13 jun. 2014

QUIXOTE LEGEND: Aventuras y desventuras de aquéllos a los que llaman leyenda sin serlo

Antes de empezar la QL
Después de las "divagaciones prescindibles" previas del Lidl, aquí nos cuenta su historia hasta convertirse en LEYEEEEEEENDA...

Día DTocan 47 km y 2.400 D+

La evocadora Plaza Mayor de Alcaraz retumbaba. El speaker que acompañó la prueba, tipo con cuerpa de CxC, agradable, de buena voz y mejor entusiasmo, le puso tanta exaltación a la presentación, y alabó tanto nuestros cuerpos embutidos en polipropileno, que me hizo dudar de si el tinglado era montañero o bélico. Fotos previas, saludos a un dron (a saber, cacharro volador que graba) y a correr. Y correr de verdad, no ese “correr” de ultratrail que dura lo que duran las miradas de los aturdidos espectadores de la salida y luego se convierte en caminata. El nivel general de la manada, el terreno de pista fácil y el poco desnivel inicial nos llevó a hacer algo más de 9 km en la primera hora. Empecé a retener a Jorge y a Miguel, más por miedo propio que por prudencia ajena. No quería ralentizar su ritmo pero yo, de seguir así, iba a durar cuarto y mitad. Regulamos bastoneando las primeras cuestas ciertamente empinadas (¡con perdón!) y, aún así, seguíamos adelantando gente. Los primeros 19 km, hasta el primer avituallamiento, fueron un aperitivo de pista en sombra entre bosques.

Después de la calma viene la tempestad o, mejor dicho, el Pico de la Almenara. Un subida montañera de verdad, de clavar bastones y subir la rodilla hasta el pecho buscando apoyos entre el rocaje vivo. Corta pero muy intensa. El cambio sobrecargó sin aviso el cuádriceps de Jorge y, además, comenzó el calor.

El cresteo y el inicio de la bajada era peligroso, obligaba a hacer malabarismos con apoyos al límite de las suelas para, literalmente, no despeñarse. Miguel se llevó un susto en uno de sus gemelos por un apoyo extraño que no fue a más. Al rato, a pesar de mi torpeza técnica, adelanté a los otros dos ceporcés. Algo no iba bien. La sobrecarga de Jorge era por culpa de la maldita cintilla iliotibial que se le enganchó finalmente en la rodilla con el esfuerzo de la bajada y le obligó a retirarse poco más adelante. Fue un momento difícil, sin duda el más duro de la carrera para los tres, más que los desniveles, el granizo y la kilometrada.

Lo de “no hay mal que por bien no venga” no deja de ser una putada de refrán, y no creo que venga del todo al caso, pero a la fuerza ahorcan: Estoy convencido de que este episodio le dará al Secretario fondo de armario de sobra para vencer  al UTMB.

Para completar el día se me agarró un dolor de cabeza de mil demonios que devino en mareo. No sé si pájara, si deshidratación, si exceso de pastillas de sales, si exceso de compresión de las poco testadas pantorrilleras en mis trillizos.

El caso es que llegamos a meta en un tiempo razonable a pesar de los parones por las variadas desdichas, todo ello gracias a Miguel, a su compañerismo e infinita paciencia.

En meta Jorge nos confirmaba que no iba a salir el próximo día, y yo acudía al puesto de la Cruz Roja para toma de tensión, oxígeno en sangre y esas minucias. Estaba todo bien. El día siguiente sólo podía ser mejor.

Sábado. 58 km y 3.360D+.

A los que tengan la referencia de la carrera por Montaña de Chiva: Imaginad una prueba de dureza similar (algún kilómetro menos, algún desnivel más) sazonada con la tunda del día anterior (a nivel físico y emocional) y con lluvia persistente, granizo y tormenta eléctrica al paso del Pico de las Mentiras y, luego, mucho barro, asqueroso y pegajoso barro.

Eso me planteaba a mí mismo antes de salir (sin saber aún lo del granizo, la tormenta y el barro) para no caer en la tentación de pensar que me esperaba un esfuerzo menor, que por haber hecho un día ya podía con lo que viniese, que qué más da.

 En estos asuntos, y en otros, es clave tener la referencia de las horas para poder proyectar debidamente los esfuerzos y la alimentación, si no lo haces estás perdido.

Salimos al paso, Miguel fresco, intacto, y yo dubitativo por la pájara del día anterior pero con fuerzas. Cogimos buen ritmo dentro de las referencias de nuestros compañeros de pelotón, de ahora te adelanto, ahora pasas tu.

El entorno ayudaba. Las Salegas del Maguillo, el Collado Tornero, el Pico Mentiras. Si la primera etapa fue de paisaje poco sorprendente, esta nos metió en la montaña de lleno, largas subidas y bajadas no excesivamente técnicas.

