29 feb. 2012

Nos vamos a NUEVA ZELANDA

He visto este video en el peaaaaso de blog de SER13GIO (http://ser13gio.blogspot.com/) y quería compartirlo con vosotros.


Al verlo te entran, por un lado, unas ganas de correr que ni corriendo se te quitan y, por otro, y con la que está cayendo, unas ganas de abandonar el país para irte a Nueva Zelanda, a Laponia o dónde sea...
Sergio dice que quizá podríamos pedirle al gobierno que nos subvencione el viaje (solo de ida) y así dejamos puestos vacantes y mejoramos el nivel de empleo.
Lo mismo nos dicen que NO, pero todo es cuestión de esperar un poco. Quizá la semana que viene pueden decirnos que SÍ.

27 feb. 2012

Y seguimos...

Lo cojo donde lo dejé.

Era martes por la noche y fuí a correr con Ramón. Diez kilometrejos en progresión, empezando a 6:00 min/km y terminando a 4:20 min/km. Buenas sensaciones para los dos. Además, Ramón venía de correr dos días antes en Valdepeñas una media maratón en 1:31 h. casi sin despeinarse (es que tiene el pelo muy corto)

El jueves tuve que irme otra vez yo solito para enfrentarme a la desconocida causa de mis síntomas alérgicos.

Sin embargo, solo me cansé, pero de lo de la alergia, nada de nada. La noche no solo no me confunde, sino que respeta mi nariz. No picor, no mocos, no estornudos. Al parecer, por la noche no se poliniza (vegetalmente hablando, ya me entendéis)

El viernes se presentaba complicado. A pesar de ello y gracias a los padres de la madre de mi hija pude escaparme con Jorge a correr un ratico por la Atalaya. El pobre lleva lisiado desde que corrimos el Quixote Maratón en octubre con problemas en sus ancas (en concreto, las rodillas) y está deseando poder correr monte arriba, monte abajo por esos campos manchegos (y por los que sea menester). Con una temperatura ideal (en manga corta y luciendo canillas) nos divertimos juntos como hacía mucho tiempo, haciéndonos un circuitillo de sube y baja por el parque forestal que nos dejó la mar de contentos. Se nota que le ha dado a la bici durante todo este tiempo de lesión. Sus fuerzas siguen ahí y su patata funciona a la perfección. Al llegar a casa vuelvo a los estornudos, los picores de nariz y a los mocos. Tiene que haber algo en la Atalaya que no me va, aunque esta vez la intensidad ha sido menor. Tendré que descubrirlo...

Y llegó el domingo, otro día de solazo impresionante. A pesar de no contar con la presencia del Líder (¡oh, Líder!), se sumaban al carrerismo campestre tres miembros (con perdón) ausentes desde hace tiempo: Luis -nuestro querido Presidente-, alejado de los campos por enfermedades filiales encadenadas; el inconmensurable Sr. Vargas al que le invadió primero el trabajo y después la pereza; y Jorge, el de las rodillas tiernas y escabechadas.

La cosa tenía que ser bonita (para que le volvieran a coger el gusto), corta (para que no se hartaran) y suficientemente dura en momentos puntuales (para que se siguieran sintiendo capaces). Nos fuimos al pantano del Gasset, dejamos el coche cerca de la presa y comenzamos a correr despacito hacia un precioso bosque de eucaliptos. En mitad del bosque les desvié para que pudieran ver (y patear) unos preciosos canchales que, a su vez, dan a un antiguo cortafuegos casi borrado por la vegetación.

Luis y Paco por el bosquecillo de eucaliptos
Volvimos al camino del bosque, lo cruzamos, subimos un cortafuegos, contemplamos las vistas y aprovechamos para echar un trago de agua, continuamos -esta vez por una rápida bajada- hasta llegar al llano para, poco después, volver a subir por un empinado (con perdón) caminito que hizo las delicias de todos (unos cien metros de subida en poco más de cuatrocientos de distancia) para, al final, poder contemplar desde arriba el pantano de Gasset y, al fondo, nuestra querida sierra de Malagón.

Luis llegando a arriba
Los insultos de Paco se oyeron mucho antes de que llegara
Después de reagruparnos, comenzamos la bajada hasta el pantano, volvimos a llanear, pasamos por otro bosquecillo, ascendimos muy suavemente a la verita del agua unos pocos metros y volvimos a bajar hasta donde habíamos dejado el coche una rato antes.

