19/8/2014

III Carrera Popular por el Campo VILLA FERNÁN CABALLERO

Otro año más - y van tres- tendrá lugar la Carrera Popular por el Campo "Villa Fernán Caballero" que con tanto esmero prepara nuestro amigo y presidente del club de fans de CxC, Santi de la O (y Mora, por su santa madre, la Sra. Paquita).


Será este sábado (23 de agosto) y son 100 los dorsales que se ponen a disposición de quienes quieran pasar un buen rato dando un paso detrás de otro saliendo de la plaza del pueblo de Fernán Caballero para dirigirse hacia las sierras más cercanas, pasar de refilón por la de "El Gigante" y atravesar, subiendo un bonito cortafuegos, la de "El Perro", para finalmente regresar al pueblo rodeando el pantano de Gasset y utilizando su "vía verde".

Se pisará algo de asfalto al salir del pueblo y al regresar por la vía verde, caminos de tierra, sendas... Se subirán y bajaran cortafuegos, atravesaremos una pedriza... Un poco de todo. Lo importante para la organización (la sección de deportes del Ayuntamiento de Fernán Caballero, con Santi a la cabeza) es mostrar el entorno y potenciar el deporte por la zona. CorriendoporelCampo, como en años anteriores, se encarga de diseñar el circuito y balizarlo. 

Para nosotros, lo importante es que la gente lo pase bien corriendo por el campo, que se "inicie" en lo del trail, que le coja el gustillo a lo "natural" y que, en definitiva, viva algo de lo que nosotros vivimos a menudo. 

Y por si todo esto fuera poco, la inscripción es gratuita, dispone de tres avituallamientos líquidos, uno de ellos también sólido (con fruta fresca) más el de meta (líquido y sólido)

La entrega de trofeos se realizará en la piscina (la inscripción gratuita también incluye duchas y un baño en la piscina municipal) donde también podremos tomar unas cervecitas (éstas ya por cuenta de cada uno) para cerrar la jornada. 

Si queréis saber cómo es exactamente el recorrido podéis verlo pinchando AQUÍ para acudir al enlace de wikiloc, donde también encontraréis una breve explicación del recorrido por tramos.

Si queréis más información podéis verla en el "evento" creado en facebook (o pinchando AQUÍ)

Y, como sabemos que querréis inscribiros, mandad todos vuestros datos personales (o rellenad el formulario que hay más abajo) y enviarlo por correo electrónico a deportefcaballero@hotmail.com

7/8/2014

Un fin de semana a la carrera: El Escorial - Cercedilla - Puerto de Navacerrada - Miraflores de la Sierra


Este fin de semana ha sido la rehostia. Así, sin paliativos.

MANU (nuestro CxC más heavy-metal) quiso que nos diéramos un largo paseo por la sierra madrileña a modo de entrenamiento, aperitivo o ensayo general antes del lío del Mont Blanc

Y nosotros, que somos de personalidad débil, dijimos que sí a la primera. 

JORGE y yo teníamos que ir para acompasar ritmos, limar asperezas atléticas con determinadas partes de nuestra anatomía y comprobar si estamos haciendo bien las pocas cosas que hacemos de cara al UTMB.

LUIS tenía que venir porque le encanta recorrer nuevas rutas y, además, porque una de las programadas sería la de la CUERDA LARGA, una de ésas que se le meten en la cabeza manteniéndolo en vilo hasta que consigue hacerla. Una "luisada", vamos.

RAMÓN necesitaba, por fin, reencontrarse con los miembros "originales" de CxC después de un tiempo "desaparecido" y los miembros "originales" necesitaban al muchacho de los enormes gemelos trillizos para meterlo en vereda y mantener el grupo compacto y bien peinado.

Los demás no podían venir. Ellos pasarían envidia y nosotros los echaríamos de menos.

Por otra parte, Manu había invitado a más amigos. A MARIAN, una corredora del "Tierra Trágame", una "Woman WindXtrem", de las que da gusto ver subir como una "cabrilla" por los sitios más escarpados y bajar como flotando entre las piedras como si no le costase en absoluto. Y Marian había traído a ALBERTO para que nos acompañara el primer día, un neófito en lo de correr por la montaña, pero todo un experto biciclista de "enduro" (de esos que da miedo ver cuando se tiran monte abajo como si no tuvieran frenos, ni mujer que dejar viuda).

El segundo día, vendría JAVIER, otro amigo de Manu que se está adentrando en las distancias más largas por la montaña.

Jorge, Luis y yo llegaríamos a Madrid el jueves por la noche. Así no tendríamos que madrugar tanto. Risas, chascarrillos de los de siempre y unas hamburguesas riquísimas en "Alfredo´s Barbacoa", regadas con tres medios litros de cerveza fresquita y un gin-tónic después en "The Red Lion" que nos pillaba de paso antes de dormir. 

De los excesos nos acordaríamos al día siguiente... Y menos mal que no me dejaron pedir el "lomo alto de cebón 500 g"... 