La primera subida la hicimos a buen ritmo junto a David, César, Teresa y alguno más, tipos de esos que pareces conocer de toda la vida quizá por tener parecidos dolores y la misma tara de ultrero. Llevado por el paisaje y por el ritmo de Miguel nos plantamos a mitad de subida del Pico Mentiras sin excesivo desgaste.

Pero empezó la fiesta en forma de chispeo y luego en progresión: Lluvia, aguanieve, granizo, rayos, viento, ráfagas de niebla. Cuando le pedí al cuerpo un poco más me di cuenta que no lo tenía. Aguanté haciendo la goma hasta la cumbre. Estábamos helados. Yo me sentía agotado y destemplado.

Pasadas las primeras complicaciones técnicas de la bajada insistí a Miguel en que tirase. Íbamos justos para el tiempo de corte del segundo avituallamiento, además yo pensaba en serio en la retirada, el cuerpo no me respondía y visto lo de ayer no creía que fuese a mejor. No abuso de cuestiones que sólo uno aprecia porque las pasó canutas, como tirar de matorral para desahogar un estómago debilitado. Resumo: Pasamos ambos el corte, yo bastante justo, y conseguimos acabar.

Yo llegué por dos motivos, por orden de importancia: Porque el Elegante CxC tiró de mí a buen ritmo durante la primera mitad (cortaron a gente antes y después de la subida al Pico Mentiras) y porque, luego, tiré de orgullo, no, perdón, de malahostia para no retirarme y tras “ajustar” el intestino, correr en las bajadas y subir el Pico Ardal a golpe de riñón.

Efectivamente, un ultra te suele devolver lo que le das, antes y durante la carrera. A mí me dio sufrimiento, frío, agotamiento, entumecimiento de pies y manos, patinazos en el barro, mierda, arañazos, destemple, abandono… Y avituallamiento, desesperación positiva (¿temeridad?), medida del esfuerzo, convencimiento, paciencia, constancia e ilusión para llegar corriendo a meta, convencido de tomar la salida al día siguiente. 

En definitiva, un día de esos en los que penas y te preguntas por qué corres o maltrotas ultratrails y te queda bien claro que debes seguir haciéndolo. Por el entorno natural y por uno mismo. Cómo diría nuestro Presidente, "hay que demostrarse a uno mismo que se puede hacer lo que se debe". ¡Y a tomar por culo!

Tercer día.- Porque esta crónica no deje de ser una crónica transmutando en evangelio somnífero, estoy prescindiendo de muchos detalles que ya he hecho llegar a la organización en la encuesta de satisfacción.

Para quién no lo sepa: Dormíamos en vivac –tiendas de campaña- y cada día tocaba hacer y deshacer el petate, hacer cola para cenar y desayunar (los que corrían más también para comer) y ducharse con agua fría.

Al caso: El domingo a las 07:00 a.m. daba gusto ver al Sr. Vicepresidente CxC agacharse con soltura a enrollar su colchón, sentarse en la silla sin lanzar el culo a ojo de buen cubero y andar grácilmente y bien peinado entre espectros. ¡Qué crack!

Corroboré que el más espigado de los CxC se iba a salir del mapa cuando en la salida, cuando yo usaba los bastones no para andar sino para luchar contra la fuerza de la gravedad, dijo ufano “¡Lidl! Vamos más adelante, que hoy hay más gente y se va a formar tapón” ¡Qué crack! Si la hubiese palmado en la QL habría querido esa frase en mi epitafio.

Efectivamente, el último día las “leyendas” de a por etapas compartíamos mantel con otros doscientos, cuerdos humanos estos, que hacían “sólo” los 50 km y 2.460 mD+ dominicales. Entre ellos, Juan Carlos y Nano que, no sé los motivos, no mostraron envidia alguna por estar en nuestro pellejo. Sobre todo, creo, en el mío.

Yo ya me sentía finisher por poder tomar la salida. Miguel estaba como recién venido de las vacaciones. Tan dispar era mi estado respecto al suyo que hasta en la caminata de la primera subida me sacaba un metro de cada dos. La forma y los gestos dieron por hecho que tenía que tirar y disfrutar, ¡si no lo hubiese hecho lo habría molido a bastonazos!

¡Qué carrerón hizo sin despeinarse! Bueno, el nunca se despeina. Quiero decir, que nunca un CxC llegó tan lejos en tan poco tiempo: 07h 22’ – 41º en la general de la etapa. Aviso: Tiene madera de ultratrailer poderoso. A quién corresponda: Solicito revisión de los Estatutos del Club para que no haya que echarlo.

Yo conseguí ir de menos a más (ir de menos a menos habría sido imposible) La lección del día anterior me motivó. Los paisajes fueron de nuevo espectaculares. Las dudas sobre pasar los tiempos de corte (fundadas, entre otras cosas, en qué los añejos habitantes de un par de aldeas me preguntaban si venían alguien más detrás de mí) se diluyeron, y me vinieron las fuerzas justas para correr a ratos, emocionarme al paso por el Nacimiento del Río Mundo y pillar a mis compañeros de ruta de días anteriores.

