18 ene. 2013

Una marmota corriendo

durmiendo en vistoenlaweb.org
Después de padecer unos terribles terrores nocturnos durante la infancia y parte de la preadolescencia me convertí en lo que podría denominarse una marmota.

Me encanta dormir.

Soy un tipo de biorritmos nocturnos. Si a eso le sumas mi especial tranquilidad (mi abuela siempre decía que era un “huevazos”) el resultado es un tipo con poca prisa para acostarse y mucha menos para levantarse. Eso –lo de levantarme- me cuesta horrores.

Me encanta dormir.

No tengo problemas de insomnio. Tampoco tengo el sueño ligero y, aunque me levante en mitad de la noche, vuelvo a dormirme como un bendito como si nada hubiera pasado. Y si me dicen que tengo que dormir, me duermo. A cualquier hora. Me da igual que entre luz por la ventana o que me encuentre en la más absoluta oscuridad. No “extraño” camas y las “cartas de almohadas” de los hoteles me parecen una broma. No echo de menos la mía y me da igual si ésta es dura, blanda, alta o baja. No necesito pijama. No me muevo. No doy ruido. No ronco. Simplemente duermo.

Me encanta dormir.

Aun recuerdo a mi amigo Paco zarandeándome en las mañanas de los fines de semana para despertarme. Cuando llegaba a casa a la hora prevista –para ir a un entrenamiento, a un partido de balonmano, a la piscina o, simplemente, a dar una vuelta- yo aún estaba durmiendo. Daba igual que hubiéramos quedado a las nueve que a las once. Mi madre, cansada de intentar levantarme sin conseguirlo, le decía que pasara a llamarme a ver si así –aunque fuera por vergüenza- me espabilaba de una vez. No sabía mi madre lo duro que soy yo para la vergüenza. Bueno, sí lo sabía, pero no quería admitirlo. Al final, siempre llegábamos tarde. Después, cuando ya fui más talludito, recuerdo que, si salía por la noche y llegaba tarde, me pasaba el día durmiendo. El sábado y el domingo me levantaba a comer, eso sí, pero me volvía al “sobre” con el último bocado del postre en la boca.

Y nada me quita el sueño. Ni el café, ni la coca cola, ni el te, ni la prima de riesgo… A veces me viene a la cabeza algo relacionado con el trabajo pero, al final, me da un sueño pensar en el trabajo… Cuando quiero darme cuenta estoy dormido. Y no tengo pesadillas, ni sueños raros, ni nada de nada. Por eso no tengo bastante con un despertador. Ni siquiera me fío del segundo. Y me encanta quedarme un rato "perreando" en la cama, saboreando esa temperatura ideal del momento antes de poner un pie en el suelo. 

Me encanta dormir.

Por eso, cuando le digo a mi madre que algunos días me levanto a las 5:15 de madrugada para correr no se lo cree. Y eso que le digo que me voy con César y Nano, los gemelos. Los conoce y sabe que son buena gente. A pesar de eso, cree que estoy loco. Y, lo peor de todo, es que las madres siempre, siempre, siempre tienen razón y se salen con la suya.

¡Uy! las 00:12. En cinco horas me levanto. ¡Me voy a la cama! Me encanta dormir. 

1 comentario:

Kike dijo...

Jodío, ¡ya me está entrando sueño!