamos a La Atalaya de la Calzada (1.118 m), el punto más alto de la primera jornada. A partir de ahí empezamos a bajar, salvo algún cosa (que diría Mariano). De repente, vimos gente más abajo, por el camino donde teníamos que pasar, al lado de unas construcciones. Pensamos que sería el guarda de la finca con alguien más. Pronto pasaríamos corriendo por delante de ellos. Al llegar vimos que todos vestían camisetas amarillas. Y jugaban con palas de pádel en un campo de tierra, pero con la red alta, como de voley; una especie de bádminton con palas y pelota.

Se quedaron alucinados al vernos.

- ¿De dónde venís así corriendo?
- Del Castillo de Calatrava
- Y ¿Dónde vais?
- Al Valle de los Perales (contestamos como si fuéramos Dora la Exploradora y el Mono Botas)
- ¡Estáis locos!
- Tampoco es muy normal ver un grupo de personas vestidas de amarillo en mitad de la nada jugando a la pelotita.- Dijo Luis sonriendo, provocando las carcajadas de todos.

Eran del servicio de extinción de incendios de la Junta de Comunidades. Estaban allí, pasando el rato, por si les necesitaban para una emergencia. Después de que nos desearan suerte seguimos nuestro camino, pero unos metros después vimos que éste se partía en tres. Al pararnos acudió otro de los "habitantes" de aquéllas construcciones en mitad del monte. Éste no llevaba camiseta amarilla.

- ¿Queríais algo?
- Estábamos pensando... No sabemos si tenemos que ir por el camino del centro o por el de la derecha.
- ¿Dónde vais?
- Queremos salir de la finca por la puerta que hay justo antes de llegar a la zona recreativa
- ¡Ah! Entonces es por ese camino de ahí.- Nos dijo señalando el camino de la izquierda.
- Creemos que no, o es el del centro o es el de la derecha. El de la izquierda no puede ser. Mira el mapa.
- Ah, ¡Que lleváis mapa!
- Sí. Mira.
- A ver, ¿Dónde está el Norte?
- Mira, estamos aquí y no sabemos si es por aquí o por éste. 
- Claro, lo que yo os digo, es por aquí y ese camino es éste.
- No. Mira...
- ¿Dónde está el Norte? A ver... ¿Dónde está el Norte?
- Mira, es que éste no puede ser, porque...
- Pero ¿Dónde está el Norte?

Tuve que sacar el móvil, utilizar la brújula y mostrarle al fulano DÓNDE ESTABA EL PUTO NORTE.
Al verlo, dijo:
- ¡Claro! lo que yo decía... Es que me habíais dicho que queríais salir y aquí, al final del camino que yo digo, hay un puerta...
- ¡Vale!. Exclamé yo
- Oye, y... ¿Qué sois vosotros exactamente?. Dijo Luis para cambiar la conversación y evitar que yo siguiese hablando al verme la cara de "estetíoestontooqué".
- Somos... personas. Y bomberos.

El debía ser bombero-torero... (con perdón para los bomberos-toreros). Con lo majos y simpáticos que eran el resto...

A pesar de todo, Luis, con su buenos modales y su natural educación, le agradeció su amabilidad. Nos despedimos de él y salimos corriendo por el camino de la derecha, diciendo entre dientes "¿Dónde está el Norte?... ¿Dónde está el Norte?...

Bajada, subidita, otra antena, más bajada, más paisaje... La zona es preciosa y está perfectamente cuidada. Merece la pena dar un paseo por allí.

