31 ene. 2012

De SEGOVIA a COLLADO-VILLALBA: la INVERNIIIIZA de spanjaard

Eras las 4:15 h. de la madrugada cuando comenzó el infernal ruido. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué suena? ¿Quién llama a estas (des)horas?

La alarma del móvil acompañada de un zumbido rítmico me avisaba de que en cuarenta y cinco minutos Ramón pasaría con el coche a por mí para irnos a ¡LA INVERNIIIIIZA! (léase en voz alta y arrastrando las vocales)

El día anterior había tocado fiesta con sus cervezas (7 u 8 tercios), su copita (1 gin-tónic), sus refrescos (varios y al final para evitar beber demasiado) y su cena (1, pero grande) en un turco. Lo que suelen recomendar en la revista Runners...

A las 7:40 de la mañana llegábamos a la terminal de autobuses de Príncipe Pío después de dar varias vueltas por las calles, por el parking e, incluso, por el centro comercial cerrado aún al público del que nos tuvo que "rescatar" un guarda-jurado muy amable.

Allí estaban esperando Spanjaard y Manu vestidos de romanos. También estaba nuestro fácilmente convencible Carlos (el alacrán adoptado por CorriendoporelCampo para locuras pedestres varias). Había ido el día anterior para aclimatarse. Al pie del autobús nos reuníamos con Edu (y su plátano), con Miguel (y su perilla) y con Rita (y su sonrisa). Afables, simpáticos y con cara de buena gente. Estarían igual de locos que nosotros, pero no parecían (ni resultaron ser) peligrosos.

En Segovia comenzaba la INVERNIIIIIZA y el DISFRUTE (con mayúsculas).
De izqda a dcha: Miguel, Mercedes (Rita Pels), Ramón, Edu, Carlos, Luis (Spanjaard), Manu y,
al otro lado de la cámara, yo

Como el viaje en autobús duró una hora y pico y las paradas técnicas nos pasaron inadvertidas tuvimos que hacer la propia en mitad del campo segoviano. Había que aligerar peso...
El frío obligó a despojarse de los guantes para poder manejar con precisión
Desde Segovia comenzaba una ascensión ligera y sin apenas descanso. Pasábamos por paisajes ondulados, suaves, blandos, relajantes... Contemplábamos ruinas de antiguos esquiladeros... Corríamos en contra de las flechas amarillas que marcaban el Camino de Santiago procedente de Madrid... sin prisa, sin pausa...

Campo de runners
Primera serrezuela y, tras ella, primeros trazos blancos. La nieve hacía acto de presencia a nuestros pies. El suelo empezaba a crujir rompiéndose de frío mientras nosotros abríamos más y más los ojos para no perder detalle de una sierra que se mostraba espléndida. Troncos cortados, comederos de buitres, senderos serpenteantes para remontar antiguos caminos peregrinos, ganaderos y madereros...

¡¡¡Nieve!!!
Y, de repente, una camino blanco para nosotros solos.
Empezaba el auténtico paisaje INVERNIIIIIZO

Será la falta de costumbre, será la diferencia con la tierra seca que vemos a diario, será que siempre parece mejor lo que no se tiene, pero desde que empezamos a correr por los nevados caminos nuestros ojos (los de los manchegos) empezaron a brillar. Yo, que además soy un cansino, solo era capaz de decir eso de "¡Qué bonito está el campo!". 

Qué envidia tener todo eso al lado de casa. Me acordé de Sergio (MAYAYO) cuando cuenta que corre por estos paisajes a diario. Pensé que el entorno era precioso, impresionante, ideal para correr, para pasear, para pensar, para relajarse, para olvidar, para recordar y desde ese momento me di cuenta de que tenía mucha suerte por estar allí.
Final de la subida a la Fuenfría

Y así, gracias a esa suerte, a esa sensación, la subida hasta la Fuenfría se hizo llevadera aunque fuese picando sin parar hasta aproximadamente los 1.800 metros de altitud. Llevábamos 20 km, casi 3 horas y casi 1.000 metros de desnivel positivo.

A veces salgo bien...

