21 may. 2014

Força! (Ultra Trail Serra de São Mamede) by Manuwar CxC

Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. 
Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos. 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

El viernes a las doce de la noche, hora de Portugal y de Canarias, es decir, a la una de la mañana, horario peninsular, del Este de la Península para ser precisos, tomé la salida en el Ultra Trail Sierra de San Mamés. Campeonato de Portugal de Ultra Trail. A veces se nos olvida, en este lado del tabique, que compartimos la casa con los vecinos occidentales. Un lugar acogedor donde buscar carreras interesantes y aprovechar para comer fantásticamente, algo muy importante para cualquier seguidor de Corriendo por el Campo.

El UTSM es una carrera de cien kilómetros de las duras, porque hay carreras de cien mil metros "blanditas", de iniciación, y otras que son un conjunto de maldades puestas en fila por una organización que sabe que, en el fondo, nos va "la marcha" y eso es lo que precisamente buscamos.

Pero antes de empezar a contar la carrera habría que aclarar, por facilitar la digestión de esta historia, cuestiones previas a la salida, para ubicarnos antes de empezar a hablar. Muchos de ustedes no me conocen. Soy "el nuevo", Manu, el que estudió en su día filosofía (decir "el filósofo" me suena arrogante, es un título reservado a Aristóteles)

Antes de empezar a hablar, en cualquier logoi, cualquier "libro" o lección, Aristóteles comenzaba centrando el problema, viendo las opiniones y los consensos que existían al respecto: las endoxa. Hay que partir del saber común o del consenso aceptado por la sociedad mayoritariamente para hacerse mínimamente comprensible. También antes de empezar a hablar un alumno de una escuela pitagórica debía pasar varios años asistiendo a las lecciones en silencio limitándose a escuchar a los iniciados. Como leemos con interés las historias que nos cuentan los aventureros de este blog que suele destilar sabiduría sin atrevernos a escribir en él como advenedizos que somos algunos. Para comprender algo hay que tomar la historia desde antes de que ocurra, una carrera no empieza cuando suena el disparo de salida, sino mucho antes, aunque es difícil situar a veces cual podría ser el comienzo de la narración de los hechos.

Por tanto comenzaré diciendo, para quien no me conoce, que éste soy yo en dos momentos de mi vida separados por diez años de diferencia:
110 Kg. de fumador empedernido convertido en corredor popular "paquete"


Para más información sobre el personaje e incluso sobre la persona y algunas de las ideas peregrinas que le asaltan podéis visitar el dominio:

Aclarado, en parte, de dónde viene uno. Como no sé hacia dónde voy o como acabará esto, más aún en compañía de la buena gente de CxC, que me han acogido como un miembro (con perdón) más, me sigo situando el momento anterior a la medianoche lusa de la ciudad de Portalegre que abría, con un concierto de un grupo homenaje a Pink Floyd, la cuenta atrás para un ultratrail que iba a ser más burro de lo que yo esperaba. Confieso que me hace mucha ilusión escribir una crónica para el blog de CxC como miembro (c. p.), cuando no hace más que dos años que lo descubrí como lector y quedé atrapado por su "frescura", que espero no mermar, aunque temo que yo carezco de la capacidad para comunicar de mis compañeros de equipo.

Me había levantado a las ocho de la mañana y no había podido echar más siesta que un "descabezado" de unos minutos de duración, no recuerdo si quizá quince, antes de salir de la habitación hacia la linea de salida. Eso me ponía en cajón (nos ponen, cuan rebaño de ovejas cercadas, en un cajón de salida cuando nos controlan el material obligatorio, un recinto del que ya no podemos salir hasta que empieza la carrera) ya somnoliento, con una noche por delante en blanco antes de que, al amanecer, le siguiese un largo día también sin dormir, penando por las montañas.

La banda, benditas sean sus almas pecadoras, había elegido para amenizar el momento canciones especialmente lentas, psicodélicas y oníricas de Pink Floyd, casi "pegajosas", o al menos eso le parecía a mi mente embotada por el sueño. Se me cerraban lo ojillos ya antes de tomar la salida y presentaban el rasgado típico de dos puñaladas dadas con un cuchillo en un tomate. Casi hubiese preferido, mientras escuchaba los lisérgicos acordes setenteros, la nana de Brahms interpretada por una orquesta de cámara.