01/08/2014: El Escorial - Cercedilla: 50 km. 2.250 m. D+

El viernes temprano llegábamos a Miraflores de la Sierra (lugar donde terminaríamos la última etapa) para dejar nuestro coche allí y subirnos en el de Manu hasta Cercedilla para encontrarnos con Marian y Alberto y allí coger un tren que nos llevara a El Escorial, inicio de la aventura del fin de semana.

Llegamos cinco minutos tarde, perdimos el tren y trastocamos absolutamente los planes del día. Ahora tendríamos que ir en coche a El Escorial. Las caras de Marian y Alberto no podían ser más explícitas. Nos querían matar, aunque su educación les obligó a forzar la sonrisa y decir "no pasa nada". Veían por primera vez a los CxC y eso impresiona (desde un punto de vista negativo, claro)

Empezamos la ruta y, sin saber muy bien por qué (no nos acordábamos de las cervezas, ni del gin-tónic) Luis y yo comenzamos a sudar de lo lindo nada más echar a andar. Los demás iban subiendo normalmente y nosotros echábamos el higadillo a cada zancada. En el km. 3 tuvimos que decir a los demás que siguieran, que nosotros subiríamos más despacio. Luis comenzaba a ponerse blanco y yo, aunque no me veía, me notaba amarillo limón, tirando a azul cadáver. Luis comenzó a vomitar hasta la primera papilla que tomó de niño. Yo no quería vomitar, pero me mareaba. Él dijo que se "rajaba", que se iba al coche. ¡No llevábamos ni 4 km.! Yo notaba que me moría a rajas, pero si lo decía tendríamos que irnos los dos, así que puse cara de hermano mayor y dije: "Luis, hazme caso. Vamos a parar un poco. Yo me quedo contigo (como si me estuviera sacrificando, cuando en realidad no tenía fuerzas ni para dar un paso más). Comemos algo y seguimos". Luis dejó su mente en blanco y se entregó, poniéndose en modo "dime-lo-que-tengo-que-hacer,-que-yo-lo-hago".

En cinco minutos estábamos subiendo otra vez con más pena que gloria. A partir de ese momento todo fue a mejor. Subimos unos 700 metros de desnivel positivo y, una vez arriba, las cosas empezaron a verse de otra forma...
No es que Luis sea un "montaje" es que estaba desorientado
Hasta que nos perdimos y nos volvimos a perder y subimos y bajamos y volvimos a subir... Toda una aventura en la que lo pasamos en grande.
El hombre que "sus robaba" los caballos
Vimos caballos, refugios de montaña, un búnker... Así hasta que llegamos al Puerto de Guadarrama y su asador El Alto del León, donde repusimos fuerzas para seguir hasta nuestro destino: Cercedilla.
Al lado del búnker
Marian y Alberto, que al adelantarse un poco no se habían perdido y habían hecho menos km que nosotros, decidieron alargar un poco más y pasar por la Peñota para ir a Cercedilla. Así les saldrían unos 36-39 km.

Nosotros teníamos que seguir el GR 10, después un ramal señalado con marcas verdes y, posteriormente, el PR 30 que nos llevaría directamente a Cercedilla. Sin embargo, nos dio por perdernos otra vez y empezamos a subir, como si no costara, hasta que nos dimos cuenta de que íbamos camino de La Peñota. Así que tuvimos que desandar lo andado y bajar lo que habíamos subido hasta encontrar el ramal correcto y dirigirnos hasta nuestro destino. 

Al final, después de los despuéses, 50 km y unos 2.250 m D+ para nuestras piernas que, aunque algo cansadas, habían respondido a la perfección a pesar incluso de que las de Luis y las mías creyeron morir a solo cuatro kilómetros de empezar. 
Ya en Cercedilla, recién llegados.
Al llegar nos esperaba Ramón (Oh, Lidl) que nos pidió una cervezas fresquitas y unas tapas para que esperáramos a que llegaran Marian y Alberto. Mientras, mirábamos el cielo gris sobre nuestras cabezas. Eran las nueve y no nos apetecía dormir al raso por si nos pillaba la lluvia que ya hizo acto de presencia cuando estábamos perdidos. Finalmente, Marian, Alberto y Ramón harían vivac en las Dehesas de Cercedilla y nosotros cuatro (Luis, Manu, Jorge y yo) estiraríamos las patas en el Hostal Longinos El Aribel, un hostalito muy majo, limpito y a buen precio justo al lado de la estación. 

Había que cenar. Ramón tendría que acercar a los que tenían el coche en El Escorial (Manu y Marian) y Alberto iría a buscar sitio para hacer vivac. Pero teníamos hambre, mucha hambre.