Atrás habían quedado Miguel y Rita. Ellos sabía el camino a Cercedilla. Parece mentira que cruzar unas cuantas frases, tener una afición común y compartir unos cuantos kilómetros en autobús y otros al trote hagan que eches de menos a alguien, que mires hacia atrás insistentemente por si te llevas la alegría de verlos aparecer de nuevo en el camino. 

El día era frío y allí arriba el viento soplaba con fuerza, tanto que parecía que nevaba cuando los copos se despegaban de las ramas del impresionante bosque de pinos silvestres.

Desde el puerto de la Fuenfría comenzamos a bajar a buen ritmo por la calzada romana (vía romana XXIV de Antonino) hasta las Dehesas de Cercedilla, un descenso suave y divertido por una zona también espectacular.

Nivel de la Calzada Romana
En ocasiones parábamos a la orden de Spanjaard para que éste nos contase la parte histórica de la ruta (la diferencia entre la calzada romana y la borbónica, los niveles de las mismas, su características...).

Spanjar estira los gemelos en la calzada romana mediante la técnica del tente-tieso
No solo disfrutamos, por el mismo precio aprendemos. ¿Es una suerte o no?. También correteamos por lo que fueron trincheras en tiempo de guerra

Rodeando por las trincheras
Así, alegres y ufanos llegamos a Cercedilla con casi 30 kilómetros a las espaldas (y a las piernas) y casi cuatro horas de ruta. Despedimos a Edu y a Manu y nos "regalamos" un café cortado para Luis, unas coca-colas para Carlos y Ramón y un tanque de cerveza con limón para el más "pesado" de los cuatro.

Después hemos sabido que al poco llegaron sanos y salvos Miguel y Rita para contribuir a la salida de la crisis a base de hacer gasto en un restaurante de la zona en el que dieron buena cuenta de proteínas, hidratos y vitaminas (todo isotónico, claro).

Nosotros apenas paramos 15 minutos, lo justo para salir a correr como si imitásemos a Chiquito de la Calzada hasta que el calor en los músculos nos permitiera hacerlo como personas (casi) normales.
No sé de qué se ríen si ya no había cerveza...
Desde allí volvimos a callejear por Cercedilla hasta salir dirección Este. Dejamos a un lado la localidad de Navacerrada y rodeamos su embalse.

A pesar de que Luis iba como el que pasea por el parque, los tres manchegos le recordamos que había una coseja que podríamos hacer: COMER JAMÓN.

¡Y cómo lo comimos! Antes de terminar una loncha ya estábamos enrollando otra. Parecía que no habíamos comido en un mes. Mientras Carlos, Ramón y yo nos sentábamos en unas escaleras para comer, Luis se quedaba de pie como si no se fiara mucho de nosotros. Debió pensar que le convenía estar preparado para salir corriendo en cualquier momento. No tendríamos reparos en "emplearnos" en sus lomos si no tuviéramos bastante con el gorrino salado.

Repuestas fuerzas, proteínas y sales, dirigimos nuestros pasos hacia Becerril de la Sierra pisando arcén y senda cunetera hasta llegar a Moralzarzal. Allí encontramos a un paisano que nos indicó, más o menos, por donde podríamos encontrar el camino hasta Collado-Villalba no sin antes advertirnos que aquél era un monte RARO.
Tres tipos raros
No era raro, era bonito. El raro debía ser el paisano.

Seguimos "correteandando" entre pinos, saltando vallas, realizando súbitos aterrizajes forzosos... hasta que después de unos 50 kilómetros y unas 7 horas de marcheta nos encontramos un hospital a medio construir (pagar) con vocación de escaparate de graffitis: el nuevo hospital de Collado-Villalba. Solo quedaba atravesar un parque, callejear un poco y encontrar la estación del cercanías.

Ya en Collado-Villalba
Misión cumplida y reto conseguido. Carlos había conseguido ser Ultrero. Ramón y yo no morir en el intento y Spanjaard una nueva ruta a sus costillas de experto corredor de fondo.