Habían pasado algo más de dos horas desde que salimos y ya estábamos al final de la finca, a unos 16 km del inicio del recorrido. Otra puerta y otro candado que nuestra llave tampoco conseguía abrir. Otro salto. Más bajada. Unos 500 metros y llegamos a la carretera CR-P-5041 (que lleva a la localidad de Huertezuelas), otros 500 metros más por asfalto y llegamos a la zona recreativa "Virgen de Valverde", un remanso de paz, tranquilidad, sombra y agua, un agua fresca de una fuente al pie del camino. Allí hicimos nuestra primera parada para rellenar a tope los depósitos de agua, comer unas barritas y unos frutos secos. Descansamos unos 15 minutos y seguimos por la misma carretera, otros 500 metros más, hasta encontrar un camino a la derecha para, poco después, alcanzar lo que en el mapa se indicaba como "Cañada Real de la Plata". 
Saliendo de la zona recreativa "Virgen de Valverde"
Al principio el camino es claro y seguirlo no plantea problemas. Mi móvil está en modo "avión" para reservar batería para el día siguiente, pero el de Luis está a pleno rendimiento para utilizar la aplicación WIKILOC, que sirve para poder seguir la ruta a través del GPS del teléfono. De repente éste emite un pitido que nos indica que nos hemos salido del itinerario marcado. Conforme avanzamos el aparato nos va diciendo que nos alejamos más y más metros de la ruta. Hay que retroceder. Cuando nos situamos sobre la linea que marca Wikiloc y comprobamos que ésta coincide con lo que nos indica el mapa en papel estamos seguros de que es por ahí. Pero ahí no hay nada, ningún camino. Se intuye que en tiempo de lluvia por ahí ha corrido el agua, pero poco más.
Cañada Real en amarillo
Es por ahí, hay que seguir, pero no hay ni rastro de camino, ni senda, ni nada que suponga una vía de paso. Campo, campo y más campo. Parece que vamos por el sitio más bajo, pero nos damos cuenta de que no siempre es así. El móvil vuelve a pitar. Es todo igual. Sin duda vamos en buena dirección, solo hay que mirar el mapa y ver que vamos más o menos bien orientados. Sin embargo, como no hay camino, ni senda, ni nada y el monte está cerrado nos cuesta mucho trabajo avanzar entre duros macizos de chaparros. Nos obligan a hacer numerosas eses. No corre ni una gota de aire. La mochila pesa bastante y después de horas ésta empieza a clavarse en los hombros. Hace mucho calor. Estamos sudando de lo lindo. 

El tramo se hace eterno. Avanzamos muy despacio. Cada pocos metros tenemos que parar a ver el mapa y comprobar nuestra posición con Wikiloc. No hay referencias en el paisaje. En el mapa aparece un arroyo que finalmente encontramos. Está seco, pero no sabemos por dónde cruzarlo porque está prácticamente cerrado de vegetación y, cuando llegas a él, hay un desnivel completamente vertical de varios metros que hace que vuelvas por dónde has venido para buscar otro paso menos complicado. Nos da la sensación de que si vamos algo más al Este encontraremos un camino. Se intuye desde la distancia. Cruzamos unos campos de labor áridos, secos... Cada vez hace más calor, cada vez estamos más desesperados viendo lo poco que avanzamos y lo mucho que tardamos. Pero no decimos nada para que el otro esté más tranquilo, hasta que Luis se da cuenta de que se ha quedado sin agua en la mochila. Ha debido perderla por el camino. Solo tiene medio litro en el bidón. Yo llevaré menos de un litro. ¡Peligro! 

Llegamos a lo que parecía ser un camino y, en su lugar, nos encontramos con una valla. Miramos al frente y vemos dos cerros y en lo alto de cada uno de ello una torre de vigilancia. Esto debe ser un fincón privado, pero el mapa no puede engañarnos. Por ahí pasa una cañada real. Según el mapa tiene que estar más al oeste, pero desde ahí no se ve nada. Decidimos seguir la valla en esa dirección. Cuando menos lo esperamos, después de una densa vegetación que nos obliga nuevamente a avanzar haciendo eses continuamente encontramos una puerta. Tiene un cartel, pero no vemos lo que pone. Al acercarnos podemos leerlo. ¡Qué alegría! VÍA PECUARIA, CAMINO PÚBLICO. Está abierta y solo hay que quitar un alambre para que el cerrojo nos deje pasar.