Molido pero feliz acabó la aventura en meta con un abrazo entre los tres CxC, porque el que no estaba también contaba.

¿Quién me iba a decir que un tipo con melena que le ponía las copas a mi Padre los viernes noche iba a ser mi compañero de aventuras y desventuras en una cosa llamada ultratrail por etapas?. Y que íbamos a salir vivos del envite. ¡Bravo!
El petate y la tienda que nos regalaron después de los tres días de acá para allá
Por último y por darle relumbrón, certeza y medida a la “comunidad del anillo” de Quique:

Miguel Ángel lo consiguió todo, si es que le hacía falta: Consagrarse como ultratrailer, disfrutar y emocionarse sin parar y un tiempazo final.
Jorge, por culpa de una inmerecida hostia de garrote, ha medido y templado su temperamento y paciencia, disponiéndose para próximas batallas.
Ramón, llevó el jodido anillo, sin saber medir si era más jodido el anillo o él mismo. No pudieron conmigo y entre el granizo perdí, además del dorsal, la capa.

Y ya que no puse cita al principio, la pongo al final, para que el miembro (sin perdón) de Manuwar se sienta correspondido, y por mediar en la supuesta virtud de ser leyenda bajo el nombre del Quijote, que las cosas importantes han de quedar en su sitio:

“(…) y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna». Vale.”

11 jun. 2014

QUIXOTE LEGEND: Divagaciones prescindibles previas del Lidl



Con ánimos y objetivos dispares se dirigieron tres miembros (c.p.) del trashumante CxC a Alcaraz, tierras manchegas limítrofes, de poca llanura y de castillos derrengados. De tan poco llano eran, que al divisarse de camino y a lo lejos siluetas tocando las nubes, Sancho Ureña exclamaba -no sin sorna- nostálgico ya de sus Castillejos, “y tó eso habrá que subirlo, y mira que nubarrones se ciernen”, dejando escapar una sonrisa nerviosa a modo de augurio fatal.
Matrimonio mal avenido delante con el niño detrás
Las nubes hicieron un guiño a nuestro vehículo, que para darle emoción al asunto, por fiarnos de gepeéses y no del vuelo de los golondrinos, cogimos una carretera secundaria de entre las secundarias, de esas de anuncio de BMW y de "no lo hagan ustedes en casa". A Miguel, el elegante hidalgo, no se le movió ni un pelo del flequillo mientras derrapaba en las curvas, y yo (según crónicasestrafalarias, el portador del anillo) miraba las montañas ensimismado, pensando en mi responsabilidad como Lidl y en mi precario entrenamiento.

La preparación y metas de cada uno eran muy dispares. Uno afinando para el UTMB, responsabilizado en exceso; otro enjuto y requeteentrenado para esta prueba, emocionado y feliz; otro… Otro preocupado, pensando en disfrutar del entorno, con paciencia y quién sabe qué y renegando de tener que ser leyenda de nada en caso hipotético de acabar. Así somos.

Por no pecar de cansino, no ahondaré en la unión de hecho de los palabros “quixote” y “legend”, que cuando menos es meritoria de una tesis de eclecticismo surrealista avanzado. Tampoco comentaré el gusto de elegir como lugar del “briefing trénico” una iglesia. Sí, con sus Santos y todo. El altar a modo de escenario y los runners del coro esperando ser sacrificados, mientras potentes altavoces reproducían el sonido del video promocional: Una voz carnívora de ultratumba que nos impelaba a ser leyenda.
Formales CxC´s esperando al "briefing trénico"
Efectivamente, todo eso acojonaba, pero más aún los compañeros de inscripción. Jorge y yo les medíamos con la mirada y dudábamos de poder acabar delante de alguno de ellos, y me dije, porque a veces me digo cosas, que tenía que estudiar en la tienda los tiempos de corte que ya verás tú que no paso ni uno. Por su parte, Miguel era feliz, ¡qué envidia! Disfrutaba de cada segundo y conseguía por doquier de todo: amigos portugueses, queso y chorizo portugués, pan portugués, información de carreras portuguesas, fotos con ultrarunners famosos de nacionalidad portuguesa… ¿Por qué le gustará a este hombre tanto Portugal?
Miguel con Carlos Sa, famoso corredor de montaña portugués
Jorge y yo calmamos los nervios ensilando un botellín de un trago y unos pinchos de morcilla con pisto rodeados de camisetas y chalecos del UTMB, del TOR, del Marathon des Sables, de la Mayor Bestialidad Cósmica, etc.
Dos Tarahumaras entre tres "tarashumanas"
El estado de ánimo se veía en las fotos, somos muy malos actores.

Pasada una semana sigo con las defensas bajas y sin ganas de correr, ni de escribir de correr. Mañana más.