22 oct. 2013

Crónica del MUY GASTRONÓMICO Quixote Maratón


Si esto lo escribiera Coelho seguramente empezaría con un: “si tus sueños te impiden dormir, sigue a tu corazón hasta el alba, persigue lo imposible para ser feliz”. Si lo firmara Murakami es probable que se quedara tan ancho acongojando al personal desde una línea inicial tipo: “el saco de huesos se puso en marcha en silencio, con la parsimoniosa cadencia de quien –ya alejado de toda realidad vital- se dirige a su destino, duro, blanco y limpio. Yo, dolorido, doy la siguiente zancada y me acuerdo de Josikiro, ella me regaló las Asics que hoy me acercan a mis sueños, me alejan de su esencia”. Prefiero, personalmente, a Palahniuk. Él lo haría más directo: “… las rodillas crujen a cada zancada como goznes oxidados, sabor a plomo y a tierra en la garganta, el dolor se clava en mis músculos agarrotados como se clava la aguja de un yonki de Seatle en la vena, costra de amargura y heroína. Miro al dolor a la cara y lo mando a la mierda: <<voy a acabar>>”. En CxC somos menos literarios y dijimos: “Tenemos que llegar al menos cinco, que nos dan un jamón”.


Alguien se enteró de que si un club colocaba a cinco de sus miembros (con perdón) en la línea de meta del maratón ciudadrealeño recibiría un JAMÓN como presente (lo más seguro es que cuando el simpático lector se acerque a estas líneas el jamón sea ya pasado). No tardamos ni diez minutos en formalizar las inscripciones.

El periodo de entrenamiento de la cita con Filípides fue como somos nosotros: sencillo pero bestia. Le dedicamos una semana prácticamente entera, la última antes de la cita. Una tirada larga (cp) de 30 kilómetros el domingo anterior como para cerciorarnos de que las cuerpas aguantarían tanto asfalto y tres quedadas de a diez kilómetros con principio y fin en el Bar Mi Casa donde posteriormente ensilaríamos… bueno, tampoco hace falta que nos deleitemos en detallar lo que nos ensilamos, queda entre el señor presidente del Club de Fútbol Puerta de Toledo y nosotros.

Estábamos preparados. O no. Daba igual.
Un ratito de entreno

Domingo 20 de octubre, 8:30 horas. Hora zulú.

Cinco miembros y una miembra de CxC atacamos la estrategia de carrera en un bar (sí, ¿qué pasa?) Después de diez minutos de debate zanjamos el asunto: cada cual que tire como pueda pero hay que llegar cinco tíos a meta. “Coño pos claro”, “¿Alguien lo duda?”, “Son sólo dos vueltas ¿no? Que luego me lío”, “Habrá que parar ande las viudas a echar unas migas”, “Luis, ¿te esperamos? ¿O ya si eso…?”, “¿Esto quién lo paga?”.

Salimos a la calle. Recibimos al sexto hombre: Manuwar, el increíble hombre menguante. Saludos jebis, emotivo acto de entrega de la camiseta de CxC y a línea de meta.
D. Manuel (Manuwar)

Y aquí empieza el maratón. Y un maratón es, para un corredor de montaña o de campo como nosotros, un grano en el culo, algo que hay que quitarse de la manera más rápida e indolora posible y que me aspen si me importa cómo te quitaste tú el tuyo.

Abrazos, fotos y a correr.
Seis miembros y la miembra antes de salir

Arrancamos resueltos, pizpiretos y prietos de nalgas para abajo hacia la gloria, hacia el destino, hacia Miguelturra donde esperaban los avituallamientos con chicha y vino.

La primera vuelta de las dos que componen el Quixote Maratón se hace amena. Vas charlando mientras la cuerpa calienta, cuentas anécdotas, chistes, te regocijas en lo fea que es Ciudad Real como pueblo y como concepto (qué buena gente hay aquí coño, que me emociono), corres cómodo. De hecho corrimos cómodos de más. No sé la media, y me importa bastante poco, pero la cosa debió andar en torno a los 5 minutos y poco por kilómetro. Eso para nosotros y con un maratón por delante es mucho. Es ir rápido para todos nosotros, pero para el presidente y Manu parecía excesivo de verdad, casi peligroso. Aún así llegamos todos  en simpático grupeto a la media maratón en menos de dos horas. Prodigioso. Al paso por Miguelturra paramos antes de los de la Peña del Real Madrid, catamos el jamón, el queso y el vino, les dimos el visto bueno y dejamos encargadas unas raciones para la segunda vuelta. Paramos también donde las viudas, les encargamos las migas para dos horas después e hicimos lo propio con los del Club de Rugby Arlequines. Echamos con ellos un pincho de tortilla y les conminamos a que tuvieran frejquitas las cervezas y calientes las viandas para la segunda vuelta.
Ya se olían las viandas churriegas

(Tras leer el último párrafo me veo en la obligación de explicar al lector -quizá incrédulo- que todas las referencias gastronómicas de esta crónica -las de ahora y las de más adelante-  son reales y no fruto de una enajenación transitoria o un error en la traducción)

Comenzó la segunda vuelta al histórico-artístico circuito y con ella el aburrimiento, la soledad y los primeros dolores y miedos.