Todos contentos y hambrientos miramos el horario de trenes, compramos billetes, nos tomamos una tortilla de patatas, compramos refrescos y donettes y nos montamos en el cercanías con las piernas cansadas y el ánimo por las nubes.

Carlos no está borracho, solo está cansado
Gracias, Luis, por cuidarnos, por mostrarnos el camino, por habernos regalado la ruta, el día y sus recuerdos. ¡Ah! y cuando se nos ocurra crear eso de los "Miembros de Honor de CorriendoporelCampo", recuérdanos que te debemos algo. 

Gracias también a Rita, a Miguel, a Edu y a Manu por compartir con nosotros vuestra amabilidad y vuestra experiencia.

¡¡Nos vemos pronto corriendoporelcampo!!


27 ene. 2012

EL NIÑO DE LA MEDIA PLANTA

Hace ocho días que no digo esta boca es mía. Y la última vez que le di a las teclas fue para quejarme de la incompresión que padezco por esto que tanto me gusta: andar-trotar-correr por el campo.

Aún así, siempre he sido rebelde (con y sin causa) y poco dado a seguir los consejos ajenos. De hecho, suelo hacer lo que me viene en gana y, sobre todo, lo contrario de lo que tratan de imponerme, incluso cuando es eso lo que iba a hacer en un principio. Así de cabezón es uno...

La semana pasada salí 5 días de marcha.

Tres días (lunes, miércoles y jueves) en corto y por CR. Dos de ellos rápidillo, aunque sin pretensiones y otro con cambios de ritmo por eso de no amodorrarme mucho. El jueves coincidí con Patricia y Nuria en la zona del Campus. Se están iniciando en este diabólico vicio del carrerismo. Pa ellas hacen... Pronto las liaremos para que se vengan a correr por el campo para que se hagan unas adictas como nosotros...

El sábado por la mañana tocó bici. ¡¡¡¡BICI!!!! Me fuí para luchar contra mi experiencia de la semana anterior cuando recorrí a lomos de la de dos ruedas los campos cercanos a Poblete en compañía de Jorge. Con solo 20 kilómetros tuve suficiente para descubrir que el culo tiene huesos y que estos duelen mucho más que mucho.

Ese día, para cambiar de verdugo, había quedado con Ramón (nuestro oh, Líder) y con Pedro (que ya iba siendo hora). Cuando llegué al sitio acordado me sorprendieron diciéndome que también vendrían Carlos y Manolo, de los ALACRANES (unos fenómenos del bicicletismo extremo). Al oírlo pensé que no había sido buena idea aceptar la invitación de Ramón y Pedro. ¿Qué pensarían los Alacranes de un tipo subido en una bicicleta sin frenos de disco, con rastrales de los de antiguamente y, lo peor, ¡con transportín! (es la base para la sillita de Paula y no voy a estar poniéndolo y quitándolo para cuatro veces que cojo la bici...).

- Qué hacemos? - preguntaron
- Lo que queráis - dijo Manolo. Sé que no lo dijo porque fuera "sobrao", pero a mí me arrugó la moral. No obstante, como uno es un poco chulito, yo también tuve que decir: "a mí me da igual" - mientras pensaba que si me reventaba tendría que tirarme al borde del camino y hacerme el muerto durante un rato (yo me hago muy bien el muerto)
Menos mal que Ramón, inteligentemente, dijo: Vamos a llanear, ¿no?
Los demás asintieron. Yo respiré.

Empezamos a darle a los pedales (yo también a la cabeza, pensando si me dolía el culo, si aguantaría, si se aburrirían por mi culpa...)
Poco a poco fueron pasando los kilómetros y yo me iba encontrando cada vez mejor. Incluso me divertía...
Estaba pendiente de las sensaciones sobre la bicicleta, tan distintas a las de correr. No sé si lo que penas cuando subes es lo que aguantas o aún te queda fuelle; ni si cuando revientas, revientas del todo o todavía el cuerpo puede recuperar. Bueno, de hecho me equivoco muchas veces y cuando quiero poner un piñón más grande pongo uno más pequeño y al revés.