Así que sin ducharnos, con un simple cambio de camiseta y con la ayuda de las toallitas húmedas nos aseamos lo que pudimos para entrar en el  Restaurante Cambalache, un italiano que nos había recomendado un señor del pueblo. Al principio, cuando nos vieron llegar nos quisieron "colocar" en la calle, a lo que nos negamos. Nos acomodaron en la zona interior y nos sirvieron una rica cena, aunque no lo suficientemente abundante para el hambre que llevábamos. 
Esperando la cena. Y los dedicos de Luis...
La cosa se alargó y, entre pitos y flautas, debimos estar allí unas dos horas y media. Entre tanto, el bueno de Alberto ¡Dios Santo! casi nos arruina la noche (por no decir la vida) cuando nos dijo que comer jamón en una prueba deportiva era poco menos que "cagarla". No, joder, no... Eso no se hace en presencia de Jorge... Por un momento creí que Alberto moriría estrangulado. Menos mal que Jorge, a pesar de su amoralidad extrema, es un hombre respetuoso (bueno, eso y que estaba enfrascado en sus tortellini con salmón como un perrete hambriento y no hacía caso a nadie). La verdad es que echamos unas risas entre todos y lo pasamos en grande en un sitio agradable y con una comida bastante rica.

02/08/2014: Cercedilla - Puerto de Navacerrada. 23 km. 1400 m. D+

El día anterior habíamos hecho más kilómetros de la cuenta, así que el segundo día haríamos menos de lo previsto.

Comenzamos la jornada en Casa Cirilo, dónde estaban los que habían dormido al raso -Marian y Ramón- y Javier, que se incorporaría al grupo en esa jornada. Alberto se había marchado a pegarse un tute de campeonato en bici después de su estreno en lo de correr por montaña.

Antes de salir cargamos pilas con un bocadillo de tortilla francesa con jamón que nos supo a gloria, lo que nos proporcionó fuerzas y ánimos suficientes para ascender por la senda borbónica hasta llegar al puerto de la Fuenfría. Desde allí, bajamos por el arrastradero de troncos, haciendo en camino inverso del Gran Trail de Peñalara (GTP), lo que nos encantó al poder comprobar lo bonito que era ese mismo lugar que un año antes nos hizo resoplar cuando llevábamos unos 90 km en las patas. Después enlazamos con el GR. 10.1, llaneamos a buen ritmo entre bosques preciosos con una temperatura ideal hasta llegar al Puente de la Cantina, donde encontramos a un corredor herido al que tuvimos que auxiliar, utilizando por primera vez el betadine de mi botiquín (parece que jamás va a utilizarse, pero cuando pasa algo debe estar ahí).
Entra la Fuenfría y el puente de la Cantina
Después comenzamos a ascender sin parar hasta el Puerto de Cotos, donde hicimos una parada técnica en la famosa Venta Marcelino para echar una cervecita con limón y comer algo antes de seguir el ascenso por la Senda del Noruego hasta el Alto de Guarramillas, también conocido como Bola del Mundo.
Reponiendo electrolitos en Venta Marcelino
Servidora, Jorge, Ramón, Marian -en holograma- y Javier
Las piernas seguían frescas y fuertes, lo que nos hacía sonreír y pensar que no estábamos tal mal como nuestros cuerpos pueden aparentar.
Jorge, Ramón y Marian llegando a la Bola del Mundo
Una vez arriba, estuvimos moneando un rato, haciendo fotos y riéndonos como si no hubiéramos corrido en toda la mañana. 
La "escuadra" de Marian
El "trípode" de Ramón
La "cucaracha" de Manu 
Desde allí, Marian se puso al frente (una vez más) y nos llevó en un periquete hasta abajo en un frenético descenso "a cholón" por la pista de esquí. Cuando tocamos el cemento, miramos arriba buscando a Manu que se había quedado atrás. No se veía. Ni por la pista de esquí, ni por la que va haciendo eses, ni por la de cemento... Había desaparecido. Teníamos que verlo y no aparecía. Yo ya comenzaba a ver las zonas oscuras como si fueran el cuerpo de Manu -vestido de negro- tirado en el monte... Preocupados, Jorge y yo comenzamos a subir para ir en su busca, hasta que el muy desgraciao nos llamó desde abajo para preguntarnos cuándo llegábamos. Había cogido un camino mucho más suave para llegar a abajo, dándole tiempo a bajar mientras nosotros pensábamos qué haríamos con su cuerpo... ¡La madre que lo parió!

Al final nos salieron 23 km y 1400 metros D+

Ya todos juntos, menos Javi, que había quedado con su contraria, nos dirigimos a Venta Arias para reponer convenientemente las calorías perdidas. Albóndigas para Marian, bocadillo de lomo para Ramón, bocadillo de morcilla (y menuda morcilla) para Manu y judiones de la Granja para Jorge, para Luis y para mí.

Obsérvese el tamaño anormal de la morcilla comparado con el tamaño normal del reloj
Pronto estaríamos en el Albergue de Peñalara (antes incluso de que vinieran a abrirnos), echándonos en la misma puerta una mini-siesta que nos recompuso totalmente.

