15 abr. 2015

Trail Batalla de Alarcos (TBA2015)

«Estas son las palabras que ha pronunciado Alá, el Todopoderoso: Me lanzaré sobre ellos, les convertiré en polvo sirviéndome de ejércitos que no han visto nunca y de cuya fuerza no podrán librarse»
Desafío de Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr al rey Alfonso VIII por Whatsapp (bueno, o por lo que hubiese en aquella época)
El 15 de julio de 1195 Almansur (Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr), al frente de quizá treinta mil aguerridos soldados y "a dos tiros de flecha de Alarcos" según las crónicas árabes, consiguió NO pasar a la historia cuando nuestros antepasado musulmanes le dieron para el pelo a nuestros antepasados cristianos frente a lo que hoy es Poblete, Ciudad Real. Ese lugar en los libros de texto fue reservado a los ganadores de la Batalla de las Navas de Tolosa diecisiete años después en la que, más del gusto del historiador tradicional de nuestro país, nuestros antepasados cristianos dieron para el pelo a nuestros antepasados musulmanes. Momento clave de la muy mal llamada desde el punto de vista histórico "Reconquista", aunque muy bien elegido branding desde el punto de vista del marketing.

En cien años todos calvos. Bueno algunos quizá no necesitan un siglo, pero el resultado final es el mismo. Qué nervios, qué nervios... otra crónica en Corriendo por el Campo. Me ha tocado (con perdón) a mi.

Fotografía: Atleta Manchego
Fotografía: Atleta Manchego
El pasado domingo un buen montón de CxC se dieron reunión en la cita anual de uno de los dos trail pirata más afamados de Poblete (y varias leguas alrededor), el Trail Batalla de Alarcos (TBA), que organiza Ivan Palero a costa de su esfuerzo y patrimonio personal para que nosotros nos divirtamos. Allí estuvimos unos cuantos para darnos un festín de kilómetros por los verdes, por ahora, campos que son regados por el Guadiana, sus llanuras volcánicas, sus lagunas y los rincones de una historia milenaria y a veces olvidada. Campos que la sangre de nuestros antepasados regaron con sangre, cimitarra o espada en mano y camello o caballo bajo los muslos. Luchando en nombre del mismo dios y gritándolo en dos idiomas distintos. O quizá simplemente acortando y malogrando sus vidas por los intereses políticos y económicos de los que mandaban entonces.

No puedo ofrecer una crónica exhaustiva (ni los amables lectores merecerían el suplicio) de todo lo que hicieron cada uno de los miembros (con perdón) del equipo. Miguel Ángel, el de las luengas barbas, salió disparado como si fuesen a prohibirlo mañana, o por lo menos como si fuesen a poner un impuesto especial para gravar a quienes corremos (no das una idea güena Manuwar), Tomás... ni idea, solo le vimos las espaldas un momento, Ramón, nuestro lidl poco más o menos, no con tantísima ansia viva porque tenía que reservarse para hacer otros veinte kilómetros al día siguiente con la lidlesa Marian. Ella se reservó por completo para hacer un podio en la Trebol Trail en Becerril de la Sierra (Madrid), que si ella va a una carrera y no se lleva una medalla algo raro ha pasado. Esto dicho sin quitarle ningún mérito, que subir al podio siempre requiere luchar por ello y sentimos una rendida admiración por sus (muchos) triunfos. Quique y Jorge, los utemebitas, dijeron eso tan típico de que "iban a ir tranquilos" y a la primera de cambio les perdimos de vista. El resto se quedó "en barbecho" para próximos compromisos deportivos.

En definitiva, Anne y yo nos quedamos atrás y no podemos contaros nada sobre su carrera porque no estábamos allí presentes y no quisiéramos faltar a la verdad.

Fotografía: Mariví. Modelo: Brad Pitt

A quien no la conozca (ya os vale) le entrará la duda sobre qué demonios sea eso de la TBA.