El que sale de espaldas es Pedro (es que le había dicho a Arancha que iba a por tabaco)
En ésas estaba cuando llegamos a un "puente" de piedras donde paramos a comprobar qué pasaba en el agua que se "movía" sola. Nos bajamos, miramos y descubrimos peces que coleteaban (con perdón) como si estuvieran de fiesta. Qué alboroto acuático, que mueve-mueve. A las horas que eran, debía ser un after de fauna fluvial... Echamos un vistazo y, como suele ser habitual por estos lares, cada uno dimos nuestra opinión "científica" del motivo de tal fenómeno natural: falta de oxigeno por la sucia mano del hombre, excitación sexual incontrolada, escasez de agua, movimientos sísmicos imperceptibles para los humanos. Sin llegar a ningún acuerdo nos subimos nuevamente a las mulas y seguimos dándole a los pedales.

Investigando
Al final, unos 44 km en unas 2:30 horas con muy buenas sensaciones para esta cuerpa serrana no habituada a tales vehículos lúdico-deportivos. Tanto que ya tengo ganas de repetir...

Carlos, Ramón, (Pedro, que no vino) y Manolo
El domingo volvíamos a nuestras sendas. El oh, Líder Ramón, el alacrán Carlosel, que se está aficionando a lo de correr por el campo, y yo nos fuimos a reconocer nuevamente la zona cercana al pantao de Gasset para tratar de trazar una rutilla corta y de escasa dificultad para que se convierta en la "I Carrera de Montaña (o casí) Villa de Fernán Caballerro". Y bien que la trazamos, no sin antes corretear por sendas, caminos, pistas, pedrizas, cortafuegos y demás espacios naturales del entorno. A la vez que corríamos pensábamos si la ruta era bonita, fácil, difícil, peligrosa, atractiva...
Homenaje al Presidente
A Carlos no le convence algo del atuendo de Ramón

Y, como no podía se de otra forma, también hubo tiempo para los chascarrillos, las anécdotas y los cachondeos varios entre nosotros. Nosotros sufrimos cuando el monte se empina (con perdón) pero, en definitiva, acudimos a él para disfrutar, sin más.

Esta vez, el chascarrillo-broma-cachondeo se produjo tras una espeluznante bajada que hicimos a todo lo que daba la máquina (de forma imprudente, sin duda). A Ramón solo se le ocurrió decir (cargado de razones, aunque sin añadir explicación alguna al respecto) que la clave de las bajadas peligrosas es METER BIEN LA MEDIA PLANTA, que con eso estaba todo solucionado. No hay problemas de fascitis, esguinces, torceduras, periostitis, contracturas, rodillas, ligamentos y demás chicha, hueso, músculo y tendón que no pueda evitar lo de "meter bien la planta". Empezamos a recordar esos anuncios americanos de la tele-tienda, poniendo voces impostadas para decir eso de: "recuérdelo, amigo, cuando baje una pendiente a todo trapo, no se preocupe de nada, meta la media planta y déjese llevar" o eso de "aún recuerdo mis problemas de sobrecarga cuando no metía la media planta" o "y si esto le parece poco, en vez de meter solo una media planta, si nos llama en los próximos cinco minutos, podrá meter también la otra" Y no sigo. Si quiere, que lo explique Ramón (que es el único que entiende lo de "meter la media planta") o algún manual de Freud, por si tiene algo que ver con el tema sexual...
El niño de la media planta
En fin, que a base de correr cerro arriba, cerro abajo y de decir sandeces sin sentido, lo pasamos en grande. Tanto que pasado mañana (el domingo 29) nos vamos a correr con el amigo SPANJAARD desde Segovia a Madrid (no al centro, sino a Villalba), unos 50 kilometrillos de nada...

Cómo están las cabezas, diréis. Pues no os acerquéis, porque Carlos (el alacrán) solo ha venido dos veces a correr con nosotros y ya se ha apuntado a la locura spanjaardiana de cruzar la sierra de Madrid por el Camino de Santiago, en sentido contrario, claro.

Ya os contaremos...