Cuerpas al sol en la puerta del albergue de Peñalara
Solo estábamos alojados nosotros. Nos instalamos, nos duchamos y nos fuimos al río a meter las piernas en el agua helada lo que nos dejó como nuevos para el siguiente día. 
Crioterapia barata
A las 20:30 comenzábamos a cenar en el Albergue una ensalada "con de to" y una estupenda ración de lasaña casera riquísima, pan, agua y postre lácteo de chocolate.

Antes de las 22:00 horas, con algo de luz entrando por la ventana, estábamos encamados y más anchos que largos.

03/08/2014: Puerto de Navacerrada-Miraflores de la Sierra: 28 km. 1000 m. D+

Domingo, 8:00 de la mañana. Desayuno en el Albergue de Peñalara. Pan, mantequilla, mermelada, bollería, galletas, café, cola-cao, leche... y al campo.

El principio fue matador. Había que subir los 400 metros de desnivel hasta Bola del Mundo (2.265 msnm) del tirón y sin calentar. Hacía frío y viento, pero allí comenzaba la ruta de la Cuerda Larga, la que tanto tiempo había querido hacer Luis.
Las antenas de Bola del Mundo
La ruta es una maravilla, de esas que te hacen sentir que estás en la montaña, sobre todo a nosotros que lo más alto que subimos es a 1300 msnm. 

El día estaba nublado y casi no nos dejaba ver lo impresionante del paisaje a ambos lados de la cuerda. En cuanto abría por algún lado, alguien decía: "¡Mira, mira, mira! ¡Qué bonito! ¡Impresionante!"
Qué bonita estampa, sino fuera por los CxC´s
Destrepando como si nada...
Manu nos iba explicando por dónde íbamos pasando (cerro de Valdemarín, Cabeza de Hierro Menor, Cabeza de Hierro Mayor, collado de las Zorras, Navahondilla, Bailanderos, collado de la Najarra) y qué teníamos a nuestro alrededor (la Pedriza a nuestra derecha se veía preciosa).

Entre tanto disfrute, también hubo tiempo para hacernos fotos, reirnos, comer, beber y (a pesar de su ineficacia en la reparación muscular inmediata) comer un jamón que nos supo a gloria.
Paradita para comer algo
Alegres y ufanos
Un "planking"
Un "saco de patatas"
Luis, al fondo, confundiéndose con el vértice geodésico
Una vez en el collado de la Najarra descendimos por un sendero muy disfrutón hasta el Puerto de la Morcuera, tanto que Ramón se despistó un poco, torciéndose el tobillo y dando con sus huesos en el suelo, rompiéndose las mallas un pelín e hiriéndose el orgullo más que el cuerpo.

Al llegar a la Morcura nos acordamos del avituallamiento del GTP del año pasado. Llegábamos allí al amanecer. Nos acordamos de la calurosa y cariñosa recepción por parte de Mercedes Rita Pels en el avituallamiento, de que a Jorge se le calló el jamón al suelo (lo que no impidió que nos lo comiéramos)... de momentos que se quedan grabados en la memoria de una prueba ultra con independencia de que puedan situarse con precisión en el mapa.

Ya solo quedaba bajar y bajar; primero por un sendero y después por pistas para evitar que el tobillo de Ramón volviera a fallar. Afortunadamente, nos seguíamos sintiendo enteros y fuertes (incluso un poco guapetes).

Pronto estábamos en Miraflores de la Sierra, fin de la etapa y de la aventura del fin de semana. 

Buscamos la parada del bus que llevaría a Manu hasta el Puerto de Navacerrada para recoger su coche. Allí mismo encontramos una fuente en la que metimos los pinreles para gozo y disfrute de éstos y del resto del cuerpo. Justo en frente había una pizzería, lo que nos facilitaba la labor de reponer fuerzas. 
Con los pies en remojo
Tres pizzas familiares (cuatro quesos, jamón y de no sé que con pimientos) para los seis, coca-colas y cervezas. 

El pobre Manu tuvo que coger el autobús antes de que salieran las pizzas, así que tuvimos que llevarle su parte a Casa Cirilo, donde estaba el coche de Marian y el de Ramón para distribuir equipajes y marcharnos cada uno a nuestra casa.

Gracias a Manu -al hambriento Manu en aquellos momentos- había transcurrido un fin de semana de los de recordar durante toda la vida, unos días de correr por el campo sin otro objetivo que disfrutar, con amigos, sin pretensiones, salvo la de llegar allí arriba o a la parte de aquel monte que se ve a lo lejos.

Ahora solo queda que pasen unos días hasta que llegue el 29 de agosto para enfrentarnos al que seguramente se convertirá en nuestro amigo, el Mont Blanc, con independencia de que nos ponga más o menos resistencia para ello. Haremos lo posible por conquistarlo con las armas que tenemos. No son muchas, pero son las nuestras: paciencia, constancia y humor para enfrentar los momentos duros -que sin duda llegarán- y para disfrutar de los buenos, esos que, al final, son los que quedan mejor grabados en nuestra memoria.