Vivimos en un mundo que nos mantiene inmersos en ideologías de auto superación, con mensajes constantes que nos exigen hacer proezas, lograr éxitos, triunfar en desafíos y, en definitiva, en una sociedad que lleva a la frustración y la infelicidad si te ves atrapado en una competencia constante por conseguir ser un super(man/woman)spartanXtrem-paleohipster-totalradical-megabestia. Si queremos mejorar permanente las marcas, acabar todas las carreras, ser más rápidos que nadie, no tener celulitis ni michelines, correr todas las competiciones más largas y duras (con perdón), al final nos pondremos un horizonte de objetivos que nunca alcanzaremos y nunca nos satisfará. Cuando bajemos de tres horas en maratón, querremos bajar de dos horas cuarenta y cinco. Cuando corramos una prueba de cien kilómetros, querremos hacer una de cien millas y cuando lleguemos los terceros, nos consideraremos "perdedores" y fracasados por no haber subido a lo más alto del podio. Si lo ganamos todo, como Kilian Jornet, aún querremos batir la marca de ascenso al Everest y, en definitiva, sea cual sea nuestro objetivo, siempre nos generará la angustia de no haber conseguido ir más allá. Correr se convertirá en otro de los aspectos en los que la sociedad nos pide para ser felices más de lo que podemos dar o tener: coches más grandes y caros, cuerpos de modelo, casoplones con piscina en el centro de la ciudad, ser madre trabajadora con éxito social, independiente pero cuidadora... nadie puede ser tanto.

Sea cual sea el resultado obtenido, la marca, la distancia... siempre puede pensarse en alcanzar algo distinto más satisfactorio. Es un tema de reflexión que la Filosofía Occidental consideró un aspecto clave de la felicidad humana en tiempos de estoicos y epicúreos. Pero si queréis más filosofía podéis rebuscar en el blog de un servidor, que le gusta dar la matraca con estos asuntos filosóficos y otros cuantos peores.

Pues de eso no. De eso no va, en absoluto, el Trail Batalla de Alarcos.

No va de ganar, aunque hay todos los años quien acaba primero y recibe un premio de recuerdo, no va de hacer marcas, que ni siquiera aparece una clasificación oficial de la prueba, aunque cada cual sabe si ha ido bien o mal esa mañana y lo que ha tardado, ni de ganar dinero, que el amable organizador, no solamente no vive de ello, sino que "palma pasta" conscientemente a menudo y aunque últimamente parece que cubre los gastos, no sobra ni una cerveza (sin que se la beba alguien en algún momento). A la TBA no se va a otra cosa que a hacer un recorrido muy chulo con la gente con la que compartimos la afición de correr por el campo. Si alguien se pica más allá de un saludable juego, no se ha enterado de qué va esto y mejor estaría corriendo por un polígamo industrial una de esas muchas carreras que hay todas las semanas en las grandes ciudades y donde a la gente le importa si corre a 4'16'' o a 4'18'' el kilómetro.

Nosotros nos situamos por la parte de atrás, y allí nos encontramos con un grupo formado por amigas de distintas familias deportivas, que charlaban cuesta arriba y cuesta abajo, sin cambiar el ritmo y sin un mal resuello. Aquí, con permiso de la autoridad, están ellas:

Fotografía: Marivi. Modelos: de pasarela si quisiesen.
Y por ahí fuimos, "de los últimos" hasta que, tras dudar en un tramo en el que un rebaño de vacas tapaban las marcas, tomamos mal un camino y nos alejamos medio kilómetro... luego otro medio de regreso cuando el GPS se quiso ubicar y nos dijo que había que retroceder y volver hasta el vacuno ganado. En ese punto cundió (un poco, tampoco exageremos) el pánico, el grupo aceleró y nos quedamos atrás.

Nos quedamos Anne, yo y otro joven que al llegar al conocido cortafuegos (en Poblete y varias leguas a su alrededor) en el que había que virar a la izquierda y subirlo... se perdió de nuevo con nosotros por segunda vez. Tiramos recto hasta constatar que no había marcas, volver a sacar de GPS y hacer un giro rodeando el cerrillo hasta retomar el camino. Algo muy habitual en este tipo de reuniones deportivas y que forma parte de la prueba. Sin duda el recorrido estaba suficientemente marcado y es responsabilidad de quien va a una de estas cosas tener los conocimientos y medios para orientarse y volver al recorrido.