12 ene. 2012

EL MÉDICO ME HA RECETADO QUE CORRA


Ayer le decía a Santi Palillo en su blog que de mayor quiero ser como él. Se ha propuesto correr día sí, día también... Que ¿por qué?, él sabra...

Como resulta que para correr todos los días no cabe la posibilidad de saltarse ninguno, hay que ser cabezón para hacer lo que se ha propuesto hacer Santi. O ser un tío verdaderamente responsable y consecuente con sus propósitos. O estar más p'allá que p'acá. O gozar de una voluntad de hierro. O ser Santi Palillo. Pero yo no quiero correr todos los días. ¡Qué hartura!

Por eso, al hilo de lo anterior, también le decía que llevaba tres días seguidos que me muevo menos que los dientes de arriba: el lunes porque me di un buen tute el domingo en la sierra de Malagón (aquí tenéis las fotos si queréis verlas); el martes porque saldría el miércoles; y el miércoles porque tampoco pasaba nada porque un día no corriese.
A la vez, recordaba que esa misma tarde, mi amigo Marcos, el galego (por cierto, ahora que lo pienso conozco a muchos gallegos y todos, que yo recuerde, son tipos muy, pero que muy majos; incluso Teo, que además de ser majo es un cachondo mental) Bueno, a lo que iba, que Marcos me dijo, medio en broma, medio en serio, que pensaba que había perdido la cabeza con lo del correr y que quizá estaba volviéndome vigoréxico. Y me lo dijo medio en broma, medio en serio, como cuando se quieren decir las cosas sin molestar, pero sin dejar de decirlas. Y para remarcar lo acertado de su opinión serio-bromista, apostilló: "lo hemos comentado varios". Lógicamente su lado profesional (el de abogado, no el de crápula) le impidió decirme quiénes lo habían comentado. Yo, respetando el sacrosanto secreto profesional, no le puse en el compromiso de tener que decirme eso de "pero no le digas que te lo he dicho"

No amigos, no estamos locos (que sepamos... aunque quizá nos pase lo que a los adictos, que hasta que no empecemos a reconocerlo...) Tampoco somos adictos, simplemente disfrutamos. Lo que sucede es que, aún hoy en día, resulta mucho menos chocante acudir al bar todos los días después de currar a tomar una cervecita (una sola, no digo mamarse como un perro), que correr varias veces por semana (no digo todos los días). Si no paras un solo día de beber no hay problema; ahora, como no pares de correr... Mucho cuidado con los que no paran de correr. Algo deben, de algo huyen, algo temen...

Para el que no corre, si alguien corre mucho es que atraviesa una crisis (la de los 40, por ejemplo), tiene un/a amante (y lo que quiere es estar más guapo/a y esbelto/a para el/la otro/a) o, lo peor de lo peor, corre por obligación, porque le ha dicho el médico que debe hacer deporte. Por eso alguna vez te preguntan: "pero... ¿es que te pasa algo?".

A partir de ahora, voy a empezar a decir que el médico me ha recetado hacer deporte, sobre todo correr, como cuando digo que estoy casado para no tener que explicar que Marisol y yo estamos juntos porque, simplemente, nos da la gana o para no tener que escuchar las bondades del casorio o, lo que menos aguanto, las desventajas jurídicas del arrejuntamiento.

5 ene. 2012

NAVIDADES A LA CARRERA

Ya no me acuerdo de por dónde iba...

Esto es una locura. Lo del blog, lo de las Navidades, lo de la vida... Ah, y lo del correr.

Hay que correr para todo. Termina el verano y, cuándo te quieres dar cuenta, te das con la nariz en la Navidad. Te tomas una cañas el día 24 para ir haciendo poso y, cuando te das cuenta, se ha terminado el año y estás atragantándote con las uvas. Vas a felicitar el nuevo año y, cuando comienzas a escribir el primer mensaje, te sorprendes a ti mismo pensando qué regalar. ¡Ya es cinco de enero!

Así es la vida; y, como la vida, los blogs. Como te descuides, ya no sabes qué has hecho, qué has corrido, ni qué campo, monte o carrera has disfrutado.