Todo perfecto. Las rodillas de Jorge le permitieron correr, trotar, subir, bajar e incluso darles caña al final, terminando a menos de cuatro minutos el kilómetro durante los últimos metros de la bajada. "Parece que tengo una pequeña molestia"- me dijo mientras yo veía en mi reloj 3:50 min/km. ¡Será cachondo!

Luis terminó con ganas de seguir corriendo, pero como es de naturaleza prudente, pensó en cambiar unos kilómetros de más por unos pinchos de tortilla con unas cervezas fresquitas en el camino de vuelta a casa.

Paco acabó el trote como suele hacerlo: renegando y prometiendo que jamás volvería a subir esas cuestas (hasta la próxima vez, claro).

Yo, como siempre, feliz un día más. Y esta vez pasé por pinos, eucaliptos, monte bajo... y nada de los estornudos. Seguiremos observándonos...

En definitiva un día más de campo, risas, trotes, chascarrillos y cervecitas y acompañamiento sólido para finalizar.

¡Nadie da más por menos!

21 feb. 2012

ALERGIA


Sí, sí, ya sé que hace tres semanas que no digo esta boca es mía, pero es que he estado... ¿malo? ¿enfermo? ¿alérgico? ¿infectado? ¿todo junto?

Lo último que os conté fue que me había ido con el chalado de spanjaard (bueno y con Ramón y con Carlos y con otros tronaos madrileños) a correr su inveniiiiiiza desde Segovia a Collado-Villalba, más de 50 km entre pecho y espalda (¿o debería decir entre cintura y pies?), una distancia como para pensar en parar un par de días no fuera que se me aflojasen las bielas y petara. Además, en las revistas del correr (que por cierto, plagian de lo lindo según ha podido comprobar el pobre Mayayo) dicen que en lo del carrerismo campestre es muy bueno meter tres semanas de carga y una de descarga. Pues descarguemos después de la carga, pensé.

Y tanto que descargué. Después de cuatro días sin rascar bola, el viernes de esa semana me fui con Iván a correr por la Atalaya después de comer. La cosa empezó bien, muy bien diría yo. Con fuerza, con ritmo, con alegría... hasta de que, de pronto, la cosa no iba. No me entraba el aire, empecé a notar un cansancio raro... Lo achaqué a que había empezado demasiado fuerte. Iván también. Al terminar, ya en el coche, de vuelta, empecé a estornudar como si no costase. Me picaban los ojos, se me caía el moco... Y así, hasta el día siguiente.

La semana siguiente me picó el pollo de la gripe y me tocó fiebre y dolor de garganta. Como la mayoría de españoles me automediqué con AINES (ibuprofeno) y la gilipollez del Frenadol (que ni frena, ni vale pa ná) pensando que ya pasaría... No solo no pasó, sino que se hizo con mi cuerpo (sin disfrute ni nada) hasta que tuve que sucumbir y acudir al facultativo (esta vez titulado) para que me dijera que tenía infección en la garganta como para matar a Riesgo y hasta a su prima (para haberlo sabido antes...). Antibiótico que te crió y a mejorar (el que tiene un cuerpo agradecido, ya se sabe).

Este viernes, prácticamente restablecido de mis dolencias, no pude soportarlo más y me fui nuevamente a la Atalaya para hacer un subeybaja como cabra locuela y despreocupada. Todo fetén, pero al subirme al coche comencé nuevamente a estornudar y moquear como si no costase. Los mismos síntomas de la otra vez ¿A que voy a ser alérgico?

Al día siguiente, sábado, me fui a una marcha de senderismo organizada por el ICA. Dieciséis kilómetros por el puto campo y ni un estornudo. ¡Qué raro!

Ayer, después de comer, con el bocado en la boca, me fui a correr por los caminos de Sancho Rey: 51 minutillos y 10 km para la buchaca. Al llegar a casa mocos y estornudos. ¡Otra vez! Y esta vez no cogí el coche. Así que descarto la alergia al microclima del vehículo. Puedo aguantar otros seis meses sin limpiarlo

Esta noche correré otra vez para descartar la alergia a la luz solar.

¿A que voy a ser alérgico a correr?

Mi madre siempre dijo que era un muchacho muy sensible...