A pesar de que es responsabilidad de cada cual seguir el camino o volver a él si lo pierde, la cuidada organización, que llevaba la contabilidad exacta de todo el que pasaba los controles como los asientos un contable con TOC nos llamó y se aseguró de que estamos bien, orientados y que íbamos en la dirección correcta hasta el kilómetro veintisiete. Punto de avituallamiento en el que nos espera Iván y para nuestra sorpresa, también los utemebitas Quique y Jorge que tienen molestias y han decidido no arriesgar lesión (que hay mucha temporada por delante).

Los cinco euros de inscripción daban opción a coger un autobús de regreso a mitad de recorrido, además de seguros, avituallamientos, duchas a la llegada y todo lo que pueda pedir un correcampista.

Nosotros, Anne la guapa francesa que cruzó los Pirineos para quedarse entre nosotros alegrándonos la existencia, y yo, decidimos seguir. No merece la pena contar mis penalidades el resto del recorrido completamente fundido. Se me había olvidado comentar que la semana anterior había hecho 51'1 kilómetros de cuesta arriba de la Remontada Infernal y ahora notaba que era la segunda semana consecutiva que hacía más que un maratón (otra muesca maratoniana en el revolver).

Mi compañera Anne Souplet iba bastante más fuerte que yo, pero por indicación de la organización de no dejar solo a nadie (y sobre todo porque es su naturaleza bondadosa), me acompañó hasta llegar a meta. trotandillo suave y andando algunos tramos. Despacito y sin prisas, que ya la vida tiene bastante ajetreo Una meta con migas, con cervezas, con colas (con perdón) y con los amigos. Una meta como Odín manda.

Fotografía: Marian. Modelos: de virtud y recta moral 
Acabamos el recorrido, como ya anunciábamos, en el polideportivo de Poblete, donde nos zampamos unas migas para aprovechar eso de la "ventana metabólica" (una excusa, si no hubiese habido ventana desas igualmente hubiésemos practicado un butrón en nuestro metabolismo y nos las hubiésemos comido con mucho gusto), nos despedimos de todo el mundo y desde allí nos retiramos a tomar una ducha y una siesta en la cercana Chez Ureña-Ramos para reponernos.

[...]

Después de una siestecita y ya repuestos, nos damos cita con casi todo el equipo, allegados, cónyuges, parejas de hecho y casi, si nos despistamos, mascotas en Carmen-Carmen Resto-Bar, un paraíso para los sentidos.

Lo cierto es que acompañamos con unas cervezas y unos vinos las muchas delicias que allí ingerimos en una cantidad generosa, hasta el punto de que Carlos Javier, el celebro detrás de la barra y los fogones de Carmen Carmen nos informó en litros de la llamativa cantidad surtida, aunque bien pudiese habernos dado el dato en arrobas per capita. El dato exacto lo voy a ocultar a vuestro conocimiento para no perturbar vuestra sensibilidad de gente de bien.

Para ese menester ya tenemos nuestra sección de recetas.


Podéis degustar, si vais por Ciudad Real, este
Tataki de Salmón con jugo de Lima en la c/Toledo, 12
Si decís que vais de nuestra parte... vigilarán que no os llevéis los cubiertos

Merecería crónica a parte cada uno de los platillos que pasaron por nuestros gaznates hambrientos, pero es mucho mejor que lo comprobéis un día por vuestra cuenta.

Y eso es, en definitiva la TBA, una carrera distinta, una carrera como muchas deberían aspirar a ser, donde lo que importa es lo importante y aún en lo secundario se cuidan los detalles, buscando siempre mejorar año a año.

Un placer.

24 mar. 2015

CANELONES (de chicha, claro)

Canelones de tupperdelcurro.es
Agua nueva que ayer era nieve nutre arroyos cantarines, verdes brotes adornan las veredas de los caminos por los que pasa el correcampista embelesado en el paisaje que cambia, embebido en aromas primaverales. 
Asoman las calores.

