9 sept. 2013

Vivaqueando por el campo. 1ª Parte.

¿Alguien ha buscado en el diccionario la palabra "CABEZÓN"? Son varias sus acepciones, pero falta una.

Cabezón: Luis.


Cuándo algo se le mete en la cabeza... Y como la suya no es de escasas proporciones...

¿Convencerle de lo contrario? Imposible. ¿Hacerle recapacitar? Improbable. ¿Cambiar algo sus planes? Al principio creerás que lo estás consiguiendo, pero al final te darás cuenta de que ha hecho exactamente lo que quería hacer y, lo que es peor, creerá que ha flexibilizado sus planteamientos para adaptarlos al resto del grupo. Nada más lejos de la realidad.

Ya hemos tenido ejemplos de ello, como cuando dijo allá por el 2011 que él correría solamente los primeros cinco kilómetros de los diez que se corrían en la IV Carrera Urbana de Ciudad Real (podéis recordarlo AQUÍ) o como cuando se le metió entre ceja y ceja lo que después llamamos el RUTÓN DE NAVIDAD (lo podéis ver pinchando AQUÍ y AQUÍ) o sus amores con las rutas largas (con perdón), como la RUTA CALATRAVA, que el mismo nos contó AQUÍ

Quizá deberíamos abrir una sección que se llamara "LUISADAS". Bueno, si os parece excesivo, podríamos dejarlo en una sencilla "etiqueta".

No sé cuándo dije yo lo de "estaría bien eso de hacer vivac"... El caso es que Luis debió oírme. No sé si fue en ese momento o más tarde, pero su cabeza empezó a funcionar, dando cobijo a la siguiente idea: 

"QUIERO HACER VIVAC. VOY A HACER VIVAC".

Para el que no lo sepa, lo del VIVAC es simple y llanamente dormir donde te pille, al raso, sin tienda de campaña. Al parecer es algo que suele ocurrir de imprevisto, pero, como ya sabéis, Luis, antes de hacer algo, lo ata, reata y vuelve a atar en su cabeza. Y una vez atado, si tienes lo que hay que tener, tratas de desatarlo.

Empezó haciendo un sondeo para ver quiénes secundarían su idea. Jorge, Ramón, Juan Carlos y yo estábamos dispuesto, aunque solo mentalmente. No teníamos nada para lanzarnos a hacerlo. Así que Luis, para solucionarlo, compró cinco sacos a muy buen precio (23 €), un volumen reducido, poco peso (menos de 1 kg) y que aguantaban un rango de temperaturas suficiente (Tª Confort: 10,4 ºC; Tª Límite: 6,2 ºC; Tª Extrema:  -6,3 ºC). 

Siguió madurándolo y vio que sería conveniente una funda de vivac, algo así como una bolsa para que el saco se mantuviese seco y aislado del terreno mientras se dormía en él, protegiéndonos de las inclemencias del tiempo y procurándonos un cierto bienestar. Pero vio que las fundas eran caras, demasiado para simplemente probar la experiencia. Así que decidió que si el vivac se hacía en verano y en La Mancha o alrededores era poco probable que pasáramos frío y mucho menos que lloviese. Por tanto, con el saco y un aislante (esterilla de espuma -EVA- para aislarse del suelo) sería suficiente para hacer un vivac.

Y el 28 de junio llegó el GTP y nosotros a él más fuertes que el vinagre. Y conseguimos nuestro reto. Pero Luis seguía fraguando lo del vivac...

A partir del GTP levantamos el pie del acelerador (bueno, algunos incluso nos bajamos del coche) y aumentamos el descanso. Corríamos muy poco (casi nada), pero seguíamos comiendo y bebiendo como si cada día corriéramos otro GTP.  Y llegaron las vacaciones. El tiempo del relax, de la cerveza sin tino, de los helados, las siestas de tres horas... El paraíso.

Y llegaron los kilos. En mi caso 8 kg de diferencia entre el 27 de junio, día anterior al GTP, (86 kg) y el 22 de agosto, último día de ferias de Ciudad Real (94 kg). 

Y Luis estalló. 

Había que hacer VIVAC. 

- ¿Cuándo?
- Ya
- Pero, Luis, si es que Jorge está de vacaciones...
- Ya
- Ramón no está corriendo últimamente muchos kilómetros seguidos...
- Ya
- Pero es que Juan Carlos terminó saturado y habría que decírselo antes para que cuadrara sus guardias...
- Ya
- Pero ya ¿Qué?
- Que o lo hacemos ya o no lo hago

No era cuestión de contradecirle, ni de hacerle reflexionar, ni de dejarlo para otro momento en el que pudiéramos todos, rebajásemos algo el peso o adquiriésemos una forma física de, al menos, NO-FOCA.

- Bueno, vale...
- Este fin de semana. El viernes salimos. Del Castillo de Calatrava al Valle de los Perales (casi 50 km), dormimos allí. El sábado temprano salimos para Despeñaperros, lo que sea menester. Alguien irá a por nosotros...

Solo nos quedaba concretar qué metíamos en las mochilas y cómo sujetaríamos el saco y el aislante.

Se me ocurrió que podríamos atar la carga con unos cordones, pasándolos por esas trabas que tienen las mochilas (muchas veces en material reflectante) a lo largo de sus laterales y que nunca he sabido para qué eran. Probamos. Podría valer.