Tendré que resumir (no por falta de espacio, sino de memoria). Además, no tengo ganas de "enchufar" el GPS para que me diga qué, dónde y cómo he corrido estos días. Si no me acuerdo de algo, será por algo...

A lo que iba...

Entre pitos y flautas, estas fiestas han sido moviditas en lo que al carrerismo se refiere.

El 25 de diciembre, NAVIDAD, como tuve la suerte de irme a la playa, estuve corriendo por Guardamar del Segura, haciendo la rutilla que "descubrí" esta Semana Santa por el Cerro de la Antena (es que no sé cómo se llama), un lugar precioso que, para los de secano, tiene un encanto especial al llegar arriba y contemplar el Mediterráneo.

Tal y como os contaba en el post anterior, a Luis se le metió entre ceja y ceja que teníamos que hacer una tirada larga para ver cómo reaccionaba la cuerpa. En realidad lo que le tenía machacado el "celebro" fue su "abandono" en la ANTINORTE de SPANJAARD a los veintitantos kilómetros (lo más que había corrido en su vida). Como el muchacho es cabezoncejo, se le metió que debía parar a esa distancia y así lo hizo. Cuando se vio sentado en el autobús camino de Madrid capital, inflándose de orejones, jamón y frutos secos, pensó que podía haber seguido... Ese fue el motivo.

Así que, el día 29 de diciembre (jueves) Luis, Jorge y yo comenzábamos nuestra andadura-corredura (con perdón) desde el anejo de Valverde. La llamaremos... "EL RUTÓN DE NAVIDAD" (por eso del juego de palabras, el turrón... ¡qué chispa, amigos!). El día era magnífico: frío, mucho sol y poco viento. Subimos al volcán de Peñarrolla...

En lo alto del Volcán de Peñarrolla
... bajamos hasta la laguna por un camino precioso...

Tan bonito estaba el campo que a Jorge se le fue la pinza...
... rodeamos la laguna, subimos a tronchamontes una de las laderas del volcán (en vez de haber seguido la Ruta del Quijote)...

Así era el monte bajo que hubo que atrevesar y así de contento estaba Luis
... correteamos unas suaves lomas...

Jorge ya iba con su rodilla "a las tres"
... y bajamos hasta el Guadiana por una escarpada ladera que hizo las delicias de los tres...
No se aprecia la escarpada ladera, solo las delicias...
...seguimos hasta el Puente de las Ovejas (construcción romana, que fue utilizado como contadero de ovejas y punto de recaudación de tributos por la Mesta), leímos lo que allí nos contaba el cartel...

Se ha quedado obsoleto: el puente ya ha sido restaurado
... hicimos unos retratos, unas bromas...
Como soy un soez, aquí imitaba a Carmen de Mairena, diciendo eso de "cómeme el c..."

...cruzamos al otro lado, seguimos el camino y llegamos a El Martinete  (enigmática fundición del siglo XIX única en España que posteriormente fue fábrica de luz).
Comimos jamón (como nos había enseñado D. Luis Arribas), echamos un trago y echamos de menos unas cervezas...

... nos hicimos unas fotos y salimos de allí corriendo.


Desde allí, enfilamos la ribera del guadina por el GR para volver hasta la finca Villadiego (sí, ya os dije que es la misma del dicho "tomar las de Villadiego"). Jorge ya no podía ni andar, así que tuvimos que pedir refuerzos. Raquel acudió a por su contrario para trasladarlo a su morada (y morado tuvo que ponerle por haber hecho la locura de acompañarnos, sabiendo que tiene la rodilla hecha steak-tartar)

Hasta entonces habíamos trotado-corrido o wokin-ranin, que diría Iván... Y hablando de Iván, éste salió a nuestro encuentro desde Poblete (había estado trabajando en Madrid esa mañana) para correr un rato con nosotros a la verita del río... y para llevarnos agua, isotónica, gominolas (otra madraza para nosotros...)