Es hora de dejar atrás los cocidos mastodónticos, los pucheros de judías pintas con guarros enteros dentro cocidas al suave amor de un leño casi consumido, los guisos que arrebatan el paladar y adormilan el vientre, los asados cárnicos (piernas de cordero, conejos especiados, lomos de enormes bichos...) que huelen a antiguo y levantan el ánimo de los esforzados que se esfuerzan y por ello se cansan, como es lógico.

Ahora ya hay que ponerse ciego de comer, nada de regímenes, no podemos bajar la guardia justo ahora si no queremos parecer atletas de verdad embutidos en nuestros coloridos polipropilenos y exiguas prendas terriblemente técnicas.

Y la delgadez llegará -si no le ponemos solución- porque ahora entrenamos más tiempo y más fuerte con el miedo a lo que se nos viene encima. Hay que evitarlo a toda costa, como evitan el agua los CxCs originales.

Inevitablemente ha de llegar una nueva ReCxCeta que nos devuelva al buen camino, al ensile metódico, al inflarse dejando a un lado el argumentario de la lógica deportiva, a ser, en fin, ceporceses.

La llegada del buen tiempo trae a las mesas del deportista (y a las de este club también) un montón de amenazas en forma de paisaje bien en plato, bien en vaso. Ensaladas, gazpachos, zumos de fruta, ensaladillas, cremas frías... ¡el puto apocalipsis del paisaje comestible, el demoño!

Ojo, no digo yo que una buena ensaladilla rusa o un capacho de cogollos de Tudela con salmón fumao y sal maldon sobre capa de reducción balsámica de vaustéasaberqué sean malos pero -¡ATENCIÓN!- como aperitivos, nunca -¡NUNCA, JODER!- como plato principal. Que los frescos atractivos de la verde hoja y las bayas aderezadas con vinagres antiguos no desvíen nuestra atención de los torreznos saladitos, de los chorizos a la sidra, de las magras con pisto, de la vida, amigos. Lo digo desde la experiencia, que una vez me tomé un gazpacho de la señora Concha (“Hola madre”) que de tan bueno casi, casi, me quita las ganas de echarme una Perlembacher pal coleto. Pude reaccionar y después de medio litro del maligno bebedizo con tropezones me di sin tino al líquido elemento llegado desde las entrañas de la germania aquella. ¡Qué mal rato! Dos montados de jamón con queso manchego curadito me tuve que tomar para aliviar la pesada carga de la culpa sobre mi alma pecadora.

Si el invento pantagruélico que hoy presentamos cayera en manos de un vegano -Perry no lo quiera- se le convertirían al instante en ceniza negra antes de desaparecer como a los vampiros de los flines. Esto se lo come alguien que no esté acostumbrado y lo mismo fallece, es el responsable último de que los curas de pueblo sean gordos, es la perfección hecha canuto. Y está bueno que te orinas encima.

Si alguien está leyendo y se encuentra a plan (tiene que haber degenerados de todo tipo) que retire de inmediato los ojos de la pantalla. No sos lo digo más.

Antes de ponerse a preparar el engendro saciante sería una idea formidable hacerse con pasta para canalones (el tamaño da igual, que estáis obsesionados con el tamaño), carne picada (ternera, cerdo, jabalín, marmota, gremlin o lo que sea) pechuga de pollo, el puñetero bote más grande y barato de algo parecido al foigras que encontréis, cebolla, pimienticoe, vino blanco, ajos, tomate frito y lo necesario para hacer bechamel. ¡Ah! ¡Y queso rallado, no sea que le quepa alguna caloría más!

Se empelota uno, se pone el mandilón que le hizo su hijo para el Día del Padre con manotones de colores, se abre una Perlembacher y se lanza al trabajazo.