En cuanto a la legislación, solo con echar un vistazo puedes "intuir" que lo del vivac no está regulado como debiera. Lo de la acampada libre (con tienda) suele estar prohibido. No parece haber regulación a nivel estatal porque las competencias en esta materia están transferidas a las comunidades autónomas. Incluso dependiendo de los espacios naturales la normativa es diferente. Sin escarbar mucho, puedes advertir que el vivac cuenta con mayor permisividad que la acampada libre, aunque también está prohibido en algunas zonas. Es decir, que incluso podríamos ser multados.

Lo único que sabíamos a ciencia cierta es que nada más salir del Castillo de Calatrava la Nueva tendríamos que entrar en una finca (La Atalaya de Calzada) que aunque es pública se encuentra cerrada con valla, puertas, cadena y candado. Había que llamar al Ayuntamiento de Calzada de Calatrava para que éste avisase al guarda de la finca y nos abriera y cerrara las puertas.


Miramos las previsiones meteorológicas y parecía que llovería; poco, pero llovería. ¡Qué casualidad! Al no llevar funda de vivac quizá necesitaríamos algo para hacer un refugio. Para ello, Luis pensó que necesitaríamos un plástico, tela, toldillo o similar que sirviera como cubierta. 
¿Sería suficiente una cortina de ducha? Algo de impermeabilidad tendría, no pesa nada y, además, tenía hechos los agujeros en uno de los lados para poder sujetarla. Hicimos otros dos ojetes (con perdón) en el lado contrario por si había que atarla a otro sitio en caso de necesidad. Al menos nos quitaría el relente o rocío nocturno... 

También llevaríamos cuerda. Compramos unos vientos en una tienda de deporte. En "el chino" compramos lo demás: Bridas de plástico, cinta aislante, pulpillos (gomas con enganches en los extremos), anillas (para que hicieran las veces de mosquetones pero más ligeras), unas pequeñas barrenas de mano como las de la foto de abajo (pensando que servirían para sujetar-atar algo a un tronco o similiar), bolsas de basura (para desperdicios o para tapar la mochila en caso de lluvia).
Barrena de mano
Además tendríamos que llevar lo que llevamos normalmente en una carrera ultra (agua, comida, cortavientos-chuvasquero, buff, gorra, protección solar, vaselina, botiquín, manta de emergencia, frontal y pilas de repuesto, navaja, silbato...) y ropa de cambio (2 camisetas, 2 pares de calcetines y 1 pantalón, además de lo puesto). No olvidaríamos tampoco los bastones. Ni los mapas del Instituto Geográfico Nacional que tanto le gustan a Luis y que tan útiles son en un lío de esta clase. Y el móvil bien cargado.

Y, en cuanto a la comida... Había que alimentar a dos morlacos como nosotros durante al menos veintitantas horas. Para hacerlo más fácil lo pensamos así: Había que preparar almuerzo y cena del viernes, desayuno y almuerzo del sábado. Entre medias, nos alimentaríamos como en una carrera: galletas, frutos secos, gominolas, lomo embuchado, geles, barritas...

En resumen, tres bocatas para cada uno (con su fiambre rico -salchichón, chorizo y jamón- y untados todos de paté para que el pan no estuviera seco en el momento de comerlo). Además, llevábamos pan alemán (1/2 kg) y más jamón (300 g) y lomo (250 g) en sus paquetitos correspondientes, todo independiente. También llevaríamos un par de zumos para el desayuno.

Había llegado el día.


Paco nos recogía a las nueve y media de la mañana para llevarnos hasta el Castillo de Calatrava para que pudiéramos salir desde allí sin necesidad de preocuparnos por dejar el coche abandonado.


Se nos había olvidado llamar al Ayuntamiento. Había que hacerlo sobre la marcha. Luis llamó y le dieron el teléfono de la Policía Local. Llamó a la Policía Local y ésta le dijo que podrían dejarnos la llave para abrir la puerta o que deberíamos llamar al guarda para que fuera éste quien nos abriera. Como teníamos que hacer noche por el camino, pensamos que sería mejor llamar al guarda. No podríamos devolver la llave a la Policía Loca el mismo día.

Luis llamó al guarda, despertándolo. Éste le dijo que allí no se podía pasar, que el Presidente había dicho que allí no entraba nadie.


- ¿Pero qué presidente? - preguntó Luis.

- El del coto.- dijeron al otro lado.
- Mire Ud., si nos han dicho en el Ayuntamiento que nos dejan la llave...
- Yo le doy el teléfono del presidente y habla Ud. con él...

Visto lo visto, no convenía llamar al presidente (ya sabíamos lo que diría)


Al rato estábamos en el Ayuntamiento de Calzada de Calatrava hablando con la Policía Local. Al instante descubrimos que aquel policía era un tipo majete, una buena persona, de esos que no saben decir que no...


Le contamos lo que nos había dicho el guarda (sin obviar ningún detalle, ni el de la negativa del presidente del coto) y lo que pretendíamos hacer.


A los tres minutos teníamos la llave de la finca en nuestras manos con el compromiso de devolverla al día siguiente sobre las 15:00 horas.


A las 11:00 de la mañana, Paco, Luis y yo bajábamos del coche a los pies del Castillo de Calatrava la Nueva para revisar las mochilas, terminar de acoplar las cosas y salir zumbando.


Paco inmortalizó el momento.


Y empezamos a correr, pero esa es otra historia o, al menos, otra parte de la misma...


(CONTINUARÁ)

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