22 sept. 2012

Con la resaca a cuestas, nunca mejor dicho

Este humilde servidor de ustedes no sabía que al día siguiente tocaba correr. Cuando a la escasez de recursos neuronales se une el trabajo (mira que pagarme a mi por algo) y alguna que otra cerveza, el resultado obvio es el olvido de planes inmediatos, mediatos, atos y hasta del nombre de los propios churumbeles.

Sucedió tal que por casualidad. A un "¿Por qué no cambiamos la hora de la carrerita dominical un poco más tarde que me viene regular?", le siguió un "Es mañana". Y luego "No, mañana es sábado. Digo la carrera".
-Es mañana. 
-Mañana es sábado
-Por eso. 
-¿Qué?.
-¡Mañana!.
-¿Mañana qué?
-Sábado. ¡La hostia!
Y me puse otra cerveza.
Y me enteré de que la salida larga (con perdón x2) de la semana era el sábado como intentaba hacerme entender Quique. Acabáramos.

Si les digo que cenamos medallones a la plancha de sangre de bicho autóctono con arroz al aroma de la huerta (morcilla negra como el corazón de Esperanza Aguirre), costillas de animal en salsa de miel, trozos de otro cuadrúpedo al estilo de razas infieles y un perol de paisaje que me salió fenoménico, no se me asusten, CxC viandas de ayer y siempre en estado puro. Insisto en que yo no sabía que al día siguiente tocaba madrugón para ir a correr al campo. El resto de expedicionarios sí lo sabía y aún así se pusieron como fudres de comer. Ellos sabrán.

Sonó el despertador a las siete y el que más el que menos levantose, ungiose en aceites de carrerista, calzose las babuchas de correr y a La Atalaya.

Allí esperaba Juan Carlos, alias Plancton, alias El Puto Calvo, alias comonopagueslacuotadelclubyavasacobrar.

Ale, al monte.

 El monte, ese basurero

La Atalaya es una gozada, un sitio al ladito de la megalópolis ciudarrealeña con sus hectáreas de campo, su monte bajo y sus cuestas. Allí se puede hacer desde un circuito de cinco kilómetros a lo tonto somarro hasta darse un palizón de padre y muy señor mio. El que se dibuja en estas letras es una cosa intermedia, como los enanos del Señor de los Anillos que eran más grandes que los sosos esos de la comarca pero más chicos que los demás aunque, eso sí, con más cojones quelmachoalmagro.

En un vamos pacá, ahora pallá, ahora subimos, ahora bajamos, huy, mira un conejete, ¿seguimos? ¡Coño pos claro! ¿Andestá Luis? Ha petao... nos endiñamos unos diez kilómetros. Luego el presidente (a sus pies de usted y de su santa esposa que hace unas costillas al horno pa ponerlas un piso, toma laismo) dijo que el ya si eso se iba para el coche.

El señor presidente un ratejo antes de decirnos ahí sos quedais, prendas

El trío resultante cogimos trocha arriba, trocha abajo, descubrimos sendillas nuevas en descenso que pronto habrá que subir, corroboramos nuestros extraordinarios estados de forma y nos clavamos (con perdón) 17 kilómetros de subibaja. Buenas sensaciones y ganas de más, como mandan los canones esos.

Si quieres ver la ruta, PINCHA AQUÍ.

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