Lo primero es cocer convenientemente los canalones en mucha agua con sal. Toda vez que esta vida que llevamos es un estrés fatal aprovecharemos el tiempo de cocción para alicatarnos otra Pelermbacher debatiendo internamente asuntos mundanos como un “¿deberíamos poner un cuadro en el hueco aquel?” o el “endebé la vecina cómo se ha dejao, lo gorda que sa puesto, ¡otia que me ve!”.

Cocidos los cuadraditos de pasta procedemos a echarlos sobre un trapete limpio que no suelte pelusilla.
Troceamos la cebolla finérrima al igual que el ajo y los pimientoe que pasamos a pochar con la tranquilidad del hombre que tiene el alma en paz.

Mientras se pocha lo pochable troceamos la pechuga de pollo y la añadimos a la carne picadita. Cuando el poche esté pochado (sí, lo se, me estoy pasando con la pochez) agregamos los productos cárnicos de la tierra a fuego vivo, les damos un meneo y agregamos un vasejo de vino blanco. A la que la chicha se embeba con el vino, forjamos el material añadiendo el foigras. Una vueltecita más y el hormigón está pertrechado.

Ahora viene lo fácil. Sacamos un recipiente ad hoc, lo untamos con tomate frito y colocamos los canutos de pasta llenos hasta el colodrillo del emplaste cárnico. Le echamos por encima la bechamel -me niego a decir cómo se hace-, queso rallado y al horno.

Nos echamos otra cerveza, que esto va fenóneno y hay que esperar a que la cosa se dore.

Sacamos y emplatamos a la manera tradicional, quicir colocando los canutos en vertical hacia el comensal (que él es un moderno y los quiere poner en algún ángulo antinatural, allá él).

Por último un truco en forma de recomendación: Conviene hacer firmar a los comensales una suerte de pliego de descargo de responsabilidad para evitar problemas mayores.

15 mar. 2015

Corricollano. Llegamos, vimos y vencimos



Pero sólo porque no era una carrera y porque, además, correr era lo de menos.

El domingo pudimos disfrutar de la hospitalidad del Corricollano, ese club que lo mismo obtiene resultados inmejorables en maratón, manda a diez personas a los 101 de Ronda o se marca un cocido para trescientos amigos y conocidos. Así, sin alharacas. Habían organizado una salida de amigos por la Dehesa Boyal de Puertollano, un paraje magnífico para triscar, pasear o montar en bicicleta, y hacer entrega a continuación de los corrijotes, los premios anuales del club.

Llegamos prontito después de recoger borrachos por las cunetas, a uno directamente en una rotonda. Día soleado y temperatura inmejorable para esto del correr por el campo, en el punto de no estar seguro de si te llevas los guantes o si te pones una capa más: en Puertollano o Ciudad Real eso significa que no debes hacerlo.



Durante un par de horas vimos gentes disfrutando al echar un rato en el monte con amigos, conocidos o simplemente con otras personas con las que se comparte afición. Entre ellos había un espécimen de corredor de esos que todos aspiramos llegar a ser cuando seamos mayores: setenta y muchos, con cuerpo para seguir haciéndose sus dos horitas y con las ganas suficientes como para no recortar ni diez metros. “Yo sigo por donde vaya Julio”, decía. De existir y haber tenido esta afición, el hombretón de La Solana no sería muy diferente. Vuelve uno a casa con un par de cosas claras.

Y vencimos porque al llegar nos agasajaron sin tino ni merecimiento. Todo eran cosas ricas que no tenían fin. Choche estuvo pendiente de que no nos faltaran botellines (“que se los bebe JAN…”, pensaba Miguel; “allá él si me los bebo”, pensaba JAN) y la nueva presidenta fue muy simpática y estuvo muy acertada en su intervención (esto lo digo en el necesario tono institucional que caracteriza las relaciones entre clubes).





El último mohicano



Lo que más me gustó a mi fueron los premios. Con ellos corricollano distingue a algunos de sus miembros (con perdón) por sus méritos, de los de competir y también de los de otro tipo. Estos segundos son más importantes que los primeros en un club deportivo: sin lograr buenas marcas un club puede seguir siendo un buen sitio para estar, al que pertenecer, pero sin buenos compañeros no dura ni un suspiro. A uno de ellos le mencionaron por haber acompañado durante varias horas al amigo lesionado, o deshidaratado, o lo que fuera, en un ultra trail de montaña. De eso se trata, claro. Bueno, y luego está Luismi, que reúne los dos tipos de méritos y además es un cachondo, así que su diploma estaba cantado. 





