21/7/2014

Peñalara 2014. TP80

 
Han pasado ya tres semanas desde que corrimos el TP80, demasiado tiempo para hacer aquí una crónica o algo parecido. Tampoco es mala cosa porque normalmente suelen ser bastante soporíferas. Así que me voy a limitar a poner algunas fotos y a decir un par de cosas sobre la carrera.
 
Lo mejor del fin de semana fue, sin duda, coincidir con nuestro amigo Ricardo para correr juntos el TP80, una distancia que ni habíamos soñado alcanzar hace aproximadamente un año, cuando hicimos con Jorge la MiM en Castellón. Además de para otras muchas cosas, las carreras sirven para volver a reunir a los amigos.

Pues eso

Antes de echarnos al monte
Del trazado de la carrera ya conocía la parte que es común con el GTP y con el antiguo TP60, que es una maravilla, sobre todo para los que venimos del llano. La parte nueva, Miraflores-La Najarra-Morcuera-Rascafría, es también muy bonita. Sobre todo la subida a La Najarra y la cuerda hasta llegar a La Morcuera. La bajada pistera desde ahí a Rascafría, muy poco después de comenzar, es, la verdad, un poco rara, y sólo se entiende porque al parecer no lograron permisos para hacer otro trazado.
 
Caballitos bajando a Rascafría
Ya voy más cansado que un perro

Cresta de Claveles

Laguna de los Pájaros y Pájaro Lagunero
 
Una cosa que salió bien fue la adaptación a la lluvia y al frio. Mientras subía a la Fuenfría se me hizo de noche, empezó a llover y las temperaturas bajaron mucho. Pero mucho. En ese momento se me pasaron para siempre las ganas de quejarme por las listas de material obligatorio. Menos mal que esta es una carrera seria y que yo también me lo tomé así: si en lugar del chubasquero bueno llego a tener el poncho de coña de la tienda de abajo (como los dos años anteriores) me hubiera tenido que retirar…de haber logrado terminar el camino Schmidt con la camiseta empapada. A partir de ahora nada de bromas con esto. Ni que decir tiene que me acordé de mis compañeros UTMBitas.

Helechos junto al Eresma

Aquí, justo antes de pasar más frio que en Ávila

Con mi pacer.
Hasta La Granja hice la carrera con Ricardo. A partir de allí seguí solo y las sensaciones de los últimos 30 no pudieron ser mejores. Troté todo lo que era posible correr y adelanté a decenas de corredores (TP80 y GTP). Adelantar no es el objetivo de una carrera en la que lo único que yo puedo pedir es llegar a meta, pero ver cómo te vas acercando a gente para terminar superándoles te llena de fuerza. No todo fue bueno: en Claveles me volví a sentir inseguro, bajando Peñalara el cansancio me la jugó impidiéndome apreciar bien la hora (por dos veces me equivoqué mirando el reloj y eso hizo que me equivocara con el tiempo de corte), bajando a La Granja me perdí dos veces en un kilómetro, etc. Pero el resultado final no pudo ser mejor. Llegué a meta corriendo los últimos 5 kms, con sensación de poder seguir trotando algunos más, después de haberme enfrentado de noche, lloviendo y sólo a un bosque de los de pasar miedo y a la bajada del emburriadero. Pues eso, que estoy más fuerte que el vinagre y hasta me han sacado en el video del GTP, será para hacer contraste con los cuerpos atléticos.
 
 
19 horacas de bestia

2/7/2014

Jesús Carrasco, Intemperie, Seix Barral


Querido ultrarunner,
No seas animal y coge un libro. No todo va a ser dar patadas a las piedras. Ten en cuenta que cuando vayas por el kilómetro 46 y aún te falten otros tantos tu celebro necesitará alimento. Bueno, pues un libro es algo así como un power-shot pero con la diferencia de que te lo tomas antes de salir. Y además entretiene, así que son todo ventajas.
Siendo esto (como es) así, desde CxC -Sección disfruta y aprende- también recomendamos libros para personas como tú: gente despierta, dinámica y con ganas de convertirse en mejores personas. Y esta vez hasta nos hemos leído el libro antes. Va de un niño al que la vida le obliga a hacer un ultratrail con pinchos.
De la contraportada
Un niño escapado de casa escucha, agazapado en el fondo de su escondrijo, los gritos de los hombres que lo buscan. Cuando la partida pasa, lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Una noche, sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.
Intemperie narra la huida de un niño a través de un país castigado por la sequía y gobernado por la violencia. Un mundo cerrado, sin nombres ni fechas, en el que la moral ha escapado por el mismo sumidero por el que se ha ido el agua. En ese escenario, el niño, aún no del todo malogrado, tendrá la oportunidad de iniciarse en los dolorosos rudimentos del juicio o, por el contrario, de ejercer para siempre la violencia que ha mamado.
A través de arquetipos como el niño, el cabrero o el alguacil, Jesús Carrasco construye un relato duro, salpicado de momentos de gran lirismo. Una novela tallada palabra a palabra, donde la presencia de una naturaleza inclemente hilvana toda la historia hasta confundirse con la trama y en la que la dignidad del ser humano brota entre las grietas secas de la tierra con una fuerza inusitada.

13/6/2014

QUIXOTE LEGEND: Aventuras y desventuras de aquéllos a los que llaman leyenda sin serlo

Antes de empezar la QL
Después de las "divagaciones prescindibles" previas del Lidl, aquí nos cuenta su historia hasta convertirse en LEYEEEEEEENDA...

