17 mar. 2014

VII Carrera Urbana de Ciudad Real.

Se nos amontona el trabajo. 

Esta mañana una crónica: la de la III ULTRA TRAIL SIERRAS DEL BANDOLERO (pincha aquí si no te ha dado tiempo a leerla).

Esta tarde otra: la de la carrera de ayer, la VII CARRERA URBANA DE CIUDAD REAL.
Arriba, de izq. a dcha.: Adríán, Gema, Jorge, Mónica, Carmen, Luis,
Paco, Tori, Quique. Abajo de izq. a dcha.: Guti, Miguel Ángel
Ya sabéis que lo nuestro es el trazado natural. Lo mismo nos da que sea campo, montaña, senda, pedregal, hierba, ribera, río o arena. Huimos del asfalto como si se tratara del demonio, pero en ocasiones nos vemos obligados a acudir al reencuentro del negro y viscoso aglomerado, como cuando corrimos el QUIXOTE MARATÓN  al más puro estilo GASTRO-RUNNING.

Al principio pensamos que no, pero había varios motivos para acudir a la VII Carrera Urbana de Ciudad Real:

Mónica, la "contraria" de Miguel Ángel, intentaría por primera vez correr diez mil metros en una sola mañana. También debutaría con ella, Gema Caballero, amiga de Carmen, nuestra "miembra". 

Además, el club ALA 14, organizador de la prueba, al conocer nuestra iniciativa "CORRIENDO POR BEATRIZ" quiso sumarse a la causa y decidió entregar a "nuestra Bea" un euro de las inscripciones de aquellos corredores que no forman parte del circuito. Al final, más de ochocientos euros de ayuda, que le vendrán de perlas para hacer frente a tantas y tantas cosas básicas necesarias.

Quizá podríamos añadir un tercero: la VII Carrera Urbana de Ciudad Real es el 10.000 de nuestra ciudad.

La mañana era espectacular. Sol radiante. Sin viento. 

A las once de la mañana sonaría el pistoletazo de salida y, como estamos acostumbrados a madrugar más y necesitamos acumular kilómetros, Guti, Luis, Jorge y yo decidimos quedar a las 10 para subir corriendo a La Atalaya y así sumar otros 10 km. al domingo. 

A las once menos diez estábamos otra vez de vuelta, el tiempo justo para ponernos el dorsal, secarnos el sudor y salir con otros mil setecientos "amigos" a hacer un poco de deporte por nuestra ciudad. Bueno, un poco por la ciudad y un mucho por las zonas más desiertas de la población. Parece que una carrera urbana popular de mil setecientos participantes debería empezar a ser algo importante para nuestra ciudad. No sé de quién será la culpa, pero no debería volver a pasar. Hay que conseguir que "nuestra" carrera se corra por la ciudad, evitando los polígonos o, como en este caso, unos desolados 6 km sin salir del Campus Universitario que se hace eternos. ¿Cuándo será esta carrera una fiesta de todos? Para los que corren y para los que miran. Para los de aquí y para los que nos visitan. En fin...

A lo que íbamos. Esta vez seríamos nueve miembros (c.p.) de CxC los que correríamos: Luis, Jorge, Miguel Ángel, Guti, Paco, Tori, Carmen y yo. Y como nuestra vocación tiene más que ver con el tocino que con la velocidad, decidimos que esta vez no iríamos rápido (o, al menos, no todo lo rápido que podríamos ir). Esta vez correríamos de acompañantes (como en las bodas). Teníamos que animar y ayudar a que otros consiguieran su reto. Mónica y Gema correrían un diez mil por primera vez y Adrián -el gladiador barefooter- correría "a pelo", descalzo, sin nada entre el asfalto y la piel de sus pies. Así que, desde un primer momento, aquello se convirtió en una fiesta. Además, también se sumó al grupo nuestro rugbier preferido, Nico.

La fiesta de los diez kilómetros, comenzaba con palmas, gritos de ánimo y chascarrillos para contrarrestar la mirada concentrada de Adrián y el nudo en la garganta de Mónica. Gema, sin embargo, se puso la cara de felicidad a las once en punto y se fue con ella a casa después de las seis de la tarde cuando se despedía de nosotros.
Desconcentrando a Adrían. Por detrás, Gema, Carmen y Mónica
El público era algo más numeroso de lo habitual. Ayudaba el espléndido día y la temperatura ideal para estar en la calle. Sin embargo, su frialdad era la normal. Algunas caras de extrañeza y otras de contrariedad. Sin embargo, nuestras manos y nuestras gargantas simulaban la algarabía necesaria para llevar en volandas a los que luchaban contra sus miedos, tanto que, en ocasiones, lográbamos contagiar a quienes nos veían y oían arrancando sus palmas y sus ánimos para el grupo. La alegría contagia alegría y nosotros no corremos muy bien, pero corremos muy alegres, sin duda.
Barbie-Runners. Las tres de rosa flower-power
Poco a poco pasaban los kilómetros y, a pesar de que hubo momentos de "intensidad emocional", la meta estaba cada vez más cerca. Gema y Adrián seguían disfrutando y Mónica apretaba los dientes para demostrarse que es fuerte, que el dolor es relativo y que uno, cuando se lo propone, consigue casi cualquier cosa.

No hubo metro, ni minuto sin sonrisa.

Y si alguien se resistía a animar, Paco tomaría cartas en el asunto.
Al lado de Paco, todos somos unos "mierdas-secas"
Y llegamos al Paseo de la Universidad. El polideportivo estaba a escasos metros, los mismos que justo al llegar casi a su puerta, te hacen doblar, mandándote hasta la rotonda más cercana para volver después a encarar la entrada al estadio. A punto estuvo Mónica de acordarse de todos los antepasados (vivos y muertos) del que diseñó el circuito. Se acordó de ellos en Portugues, su idioma natal.
Paso por la calle Calatrava.
Foto cogida prestada a M. HERRERA. 
Pronto se oiría al speaker animarnos. Recta de meta. Paula, mi hija, corre de mi mano. ¡Vamos, Papi! - grita. Todo son sonrisas. Caras de satisfacción. 

Todos nos adelantamos y hacemos un pasillo a quién más ha sufrido para llegar a meta. Mónica pasa entre nosotros rodeada de palmas y gritos de "campeona". Las lágrimas llenan sus ojos de emoción hasta que éstas se mezclan con la más grande de las sonrisas cuando oye a su hijo Miguel decirle: Mami, ¿lloras por llegar la última? 

Un día espléndido para nuestra carrera más lenta y, a la vez, más divertida. Seguro que todos la recordamos durante mucho tiempo. Los debutantes no la olvidarán jamás. Es lo que tiene esto...

Y para rematar, pollos asados y cerveza como si se fuera a acabar el mundo. Y, al final, lo que se acabó fue la cerveza del bar. 

Y por si todo eso fuera poco, nos acompañaron a la hora del café Beatriz y su hija Beatriz (nuestra Beatriz)

Día CxC, carrera CxC, risas, comida y bebida CxC. ¿Se puede pedir más?

Por cierto, enhorabuena a Tomás (el aspirante) porque mientras tanto, él corría solo la Marató de Barcelona en 3:54, reponiéndose, además, de un pajarón de campeonato. Esperamos su crónica. 
¡Enhorabuena, Tomás!

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