La ansiada continuación de la Cañada Real de la Plata
¡Qué alivio! Además, parece que la vegetación se abre en ese punto. Nos animamos, pero lo bueno dura poco y a los treinta metros la maleza nos obliga nuevamente a buscar la forma menos "dolorosa" de avanzar. El recorrido coincide con un arroyo (seco) y la maleza ha tapado todo. Pronto la cosa se despeja y aparece un camino. Menos mal... Pero también dura poco. Ahora hay que subir, sudar, apretar dientes e intuir la forma más cómoda de llegar a lo más alto. No hay senda. No hay nada. Vamos cansados de tanta dificultad. Quizá lo que estamos haciendo no sea tan difícil, pero creíamos que esa zona sería la más fácil de todas por tratarse de una cañada real (Una cañada real debía tener una anchura de 90 varas castellanas -72,22 metros- y tenían la característica de ser trazados de muy largo recorrido -más de 500 km.-). Sin embargo, ese tramo nos estaba machacando. Todo es campo a través y tiene tanta vegetación que se ve más allá de diez o quince metros, lo que nos impide ir en línea recta o hacia un punto concreto. Quizá si lo hubiéramos sabido. Quizá si no hubiéramos creído que sería fácil. En esto de correr por el campo, en general, es muy importante la cabeza. Menos mal que tanto Luis como yo la tenemos de hormigón armado.

Cañada Real con más detalle.
Por si vais, hemos señalado la puerta "oculta"
Por fin teníamos que dejar la Cañada Real de la Plata y tomar un camino. ¡Por fin un camino! No obstante, para llegar a él había que abrir dos puertas, una justo detrás de la otra (¡en los mapas no aparecen nunca las puertas). Las dos están abiertas, pero la segunda no se mueve por la vegetación. ¿Cuánto tiempo hace que no pasa nadie por aquí? A base de darle literalmente varios empujones hacia un lado y hacia otro, logramos abrirla lo justo para poder pasar. Ya no tenemos ganas de saltar. Sigue haciendo mucho calor. Deben ser la seis de la tarde... Ya estamos en el camino de Juan Cantos, pero a mí también se me termina el agua. En el mapa aparecen símbolos de construcciones. En cualquiera de ella pediríamos agua. Seguimos encontrando puertas abiertas, pero las construcciones del mapa a las que vamos llegando -todas- están  abandonadas. Aún nos queda un rato para llegar al embalse de la Fresneda, pero tampoco sabemos si allí habrá agua potable. Tenemos que seguir. Ya solo queda el bidón de Luis. Desde el camino se ve la "Tinada de Juan Cantos". Desde allí su color es marrón tierra, como todas las construcciones abandonadas que hemos visto hasta ahora. En cambio, a nuestra derecha, a lo lejos, se ve una casa blanca inmaculada.

Estamos fritos. Tenemos calor y sed y solo nos queda menos de medio litro para los dos. Tenemos que elegir entre seguir rectos, llegar a la Tinada de Juan Cantos y realizar el recorrido que Luis había preparado o ir a lo "seguro": llegar a la casa blanca inmaculada (en el mapa aparece como "Casa de la Fresneda"), pedir agua, rellenar depósitos y seguir el camino que nos llevaría al km. 7 de la carretera que llega hasta Viso del Marqués (CR-P-5024). Desde allí tendríamos que recorrer 4 km. por esa carretera (hasta el km. 3) para llegar al punto donde enlazaríamos nuevamente con el itinerario inicialmente marcado (al lado de una "Caseta Forestal").

Las dos alternativas: Roja (inicial) Verde (improvisada)
No había duda, teníamos que variar la ruta prevista e improvisar para asegurarnos el agua. Estábamos jodidos y esa era nuestra solución.

Por desgracia, los caminos marcados sobre el mapa estaban "borrados" del suelo, lo que hizo que nuevamente tiráramos de mapa, de Wikiloc y de intuición. Tras alguna que otra "vuelta" nos reorientamos al cruzar el puente abandonado y casi derruido que se veía en el mapa. Desde allí pudimos ver un vehículo blanco en movimiento cerca de la casa. ¡Hay gente!