21/7/2014

Peñalara 2014. TP80

 
Han pasado ya tres semanas desde que corrimos el TP80, demasiado tiempo para hacer aquí una crónica o algo parecido. Tampoco es mala cosa porque normalmente suelen ser bastante soporíferas. Así que me voy a limitar a poner algunas fotos y a decir un par de cosas sobre la carrera.
 
Lo mejor del fin de semana fue, sin duda, coincidir con nuestro amigo Ricardo para correr juntos el TP80, una distancia que ni habíamos soñado alcanzar hace aproximadamente un año, cuando hicimos con Jorge la MiM en Castellón. Además de para otras muchas cosas, las carreras sirven para volver a reunir a los amigos.

Pues eso

Antes de echarnos al monte
Del trazado de la carrera ya conocía la parte que es común con el GTP y con el antiguo TP60, que es una maravilla, sobre todo para los que venimos del llano. La parte nueva, Miraflores-La Najarra-Morcuera-Rascafría, es también muy bonita. Sobre todo la subida a La Najarra y la cuerda hasta llegar a La Morcuera. La bajada pistera desde ahí a Rascafría, muy poco después de comenzar, es, la verdad, un poco rara, y sólo se entiende porque al parecer no lograron permisos para hacer otro trazado.
 
Caballitos bajando a Rascafría
Ya voy más cansado que un perro

Cresta de Claveles

Laguna de los Pájaros y Pájaro Lagunero
 
Una cosa que salió bien fue la adaptación a la lluvia y al frio. Mientras subía a la Fuenfría se me hizo de noche, empezó a llover y las temperaturas bajaron mucho. Pero mucho. En ese momento se me pasaron para siempre las ganas de quejarme por las listas de material obligatorio. Menos mal que esta es una carrera seria y que yo también me lo tomé así: si en lugar del chubasquero bueno llego a tener el poncho de coña de la tienda de abajo (como los dos años anteriores) me hubiera tenido que retirar…de haber logrado terminar el camino Schmidt con la camiseta empapada. A partir de ahora nada de bromas con esto. Ni que decir tiene que me acordé de mis compañeros UTMBitas.

Helechos junto al Eresma

Aquí, justo antes de pasar más frio que en Ávila

Con mi pacer.
Hasta La Granja hice la carrera con Ricardo. A partir de allí seguí solo y las sensaciones de los últimos 30 no pudieron ser mejores. Troté todo lo que era posible correr y adelanté a decenas de corredores (TP80 y GTP). Adelantar no es el objetivo de una carrera en la que lo único que yo puedo pedir es llegar a meta, pero ver cómo te vas acercando a gente para terminar superándoles te llena de fuerza. No todo fue bueno: en Claveles me volví a sentir inseguro, bajando Peñalara el cansancio me la jugó impidiéndome apreciar bien la hora (por dos veces me equivoqué mirando el reloj y eso hizo que me equivocara con el tiempo de corte), bajando a La Granja me perdí dos veces en un kilómetro, etc. Pero el resultado final no pudo ser mejor. Llegué a meta corriendo los últimos 5 kms, con sensación de poder seguir trotando algunos más, después de haberme enfrentado de noche, lloviendo y sólo a un bosque de los de pasar miedo y a la bajada del emburriadero. Pues eso, que estoy más fuerte que el vinagre y hasta me han sacado en el video del GTP, será para hacer contraste con los cuerpos atléticos.
 
 
19 horacas de bestia

2/7/2014

Jesús Carrasco, Intemperie, Seix Barral


Querido ultrarunner,
No seas animal y coge un libro. No todo va a ser dar patadas a las piedras. Ten en cuenta que cuando vayas por el kilómetro 46 y aún te falten otros tantos tu celebro necesitará alimento. Bueno, pues un libro es algo así como un power-shot pero con la diferencia de que te lo tomas antes de salir. Y además entretiene, así que son todo ventajas.
Siendo esto (como es) así, desde CxC -Sección disfruta y aprende- también recomendamos libros para personas como tú: gente despierta, dinámica y con ganas de convertirse en mejores personas. Y esta vez hasta nos hemos leído el libro antes. Va de un niño al que la vida le obliga a hacer un ultratrail con pinchos.
De la contraportada
Un niño escapado de casa escucha, agazapado en el fondo de su escondrijo, los gritos de los hombres que lo buscan. Cuando la partida pasa, lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Una noche, sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.
Intemperie narra la huida de un niño a través de un país castigado por la sequía y gobernado por la violencia. Un mundo cerrado, sin nombres ni fechas, en el que la moral ha escapado por el mismo sumidero por el que se ha ido el agua. En ese escenario, el niño, aún no del todo malogrado, tendrá la oportunidad de iniciarse en los dolorosos rudimentos del juicio o, por el contrario, de ejercer para siempre la violencia que ha mamado.
A través de arquetipos como el niño, el cabrero o el alguacil, Jesús Carrasco construye un relato duro, salpicado de momentos de gran lirismo. Una novela tallada palabra a palabra, donde la presencia de una naturaleza inclemente hilvana toda la historia hasta confundirse con la trama y en la que la dignidad del ser humano brota entre las grietas secas de la tierra con una fuerza inusitada.