Día DTocan 47 km y 2.400 D+

La evocadora Plaza Mayor de Alcaraz retumbaba. El speaker que acompañó la prueba, tipo con cuerpa de CxC, agradable, de buena voz y mejor entusiasmo, le puso tanta exaltación a la presentación, y alabó tanto nuestros cuerpos embutidos en polipropileno, que me hizo dudar de si el tinglado era montañero o bélico. Fotos previas, saludos a un dron (a saber, cacharro volador que graba) y a correr. Y correr de verdad, no ese “correr” de ultratrail que dura lo que duran las miradas de los aturdidos espectadores de la salida y luego se convierte en caminata. El nivel general de la manada, el terreno de pista fácil y el poco desnivel inicial nos llevó a hacer algo más de 9 km en la primera hora. Empecé a retener a Jorge y a Miguel, más por miedo propio que por prudencia ajena. No quería ralentizar su ritmo pero yo, de seguir así, iba a durar cuarto y mitad. Regulamos bastoneando las primeras cuestas ciertamente empinadas (¡con perdón!) y, aún así, seguíamos adelantando gente. Los primeros 19 km, hasta el primer avituallamiento, fueron un aperitivo de pista en sombra entre bosques.

Después de la calma viene la tempestad o, mejor dicho, el Pico de la Almenara. Un subida montañera de verdad, de clavar bastones y subir la rodilla hasta el pecho buscando apoyos entre el rocaje vivo. Corta pero muy intensa. El cambio sobrecargó sin aviso el cuádriceps de Jorge y, además, comenzó el calor.

El cresteo y el inicio de la bajada era peligroso, obligaba a hacer malabarismos con apoyos al límite de las suelas para, literalmente, no despeñarse. Miguel se llevó un susto en uno de sus gemelos por un apoyo extraño que no fue a más. Al rato, a pesar de mi torpeza técnica, adelanté a los otros dos ceporcés. Algo no iba bien. La sobrecarga de Jorge era por culpa de la maldita cintilla iliotibial que se le enganchó finalmente en la rodilla con el esfuerzo de la bajada y le obligó a retirarse poco más adelante. Fue un momento difícil, sin duda el más duro de la carrera para los tres, más que los desniveles, el granizo y la kilometrada.

Lo de “no hay mal que por bien no venga” no deja de ser una putada de refrán, y no creo que venga del todo al caso, pero a la fuerza ahorcan: Estoy convencido de que este episodio le dará al Secretario fondo de armario de sobra para vencer  al UTMB.

Para completar el día se me agarró un dolor de cabeza de mil demonios que devino en mareo. No sé si pájara, si deshidratación, si exceso de pastillas de sales, si exceso de compresión de las poco testadas pantorrilleras en mis trillizos.

El caso es que llegamos a meta en un tiempo razonable a pesar de los parones por las variadas desdichas, todo ello gracias a Miguel, a su compañerismo e infinita paciencia.

En meta Jorge nos confirmaba que no iba a salir el próximo día, y yo acudía al puesto de la Cruz Roja para toma de tensión, oxígeno en sangre y esas minucias. Estaba todo bien. El día siguiente sólo podía ser mejor.

Sábado. 58 km y 3.360D+.

A los que tengan la referencia de la carrera por Montaña de Chiva: Imaginad una prueba de dureza similar (algún kilómetro menos, algún desnivel más) sazonada con la tunda del día anterior (a nivel físico y emocional) y con lluvia persistente, granizo y tormenta eléctrica al paso del Pico de las Mentiras y, luego, mucho barro, asqueroso y pegajoso barro.

Eso me planteaba a mí mismo antes de salir (sin saber aún lo del granizo, la tormenta y el barro) para no caer en la tentación de pensar que me esperaba un esfuerzo menor, que por haber hecho un día ya podía con lo que viniese, que qué más da.

 En estos asuntos, y en otros, es clave tener la referencia de las horas para poder proyectar debidamente los esfuerzos y la alimentación, si no lo haces estás perdido.

Salimos al paso, Miguel fresco, intacto, y yo dubitativo por la pájara del día anterior pero con fuerzas. Cogimos buen ritmo dentro de las referencias de nuestros compañeros de pelotón, de ahora te adelanto, ahora pasas tu.

El entorno ayudaba. Las Salegas del Maguillo, el Collado Tornero, el Pico Mentiras. Si la primera etapa fue de paisaje poco sorprendente, esta nos metió en la montaña de lleno, largas subidas y bajadas no excesivamente técnicas.

La primera subida la hicimos a buen ritmo junto a David, César, Teresa y alguno más, tipos de esos que pareces conocer de toda la vida quizá por tener parecidos dolores y la misma tara de ultrero. Llevado por el paisaje y por el ritmo de Miguel nos plantamos a mitad de subida del Pico Mentiras sin excesivo desgaste.

Pero empezó la fiesta en forma de chispeo y luego en progresión: Lluvia, aguanieve, granizo, rayos, viento, ráfagas de niebla. Cuando le pedí al cuerpo un poco más me di cuenta que no lo tenía. Aguanté haciendo la goma hasta la cumbre. Estábamos helados. Yo me sentía agotado y destemplado.

Pasadas las primeras complicaciones técnicas de la bajada insistí a Miguel en que tirase. Íbamos justos para el tiempo de corte del segundo avituallamiento, además yo pensaba en serio en la retirada, el cuerpo no me respondía y visto lo de ayer no creía que fuese a mejor. No abuso de cuestiones que sólo uno aprecia porque las pasó canutas, como tirar de matorral para desahogar un estómago debilitado. Resumo: Pasamos ambos el corte, yo bastante justo, y conseguimos acabar.

Yo llegué por dos motivos, por orden de importancia: Porque el Elegante CxC tiró de mí a buen ritmo durante la primera mitad (cortaron a gente antes y después de la subida al Pico Mentiras) y porque, luego, tiré de orgullo, no, perdón, de malahostia para no retirarme y tras “ajustar” el intestino, correr en las bajadas y subir el Pico Ardal a golpe de riñón.

Efectivamente, un ultra te suele devolver lo que le das, antes y durante la carrera. A mí me dio sufrimiento, frío, agotamiento, entumecimiento de pies y manos, patinazos en el barro, mierda, arañazos, destemple, abandono… Y avituallamiento, desesperación positiva (¿temeridad?), medida del esfuerzo, convencimiento, paciencia, constancia e ilusión para llegar corriendo a meta, convencido de tomar la salida al día siguiente. 