Pronto llegamos a la casa blanca inmaculada, primero a la parte que parecía ser la que albergaba la maquinaria agrícola. No se veía a nadie. No había nadie. Hubo que rodear la zona vallada para llegar al otro lado de la casa. Tampoco vimos a nadie. Al llegar vimos algunos vehículos, pero tampoco había rastro de gente. Nos acercamos más. Al estar prácticamente al lado de la primera puerta un teckel salió a nuestro encuentro ladrando y con sus ladridos otros dos perros negros, muy grandes, se pusieron en alerta y comenzaron a ladrar como si en vez de dos hubiera cien (o ese nos pareció a nosotros). Ni que decir tiene que dimos rápidamente media vuelta para salir de allí como alma que lleva el diablo. Nos paramos a cierta distancia. Los perros seguían ladrando. Si había lo oiría y saldría. Pero no salía nadie y los ladridos parecían sonar cada vez más cerca. Lo mejor sería salir de allí cuanto antes.

Nuestro gozo en un pozo. Habíamos variado el recorrido y no había servido de nada. Caminábamos cabizbajos, en silencio, despacio. Solo quedaba otra oportunidad en forma de símbolo de construcción en el mapa. Pero al acercarnos a ella vimos que en ésta tampoco había nadie.

Con todo lo que había sucedido desde que nos metimos en la cañada real, nuestra alimentación e hidratación habían sido pésimas, casi nulas. Nuestro afán había sido únicamente no perder el camino primero y encontrar agua después. Hacía tiempo que no bebíamos y mucho más que no comíamos. Habían pasado horas desde que habíamos parado en la zona recreativa "Virgen del Valverde". Ahora recordábamos aquel lugar como un paraíso. 

Teníamos que comer y solo nos quedaban unos 150 cl. de agua. Había que parar y reponer fuerzas, reconsiderar la situación y decidir qué hacíamos. Sacamos uno de los bocadillos y lo partimos por la mitad. Yo (trituradora-man) pude comérmelo, pero a Luis no le entraba. Nos bebimos el agua. Faltaba algo más de 1 km para la carretera y unos 12 para llegar al Valle de los Perales. No sabíamos si llegaríamos. A veces, una distancia tan corta se hace "imposible" si tu cuerpo está como estaba el nuestro en ese momento (deshidratado y sin fuerzas). Solo quedaba una opción: seguir por carretera hasta Viso del Marqués (9 km.), recargar agua y seguir hacia el Valle de los Perales (+ 5 km). Sin embargo, no sabíamos si llegaríamos al pueblo. Al paso que íbamos tardaríamos unas 2 horas. Quizá más. Estábamos al límite. Quizá tendríamos que hacer auto-stop por la carretera. Si teníamos suerte alguien nos llevaría al pueblo. Pero, por otro lado, ¿quién pararía a dos tíos vestidos iguales, con una mochila y dos palos cada uno? Estábamos jodidos, bien jodidos...

(CONTINUARÁ)

9 sept. 2013

Vivaqueando por el campo. 1ª Parte.

¿Alguien ha buscado en el diccionario la palabra "CABEZÓN"? Son varias sus acepciones, pero falta una.

Cabezón: Luis.


Cuándo algo se le mete en la cabeza... Y como la suya no es de escasas proporciones...

¿Convencerle de lo contrario? Imposible. ¿Hacerle recapacitar? Improbable. ¿Cambiar algo sus planes? Al principio creerás que lo estás consiguiendo, pero al final te darás cuenta de que ha hecho exactamente lo que quería hacer y, lo que es peor, creerá que ha flexibilizado sus planteamientos para adaptarlos al resto del grupo. Nada más lejos de la realidad.