El resumen podría ser: a mi se me saltaron un poco las lágrimas por lo emotivo, Quique creía que algún premio le iba a tocar a él y Jorge no estaba pero se acuerda.




2 mar. 2015

CxC, un club de amigos

Cena Ultra del sábado en Carmen-Carmen
CxC no es un club al uso. Es verdad que somos el Club Deportivo Elemental "CorriendoporelCampo", con nuestros estatutos, nuestro CIF y nuestro registro correspondiente, pero eso no es lo importante para nosotros. Hay muchos clubes y mucha gente que corre por el campo. Y muchos de ellos lo hacen, además, muy bien, muy deprisa y durante mucho tiempo.  

Pero en CxC lo importante son otras muchas cosas. De hecho, ni corremos tanto, ni corremos muy bien, ni corremos muy deprisa. 

Por eso, a pesar de que en nuestros estatutos se indica que el club tiene como finalidad la actividad deportiva relacionada con el atletismo, la montaña, la escalada o la orientación, no siempre nos juntamos para hacer deporte, salvo que por deporte entendamos... otras cosas. 

En realidad, CxC es un CLUB DE AMIGOS o, mejor dicho, un grupo de amigos que nos reunimos porque nos apetece, porque estamos a gusto los unos con los otros, porque no hace falta que guardemos las formas entre nosotros, porque somos como somos y, además, nos gusta. Unas veces corremos y otras no.

También es verdad que aunque CxC nace con solo cinco miembros (con perdón), amigos de toda la vida, gracias a esto del correr hemos tenido la suerte de ir conociendo a gente excepcional que, sin ningún esfuerzo, han pasado a formar parte del grupo. Y da igual que nos veamos poco o que vivamos a cientos de kilómetros de distancia, en Ourense, Murcia, Barcelona o Madrid. Poco a poco la amistad se va forjando, los lazos se van estrechando y el grupo se va agrandando. Es el caso, por ejemplo, de Luis Arribas (Spanjaard) y Manu García (Manuwar). De una quedada con unos desconocidos para correr por la sierra de Madrid hace solo unos tres años a tenerlos ahora como gente muy cercana, muy "de los nuestros". Y, como en otras ocasiones, a los "amigos-corredores" se unen los contrarios y contrarias, corran o no. Con Luis llegó Teresa y con Manu llegó Anne. 

Así que este fin de semana lo importante no era correr, sino todo lo demás. Hemos tenido la suerte de poder disfrutar de ellos cuatro durante casi cuarenta y ocho horas y, el sábado por la noche, también de Marian, la ya conocida como "Lidlesa" (por motivos obvios). 

Lo hemos pasado en grande. Nos ha dado tiempo a visitar las Tablas de Daimiel, Almagro y el Castillo de Calatrava la Nueva. El resto del tiempo lo hemos empleado en comer, beber y charlar. (Bueno y un ratillo que echamos Luis Arribas y yo trotando por la Atalaya) Aquí os dejo una muestra para que se os pongan los dientes largos.

¡Ya estamos deseando que vuelvan!

Aprovechando un contraluz
Manu, Luis y Anne por las pasarelas de las Tablas de Daimiel
Así, sin preparar
Qué delgaditos se nos ve
En "Casa Toñi" (Almagro)
Luis Arribas encantado con el azul manchego (añil de toda la vida)
Paseando por Almagro
La sonrisa de Anne, los dedicos de Luis y la mirada heavy de Manu
Como un grupe de pop-folk
Besitos de JAN en El Corregidor (Almagro)
En "Carmen-Carmen" desde un lado
En "Carmen-Carmen" desde el otro lado
En el Castillo de Calatrava la Nueva
Los niños pasan de las explicaciones de Luis
Saliendo
Romanticones
JAN tocándole el "pirulo" a Guti
Luis, haciendo como que hace gachas
¡Al ataque!
Jorge cree que no habrá suficientes Perlembachers
La tarde fue magnífica
Primeros entrenamientos de un CxC
Feliz con un chorizo (JAN, claro)
Pequeños CxC disfrutando de la migas
Lebreles CxC
Los últimos de Filipinas




24 feb. 2015

Ya vamos nosotras si eso...

