17 may. 2013

De Arroba de los Montes al Estrecho de las Hoces

Sábado, 11 de mayo. Era un sábado de los de correr.

Se corría la Transvulcania en la isla de La Palma (83,3 km. 4415 m. D+ y 4110 m. D-). Allí estarían Toty, Iván, José Luis, Marín, Luismi. Máquinas del carrerismo campestre y de lo que les pongas.

Y en Castellón, además de la CSP 115 km., se correría la Marató i Mitja (MIM) (63 km. 2850 m. D+ y 1600 D-). Allí disfrutarían Luis, Jorge, Ricardo y el gran Manuwar. Máquinas de lo que les pongas también, pero éstos -como yo- en versión diésel.

Incluso alguno habría por ahí, como nuestro querido amigo Daniel (De T run is T life), corriendo los 101 km de Ronda

Y aquí, en La Mancha, un pura sangre y un diésel "deshacendaos". Juan Carlos y yo. ¡No podía ser! No podíamos quedarnos quietos. No tendríamos tanto tiempo como los de la Transvulcania o la MiM, porque Juan Carlos tenía una comunión en Toledo y yo tenía una comida (a la hora de comer, claro) y un cumpleaños que se preveía como "merienda-cena-ydetó". Así que decidimos hacer una ruta cortita, pero por un sitio que no conociéramos. El lugar elegido sería todo el monte que hay entre las poblaciones de Arroba de los Montes y Puebla de Don Rodrigo. 

Eran las 6 de la mañana cuando Juan Carlos pasaba por mi casa para hacer los setenta kilómetros que nos separaban del inicio de nuestra ruta. Llegábamos allí con luz. 
Juan Carlos acicalándose

Dejamos el coche en el pueblo y tras una primera intentona errónea salíamos de la población y comenzábamos a subir directamente y sin anestesia hasta la cuerda de la Sierra de Arroba. Un kilómetros y medio para ascender unos doscientos metros.  


Subiendo a la Sierra de Arroba
Nada más volcar hacia el lado sur de la sierra, el paisaje empezaba a cambiar. Más verde, más tupido, más bonito.


Pronto te encuentras con una puerta que puede traspasarse sin problemas y, desde allí, se desciende por un cortafuegos hasta una pista en perfectas condiciones que discurre por la mitad de la falta del cerro, con vistas a la Sierra de Enmedio.
La valla
El inicio del cortafuego

Juan Carlos por delante y por detrás (con perdón) y la Sierra de Enmedio


Desde esa pista perfectamente conservada (parece que la han barrido) se comienza a descender muy suavemente a lo largo de unos 10 km. Se trata de una de esas bajadas en las que, sin tener apenas sensación de descenso, las piernas van rápidas y sin esfuerzo. Ni cuesta, ni te cargas. Además, nosotros lo hicimos despacio porque el paisaje era precioso, la temperatura ideal y parábamos para poder contemplar lo que se abría ante nuestros ojos, para hacer una foto o para tratar de ver lo que oíamos entre el bosque. Vimos alguna serpiente, muchos pájaros y algunos ciervos.

Después de esos 10 km vemos el río Guadiana, uno de sus meadros, justo antes de encerrarse en el Estrecho de las Hoces.


Justo después vuelves a perder de vista el río, porque el camino empieza a descender aún más y el terreno de la izquierda queda cada vez más alto. Sin embargo, nosotros nos apartamos del camino para poder contemplar nuevamente el río.
Subiendo una bonita loma para contemplar el río Guadiana
Mirador natural


Desde allí el espectáculo es magnífico. Todo el meandro abajo, el Estrecho al fondo, la sierra, el ruido del agua, los pájaros, el olor a campo, una luz preciosa y nada más.

Volvemos otra vez al camino por donde habíamos llegado y nos acercamos, ahora sí, al río en una bajada más directa. No obstante, antes de llegar a abajo nos hacemos unas fotos que, en realidad, no sirven ni para trasladaros lo bonito que estaba todo, ni la alegría que teníamos por estar allí. En dos horas solo habíamos estado corriendo, oliendo, mirando, viendo, disfrutando, sin nadie que nos molestase.





Y después de las fotos, ahora sí, bajamos finalmente al nivel del río, lo que aprovechamos para comer unas barritas de cereales con chocolate que estaban de escándalo.


Un descansito y a seguir corriendo. Sin embargo, esta vez el camino se dirigía desde el nivel del agua hasta lo más alto de la sierra de Enmedio, poco a poco, sin mucho desnivel, pero sin parar de subir. Ahora iríamos viendo el valle a nuestra izquierda, intuyendo a lo lejos por dónde habíamos bajado a la ida. Los metatarsos de mi pie izquierdo estaban empezando a inflamarse. Es lo que tiene hacer el bestia unos días antes por piedras con unas zapatillas desgastadísimas con más de 1500 km en su suela. Cada piedra que se clavaba me iba doliendo más, pero no pararíamos. Más de diez kilómetros de subida con un pequeño falso llano en mitad. El paisaje, igual de bonito que antes.

De repente estábamos en la carretera que une la Puebla de Don Rodrigo y Arroba, pero justo antes de llegar a ella, bajamos por un cortafuegos en lo que sería la parte final de nuestro recorrido, una sucesión de desniveles importantes hacia arriba y hacia abajo que no nos darían tregua hasta llegar, nuevamente al inicio de la pista que habíamos cogido al principio después de subir y bajar parte de la Sierra de Arroba.


Desde allí solo quedaba desandar lo andado, subir y bajar directamente a Arroba de los Montes para terminar con casi 31 kilómetros en las piernas, 1060 metros de desnivel positivo y 4 horas de monte para recordar.

A las 12:15 estaba de vuelta, ducha rápida y al campo, esta vez para comerme una fabulosa paella con amigos, amigas, churumbeles y mucha cerveza.


Paella by FELIPE

Si quieres ver la ruta completa en WIKILOC, pincha aquí.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y yo que me la llevé al rio...
Muy bonito todo chicos, a ver si nos lleváis.
L.

cabesc dijo...

¿puertas? ¿solo la mencionada?

salu2 máquinas

CorriendoporelCampo dijo...

Ay, Luis... ya iremos
Cabesc, la mencionada y otra que podía abrirse sin problemas justo en el cortafuegos que había al lado de la carretera entre La Puebla y Arroba