Iván y Luis casi llegando a Villadiego
Corrimos (o nos arrastramos, no sé) pero, al final, acabamos llegando a Villadiego, al Puente de Alarcos por el tramo de carretera que viene desde Poblete, subiendo la cuesta (que costó) del camino que nos llevó, finalmente, hasta la tranquila localidad de Valverde, inicio y fin de la ruta. Al final 44 km para la cuerpa en unas 7 horitas, paradas y comidas incluidas. Poco ritmo (andando más de la mitad), pero buena distancia y buen tiempo de actividad total. Luis llegó derrotado de cuerpo, trastornado de cabeza y henchido de espíritu. Sin duda, un buen entrenamiento superando la distancia del maratón.
¡¡¡¡¡Qué bonito está el campo!!!!!
Solo dos días después, coincidiendo con el último día del año, nos fuimos a LA CARRERA DEL PAVO (que así se llama la San Silvestre Culiparda -de Ciudad Real-). Acudimos Ramón, Paco (el inconmensurable) y yo. Tres. Tres ritmos, tres estrategias, tres filosofías, tres formas de correr. Ramón a toda leche (completó los 6.000 metros a un ritmo de 4 min./km) Yo, del montón, como siempre (en 29 minutejos) y Paco, disfrutón, incluso con paradillas para estirar sus gemelos que son como el chicle, pero de madera.

Al final, dicen las malas lenguas que por enchufe, salimos hasta en el periódico en papel (Ramón) y en su versión digital (Paco y yo).
No sabemos si Paco (detrás) corría o saltaba a la goma "chino, japonés, media vuelta y al revés"
Y, como si con esto no tuviéramos bastante, el DÍA 1 DE ENERO por la mañana habíamos quedado Ramón y yo para comenzar el año corriendo. Además, como lo colgamos en Facebook, Iván (que padece la misma enfermedad metal que nosotros) se presentó en el sitio y a la hora anunciados. Como el muchacho va sobrao y nosotros no decimos a nada que no, nos dirigimos desde Peralvillo (embalse del Vicario) hasta el embalse del Gasset, no sin antes hacer alguna que otra subida a tronchamontes dirigida por Iván (y bajada derecha, dirigida por el miedo de oír disparos de escopeta cercanos). Como la cosa iba bien, en vez de llegar a la presa, les "enseñé" un bonito y escarpado cortafuegos que hizo las delicias de los dos hombres-cabras que me acompañaban. Yo, por si se caían y había que pararles en la bajada, subí bastante por detrás de ellos, no fuera que... Bueno, cuando llegamos arriba contemplamos las maravillosas vistas del pantano y de nuestra querida Sierra de Malagón (que la tenemos también entre ceja y ceja)

Trago de agua, barrita y bajada a tumba abierta cortafuegos abajo. Iván en cabeza hasta que se torció un tobillo (éste sí los tiene de goma, no como Paco...). Paró tres segundo, echó tres votos y empezó a correr nuevamente cuesta abajo como alma que lleva el diablo.

Aquí no se aprecia, pero son 500 metros de distancia para cubrir casi 100 de desnivel
Después, volvimos -a ratos por caminos, a ratos por mitad del campo- siguiendo la ribera del río Bañuelos, terminando los 18 km con un progresivo que nos puso el corazón dispuesto a sustos para todo el 2012. Menos mal que después nos rehidratamos con una buena cerveza en El Campestre acompañada de un pincho de tortilla tamaño familiar (de familia numerosa)

Y, después de dos días de descanso, ayer, aprovechando la tarde de sol, Ramón y yo nos fuimos a LA ATALAYA para correr 10 kilometrillos de sube y baja a ritmo para no perder chispa. Y él luego tenía "entrenamiento funcional"... Con razón es el líder... Se está poniendo más fuerte que el vinagre...

En resumen, unas fiestas con turrón, polvorones, mazapán, la bebida lo que se nos ha puesto por delante. Hemos trasnochado... Y hemos corrido. El caso es disfrutar, cada uno a su manera.

Esperemos que el nuevo año sea, al menos, igual de bueno que éste. Seguimos vivos, que es lo importante.

¡¡¡¡FELIZ AÑO 2012 A TODOS!!!!