No es que haga mucho que no escribimos (que sí), es que hace más que no corremos en condiciones, aunque parece que nos vamos animando... Estamos intentando retomar las buenas costumbres y enlazar varios entrenos a la semana, tratando de hacer la tiradita más larga del finde en grupo y, por tanto, con más ánimo. Varios entrenos son tres. Yo no enlazo más de dos desde octubre. 

Este domingo saldríamos con la única intención de disfrutar. Ni la distancia sería demasiada, ni el desnivel sería excesivo. El ritmo sería tranquilo, muy tranquilo. 

Para eso elegimos una ruta bonita y sencilla, de ida y vuelta: desde la carretera que une Alcolea de Calatrava con Corral de Calatrava a la altura de la pista que viene desde la casa de la Posadilla (cerca de la laguna del mismo nombre) hasta el río Guadiana, pasando por el volcán y la laguna de Peñarroya (también llamada laguna de Alcolea) y utilizando un PR, que coincide con la ruta del Quijote, para descender desde uno de los "bordes" del volcán hasta el río. La ruta es un trocito del trazado de las primeras ediciones de la TBA (Trail Batalla de Alarcos) de nuestro querido amigo Iván Palero.

Eran las ocho de la mañana cuando habíamos quedado. Como casi siempre, alguien se retrasa, alguien pasa a recoger a Jorge por Poblete, vamos al punto de inicio y nos dan casi las nueve.

Acudimos seis "ceporceses" (Jorge, Miguel, Guti, Carmen, Ana y el menda lerenda) y el corremontes (que diría Mayayo) Toty, el rugbier Julián Amores y el triatleta David Nieva. Sin duda, los tres en mejor forma que nosotros (aunque tiempo al tiempo...)

Nada más empezar la cosa se empina (con perdón) para alcanzar la cota de la antena de TV que hace que en Alcolea pueda verse "Gran Hermano". Las "miembras" se ponen en las últimas posiciones y yo me pego a ellas sabiendo que como no paran de hablar se les olvida correr y, sin darse cuenta, cada vez corren más despacio y hablan más deprisa. "Tú déjanos, que ya vamos nosotras, no te preocupes" me decían de vez en cuando.

Después se baja un pelín y, al poco, se encara la subida a una de las partes más altas del volcán, dónde se encuentra una gran masa rojiza de escoria, la culpable de su nombre. (Si queréis saber más del volcán de Peñarroya PINCHAD AQUÍ)

Después de la subidita, comienza una agradable bajada hasta el maar de Peñarroya, donde la pisada es muy agradable al estar el suelo en esta época mullido por la hierba, la humedad y, seguramente, por los piroclastos acumulados del volcán.

El tramo final de bajada se realiza por una de las sendas más bonitas de la zona. Casi todo está cubierto de jaras de un verde precioso. En primavera éstas se adornarán de flores blancas haciendo que el descenso sea una auténtica maravilla. 

Miguel y yo nos quedamos con Carmen y Ana, que siguen hablando como si no estuviéramos, salvo cuando nos dicen eso de "vosotros id a vuestro ritmo, si no pasa nada, no nos vamos a perder". Los demás van por delante.

Al final, llegamos al maar de Peñarroya que, en epoca de lluvia, se convierte en una laguna preciosa. Allí nos reagrupamos.

Desde allí entramos en la ruta del Quijote (que viene desde Alcolea) para seguirla hasta la ribera del río Guadiana. Por cierto, nos encontramos los indicadores arrancados y tirados en el suelo. ¿Quiénes serán los que hacen esto? Bueno, lo dejo que se me empieza a notar la vena del cuello...