Ya hemos tenido ejemplos de ello, como cuando dijo allá por el 2011 que él correría solamente los primeros cinco kilómetros de los diez que se corrían en la IV Carrera Urbana de Ciudad Real (podéis recordarlo AQUÍ) o como cuando se le metió entre ceja y ceja lo que después llamamos el RUTÓN DE NAVIDAD (lo podéis ver pinchando AQUÍ y AQUÍ) o sus amores con las rutas largas (con perdón), como la RUTA CALATRAVA, que el mismo nos contó AQUÍ

Quizá deberíamos abrir una sección que se llamara "LUISADAS". Bueno, si os parece excesivo, podríamos dejarlo en una sencilla "etiqueta".

No sé cuándo dije yo lo de "estaría bien eso de hacer vivac"... El caso es que Luis debió oírme. No sé si fue en ese momento o más tarde, pero su cabeza empezó a funcionar, dando cobijo a la siguiente idea: 

"QUIERO HACER VIVAC. VOY A HACER VIVAC".

Para el que no lo sepa, lo del VIVAC es simple y llanamente dormir donde te pille, al raso, sin tienda de campaña. Al parecer es algo que suele ocurrir de imprevisto, pero, como ya sabéis, Luis, antes de hacer algo, lo ata, reata y vuelve a atar en su cabeza. Y una vez atado, si tienes lo que hay que tener, tratas de desatarlo.

Empezó haciendo un sondeo para ver quiénes secundarían su idea. Jorge, Ramón, Juan Carlos y yo estábamos dispuesto, aunque solo mentalmente. No teníamos nada para lanzarnos a hacerlo. Así que Luis, para solucionarlo, compró cinco sacos a muy buen precio (23 €), un volumen reducido, poco peso (menos de 1 kg) y que aguantaban un rango de temperaturas suficiente (Tª Confort: 10,4 ºC; Tª Límite: 6,2 ºC; Tª Extrema:  -6,3 ºC). 

Siguió madurándolo y vio que sería conveniente una funda de vivac, algo así como una bolsa para que el saco se mantuviese seco y aislado del terreno mientras se dormía en él, protegiéndonos de las inclemencias del tiempo y procurándonos un cierto bienestar. Pero vio que las fundas eran caras, demasiado para simplemente probar la experiencia. Así que decidió que si el vivac se hacía en verano y en La Mancha o alrededores era poco probable que pasáramos frío y mucho menos que lloviese. Por tanto, con el saco y un aislante (esterilla de espuma -EVA- para aislarse del suelo) sería suficiente para hacer un vivac.

Y el 28 de junio llegó el GTP y nosotros a él más fuertes que el vinagre. Y conseguimos nuestro reto. Pero Luis seguía fraguando lo del vivac...

A partir del GTP levantamos el pie del acelerador (bueno, algunos incluso nos bajamos del coche) y aumentamos el descanso. Corríamos muy poco (casi nada), pero seguíamos comiendo y bebiendo como si cada día corriéramos otro GTP.  Y llegaron las vacaciones. El tiempo del relax, de la cerveza sin tino, de los helados, las siestas de tres horas... El paraíso.

Y llegaron los kilos. En mi caso 8 kg de diferencia entre el 27 de junio, día anterior al GTP, (86 kg) y el 22 de agosto, último día de ferias de Ciudad Real (94 kg). 

Y Luis estalló. 

Había que hacer VIVAC. 

- ¿Cuándo?
- Ya
- Pero, Luis, si es que Jorge está de vacaciones...
- Ya
- Ramón no está corriendo últimamente muchos kilómetros seguidos...
- Ya
- Pero es que Juan Carlos terminó saturado y habría que decírselo antes para que cuadrara sus guardias...
- Ya
- Pero ya ¿Qué?
- Que o lo hacemos ya o no lo hago

No era cuestión de contradecirle, ni de hacerle reflexionar, ni de dejarlo para otro momento en el que pudiéramos todos, rebajásemos algo el peso o adquiriésemos una forma física de, al menos, NO-FOCA.