En definitiva, un día de esos en los que penas y te preguntas por qué corres o maltrotas ultratrails y te queda bien claro que debes seguir haciéndolo. Por el entorno natural y por uno mismo. Cómo diría nuestro Presidente, "hay que demostrarse a uno mismo que se puede hacer lo que se debe". ¡Y a tomar por culo!

Tercer día.- Porque esta crónica no deje de ser una crónica transmutando en evangelio somnífero, estoy prescindiendo de muchos detalles que ya he hecho llegar a la organización en la encuesta de satisfacción.

Para quién no lo sepa: Dormíamos en vivac –tiendas de campaña- y cada día tocaba hacer y deshacer el petate, hacer cola para cenar y desayunar (los que corrían más también para comer) y ducharse con agua fría.

Al caso: El domingo a las 07:00 a.m. daba gusto ver al Sr. Vicepresidente CxC agacharse con soltura a enrollar su colchón, sentarse en la silla sin lanzar el culo a ojo de buen cubero y andar grácilmente y bien peinado entre espectros. ¡Qué crack!

Corroboré que el más espigado de los CxC se iba a salir del mapa cuando en la salida, cuando yo usaba los bastones no para andar sino para luchar contra la fuerza de la gravedad, dijo ufano “¡Lidl! Vamos más adelante, que hoy hay más gente y se va a formar tapón” ¡Qué crack! Si la hubiese palmado en la QL habría querido esa frase en mi epitafio.

Efectivamente, el último día las “leyendas” de a por etapas compartíamos mantel con otros doscientos, cuerdos humanos estos, que hacían “sólo” los 50 km y 2.460 mD+ dominicales. Entre ellos, Juan Carlos y Nano que, no sé los motivos, no mostraron envidia alguna por estar en nuestro pellejo. Sobre todo, creo, en el mío.

Yo ya me sentía finisher por poder tomar la salida. Miguel estaba como recién venido de las vacaciones. Tan dispar era mi estado respecto al suyo que hasta en la caminata de la primera subida me sacaba un metro de cada dos. La forma y los gestos dieron por hecho que tenía que tirar y disfrutar, ¡si no lo hubiese hecho lo habría molido a bastonazos!

¡Qué carrerón hizo sin despeinarse! Bueno, el nunca se despeina. Quiero decir, que nunca un CxC llegó tan lejos en tan poco tiempo: 07h 22’ – 41º en la general de la etapa. Aviso: Tiene madera de ultratrailer poderoso. A quién corresponda: Solicito revisión de los Estatutos del Club para que no haya que echarlo.

Yo conseguí ir de menos a más (ir de menos a menos habría sido imposible) La lección del día anterior me motivó. Los paisajes fueron de nuevo espectaculares. Las dudas sobre pasar los tiempos de corte (fundadas, entre otras cosas, en qué los añejos habitantes de un par de aldeas me preguntaban si venían alguien más detrás de mí) se diluyeron, y me vinieron las fuerzas justas para correr a ratos, emocionarme al paso por el Nacimiento del Río Mundo y pillar a mis compañeros de ruta de días anteriores.

Molido pero feliz acabó la aventura en meta con un abrazo entre los tres CxC, porque el que no estaba también contaba.

¿Quién me iba a decir que un tipo con melena que le ponía las copas a mi Padre los viernes noche iba a ser mi compañero de aventuras y desventuras en una cosa llamada ultratrail por etapas?. Y que íbamos a salir vivos del envite. ¡Bravo!
El petate y la tienda que nos regalaron después de los tres días de acá para allá
Por último y por darle relumbrón, certeza y medida a la “comunidad del anillo” de Quique:

Miguel Ángel lo consiguió todo, si es que le hacía falta: Consagrarse como ultratrailer, disfrutar y emocionarse sin parar y un tiempazo final.
Jorge, por culpa de una inmerecida hostia de garrote, ha medido y templado su temperamento y paciencia, disponiéndose para próximas batallas.
Ramón, llevó el jodido anillo, sin saber medir si era más jodido el anillo o él mismo. No pudieron conmigo y entre el granizo perdí, además del dorsal, la capa.

Y ya que no puse cita al principio, la pongo al final, para que el miembro (sin perdón) de Manuwar se sienta correspondido, y por mediar en la supuesta virtud de ser leyenda bajo el nombre del Quijote, que las cosas importantes han de quedar en su sitio:

“(…) y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna». Vale.”

11/6/2014

QUIXOTE LEGEND: Divagaciones prescindibles previas del Lidl



Con ánimos y objetivos dispares se dirigieron tres miembros (c.p.) del trashumante CxC a Alcaraz, tierras manchegas limítrofes, de poca llanura y de castillos derrengados. De tan poco llano eran, que al divisarse de camino y a lo lejos siluetas tocando las nubes, Sancho Ureña exclamaba -no sin sorna- nostálgico ya de sus Castillejos, “y tó eso habrá que subirlo, y mira que nubarrones se ciernen”, dejando escapar una sonrisa nerviosa a modo de augurio fatal.
Matrimonio mal avenido delante con el niño detrás
Las nubes hicieron un guiño a nuestro vehículo, que para darle emoción al asunto, por fiarnos de gepeéses y no del vuelo de los golondrinos, cogimos una carretera secundaria de entre las secundarias, de esas de anuncio de BMW y de "no lo hagan ustedes en casa". A Miguel, el elegante hidalgo, no se le movió ni un pelo del flequillo mientras derrapaba en las curvas, y yo (según crónicasestrafalarias, el portador del anillo) miraba las montañas ensimismado, pensando en mi responsabilidad como Lidl y en mi precario entrenamiento.

La preparación y metas de cada uno eran muy dispares. Uno afinando para el UTMB, responsabilizado en exceso; otro enjuto y requeteentrenado para esta prueba, emocionado y feliz; otro… Otro preocupado, pensando en disfrutar del entorno, con paciencia y quién sabe qué y renegando de tener que ser leyenda de nada en caso hipotético de acabar. Así somos.

