23 sept. 2014

Del Castillo al Chorizo. JAN en estado puro.

La nueva temporada va dando sus primeros pasos tras el parón estival. 

Algunos han parado en julio, otros en agosto, otros en septiembre, hay quien no ha parado... Hay hasta quien ha descubierto el amor este verano a la carrera. Aaaaahhhh, el amor...

Como el domingo pasado, en el que Luis, Miguel y yo nos acercábamos a El Cristo del Espíritu Santo para echar un buen rato por nuestras siempre queridas sierras de la Fuenluenga y de Malagón, este domingo comenzábamos la jornada carreril sin pretensiones, como cualquier otro día de fin de semana en mitad del año, sin ningún desafío a la vista, un domingo de correr por el campo con el único propósito de pasarlo bien. 

Habíamos quedado pronto. A las siete de la mañana recogería a Miguel para acudir a Corral de Calatrava para que José Antonio (JAN), el Sr. de los Chorizos, nos guiara por las serrezuelas de su entorno.
José Antonio Nieto (JAN)
subiendo una empinada (con perdón) pendiente
La temperatura va bajando y el fresco de la mañana hace que comencemos a correr a buen ritmo. Pronto empezaríamos a sudar, a subir y bajar cerros por pistas, veredas, sendas y cortafuegos, contemplando la llanura manchega por una parte, la laguna de Caracuel por otro y hasta la sierra de Puertollano.
JAN sube utilizando la técnica de la garrota
y Miguel la de la escoba (por el culo)
Hasta tuvimos tiempo de meternos por berenjenales (dícese de aquellos terrenos que no tienen senda ni itinerario claro para correr, lo que provoca la necesidad de correr a tronchamontes, a cholón o cada uno por dónde pueda, si es que puede) lo que nos proporcionó un simpático escozor en las canillas de tanto roce con jaras, chaparros, ramas y ramones. Por cierto, Ramón, nuestro Lidl, no vino porque nos puso los cuernos con el asfalto de la media maratón de Puertollano. El hombre está que lo vierte y quiso merendarse los 21 km en una horita y treinta y un minutos de nada. Está más fuerte que el vinagre, además de encontrarse en una de las etapas más bonitas de su vida (Ramón dixit). 
Así, como si tal cosa...
Finisher Quixote Legend limpiando la zarpa de finisher UTMB
¡Tontunas CxC!
A lo que vamos, que lo pasamos de lujo por esos campos aun resecos, subiendo incluso al Castillo de Caracuel, unas veces pasando por terreno público, otras veces no (pero sin darnos cuenta).
¡Un momento antes del beso!
En dos horas y cincuenta minutos, veinte kilómetros y 1.200 metros de desnivel acumulado, estábamos de nuevo en la plaza del pueblo para almorzar (que en manchego significa ponerse fino de comer y beber entre el desayuno y la comida) a las órdenes del carnicero mayor del reino. Si quieres ver la ruta PINCHA AQUÍ

JAN, haciendo gala de sus dotes culinarias en lo que a la manufactura del embutido se refiere, nos deleitó para alegría de nuestras andorgas con manjares de su propia cosecha en el bar de la plaza de la Iglesia, comunicándose con el mesonero a base de guiños, utilizando únicamente la palabra "otra", consiguiendo que, por cada guiño apareciera como por arte de magia una ración de salchichón, otra de chorizo, unas morcillas, lomo, queso, jamón y tercios de cerveza como si viniéramos del desierto de Atacama
Miguel no posa, es así.
Al final, cinco horazas de entrenamiento: algo menos de tres dándole a las canillas y más de dos a las quijadas. 

CxC Style 100%.

¡Como no te voy a quereeeeeer...!


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