- Bueno, vale...
- Este fin de semana. El viernes salimos. Del Castillo de Calatrava al Valle de los Perales (casi 50 km), dormimos allí. El sábado temprano salimos para Despeñaperros, lo que sea menester. Alguien irá a por nosotros...

Solo nos quedaba concretar qué metíamos en las mochilas y cómo sujetaríamos el saco y el aislante.

Se me ocurrió que podríamos atar la carga con unos cordones, pasándolos por esas trabas que tienen las mochilas (muchas veces en material reflectante) a lo largo de sus laterales y que nunca he sabido para qué eran. Probamos. Podría valer.




En cuanto a la legislación, solo con echar un vistazo puedes "intuir" que lo del vivac no está regulado como debiera. Lo de la acampada libre (con tienda) suele estar prohibido. No parece haber regulación a nivel estatal porque las competencias en esta materia están transferidas a las comunidades autónomas. Incluso dependiendo de los espacios naturales la normativa es diferente. Sin escarbar mucho, puedes advertir que el vivac cuenta con mayor permisividad que la acampada libre, aunque también está prohibido en algunas zonas. Es decir, que incluso podríamos ser multados.

Lo único que sabíamos a ciencia cierta es que nada más salir del Castillo de Calatrava la Nueva tendríamos que entrar en una finca (La Atalaya de Calzada) que aunque es pública se encuentra cerrada con valla, puertas, cadena y candado. Había que llamar al Ayuntamiento de Calzada de Calatrava para que éste avisase al guarda de la finca y nos abriera y cerrara las puertas.


Miramos las previsiones meteorológicas y parecía que llovería; poco, pero llovería. ¡Qué casualidad! Al no llevar funda de vivac quizá necesitaríamos algo para hacer un refugio. Para ello, Luis pensó que necesitaríamos un plástico, tela, toldillo o similar que sirviera como cubierta. 
¿Sería suficiente una cortina de ducha? Algo de impermeabilidad tendría, no pesa nada y, además, tenía hechos los agujeros en uno de los lados para poder sujetarla. Hicimos otros dos ojetes (con perdón) en el lado contrario por si había que atarla a otro sitio en caso de necesidad. Al menos nos quitaría el relente o rocío nocturno... 

También llevaríamos cuerda. Compramos unos vientos en una tienda de deporte. En "el chino" compramos lo demás: Bridas de plástico, cinta aislante, pulpillos (gomas con enganches en los extremos), anillas (para que hicieran las veces de mosquetones pero más ligeras), unas pequeñas barrenas de mano como las de la foto de abajo (pensando que servirían para sujetar-atar algo a un tronco o similiar), bolsas de basura (para desperdicios o para tapar la mochila en caso de lluvia).
Barrena de mano
Además tendríamos que llevar lo que llevamos normalmente en una carrera ultra (agua, comida, cortavientos-chuvasquero, buff, gorra, protección solar, vaselina, botiquín, manta de emergencia, frontal y pilas de repuesto, navaja, silbato...) y ropa de cambio (2 camisetas, 2 pares de calcetines y 1 pantalón, además de lo puesto). No olvidaríamos tampoco los bastones. Ni los mapas del Instituto Geográfico Nacional que tanto le gustan a Luis y que tan útiles son en un lío de esta clase. Y el móvil bien cargado.

Y, en cuanto a la comida... Había que alimentar a dos morlacos como nosotros durante al menos veintitantas horas. Para hacerlo más fácil lo pensamos así: Había que preparar almuerzo y cena del viernes, desayuno y almuerzo del sábado. Entre medias, nos alimentaríamos como en una carrera: galletas, frutos secos, gominolas, lomo embuchado, geles, barritas...

En resumen, tres bocatas para cada uno (con su fiambre rico -salchichón, chorizo y jamón- y untados todos de paté para que el pan no estuviera seco en el momento de comerlo). Además, llevábamos pan alemán (1/2 kg) y más jamón (300 g) y lomo (250 g) en sus paquetitos correspondientes, todo independiente. También llevaríamos un par de zumos para el desayuno.