Por no pecar de cansino, no ahondaré en la unión de hecho de los palabros “quixote” y “legend”, que cuando menos es meritoria de una tesis de eclecticismo surrealista avanzado. Tampoco comentaré el gusto de elegir como lugar del “briefing trénico” una iglesia. Sí, con sus Santos y todo. El altar a modo de escenario y los runners del coro esperando ser sacrificados, mientras potentes altavoces reproducían el sonido del video promocional: Una voz carnívora de ultratumba que nos impelaba a ser leyenda.
Formales CxC´s esperando al "briefing trénico"
Efectivamente, todo eso acojonaba, pero más aún los compañeros de inscripción. Jorge y yo les medíamos con la mirada y dudábamos de poder acabar delante de alguno de ellos, y me dije, porque a veces me digo cosas, que tenía que estudiar en la tienda los tiempos de corte que ya verás tú que no paso ni uno. Por su parte, Miguel era feliz, ¡qué envidia! Disfrutaba de cada segundo y conseguía por doquier de todo: amigos portugueses, queso y chorizo portugués, pan portugués, información de carreras portuguesas, fotos con ultrarunners famosos de nacionalidad portuguesa… ¿Por qué le gustará a este hombre tanto Portugal?
Miguel con Carlos Sa, famoso corredor de montaña portugués
Jorge y yo calmamos los nervios ensilando un botellín de un trago y unos pinchos de morcilla con pisto rodeados de camisetas y chalecos del UTMB, del TOR, del Marathon des Sables, de la Mayor Bestialidad Cósmica, etc.
Dos Tarahumaras entre tres "tarashumanas"
El estado de ánimo se veía en las fotos, somos muy malos actores.

Pasada una semana sigo con las defensas bajas y sin ganas de correr, ni de escribir de correr. Mañana más.

29/5/2014

QUIXOTE LEGEND y la Comunidad del Anillo.

J. R. R. Tolkien y Miguel de Cervantes Saavedra no coincidieron jamás (mucho tendría que haber durado el segundo...); y, sin embargo, los dos se relacionan gracias a CxC. Sí. CxC todo lo puede.

Tres miembros (con perdón) de CORRIENDOPORELCAMPO se van a la QUIXOTE LEGEND para, mañana por la mañana (viernes, 30 de mayo) comenzar una carrera por etapas para ensilarse en tres días 154 kilómetros de distancia (47 + 57,5 + 49,5) y 8.220 metros de desnivel positivo acumulados. Tres miembros de CxC que podrían ser Don Quijote (Miguel Ángel), Sancho Panza (Jorge) y el Bachiller Sansón Carrasco (Ramón) pero que, en realidad, son mucho más parecidos a tres personajes del SEÑOR DE LOS ANILLOS.  

MIGUEL ÁNGEL, nuestro GANDALF particular -versión juvenil, con barba negra en vez de blanca- y mago de CxC: consigue lo que sea menester como por arte de magia. De hecho, ha sido el agraciado en el sorteo de la Quixote Legend. Le ha salido gratis la inscripción. Doscientos cincuenta euros por la cara. Será el que consiga -sin esfuerzo- un sitio inmejorable en el campamento, algo especial para el desayuno o las tres cervezas más frías al llegar al avituallamiento de meta.

JORGE es rudo, no se cuida la barba en absoluto y si tiene que sacar los bastones en las duras subidas de la QL, lo hará con la misma gracia que lo haría GIMLI -"el ENANO"- con su enorme cachiporra (con perdón). Como él, es temperamental e impaciente. Es mucho más bajo que Miguel Ángel (Gandalf), pero menos que Ramón. Tiene fuerza como si fuera un gigante.

RAMÓN, nuestro FRODO BOLSÓN, como el hobbit encargado del jodido anillo, será el que tenga que llevar a los otros dos descerebrados poniendo paciencia y cordura. Aunque en realidad, como en la peli, no se sabe quién lleva a quién. Es pequeño, pero no hay quien pueda con él. No es consciente de su poder y, sin necesidad de capa mágica, desaparece de vez en cuando y no hay cojones a encontrarlo por ningún sitio.

Será muy duro llevar el anillo hasta el final, pero sin duda estos tres lebreles de CxC llegaran a MORDOR para destruir el anillo, alcanzar la meta, e inflarse a botellines sin conocimiento. 

Nota: Esta entrada-mofa es fruto de la envidia que me corroe. Por tanto, el culpable de ella es Santi, nuestro presidente del club de fans, que podéis visionar -e insultar como yo estoy haciendo estos días- en nuestra pestaña de "Los miembros (con perdón)". ¿A quién cojones se le puede ocurrir casarse (¡casarse!) durante el fin de semana de la Quixote Legend?

27/5/2014

Correr por OURENSE con "final feliz".

turismogalicia.blogspot.com
Ojala pudiéramos correr grandes desniveles a diario o hacer tiradas largas de varias horas por el campo. Sin embargo, la mayoría del entrenamiento habitual consiste en correr por donde sea. Simplemente. Corremos por donde nos resulta más sencillo, por donde menos tiempo perdemos, por donde menos tardamos en llegar. Aquí, en Ciudad Real, podemos subir a La Atalaya, que nos pilla al lado, es campo abierto, con pinada, monte bajo y hay un pelín de desnivel; o a los Castillejos (en la cercana localidad de Poblete). No hay tiempo para más. Diez minutos en llegar, una hora, hora y media, a lo sumo dos corriendo y vuelta a casa.

En ocasiones, incluso debemos renunciar a lo natural -al trail- y conformarnos con el asfalto por no salir de la ciudad y perder más tiempo. Utilizamos cualquier cosa que se asemeje a lo que más nos gusta. Corremos por parques, paseos, vías verdes..., pero no es lo mismo.

Salvo que vivas en Ourense. 

La semana pasada estuve en casa de MARCOS, nuestro miembro (con perdón) más alejado (geográficamente hablando), el gallego de CxC.

Podíamos haber elegido correr por el campo, pero la propuesta era tentadora para un hombre de secano como yo. Por estas tierras manchegas -acostumbrados al secarral - nos hace especial ilusión todo lo que tiene que ver con el agua (salvo para beber, que preferimos la cerveza).

