15 mar. 2015

Corricollano. Llegamos, vimos y vencimos



Pero sólo porque no era una carrera y porque, además, correr era lo de menos.

El domingo pudimos disfrutar de la hospitalidad del Corricollano, ese club que lo mismo obtiene resultados inmejorables en maratón, manda a diez personas a los 101 de Ronda o se marca un cocido para trescientos amigos y conocidos. Así, sin alharacas. Habían organizado una salida de amigos por la Dehesa Boyal de Puertollano, un paraje magnífico para triscar, pasear o montar en bicicleta, y hacer entrega a continuación de los corrijotes, los premios anuales del club.

Llegamos prontito después de recoger borrachos por las cunetas, a uno directamente en una rotonda. Día soleado y temperatura inmejorable para esto del correr por el campo, en el punto de no estar seguro de si te llevas los guantes o si te pones una capa más: en Puertollano o Ciudad Real eso significa que no debes hacerlo.



Durante un par de horas vimos gentes disfrutando al echar un rato en el monte con amigos, conocidos o simplemente con otras personas con las que se comparte afición. Entre ellos había un espécimen de corredor de esos que todos aspiramos llegar a ser cuando seamos mayores: setenta y muchos, con cuerpo para seguir haciéndose sus dos horitas y con las ganas suficientes como para no recortar ni diez metros. “Yo sigo por donde vaya Julio”, decía. De existir y haber tenido esta afición, el hombretón de La Solana no sería muy diferente. Vuelve uno a casa con un par de cosas claras.

Y vencimos porque al llegar nos agasajaron sin tino ni merecimiento. Todo eran cosas ricas que no tenían fin. Choche estuvo pendiente de que no nos faltaran botellines (“que se los bebe JAN…”, pensaba Miguel; “allá él si me los bebo”, pensaba JAN) y la nueva presidenta fue muy simpática y estuvo muy acertada en su intervención (esto lo digo en el necesario tono institucional que caracteriza las relaciones entre clubes).





El último mohicano



Lo que más me gustó a mi fueron los premios. Con ellos corricollano distingue a algunos de sus miembros (con perdón) por sus méritos, de los de competir y también de los de otro tipo. Estos segundos son más importantes que los primeros en un club deportivo: sin lograr buenas marcas un club puede seguir siendo un buen sitio para estar, al que pertenecer, pero sin buenos compañeros no dura ni un suspiro. A uno de ellos le mencionaron por haber acompañado durante varias horas al amigo lesionado, o deshidaratado, o lo que fuera, en un ultra trail de montaña. De eso se trata, claro. Bueno, y luego está Luismi, que reúne los dos tipos de méritos y además es un cachondo, así que su diploma estaba cantado. 





El resumen podría ser: a mi se me saltaron un poco las lágrimas por lo emotivo, Quique creía que algún premio le iba a tocar a él y Jorge no estaba pero se acuerda.




3 comentarios:

Quique CxC dijo...

¡Qué bien lo has contao, truhán!
Menos mal que nos iluminó el entendimiento de los que no lo tienen y nos fuimos antes de terminar como un choto con dos madres... Que íbamos derechicos a ello...

Jose Luis Perez de Inestrosa dijo...

Pero que bien que lo contís, leñe.������

Marcos Benavent Colomo dijo...

Que gran crónica, y emotiva