Desde allí comienza una preciosa senda de bajada entre vegetación durante unos dos kilómetros. Avivamos un poco el ritmo ayudados por la gravedad. Aún así, los demás se adelantan y aunque dejamos de verlos en un momento, sabemos que tienen que ir disfrutando como nosotros.

Al final de la bajada volvemos a reagruparnos y nos hacemos una fotillo para que se nos vea a todos.


Ya queda poco para llegar al río, pero Carmen tiene prisa en volver, así que nos dice que no nos preocupemos que ya se vuelve ella con Ana. Aún así, Miguel y yo nos quedamos con ellas para volver por donde habíamos venido, mientras los demás llegan hasta el Guadiana y vuelven. 

Carmen y Ana se han callado. Lo que antes bajábamos a buen ritmo ahora había que subirlo. Por fin solo se oyen nuestras pisadas. Y la respiración entrecortada.

Pronto llegan los demás y nos pasan. Va tirando Julián, que está más fuerte que el vinagre. Es un sufridor nato y le encanta machacarse, aunque, al parecer fue Jorge el que empezó a tirar en la subida porque -según me dijo luego- hacía meses (desde el Mont Blanc) que no disfrutaba subiendo. Sabía que su forma física (lamentable, como la mía) no le permitiría terminar a toda leche el ascenso, pero quería experimentar esa sensación tan agónica y, a la vez, tan placentera de subir con fuerza a pesar de llevar el corazón en la boca, las piernas echando bombas y la respiración acelerada. ¡Ay, que ganas tengo de volver a hacer eso! Sólo tengo que quitarme algunos kilitos y entrenar con más asiduidad. Para los 110 km del GTP a finales de junio tengo que estar en mi mejor momento. A ver qué pasa.

Aprovecho que se quedan Miguel y Toty con las miembras para seguir corriendo hasta arriba sin parar. En la laguna nos reagruparemos nuevamente, pero no llegan... Vuelvo a por ellos y me entero de que Carmen ha sufrido un tirón en su soleo. Menos mal que Toty se lo ha estirado y parece que todo ha quedado en un susto. Seguimos subiendo todo lo que habíamos bajado por la senda de las jaras y hasta la parte alta del volcán. Pude oír nuevamente unas diez veces lo de "vosotros id a vuestro ritmo, si ya sabemos nosotras volver, que no pasa nada". Desde allí se veía la pista que había que bajar hasta pasar al lado de la antena de TV y, a unos trescientos metros, estaban los coches. Así que, estando ya casi allí, me lancé en la bajada con el resto para estirar las piernas y correr al menos un kilómetro a buen ritmo. Así fue.

Y llegamos a los coches. Y nos empezamos a cambiar para ponernos ropa seca. Y oímos las voces de las miembras. Y les voceamos nosotros como haciéndoles el eco para que notaran que estábamos allí. Y ya estábamos todos cambiados. Y las miembras no llegaban. Y empezamos a llamarlas. Y ya no contestaban. ¿Dónde estaban?

Guti y Jorge, subieron corriendo por la senda por la que tendrían que estar bajando. Yo subí con el coche por el carreterín paralelo que sube a la misma antena.

Allí estaban las dos mirando a todos sitios sin saber por dónde tenían que ir. Al verme pusieron una cara como si hubieran visto a alguien querido (con lo difícil que es quererme a mí). Pronto estallaron en risas (no sé si risas flojas o risas nerviosas) y se subieron en el coche volando como si hubieran estado perdidas dos noches en el monte sin comida ni agua. 

Han aprendido que deben hablar lo mismo, pero fijarse más por dónde van.

Al final, todos hemos pasado un día magnífico. 15 kilómetros al solecito, casi dos horas trotando y un desnivel acumulado de unos 700 metros.

Y luego, aprovechando que aquí en la capital era día de "Carrozas de Carnaval" nos hidratamos convenientemente en ESSENCIA, donde nos trataron magníficamente bien en todos los sentidos (sobre todo en el gustativo)

Pruebas hay.