Correríamos por un entorno urbano, dentro del casco, pero al lado del río Miño. Podría ser lo que en Barcelona han denominado CITY-TRAIL. Pero lo bueno no era esto (que ya lo es), sino que, además, terminaríamos nuestra carrerita en las POZAS DE OUTARIZ.   

Eran las siete de la tarde cuando aparcábamos en las inmediaciones de la pasarela de Outariz, un puente peatonal que une la carretera OU-420 con el "recinto" de las "Pozas de Outariz" (río arriba) y las "Burgas de Canedo" (río abajo), todo ello enclavado en lo que el Concello de Ourense ha denominado ITINERARIO AMBIENTAL DEL RÍO MIÑO.

Empezamos a correr río arriba por el citado itinerario. Le dije a Marcos que debíamos ir despacio porque mi tobillo aún anda un poco flojo y no quería sufrir una nueva torcedura. Nada más salir ya estaba alucinando. Todo verde (cuando aquí en Ciudad Real ya vemos los campos de cereal segados), con el Miño al lado, precioso, caudaloso a su paso por Ourense. 

Correr entre alisos ("ameneiros"), sauces ("salgueiros") y fresnos ("lodeiros") resulta una maravilla para los sentidos.

"¡Marcos, ve más despacio, que tengo el tobillo regulera!"

No era capaz de mirar el suelo para ver dónde ponía mi pie derecho y evitar cualquier torcedura. Mi vista iba de un lado a otro comprobando la belleza de la zona. Múltiples verdes salpicados de grises graníticos, el cielo plomizo, reflejos en el espejo del agua que se rompía con la corriente y con la lluvia que hacía acto de presencia a ratos. 

"¡Qué bonito, Marcos, qué maravilla!"

Hasta vimos una serpiente de metro y medio en el camino de tierra por el que íbamos. Todo era precioso. Hasta la serpiente. La humedad era enorme para lo que estoy acostumbrado, pero daba igual. Disfrutaba de cada zancada, de cada imagen, del olor. Todo está enmarcado entre montañas, en las que se distinguen algunos caminos que suben a las partes más altas. Al lado, ahí mismo, en la olla de Ourense.

En varias ocasiones tienes la oportunidad de cruzar el río para llegar al otro lado y dar la vuelta, con lo que hay varias distancias para elegir un recorrido circular desde unos cuatro o cinco kilómetros hasta un máximo de catorce, la totalidad del itinerario ambiental. 

Nosotros cruzamos por una pasarela peatonal que había a unos seis kilómetros de donde habíamos salido.

Desde la pasarela se podía ver uno de los molinos que se utilizaban antiguamente para moler grano aprovechando la fuerza de la corriente del río.  

Y vuelta por el otro lado. Igual de bonito pero en sentido contrario, aguas abajo. En este margen hay algo más de cemento en los paseos, pero me dio igual. 

"¡Marcos, mira, ahí hay gente bañándose! ¡Qué alucine!"

A lo largo del recorrido, después de pasar el bonito y moderno puente del Milenio y el de Ribeiriño, comenzamos a ver termas y pozas. Primero las "Pozas de Chavasqueira" (de uso público y gratuito), luego las "Termas de Chavasqueira" (Termas privadas de estilo japonés), después vemos la Fonte do Tinteiro y, en el mismo sitio que aparece en el dibujo del principio, vemos como viene el "tren das termas", que realiza un recorrido turístico por la zona, uniéndola con el centro de la ciudad. Lo estamos viendo todo. Más adelante vemos las "Pozas do Muíño das Veigas" (de uso público y gratuito) y con una pintaza magnífica.   

Subimos un repechín y pasamos por la parte trasera de las "Termas de Outariz", un complejo privado con todo lo que puedas desear para darte un gustazo para cuerpo y mente. Y si vas con niños, tienen hasta guardería por horas.

Bajamos lo que habíamos subido y vemos nuevamente la pasarela de Outariz, donde habíamos dejado el coche. En total, casi 13 kilómetros de disfrute absoluto. 

Nos esperaba el "final feliz", la guinda, el acabose, la repanocha...

Chispea, pero cogemos la ropa que habíamos dejado en el coche, cruzamos la pasarela de nuevo y bajamos hasta las Pozas de Outariz. No hay puerta, ni nadie que te pregunte qué vas a hacer, ni dónde vas. Público, público. Gratuito, gratuito. Hay vestuarios y taquillas con argollas para que puedas llevarte un simple candado para poder dejar tus cosas mientras disfrutas sin ayuda de nadie. Un kiosko tiene todo lo necesario para que alivies tu sed. Imagino que, además, podrás picar algo. 
foto: turismodeourense.com
Hoy el día no es bueno. Sin embargo, para mí es absolutamente espectacular. Jamás pensé que ese lujo podría existir.

Había tres pozas. En la primera había dos chavales. En la tercera, uno. Marcos y yo nos metimos en la del medio. 

¡Qué maravilla, Marcos! ¡Tú no sabes lo que tienes aquí!

El agua está a una temperatura ideal. Las pozas, el entorno y todo lo que te rodea está limpio y cuidado al detalle. Chispea agua fría sobre nuestras cabezas, pero nuestro cuerpo está caliente, relajándose.

Después pasamos a una poza de agua fría. ¡La leche! El contraste es brutal, pero solo son unos segundos. Marcos dice que nota como se le relajan más los músculos. Debe ser cosas de hombres del norte. Yo estoy deseando que me diga que volvemos a la calentita. A pesar de eso, hacemos la operación varias veces. 

Anochece. Estamos solos. Todos se han ido. Marcos dice que él se sale ya, pero yo no puedo. Me resisto a abandonar el paraíso. Le pregunto si ve a alguien. Me dice que no y, sin saber si está permitido, me quito todo y me quedo en "pelota picada". Estoy en pelotas en Ourense. Para un "garcía-herrera", "exhibicionistas" por naturaleza (o quizá debería decir "naturales") es el "no va más".