13/6/2014

QUIXOTE LEGEND: Aventuras y desventuras de aquéllos a los que llaman leyenda sin serlo

Antes de empezar la QL
Después de las "divagaciones prescindibles" previas del Lidl, aquí nos cuenta su historia hasta convertirse en LEYEEEEEEENDA...

Día DTocan 47 km y 2.400 D+

La evocadora Plaza Mayor de Alcaraz retumbaba. El speaker que acompañó la prueba, tipo con cuerpa de CxC, agradable, de buena voz y mejor entusiasmo, le puso tanta exaltación a la presentación, y alabó tanto nuestros cuerpos embutidos en polipropileno, que me hizo dudar de si el tinglado era montañero o bélico. Fotos previas, saludos a un dron (a saber, cacharro volador que graba) y a correr. Y correr de verdad, no ese “correr” de ultratrail que dura lo que duran las miradas de los aturdidos espectadores de la salida y luego se convierte en caminata. El nivel general de la manada, el terreno de pista fácil y el poco desnivel inicial nos llevó a hacer algo más de 9 km en la primera hora. Empecé a retener a Jorge y a Miguel, más por miedo propio que por prudencia ajena. No quería ralentizar su ritmo pero yo, de seguir así, iba a durar cuarto y mitad. Regulamos bastoneando las primeras cuestas ciertamente empinadas (¡con perdón!) y, aún así, seguíamos adelantando gente. Los primeros 19 km, hasta el primer avituallamiento, fueron un aperitivo de pista en sombra entre bosques.

Después de la calma viene la tempestad o, mejor dicho, el Pico de la Almenara. Un subida montañera de verdad, de clavar bastones y subir la rodilla hasta el pecho buscando apoyos entre el rocaje vivo. Corta pero muy intensa. El cambio sobrecargó sin aviso el cuádriceps de Jorge y, además, comenzó el calor.

El cresteo y el inicio de la bajada era peligroso, obligaba a hacer malabarismos con apoyos al límite de las suelas para, literalmente, no despeñarse. Miguel se llevó un susto en uno de sus gemelos por un apoyo extraño que no fue a más. Al rato, a pesar de mi torpeza técnica, adelanté a los otros dos ceporcés. Algo no iba bien. La sobrecarga de Jorge era por culpa de la maldita cintilla iliotibial que se le enganchó finalmente en la rodilla con el esfuerzo de la bajada y le obligó a retirarse poco más adelante. Fue un momento difícil, sin duda el más duro de la carrera para los tres, más que los desniveles, el granizo y la kilometrada.

Lo de “no hay mal que por bien no venga” no deja de ser una putada de refrán, y no creo que venga del todo al caso, pero a la fuerza ahorcan: Estoy convencido de que este episodio le dará al Secretario fondo de armario de sobra para vencer  al UTMB.

Para completar el día se me agarró un dolor de cabeza de mil demonios que devino en mareo. No sé si pájara, si deshidratación, si exceso de pastillas de sales, si exceso de compresión de las poco testadas pantorrilleras en mis trillizos.

El caso es que llegamos a meta en un tiempo razonable a pesar de los parones por las variadas desdichas, todo ello gracias a Miguel, a su compañerismo e infinita paciencia.

En meta Jorge nos confirmaba que no iba a salir el próximo día, y yo acudía al puesto de la Cruz Roja para toma de tensión, oxígeno en sangre y esas minucias. Estaba todo bien. El día siguiente sólo podía ser mejor.

Sábado. 58 km y 3.360D+.

A los que tengan la referencia de la carrera por Montaña de Chiva: Imaginad una prueba de dureza similar (algún kilómetro menos, algún desnivel más) sazonada con la tunda del día anterior (a nivel físico y emocional) y con lluvia persistente, granizo y tormenta eléctrica al paso del Pico de las Mentiras y, luego, mucho barro, asqueroso y pegajoso barro.

Eso me planteaba a mí mismo antes de salir (sin saber aún lo del granizo, la tormenta y el barro) para no caer en la tentación de pensar que me esperaba un esfuerzo menor, que por haber hecho un día ya podía con lo que viniese, que qué más da.

 En estos asuntos, y en otros, es clave tener la referencia de las horas para poder proyectar debidamente los esfuerzos y la alimentación, si no lo haces estás perdido.

Salimos al paso, Miguel fresco, intacto, y yo dubitativo por la pájara del día anterior pero con fuerzas. Cogimos buen ritmo dentro de las referencias de nuestros compañeros de pelotón, de ahora te adelanto, ahora pasas tu.

El entorno ayudaba. Las Salegas del Maguillo, el Collado Tornero, el Pico Mentiras. Si la primera etapa fue de paisaje poco sorprendente, esta nos metió en la montaña de lleno, largas subidas y bajadas no excesivamente técnicas.