Queda dicho que Luis y Manu iban ya pelín descolgados y al poco de empezar la segunda media maratón a Miguel se le presentaron unos inoportunos e impropios dolores en los glúteos que le hicieron proferir ciertas lindezas que no viene a bien reproducir en estas castas líneas. Con el paso de los kilómetros se fue quedando atrás y con él se quedó Toty , un cacho de ironman que además es buena gente. A ellos se unió el oh lidl que quiso acompañarnos en la segunda vuelta negándose a hacer la maratón entera por no sé qué de un estado de forma y tal… mariconadas y excusas, le quedan dos telediarios de lidl. Ellos tres se apretaron los kilómetros que faltaban a su trantrán.
Manu y Luis

Nos quedamos solos como avanzadilla Quique, Guti y servidor de ustedes, el nieto de la Orosia. Los kilómetros fueron cayendo y tras calles desérticas y carreteras inhóspitas llegamos a la tierra prometida, a Miguelturrra, Churrilandia.
Guti fue capaz de madar tres mil guasap mientras corría

Y como lo prometido es deuda paramos “ande” los del jamón y el queso. El jamón seguía delicioso, en taquitos; el queso, suave y rico; el vinillo solo o con cocacola, resucitador.

En este punto un señor corredor con el que nos habíamos cruzado en varias ocasiones nos miró y soltó un: “Joder, os vais parando en tos laos para luego ganarnos”. Yo creo que se quedó con ganas de añadir un bien merecido: “¡Cabrones!”. Y es que tenemos metido en el cuerpo el ritmo de la montaña donde paras ora a ver el paisaje, ora a ponerte ciego de jamón, ora a charlar con algún lugareño.

En fin, que andamos un ratejo para asimilar lo isotónico del asunto y a correr con la mente puesta en las viudas, sus migas y bebedizos.

Con ellas echamos otra paradita que luego resultó ser de lo más reconstituyente. Agua fresca, un vaso de migas, unas ugüas,  fotos con las hacedoras del condumio y a correr.
Las señoras viudas de Miguelturra
Que, por cierto, no saben hacer fotos...

La siguiente parada técnico-táctica era en el kilómetro 38. A esas alturas y a pesar de habernos parado alguna que otra vez (por no decir hasta en los bares), ya íbamos adelantando cadáveres de corredores asfalteros que se habían pasado de ritmo, de distancia o de preparación, vaya usted a saber.

En el 38 ya fue una fiesta. Allí estaba Nicco capitaneando a los amigos del Club de rugby Arlequines de Miguelturra y con él unas latas de cerveza frías como el corazón de Pol Pot y unas viandas magníficas. Comimos y bebimos tan agustico charlando con los rugbiers y con Iván Manzano, otro ironman de los güenos. También se paró con nosotros Marín que, después de dejar en meta como ganadora del maratón a la pupila de Iván Palero, Miriam Laguna, nos acompañó unos kilómetros en bici. Aguantamos las miradas incrédulas de los corredores que nos pasaban mientras ensilábamos cerveza durante un rato hasta que alguien dijo: “lleváis tres horas y treinta y cinco minutos”.  Y nos pusimos de nuevo a correr dispuestos a llegar antes de las cuatro horas. Otro prodigio.
En el avituallamiento arlequín con Nicco, Iván y Marín. Hace la foto Toty.

Curiosamente los últimos cuatro kilómetros se hicieron relativamente fáciles. Íbamos a nuestro ritmo, sin forzar y sabíamos que la meta ya no se escapaba.

Llegada al Poli, abrazos a los nenes y entrada en meta en 3:59. Contentos y bastante enteros.
Vayan preparando el jamón...

Un rato después llegaron el resto de CxCs cada cual aguantando sus dolores, todos felices. Sólo faltó Manu que en el 32 dijo aquello de “mi cerebro ya no aguanta tanto paisaje espectacular, me quedo en la cuneta y que me recoja alguien”.

Un par de horas antes Carmen, la miembra, había finalizado su primera media y a todos nos llena de orgullo y satisfacción tener gente alrededor que se plantee retos y los consiga. Nosotros somos más básicos, corremos porque nos los pide la cuerpa y porque “algo habrá que hacer”. Eso sí, el asfalto ya nos puede esperar otros pocos meses.
Nuestra valiente miembra mediomaratoniana

Ni que decir tiene que la gran familia CxC (ya somos unos pocos e incomprensiblemente nadie le ha movido la silla al presidente) se reunió después del atlético evento a hidratarse y comer convenientemente que luego vienen las pájaras y las cuerpas esqueléticas.
Esto sí que se nos da bien

Nos volvemos al campo.

