8 feb. 2011

Y la PROFECÍA se cumplió

Ya sabemos, desde la mañana del domingo, por qué la ruta ideada por Jorge fue denominada como "la tan histórica como puta rutilla de los cojones del moro". No hicieron falta explicaciones, solo hacerla. No obstante, me lo iba explicando mientras subiamos, para machacar más mi ego. Él es así...
Todo sucedió como Jorge adelantó en el post anterior. Salimos de su casa a eso de las 9:45, aunque habíamos quedado a las 9:00. Nos retrasaron las obras del colector, Luis; bueno, y no hacerle caso a Paco que, por cierto, se sumó por primera vez a nuestras andadas o, mejor dicho, correrías. (Para el improbable caso de que alguien no lo sepa, recordaremos que Paco en la prensa deportiva de antaño fue conocido como el "INCONMENSURABLE VARGAS". Ahí es ná). A lo que iba, que "equivocamos" la ruta, la carretera de La Poblachuela estaba cortada e hicimos unos 20 km para llegar a Poblete desde Ciudad Real. ¿Y dónde decís que vamos?- refunfuñaba Paco con esa también inconmensurable chulería innata que le caracteriza.

El día era frío, pero soleado y sin viento, inmejorable para correr dirección a la subidita a la cantera de Horcisa. El camino se empinaba poco a poco, sin descanso. Solo se oían las ligeras pisadas de Jorge, las respiraciones entrecortadas de Luis y mía y las toses -casi espasmódicas- de Paco por detrás, con cara de decir "silosénovengo", cambiándola en ocasiones por un rictus que traducido al castellano antiguo vendría a significar algo así como "mecagoenvuestrasputascalaveras". Menos mal que cuando llegamos a lo alto del cerro de Alarcos, paramos, esperamos a que llegara y antes de dejarle recobrar el aliento, le dijimos: ¡Qué bonito está el campo, Paco!. Él, entre dientes y sin mirarnos siquiera, espetó: Sin comentarios...

El "inconmensurable" coronando el cerro de Alarcos por su lado noreste
Bajamos hacia el sur, por la carretera y, una vez abajo, en el puente del mismo nombre del cerro y la ermita (qué originales), iniciamos nuevamente la subida a Alarcos por mitad del monte. Esa era la "auténtica ruta de los cojones del moro". No queríamos ni imaginarnos el tamaño de las gónadas moras para poder tomar el castillo con lo que llevaban encima: la cota de maya, la cimitarra y la biblia, digo el corán, en verso... Llegamos nuevamente a la cima sin resuello. Allí descansamos un minuto y nos cruzamos con un gran grupo de chalaos como nosotros (estos agrupados bajo el cobijo del club Quinto Aliento de Ciudad Real). Volvimos a bajar nuevamente por donde habíamos subido la primera vez, lo que hizo que, una vez abajo, tuviéramos que subir nuevamente la cuesta de la cantera de Horcisa.

Paco, después de tantas subidas y bajadas, reflexionó: No me importa subir para luego bajar, pero subir dos veces al mismo sitio me parece una gilipollez... Tosió y miró para otro lado. 

Una vez en la cantera de Horcisa, todo fue bajar y llanear hasta llegar a la casa de los Ureña-Ramos con once kilómetros en las piernas y en los dientes (que bien tuvimos que apretar para poder subir las cuestas)

De izqda a dcha: Quique, Jorge, Paco y Luis (que no es ni la sobra de lo fue)
"all right"
Una vez en el dulce-hogar de los colegas Ureña-Ramos, zumito de naranja natural recién exprimido y vuelta a casa.

Ah, se me olvidaba, al empezar y al terminar nos cruzamos con unos cazadores y sus perros. No sabemos bien lo que pasó, pero cuando quisimos darnos cuentas, vimos a Luis saltando a un perro y viceversa. Él sabrá...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estais "coloraetes...".

Marisol