1 oct. 2012

De Calatrava la Vieja a las Tablas de Daimiel


No es que hiciese mal tiempo, hubiese viento, hiciese frío o lloviese...

Como dijo Jorge, simplemente hacía un día "para destetar hijosdeputa", que no sé bien por qué lo dice, ni qué significa, pero queda como muy bestia y muy malo y fatal, además de ordinario. Pues eso, así estaba el día.

Eran las 16:30 del sábado cuando salíamos en coche hacia Carrión de Calatrava, en concreto hasta el aparcamiento de la Ermita de la Virgen de la Encarnación (Patrona de la localidad), situada justo enfrente del Castillo de Calatrava la Vieja, cuna de la Orden de Calatrava, la más antigua de las órdenes militares de la piel de toro. 

También venía Marcos (nuestro amigo gallego), un tipo que, como el agua, se amolda a cualquier cosa sin ningún problema. Que hay que correr, se corre. Que hay que comer, se come. Que hay que beber, se bebe. No hace ascos a nada. ¡Qué agradecido! ¡Y qué "bien mandao"!

Desde que este verano le llevamos a correr por el curso seco de aquel arroyuelo al lado de Santo Domingo de las Posadas le ha picado el gusanillo-runner y corre un día sí y otro también una media de 8 km. a la verita del Miño, allá en Ourense.

Al llegar al aparcamiento, surgió la pregunta: ¿Qué hacemos?. 
-Correr
-Ya, pero ¿cuánto?
-Hasta las Tablas de Daimiel
-Ya, pero ¿cuánto es eso?
-Unos diez o doce kilómetros - Dijo Luis, que era el que, en su día, había "preparado" la ruta desde Ciudad Real a las Tablas pasando por allí (que, por cierto, está pospuesta sine día).
-¿De ida o de ida y vuelta?
-Pues no sé... de ida.

Luis no tenía ni pajolera idea de los kilómetros que había desde allí hasta las Tablas de Daimiel. Él solo estaba enciscado en que tenía que cruzar las Tablas por una presilla que había entre dos islejas del humedal...

Eran alrededor de 17 kilómetros los que nos separaban de las Tablas (menos mal que yo lo había medido antes en wikiloc). Por eso, en un momento de lucidez, el gallego pensó en voz alta y dijo: "Yo no creo que pueda, lo más que corro habitualmente son 10 kilómetros. Bueno, y una vez hice 14"  
-Bueno, no te preocupes, Marcos, vamos más allá con el coche y recortamos el trayecto.- Dijo Luis
-Ya, pero yo no quiero que por mi culpa...
-No te preocupes, Marcos, corremos menos y punto- Cortó tajante y decidido Luis.
-Ya, pero, ¿por qué no empezáis a correr vosotros y yo adelanto un poco con el coche y así...?
-¡Que no, Marcos!- Zanjó Luis.
En ese momento nos miramos Jorge y yo, sabiendo que nosotros nos bajábamos allí y empezábamos a correr, sí o sí. Su puerta y la mía se abrieron al unísono. Rápidamente salían Luis y Marcos. El presi empezó a maldecir y a hacer gestos sin orden ni concierto. Por un momento pensó que él también se vendría, pero justo al pensarlo, miró al gallego y, cagándose en todo lo vivo para sus adentros, dijo: -Venga, Marcos, que estos capullos empiecen a correr que nosotros nos adelantamos en el coche y les esperamos un poco más allá. 
Momento en el que Marcos, aguantando la mirada a Luis, pensó:
"¡A mí no me jodas!"
Cuando llevábamos alrededor de 4 km, los encontramos.

Solo había que seguir la Ruta del Quijote, que en ese tramo coincide con la etapa sexta de la ruta principal del GR 114 (Camino Natural del Guadiana). Como su propio nombre indica, iríamos todo el tiempo al lado del río, sin desniveles y con un firme perfecto.

Pero Luis tenía que cruzar la presilla. Y no se le ocurrió otro sitio para acercarse al río que un camino con una cartel que decía "Prohibido el paso. Finca Particular".