Disfruto unos minutos más. Le digo a Marcos que me haga una foto en pelotas para colgarla aquí, en el blog, pero justo en ese momento se le acaba la batería del móvil. Lo siento, queridos fans.

Salgo de allí como mi madre me trajo al mundo y me ducho con agua fría, al aire, hasta que Marcos me avisa de que una muchachas que se acercan me están viendo. Ellas si han tenido suerte... jejeje.

Cojo la toalla y me seco. No quiero irme de allí... Es un auténtico lujo, una maravillla... y gratuita. El concepto de lo público en estado puro. Del pueblo y para el pueblo. Sin peajes, sin entradas, sin vallas, ni puertas.

"¡Marcos, no vuelvo a pasar por aquí sin meterme un ratito en las termas!"

Tuvo que engatusarme para volver al coche. Me prometió unos chicharrones y unos calamares en el bar "las dos puertas". Y un "perico" (montadito de lomo con queso y setas) en el bar del mismo nombre y una "orella" (u oreja en mi pueblo) que quita el "sentío".

Así que, para terminar el día, nos fuimos a tomar algo por "los vinos", el casco histórico de Ourense, con Juan y Romina, unos amigos de Marcos absolutamente encantadores. Y si eso no fuera bastante, al poco se unió a nosotros el simpático e inigualable Pablo Guntiñas, un colega de profesión (y de lo demás) con el que nos hemos tomado más de un gin-tonic mientras arreglábamos el mundo, hablando de lo divino y de lo humano, tanto allí, en Galicia, como aquí, en Ciudad Real. 

En resumen, una tarde y una noche fantásticas, para poner rumbo a la rutina a la mañana siguiente.

En esta vida no todo es trail. Lo importante es ser feliz. Y los amigos.

Si quieres ver el recorrido que hicimos corriendo PINCHA AQUÍ
Si quieres ver el recorrido que hicimos por los bares del centro, mejor ve a Ourense y disfrútalo.

21/5/2014

Força! (Ultra Trail Serra de São Mamede) by Manuwar CxC

Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. 
Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos. 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

El viernes a las doce de la noche, hora de Portugal y de Canarias, es decir, a la una de la mañana, horario peninsular, del Este de la Península para ser precisos, tomé la salida en el Ultra Trail Sierra de San Mamés. Campeonato de Portugal de Ultra Trail. A veces se nos olvida, en este lado del tabique, que compartimos la casa con los vecinos occidentales. Un lugar acogedor donde buscar carreras interesantes y aprovechar para comer fantásticamente, algo muy importante para cualquier seguidor de Corriendo por el Campo.

El UTSM es una carrera de cien kilómetros de las duras, porque hay carreras de cien mil metros "blanditas", de iniciación, y otras que son un conjunto de maldades puestas en fila por una organización que sabe que, en el fondo, nos va "la marcha" y eso es lo que precisamente buscamos.

Pero antes de empezar a contar la carrera habría que aclarar, por facilitar la digestión de esta historia, cuestiones previas a la salida, para ubicarnos antes de empezar a hablar. Muchos de ustedes no me conocen. Soy "el nuevo", Manu, el que estudió en su día filosofía (decir "el filósofo" me suena arrogante, es un título reservado a Aristóteles)

Antes de empezar a hablar, en cualquier logoi, cualquier "libro" o lección, Aristóteles comenzaba centrando el problema, viendo las opiniones y los consensos que existían al respecto: las endoxa. Hay que partir del saber común o del consenso aceptado por la sociedad mayoritariamente para hacerse mínimamente comprensible. También antes de empezar a hablar un alumno de una escuela pitagórica debía pasar varios años asistiendo a las lecciones en silencio limitándose a escuchar a los iniciados. Como leemos con interés las historias que nos cuentan los aventureros de este blog que suele destilar sabiduría sin atrevernos a escribir en él como advenedizos que somos algunos. Para comprender algo hay que tomar la historia desde antes de que ocurra, una carrera no empieza cuando suena el disparo de salida, sino mucho antes, aunque es difícil situar a veces cual podría ser el comienzo de la narración de los hechos.

Por tanto comenzaré diciendo, para quien no me conoce, que éste soy yo en dos momentos de mi vida separados por diez años de diferencia:
110 Kg. de fumador empedernido convertido en corredor popular "paquete"


Para más información sobre el personaje e incluso sobre la persona y algunas de las ideas peregrinas que le asaltan podéis visitar el dominio:

Aclarado, en parte, de dónde viene uno. Como no sé hacia dónde voy o como acabará esto, más aún en compañía de la buena gente de CxC, que me han acogido como un miembro (con perdón) más, me sigo situando el momento anterior a la medianoche lusa de la ciudad de Portalegre que abría, con un concierto de un grupo homenaje a Pink Floyd, la cuenta atrás para un ultratrail que iba a ser más burro de lo que yo esperaba. Confieso que me hace mucha ilusión escribir una crónica para el blog de CxC como miembro (c. p.), cuando no hace más que dos años que lo descubrí como lector y quedé atrapado por su "frescura", que espero no mermar, aunque temo que yo carezco de la capacidad para comunicar de mis compañeros de equipo.

Me había levantado a las ocho de la mañana y no había podido echar más siesta que un "descabezado" de unos minutos de duración, no recuerdo si quizá quince, antes de salir de la habitación hacia la linea de salida. Eso me ponía en cajón (nos ponen, cuan rebaño de ovejas cercadas, en un cajón de salida cuando nos controlan el material obligatorio, un recinto del que ya no podemos salir hasta que empieza la carrera) ya somnoliento, con una noche por delante en blanco antes de que, al amanecer, le siguiese un largo día también sin dormir, penando por las montañas.

La banda, benditas sean sus almas pecadoras, había elegido para amenizar el momento canciones especialmente lentas, psicodélicas y oníricas de Pink Floyd, casi "pegajosas", o al menos eso le parecía a mi mente embotada por el sueño. Se me cerraban lo ojillos ya antes de tomar la salida y presentaban el rasgado típico de dos puñaladas dadas con un cuchillo en un tomate. Casi hubiese preferido, mientras escuchaba los lisérgicos acordes setenteros, la nana de Brahms interpretada por una orquesta de cámara.




