11 oct. 2014

Frédéric Gros, Andar. Una filosofía, Taurus

Querido ultrarunner [¡Ouch! (eso ha sido una colleja)],

¿A qué coño vas a dedicar las 8 de horas de tu próximo maratón de montaña, o las 25 que tardarás en terminar este año el GTP? En el peor de los casos te pondrás música. En el mejor reirás con los amigos. Durante la mayor parte de ellas dejarás que tu mente vague libremente por donde más le apetezca, una vez que la conciencia ha adquirido ese estado al que se llega mirando cómo das un paso tras otro durante mucho tiempo. Sin embargo, ese desplazamiento arbitrario que caracteriza los pensamientos del triscamontes (al menos del no condicionado por la necesidad o la voluntad de competir) se convierte a veces en forma, en estructura e incluso en chispazo genial.
Este libro es, al parecer (porque la presente es, una vez más, una nota completamente infundada), una crónica de la alianza entre el desplazamiento a pie y el genio creador. ¿Pues no va y resulta que muchos de los más importantes filósofos, pensadores, intelectuales y listos de occidente le daban a la pata? Paseantes, andarines, montañeros, viajeros a pie, hasta llegar a lo que ahora consideraríamos amantes de las largas distancias; de todos ellos encontramos ejemplos en este catálogo de gentes que hicieron con su vida algo que merecía la pena. Y resulta que el andar por el monte tuvo algo que ver en ello.
De la página web de la editorial
Caminar es mucho más que poner un pie delante del otro. ¿Y si solo se pudiera pensar bien a través de los pies?
Andar no exige ni aprendizaje, ni técnica, ni material ni dinero. Sólo requiere de un cuerpo, de espacio y de tiempo. Cada día son más los aficionados a caminar, y todos ellos obtienen los beneficios de esa propensión: sosiego, comunión con la naturaleza, plenitud...
Andar. Una filosofía es un recorrido (a pie), filosófico y literario, en compañía de ilustres autores como Rimbaud, Thoreau o Kant cuyo hilo conductor es el simple hecho de caminar. Andar como experiencia de libertad, como acto solitario y propicio para la ensoñación, como motor de creatividad...
Este libro es una celebración del paseo y una reivindicación de virtudes elementales que parecemos haber olvidado en esta época de prisas y de monotonía. Desde un enfoque cultural, Frédéric Gros se adhiere a la corriente de lo slow y nos invita a valorar las ventajas de la lentitud. «Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen».
PD: Que sepáis todos que algunos miembros de este club se oponen a que yo haga entradas sobre libros. Al parecer, se puede escribir de recetas, material o grandes atracones (c.p.) sin temor a ser censurado, pero no de letra impresa. Menos mal que nadie dijo que CxC fuera una democracia.

5 comentarios:

Elvira dijo...

Desde la escuela peripatética, se sabe que andar abre la mente y alegra el espíritu. Lo que pasa es que el humano es un ser perezoso por excelencia. Una vez superada la pereza, todo va bien. Pero ¿cómo superarla? o es una pregunta retórica, va en serio. ¿Alguien contestará?

Anónimo dijo...

Querida Elvira, no he entendido bien el final de tu comentario pero, en cualquier caso, déjame decir que no tengo ni puta idea de cómo vencer la pereza. Molicie es mi segundo nombre. Lo que sí sé es que si vas despacito te cansas menos y el paseo es más agradable. Hay otros trucos, como ir con Jorge, memorizar cosas o contar mallas Hoko.

Anónimo dijo...

Te animo a que sigas haciendo entradas sobre libros.....tu no recensión sobre Murakami le da un punto único al blog....."muuuu güeno"

Anónimo dijo...

¡Albricias! ¡Un feedback de esos! Esto es para que vean lo que es bueno los descreídos, los cínicos, Quique y Jorge. ¡Todos!

Anónimo dijo...

Por cierto, quien quiera una recensión como es debido que lea el último Babelia, donde hacen una de este libro: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/26/babelia/1419608722_632256.html.