La primera subida la hicimos a buen ritmo junto a David, César, Teresa y alguno más, tipos de esos que pareces conocer de toda la vida quizá por tener parecidos dolores y la misma tara de ultrero. Llevado por el paisaje y por el ritmo de Miguel nos plantamos a mitad de subida del Pico Mentiras sin excesivo desgaste.

Pero empezó la fiesta en forma de chispeo y luego en progresión: Lluvia, aguanieve, granizo, rayos, viento, ráfagas de niebla. Cuando le pedí al cuerpo un poco más me di cuenta que no lo tenía. Aguanté haciendo la goma hasta la cumbre. Estábamos helados. Yo me sentía agotado y destemplado.

Pasadas las primeras complicaciones técnicas de la bajada insistí a Miguel en que tirase. Íbamos justos para el tiempo de corte del segundo avituallamiento, además yo pensaba en serio en la retirada, el cuerpo no me respondía y visto lo de ayer no creía que fuese a mejor. No abuso de cuestiones que sólo uno aprecia porque las pasó canutas, como tirar de matorral para desahogar un estómago debilitado. Resumo: Pasamos ambos el corte, yo bastante justo, y conseguimos acabar.

Yo llegué por dos motivos, por orden de importancia: Porque el Elegante CxC tiró de mí a buen ritmo durante la primera mitad (cortaron a gente antes y después de la subida al Pico Mentiras) y porque, luego, tiré de orgullo, no, perdón, de malahostia para no retirarme y tras “ajustar” el intestino, correr en las bajadas y subir el Pico Ardal a golpe de riñón.

Efectivamente, un ultra te suele devolver lo que le das, antes y durante la carrera. A mí me dio sufrimiento, frío, agotamiento, entumecimiento de pies y manos, patinazos en el barro, mierda, arañazos, destemple, abandono… Y avituallamiento, desesperación positiva (¿temeridad?), medida del esfuerzo, convencimiento, paciencia, constancia e ilusión para llegar corriendo a meta, convencido de tomar la salida al día siguiente. 

En definitiva, un día de esos en los que penas y te preguntas por qué corres o maltrotas ultratrails y te queda bien claro que debes seguir haciéndolo. Por el entorno natural y por uno mismo. Cómo diría nuestro Presidente, "hay que demostrarse a uno mismo que se puede hacer lo que se debe". ¡Y a tomar por culo!

Tercer día.- Porque esta crónica no deje de ser una crónica transmutando en evangelio somnífero, estoy prescindiendo de muchos detalles que ya he hecho llegar a la organización en la encuesta de satisfacción.

Para quién no lo sepa: Dormíamos en vivac –tiendas de campaña- y cada día tocaba hacer y deshacer el petate, hacer cola para cenar y desayunar (los que corrían más también para comer) y ducharse con agua fría.

Al caso: El domingo a las 07:00 a.m. daba gusto ver al Sr. Vicepresidente CxC agacharse con soltura a enrollar su colchón, sentarse en la silla sin lanzar el culo a ojo de buen cubero y andar grácilmente y bien peinado entre espectros. ¡Qué crack!

Corroboré que el más espigado de los CxC se iba a salir del mapa cuando en la salida, cuando yo usaba los bastones no para andar sino para luchar contra la fuerza de la gravedad, dijo ufano “¡Lidl! Vamos más adelante, que hoy hay más gente y se va a formar tapón” ¡Qué crack! Si la hubiese palmado en la QL habría querido esa frase en mi epitafio.

Efectivamente, el último día las “leyendas” de a por etapas compartíamos mantel con otros doscientos, cuerdos humanos estos, que hacían “sólo” los 50 km y 2.460 mD+ dominicales. Entre ellos, Juan Carlos y Nano que, no sé los motivos, no mostraron envidia alguna por estar en nuestro pellejo. Sobre todo, creo, en el mío.

Yo ya me sentía finisher por poder tomar la salida. Miguel estaba como recién venido de las vacaciones. Tan dispar era mi estado respecto al suyo que hasta en la caminata de la primera subida me sacaba un metro de cada dos. La forma y los gestos dieron por hecho que tenía que tirar y disfrutar, ¡si no lo hubiese hecho lo habría molido a bastonazos!

¡Qué carrerón hizo sin despeinarse! Bueno, el nunca se despeina. Quiero decir, que nunca un CxC llegó tan lejos en tan poco tiempo: 07h 22’ – 41º en la general de la etapa. Aviso: Tiene madera de ultratrailer poderoso. A quién corresponda: Solicito revisión de los Estatutos del Club para que no haya que echarlo.

Yo conseguí ir de menos a más (ir de menos a menos habría sido imposible) La lección del día anterior me motivó. Los paisajes fueron de nuevo espectaculares. Las dudas sobre pasar los tiempos de corte (fundadas, entre otras cosas, en qué los añejos habitantes de un par de aldeas me preguntaban si venían alguien más detrás de mí) se diluyeron, y me vinieron las fuerzas justas para correr a ratos, emocionarme al paso por el Nacimiento del Río Mundo y pillar a mis compañeros de ruta de días anteriores.