Lo cierto es que la idea era buena. Haces la espera mucho más amena a las personas en el cajón de salida y consigues que entren antes para poder controlar que todo el mundo lleva manta térmica, comida, un depósito para el agua, teléfono móvil, linterna-frontal y pilas de repuesto. No exigían mucho material, en parte porque la previsión meteorológica era mejor que la del año anterior, en la que hubo un veinte por ciento de retirados y con temperaturas muy frías. En el último momento eliminaron la obligatoriedad de llevar mallas largas, gorro y cortavientos. De todas maneras yo llevaba todo eso y algo más y, aún así, la mochila era más ligera que aquella con la que entreno para prepararme para el Ultra Trail du Mont Blanc, donde nos vamos el equipo CxC dentro tres meses a partir de ahora. Qué nervios.

El concierto era solamente otro más de los detalles de calidad, de los muchos que tenía una prueba muy bien organizada y, atento todo el mundo, por 25€ solamente la inscripción anticipada, precio que incluía avituallamientos estupendos y surtidos, un equipo de voluntarios comprometidos, un recorrido marcado a la perfección (cien kilómetros durante los cuales no perdías de vista las balizas que marcaban el recorrido en ningún momento, ni de día ni de noche), varios regalos incluyendo una camiseta técnica "de verdad", de las que valen 25€, seguimiento de todos los corredores online, gestión de una "bolsa de vida" que te llevaban al kilómetro sesenta para que pudieses ponerte ropa seca y que después de usarla te llevaban a meta, una bonita medalla de artesanía para los terminators (digo, finishers), presencia de sanitarios y ambulancias a la vista, fisioterapeutas en meta, amabilidad y hasta público en algunos puntos...

Típica instantánea de los corredores, delatando su presencia en el bosque con la luz del "frontal"
La carrera arrancaba tranquila por la parte de atrás (con perdón) del pelotón, mi lugar natural en este tipo de eventos. Y así pintaba yo momentos antes de la salida:

Foto realizada por Anne Souplet
Arrancaba pues con pocas ganas, con sueño y con el presagio de una carrera muy dura por delante. A mi favor que me pillaba en un buen momento de forma física y mental. Gracias, en buena parte, por la compañía, a la que hay que atribuir el retrato anterior, que se iría a descansar para tomar la salida de su maratón (cuarenta y dos kilómetros) a las nueve de la mañana en el punto kilométrico cincuenta y ocho de mi carrera, de manera que el final de una carrera se mezclaba con los más rápidos de la más larga, como si saliéramos a perseguirles y los más veloces de los maratonianos igualmente darían alcance a los mediomaratonianos (qué mal suena, como "maratonianos a medias"), formando una larga anaconda de corredores que tapizaba toda la sierra, desde los lebreles más rápidos de la carrera corta, hasta los trotones más diésel que tenían veinticuatro horas para completar su recorrido.

Yo lo intenté. Llegar a la salida del maratón desde Marvão, PK58, para cazar, como un lobo hambriento, a la corredora francesa antes de las 9:00. Pero fue imposible.

Tomamos la salida quinientos setenta corredores, entre ellos algunos de los mejores de los de nuestro país vecino, porque los equipos suelen mandar una "selección" para tratar de conseguir podio en grupo y, si es posible, alguno individual y, en cualquier caso, a hacer acto de presencia. Un nivel muy alto en general. Viendo las bestias pardas que había en la salida me rondaba por la cabeza la idea que nos asalta tantas veces a los populares diesel a los que nos asoma un michelín por debajo de la mochila: "¿Qué cáspita hago yo aquí?", solo que sustituyendo la palabra "cáspita" por otra más gruesa.

La carrera, aunque no se movía por alturas superiores a mil metros, era un subir y bajar constante, muy rompepiernas, que por algo acumulaba en subidas casi tres mil quinientos metros de desnivel positivo.


Al principio se formaron varios "embotellamientos" al llegar a puntos de paso donde había que pasar de uno en uno y había que tener cuidado para no, y recurro al concepto técnico, esmorrarse. En general la carrera tenía un "coeficiente de esmorramiento" bastante bajo, es decir, que no tenía bajadas muy difíciles y, para compensar, tenía unas subidas por cortafuegos que quitaban el hipo, que elevaba la correlación de "suputamadres por minuto" (otro concepto técnico en trailrunning) a niveles muy altos, casi épicos.

No voy a ahondar en dolores, gemidos y piernas abrasadas desde el interior por los cristales de ácido láctico, en rozaduras que parecen los resultados de haber tenido un accidente ciclista bajando un puerto a toda velocidad en una carrera nudista, ni en uñas negras que caerán después de la carrera...

...como caen las flores de los cerezos azotadas por los vientos de marzo...

Para la próxima os pongo una foto de los pieses con las uñas negras y/o despegadas,
para equilibrar tanta belleza
El lector no lo merece. No tiene que aguantar nuestras quejas porque, al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer estas cosas y sabemos las consecuencias antes de tomar la salida (con perdón).

Del sueño si hablaré.

El sueño es una sensación horrible. Cualquiera que haya empalmado un juernes con una jornada de trabajo en una remota juventud o la semana pasada sabe de qué le estoy hablando. La tortura por privación del sueño era usada en Guantánamo para arrancar confesiones a los detenidos. El dolor puede ignorarse, el cansancio vencerse, la sed y el hambre son fáciles de soportar y combatir, pero el sueño es invencible, es como un golpe en la cabeza con un bate de béisbol. No hay entrenamiento que te prepare, no hay energía que pueda enfrentársele. Todo esfuerzo por vecer el sueño, produce sueño y somnolencia.