3 oct. 2013

Quixote Maratón

Nos gusta correr por el campo. Cada vez más.

Disfrutamos por caminos rurales, pistas forestales, sendas, pedrizas, subiendo y bajando cerros, montes, collados...  Y si hace falta ir campo a través o hacer camino al correr, se nos saltan las lágrimas de la emoción.

Cargamos las pilas cuando, desde lo más alto, vemos el paisaje a nuestro alrededor, o cuando pasamos por un bosque que no deja entrar el sol, o al tener que atravesar una senda que deja a tu lado un precipicio, o al mojarte los pies para vadear un arroyo o, simplemente, cuando huele a jara, a tomillo o a romero.

Otras veces no podemos desplazarnos a sitios tan bonitos, pero nos conformamos con corretear por La Atalaya de Ciudad Real, por los Castillejos de Poblete, la Sierra del Perro en Fernán Caballero, La Peña de Picón, la Plaza de los Moros en la sierra de Malagón... Sitios cercanos que te permiten sentir tierra, piedra, agua, ramas... Cualquier cosa menos asfalto duro, seco, negro, aburrido, plano, continuo...

El asfalto nos apetece cada vez menos. Nos produce agobio, pereza, hastío, muermo...

Y sin embargo... NOS HEMOS INSCRITO AL QUIXOTE MARATÓN (XVIII Maratón Popular de Castilla-La Mancha).

Se celebra el próximo día 20 de octubre de 2013, a la vez y por el mismo itinerario que la III Media Maratón Popular de Castilla-La Mancha.

Se trata de un circuito a dos vueltas uniendo las localidades de Ciudad Real y Miguelturra, discurriendo en su mayor parte éste ¡Atención! por las zonas con menos vida de ambas localidades. 

Lejos de convertirse en una prueba deportiva para, además de otras muchas cosas, enseñar nuestra ciudad a corredores y visitantes, el evento se "encierra" en los polígonos industriales y la zona del campus universitario (donde un domingo por la mañana no hay ni un alma). La carrera no pasa por la Plaza Mayor de Ciudad Real (donde también sirven relaxing cups of café-con-leche y cool-cañas of beer), ni por la Plaza del Pilar, ni por el Prado, ni por el Torreón... Atraviesa la ciudad, eso sí, pero por el lugar por el que menos se ve para no molestar el sagrado descanso dominical del ciudadano. Al final, esto se consigue a la perfección y la gente ni se entera de que hay una prueba deportiva que este año alcanzará su mayoría de edad (18 ediciones).

Al final, el Quixote Maratón resulta un auténtico coñazo, sobre todo cuando los que corren la media maratón llegan a meta y dejan solos a los del maratón para correr la segunda vuelta por el desierto poligonal. Pasan minutos entre un corredor y otro y éstos se encuentran solos desde que encaran la salida del "centro" hasta que llegan al "centro" de Miguelturra.

Sí. Y a pesar de todo eso nos hemos apuntado seis (6) CxC: Luis, Jorge, Guti, Miguel y yo al Maratón y Carmen (nuestra primera miembra, con perdón) a la media , siendo ésta la distancia más larga y dura (con perdón, otra vez) que haya corrido hasta ahora.

Y lo hemos hecho, porque si cinco miembros (con perdón) del mismo equipo logran cruzar la meta, se les obsequiará con un JAMÓN. ¡No podíamos resistirnos!

Por eso y porque el carácter churriego es distinto al culipardo. Al paso por Miguelturra encuentras tambores y timbales en la plaza del pueblo que te ponen los pelos de punta. Además, las peñas de la localidad se organizan y a lo largo del recorrido guisan migas y gachas, ofreciendo las mismas a los corredores, convirtiéndose en originales puntos de avituallamiento donde, además, puedes echar un botellín frejjjjquito o un largo trago de una bota de vino para que el torrezno de las migas pase sin problemas.

Y lo hemos entrenado a fondo. Lo de correr no, solo lo de las migas, las gachas, la cerveza y el vino. 

En lo del correr será distinto. No miraremos el reloj. Pararemos en los avituallamiento (en todos). Comeremos migas, gachas, torreznos. Beberemos vino, cerveza y lo que se tercie. 

Solo tendremos un objetivo: terminar antes de que cierren el chiringuito de meta y conseguir el jamón. 

Y si no, no pasa ni media.

¡CxC, disfrutando del correr, del comer y del beber desde siempre y para siempre!