Molido pero feliz acabó la aventura en meta con un abrazo entre los tres CxC, porque el que no estaba también contaba.

¿Quién me iba a decir que un tipo con melena que le ponía las copas a mi Padre los viernes noche iba a ser mi compañero de aventuras y desventuras en una cosa llamada ultratrail por etapas?. Y que íbamos a salir vivos del envite. ¡Bravo!
El petate y la tienda que nos regalaron después de los tres días de acá para allá
Por último y por darle relumbrón, certeza y medida a la “comunidad del anillo” de Quique:

Miguel Ángel lo consiguió todo, si es que le hacía falta: Consagrarse como ultratrailer, disfrutar y emocionarse sin parar y un tiempazo final.
Jorge, por culpa de una inmerecida hostia de garrote, ha medido y templado su temperamento y paciencia, disponiéndose para próximas batallas.
Ramón, llevó el jodido anillo, sin saber medir si era más jodido el anillo o él mismo. No pudieron conmigo y entre el granizo perdí, además del dorsal, la capa.

Y ya que no puse cita al principio, la pongo al final, para que el miembro (sin perdón) de Manuwar se sienta correspondido, y por mediar en la supuesta virtud de ser leyenda bajo el nombre del Quijote, que las cosas importantes han de quedar en su sitio:

“(…) y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna». Vale.”

11/6/2014

QUIXOTE LEGEND: Divagaciones prescindibles previas del Lidl



Con ánimos y objetivos dispares se dirigieron tres miembros (c.p.) del trashumante CxC a Alcaraz, tierras manchegas limítrofes, de poca llanura y de castillos derrengados. De tan poco llano eran, que al divisarse de camino y a lo lejos siluetas tocando las nubes, Sancho Ureña exclamaba -no sin sorna- nostálgico ya de sus Castillejos, “y tó eso habrá que subirlo, y mira que nubarrones se ciernen”, dejando escapar una sonrisa nerviosa a modo de augurio fatal.
Matrimonio mal avenido delante con el niño detrás
Las nubes hicieron un guiño a nuestro vehículo, que para darle emoción al asunto, por fiarnos de gepeéses y no del vuelo de los golondrinos, cogimos una carretera secundaria de entre las secundarias, de esas de anuncio de BMW y de "no lo hagan ustedes en casa". A Miguel, el elegante hidalgo, no se le movió ni un pelo del flequillo mientras derrapaba en las curvas, y yo (según crónicasestrafalarias, el portador del anillo) miraba las montañas ensimismado, pensando en mi responsabilidad como Lidl y en mi precario entrenamiento.

La preparación y metas de cada uno eran muy dispares. Uno afinando para el UTMB, responsabilizado en exceso; otro enjuto y requeteentrenado para esta prueba, emocionado y feliz; otro… Otro preocupado, pensando en disfrutar del entorno, con paciencia y quién sabe qué y renegando de tener que ser leyenda de nada en caso hipotético de acabar. Así somos.

Por no pecar de cansino, no ahondaré en la unión de hecho de los palabros “quixote” y “legend”, que cuando menos es meritoria de una tesis de eclecticismo surrealista avanzado. Tampoco comentaré el gusto de elegir como lugar del “briefing trénico” una iglesia. Sí, con sus Santos y todo. El altar a modo de escenario y los runners del coro esperando ser sacrificados, mientras potentes altavoces reproducían el sonido del video promocional: Una voz carnívora de ultratumba que nos impelaba a ser leyenda.
Formales CxC´s esperando al "briefing trénico"
Efectivamente, todo eso acojonaba, pero más aún los compañeros de inscripción. Jorge y yo les medíamos con la mirada y dudábamos de poder acabar delante de alguno de ellos, y me dije, porque a veces me digo cosas, que tenía que estudiar en la tienda los tiempos de corte que ya verás tú que no paso ni uno. Por su parte, Miguel era feliz, ¡qué envidia! Disfrutaba de cada segundo y conseguía por doquier de todo: amigos portugueses, queso y chorizo portugués, pan portugués, información de carreras portuguesas, fotos con ultrarunners famosos de nacionalidad portuguesa… ¿Por qué le gustará a este hombre tanto Portugal?
Miguel con Carlos Sa, famoso corredor de montaña portugués
Jorge y yo calmamos los nervios ensilando un botellín de un trago y unos pinchos de morcilla con pisto rodeados de camisetas y chalecos del UTMB, del TOR, del Marathon des Sables, de la Mayor Bestialidad Cósmica, etc.
Dos Tarahumaras entre tres "tarashumanas"
El estado de ánimo se veía en las fotos, somos muy malos actores.

Pasada una semana sigo con las defensas bajas y sin ganas de correr, ni de escribir de correr. Mañana más.