Había llegado el día.


Paco nos recogía a las nueve y media de la mañana para llevarnos hasta el Castillo de Calatrava para que pudiéramos salir desde allí sin necesidad de preocuparnos por dejar el coche abandonado.


Se nos había olvidado llamar al Ayuntamiento. Había que hacerlo sobre la marcha. Luis llamó y le dieron el teléfono de la Policía Local. Llamó a la Policía Local y ésta le dijo que podrían dejarnos la llave para abrir la puerta o que deberíamos llamar al guarda para que fuera éste quien nos abriera. Como teníamos que hacer noche por el camino, pensamos que sería mejor llamar al guarda. No podríamos devolver la llave a la Policía Loca el mismo día.

Luis llamó al guarda, despertándolo. Éste le dijo que allí no se podía pasar, que el Presidente había dicho que allí no entraba nadie.


- ¿Pero qué presidente? - preguntó Luis.

- El del coto.- dijeron al otro lado.
- Mire Ud., si nos han dicho en el Ayuntamiento que nos dejan la llave...
- Yo le doy el teléfono del presidente y habla Ud. con él...

Visto lo visto, no convenía llamar al presidente (ya sabíamos lo que diría)


Al rato estábamos en el Ayuntamiento de Calzada de Calatrava hablando con la Policía Local. Al instante descubrimos que aquel policía era un tipo majete, una buena persona, de esos que no saben decir que no...


Le contamos lo que nos había dicho el guarda (sin obviar ningún detalle, ni el de la negativa del presidente del coto) y lo que pretendíamos hacer.


A los tres minutos teníamos la llave de la finca en nuestras manos con el compromiso de devolverla al día siguiente sobre las 15:00 horas.


A las 11:00 de la mañana, Paco, Luis y yo bajábamos del coche a los pies del Castillo de Calatrava la Nueva para revisar las mochilas, terminar de acoplar las cosas y salir zumbando.


Paco inmortalizó el momento.


Y empezamos a correr, pero esa es otra historia o, al menos, otra parte de la misma...


(CONTINUARÁ)

6 sept. 2013

II Carrera Popular por el Campo "Villa Fernán Caballero"

Por segundo año consecutivo se ponía en marcha la Carrera Popular por el Campo "Villa Fernán Caballero" que con tanto esmero prepara nuestro amigo y presidente del club de fans de CxC, Santi de la O (y Mora, por su santa madre, la Sra. Paquita).

Eran 100 los dorsales que se ponían a disposición de quienes quisieran pasar un buen rato dando un paso detrás de otro saliendo de la plaza del pueblo de Fernán Caballero para dirigirse hacia las sierras más cercanas, pasar de refilón por la de "El Gigante" y atravesar, subiendo un bonito cortafuegos, la de "El Perro", para finalmente regresar al pueblo rodeando el pantano de Gasset y utilizando su "vía verde".

Pisamos algo de asfalto al salir del pueblo y al regresar por la vía verde, caminos de tierra, sendas, subimos y bajamos cortafuegos con más o menos desnivel, atravesamos una pedriza... Un poco de todo. Lo importante para la organización (la sección de deportes del Ayuntamiento de Fernán Caballero, con Santi a la cabeza) era mostrar el entorno y potenciar el deporte por la zona. CorriendoporelCampo, como el año pasado, se encargó de diseñar el circuito y balizarlo. Por eso, la tarde anterior, a las 17:00 horas manchegas (con la fresca), Luis, Jorge y yo nos pusimos a colocar cintitas de color rojo y blanco para guiar al personal, aunque al parecer en un punto concreto (la pedriza) nos faltó alguna porque los que iban primeros (como locos, claro) no vieron que tenían que girar a la izquierda y la atravesaron entera. Menos mal que lo hizo todo el grupo de cabeza y nadie se quejó por ello. El ambiente fue estupendo y hasta en eso se notó.