El amanecer suele ayudar. La luz del sol produce cambios hormonales en nuestro organismo (se deja de segregar unas hormonas y se producen otras) y la mente se activa. El cansancio no desaparece, pero si un poco la necesidad urgente de cerrar los ojos y dormir. Después de una primaveral noche de mayo sin casi frío, con una luna llena que permitía ver mucho más que la "burbuja" de luz que la linterna crea entorno al corredor en las noches oscuras y que facilitaba mucho la orientación y disfrutando de corretear por caminos y veredas, la luz de nuestra estrella prometía espabilarnos un poco. Por lo menos un rato, y así fue. El alba, el amanecer y el sol, finalmente iluminando hasta el horizonte, se suceden rápidamente y da la impresión de que la noche nunca ha sucedido, que es un recuerdo remoto de hace mucho tiempo.

Kilómetro cuarenta. Estoy agotado. Tengo mucho sueño. Quizá debería echarme a dormir veinte minutos para espabilarme un poco al precio de un leve dolor de cabeza, que suele ser el pago necesario por quitarse la sensación, mucho más desagradable, de que se cierran los ojos cuando tratas de mantenerlos abiertos.

Me siento en una piedra cómoda al final de una subida. Me tomo dos geles (uno de ellos con cafeína), bebo agua, me pongo el mp3 con heavy metal y... oh yeah!, milagro, el sueño se disuelve y bajo corriendo hasta el el siguiente punto de control con death metal al estilo Gotemburgo (los Kalmah) resonando en el alma y lanzando ecos hacia las piernas, que recobran sus fuerzas.

Media carrera, queda menos de lo que llevo. En este momento están tomando la salida los participante en la prueba de Maratón (42 Km.) y yo tardaré dos horas en llegar hasta ese punto. Lástima, pero veré a Anne en la meta.

El resto de la carrera no tendrá el sueño como protagonista. En algunos momentos una cierta somnolencia. Ahora solamente es ir pensando en la siguiente subida, a sufrirla cada vez con más calor y en cada bajada, muchas de las cuales fáciles de correr.

La ciudadela de Marvao se nos presenta en lo alto, inexpugnable a invasores españoles o franceses pero, esperamos, que hoy, en son de paz, podamos conquistarla.


Esto no me lo habían hecho nunca. Cuando después de mucho sufrimiento casi estamos llegando a lo alto, donde nos espera ropa seca y un buen avituallamiento... nos bajan otra vez, nos hacen rodear el promontorio, subiendo y bajando, retroceder en el sentido contrario y, finalmente, subir en linea recta y vertical hasta lo alto. De una crueldad y sadismo exquisito y novedoso.

Cambio de calcetines empapados por los varios cursos de agua que hemos tenido que atravesar y de plantillas, para recuperar la sensación de pies secos. Comer, beber, recargar, sentarse diez minutos, estirar los cuádriceps y a por el maratón. Quedan cuarenta y dos kilómetros y calculo que tardaré más de veinte horas en total. Quizá hacia las siete y media de la tarde, aún con buena luz, pueda estar en meta.

Como cien kilómetros son muchos, para leerlos, aunque realmente más para correrlos, resumo los acontecimientos más rutinarios: cuestones, bajadas, avituallamientos, beber, correr, andar, adelantar, ser adelantado, charlar con la gente, darse ánimos unos a otros... Força!. Ya a partir de ahora escuchar "Força" me pondrá los pelos de punta como oir "Courage!" después de correr el Ultra Trail del Mont Blanc en 2012. El mismo cariño, el mismo deseo de animar. Vamos, queda poco, ¡Ánimo!

Encuentro a diez kilómetros de meta a Fali, "el coleta", corredor muy querido y respetado por todo el mundo y que conocí en el Maratón Alpino Jarapalos ya hace un tiempo. Va bastante fundidillo después de una larga lesión (fractura de tobillo) y haber podido entrenar muy poco. Es un fuera de serie y nunca pensé que alcanzase al héroe del "ocho alpino", es decir, de un recorrido de más de quinientos kilómetros en solitario y en autonomía absoluta con más de treinta mil metros de desnivel positivo acumulado y con una climatología hostil en los Alpes uniendo el recorrido de las dos pruebas emblemáticas de la zona: el Ultra del Mont Blanc y el Tor del Giants. Su GPS dice que el recorrido anda más hacia los cuatro mil metros de desnivel positivo acumulado que hacia lo anunciado por la organización. Eso explica en parte nuestros cálculos erróneos sobre la duración prevista del recorrido, yo confiaba hacerla en unas dieciocho horas inicialmente.

Un último punto de control a cinco kilómetros de meta antes de bajar (la madre que los parió) trescientos metros de escaleras y me lanzo a correr, para acabar de una vez, lo que me queda.

A los cien kilómetros entramos en el estadio con la "gracia final" de tener que saltar o reptar una valla...

Siempre que tengo elección prefiero arrastrarme a saltar.
Es menos digno, pero mis rodillas me lo agradecen
Pero para compensar, tras ella estaba esperando Madame Souplet para recibirme con su eterna sonrisa, que hacía mucho había acabado su carrera "cortita" en ocho horas.



Y prueba superada en veinte horas y media. Con un puesto muy aceptable para mi, el trescientos veinticinco, teniendo en cuenta de que iba todo lo mejor de Portugal por delante de mi. Un veinticinco por ciento de retirados nos dicen que el calor, porque no lo he dicho, pero hizo mucho calor, hizo más estragos este año que el frío el pasado. Pensé que el comentario que me habían hecho a cinco kilómetros de meta (boa posição!) era irónico, pero no, un puesto muy bueno para un trotón como yo.

Y yendo a lo importante:

Bacalhau a Bras
¿Por que hacemos estas cosas? Para comer un plato de bacalao y mucho más. Porque si no es para disfrutar, todo esto no tendría sentido.

Nos vemos en la próxima, en Chamonix du Mont Blanc.

Força! Courage!

Por mares nunca d'antes navegados, 
Pasaron ainda alêm da Taprobana 
E entre perigos e guerras esforçados 
Mais do que prometía a força humana 
Entre gente remota edificaram 
Novo reino que tanto sublimaram 
(Camoens, Os Lusíadas)