Primero, casoplón. Al lado, casa del guarda. Después, una casilla como ésas que habitan seres extraños en algunos cuentos. Un poco más allá, el río sin posibilidad de cruzar. Sin noticias de la presilla, ni lugar de paso alguno.
La casilla del cuento
De pronto apareció el guarda. Antes de que le diese tiempo a echarnos la bronca por haber llegado hasta allí por un camino particular, Luis se adelantó:
-Mireusté, ¿podríamos hacerle una pregunta? es que estamos perdidos.
-Vamos a ver - Contestó el guarda.
-Estamos buscando una presilla para cruzar al otro lado del río...
-Por aquí no es.
-Al parecer hay un paso entre dos islejas. Mire el mapa este que traigo...
-Ya, pero por ahí no se puede. Además, está más arriba.
-Ya, ¿pero no se puede, ni corriendo? Es que yo creo que estamos aquí y...
-¿Pero de dónde vienen ustedes?
-De Carrión de Calatrava
-¡¿Andando?!
-No. Corriendo
-¿Pero ustedes están locos? ¿Y quieren llegar a las Tablas? Pero eso está muy lejos. Pero ¿cómo van a vernir corriendo desde allí? Eso está muy largo
-No se crea. Y luego tenemos que volver
-Pero ustedes están locos... ¡Cagüendiole...!
-Si quiere Ud. preparar unas cervecillas para cuando volvamos, se lo agradeceríamos... -Le dije yo, para romper el estupor de aquel señor tan incrédulo (y, por si acaso las preparaba).
Luis y el Sr. Guarda
(No llevaba gafas de moderno,
es que queremos preservar su intimidad y anonimato)
El guarda nos miraba de arriba a abajo sin creer lo que realmente le decíamos. Le agradecimos su amabilidad, su colaboración y, para dejarle más tranquilo, le dijimos que iríamos por el camino del Guadiana. Cuando empezamos a correr de nuevo se despidió de nosotros diciendo: ¿pero están locos de verdad?.

En cuanto se dio la vuelta, volvimos a tronchalindes hasta la senda donde le habíamos dejado para ir más cerca del río. Ése fue el mejor tramo, el más divertido. Corrimos por una senda verde con mucha agua por las lluvias de los dos días anteriores. Pero pronto se acabó lo bueno y nos vimos obligados a retomar el Camino Natural del Guadiana que, poco a poco, nos llevó al molino de Molemocho, situado en la entrada del Guadiana al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. 
El molino de Molemocho
Justo al lado del molino hay un bar (¡Un bar!) y, como no podía ser de otra forma, tuvimos que parar.

Cerveza isotónica (tres con limón y una sola) para reponer electrolitos y una migas cortesía de la casa para reponer carbohidratos y algo de proteínas gracias a los torreznos y al choricito que las aderezaba. Cada día descubrimos nuevas alternativas a las sosas barritas e indigestos geles...
La cerveza

Las migas

Y el gallego dando buena cuenta de ellas

Una vez repuestos, dispuestos y apuestos, volvimos sobre nuestros propios pasos para regresar hasta donde Marcos y Luis habían dejado el coche.

Nada más salir se lió la marimorena. Caía agua como si fuera la última vez que iba a llover. Nos empapamos, literalmente. Menos mal que pronto terminó la tormenta y la cosa se arregló. 

Oscurecía y no llevábamos frontales. Jorge y yo aligeramos el paso para poder llegar lo antes posible al coche y evitar algún kilómetro a Luis y Marcos. También evitaríamos el rodeo del río y no dejaríamos el camino en ningún momento. Jorge iba como un tiro, tanto que tuve que decirle treinta y siete veces y media que aflojara el paso o me hacía el muerto.

 Al final, todos juntos otra vez. Mientras nos poníamos ropa seca, hicimos las cuentas y, una vez más, nos salieron a favor:

-Unos 28 kilómetros para Jorge y para mí 
-Unos 23 para Marcos y para Luis
-Una nueva máxima distancia para Marcos (9 km. más de lo que había corrido de un tirón)
-Un guarda más para las anécdotas.
-Un reto más para Luis: Hasta que no encuentre la presilla no dormirá tranquilo.

¡Nos vemos corriendo por el campo!

(Algunas fotos más para que podáis reír a gusto)

Justo antes de salir de avanzadilla

Ya juntos

Marcos, un gallego muy manchego

Tres gansos muy gansos

1 comentario:

Daniel dijo...

Bonita y divertida ruta, hago turismo sin moverme de casa y encima me río. Me encantan vuestras reposiciones de electrolitos.
A seguir bien, abrazos.

p.d. Llevaís dos allanamientos de fincas, cuidado.