Balizando
Para nosotros, lo importante era que la gente lo pasara bien corriendo por el campo, que se "iniciase" en lo del trail, que le cogiese el gustillo a lo "natural", que, en definitiva, viviese algo de lo que nosotros vivimos a menudo. Y creo que se consiguió. Acudieron muchos "asfalteros" (ojo, que lo de "asfalteros" no tiene connotaciones negativas) y, al parecer, quedaron encantados.

Acudieron muchos amigos del Circuito Trail Pirata, mucha gente del Ala14, de Fondistas de Miguelturra, de Malagón...
Unos pocos amigos
También sucedió algo importante, digno de reseñar. La primera "miembra" (con perdón) de CxC, CARMEN IZQUIERDO, disputaba como tal una carrera por el campo. Y lo hizo francamente bien. De hecho, nuestro presidente de la sección gallega de CxC, MARCOS, y nuestro tesorero, PACO, le tenían que ir diciendo que frenase y que hiciese el favor de ir andando en la subidas pronunciadas, seguramente no porque tratasen de ayudar a la novata a regular su esfuerzo, sino porque ésta los llevaba con la lengua fuera.
Carmen y Marcos en el punto más alto del recorrido
También estuvo Tori, con un modelo de lo más colorido como es habitual en él. Y nuestro Tesorero. A éste no le va a pasar como a otros... (no hay un céntimo para poder llevarse)
Tori (con gorra de b-boy) y Paco (con gorra de su hija de 5 años)
Y Juan Carlos, con el firme propósito de ir despacio, lo que sorprendentemente casi consiguió, hasta que faltaba un kilómetro y no pudo resistir la tentación de acelerar como alma que lleva el diablo.

David Gutiérrez, "Guti" también acudió para demostrar que está más fuerte que el vinagre y que pronto dará mucho que hablar. Llegó entre los cinco primeros, soplándole en el cogote a Abilio, que sigue fuerte y más seco que la mojama (con lo que come y bebe el condenao). Aunque él aún no lo sabe, Abi tiene espíritu de CxC puro.

También nos reencontramos, después del parón estival, con nuestro "oh, Lidl", RAMÓN, con el que subí los tres repechos, maldiciendo lo que cuesta coger la forma y lo fácil que es perderla. Y en la parte final con NANO, uno de mis colegas de trotes nocturno-madrugadores y un tío excepcional. Y, encima, hay otro igual que el (CÉSAR).

Nano, Juan Carlos, Ramón (Oh, Lidl)
Tampoco faltaron a la cita Toty Moraleda, el Gran Marín, Javi Galán, Carlos "el alacrán", los raules, las chicas fondistas, Miguel, Miguel González-Linares... grandes corredores que lo pasaron, sin duda, de maravilla. Hasta el retoño de Santi acudió.

El pequeño Santi

Marín, Toty y Guti
Uno de los raules

Ana, fondista de miguelturra.

Parte de CxC cerrando carrera y quitando cíntas
Después de la carrera (recordemos que gratuita) volvimos a disfrutar de avituallamiento (el cuarto para 14,5 km) esta vez uniendo unas magníficas sandías a los plátanos y naranjas que ya habíamos probado antes del cortafuegos grande.

La entrega de trofeos se realizó en la piscina (teníamos entrada gratuita para todo el día) y allí pudimos ducharnos y disfrutar de un buen baño de agua fría. Bueno y de tomar unas cervecitas (no voy a poner las que nos tomamos los de CxC por si alguna marca de cerveza quisiera patrocinarnos, lo que sería nuestra perdición y terminaría definitivamente con nuestra salud)
 
Máxima representación del club Ala14
Foto de familia tras entrega de trofeos
Al final nos tuvimos que quedar a comer allí y, tras la pitanza, echar una cabezadita en el césped de la piscina.
Cadáveres sesteando (de izq. a dcha: Luis, Quique, Marcos)
El año que viene más y mejor.

PD: Por cierto, si alguno de los que salen en las fotos no quiere mostrar su imagen que lo diga (la próxima vez correrá tapado hasta los ojos).