Lo cierto es que la idea era buena. Haces la espera mucho más amena a las personas en el cajón de salida y consigues que entren antes para poder controlar que todo el mundo lleva manta térmica, comida, un depósito para el agua, teléfono móvil, linterna-frontal y pilas de repuesto. No exigían mucho material, en parte porque la previsión meteorológica era mejor que la del año anterior, en la que hubo un veinte por ciento de retirados y con temperaturas muy frías. En el último momento eliminaron la obligatoriedad de llevar mallas largas, gorro y cortavientos. De todas maneras yo llevaba todo eso y algo más y, aún así, la mochila era más ligera que aquella con la que entreno para prepararme para el Ultra Trail du Mont Blanc, donde nos vamos el equipo CxC dentro tres meses a partir de ahora. Qué nervios.

El concierto era solamente otro más de los detalles de calidad, de los muchos que tenía una prueba muy bien organizada y, atento todo el mundo, por 25€ solamente la inscripción anticipada, precio que incluía avituallamientos estupendos y surtidos, un equipo de voluntarios comprometidos, un recorrido marcado a la perfección (cien kilómetros durante los cuales no perdías de vista las balizas que marcaban el recorrido en ningún momento, ni de día ni de noche), varios regalos incluyendo una camiseta técnica "de verdad", de las que valen 25€, seguimiento de todos los corredores online, gestión de una "bolsa de vida" que te llevaban al kilómetro sesenta para que pudieses ponerte ropa seca y que después de usarla te llevaban a meta, una bonita medalla de artesanía para los terminators (digo, finishers), presencia de sanitarios y ambulancias a la vista, fisioterapeutas en meta, amabilidad y hasta público en algunos puntos...

Típica instantánea de los corredores, delatando su presencia en el bosque con la luz del "frontal"
La carrera arrancaba tranquila por la parte de atrás (con perdón) del pelotón, mi lugar natural en este tipo de eventos. Y así pintaba yo momentos antes de la salida:

Foto realizada por Anne Souplet
Arrancaba pues con pocas ganas, con sueño y con el presagio de una carrera muy dura por delante. A mi favor que me pillaba en un buen momento de forma física y mental. Gracias, en buena parte, por la compañía, a la que hay que atribuir el retrato anterior, que se iría a descansar para tomar la salida de su maratón (cuarenta y dos kilómetros) a las nueve de la mañana en el punto kilométrico cincuenta y ocho de mi carrera, de manera que el final de una carrera se mezclaba con los más rápidos de la más larga, como si saliéramos a perseguirles y los más veloces de los maratonianos igualmente darían alcance a los mediomaratonianos (qué mal suena, como "maratonianos a medias"), formando una larga anaconda de corredores que tapizaba toda la sierra, desde los lebreles más rápidos de la carrera corta, hasta los trotones más diésel que tenían veinticuatro horas para completar su recorrido.

Yo lo intenté. Llegar a la salida del maratón desde Marvão, PK58, para cazar, como un lobo hambriento, a la corredora francesa antes de las 9:00. Pero fue imposible.

Tomamos la salida quinientos setenta corredores, entre ellos algunos de los mejores de los de nuestro país vecino, porque los equipos suelen mandar una "selección" para tratar de conseguir podio en grupo y, si es posible, alguno individual y, en cualquier caso, a hacer acto de presencia. Un nivel muy alto en general. Viendo las bestias pardas que había en la salida me rondaba por la cabeza la idea que nos asalta tantas veces a los populares diesel a los que nos asoma un michelín por debajo de la mochila: "¿Qué cáspita hago yo aquí?", solo que sustituyendo la palabra "cáspita" por otra más gruesa.

La carrera, aunque no se movía por alturas superiores a mil metros, era un subir y bajar constante, muy rompepiernas, que por algo acumulaba en subidas casi tres mil quinientos metros de desnivel positivo.


Al principio se formaron varios "embotellamientos" al llegar a puntos de paso donde había que pasar de uno en uno y había que tener cuidado para no, y recurro al concepto técnico, esmorrarse. En general la carrera tenía un "coeficiente de esmorramiento" bastante bajo, es decir, que no tenía bajadas muy difíciles y, para compensar, tenía unas subidas por cortafuegos que quitaban el hipo, que elevaba la correlación de "suputamadres por minuto" (otro concepto técnico en trailrunning) a niveles muy altos, casi épicos.

No voy a ahondar en dolores, gemidos y piernas abrasadas desde el interior por los cristales de ácido láctico, en rozaduras que parecen los resultados de haber tenido un accidente ciclista bajando un puerto a toda velocidad en una carrera nudista, ni en uñas negras que caerán después de la carrera...

...como caen las flores de los cerezos azotadas por los vientos de marzo...

Para la próxima os pongo una foto de los pieses con las uñas negras y/o despegadas,
para equilibrar tanta belleza
El lector no lo merece. No tiene que aguantar nuestras quejas porque, al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer estas cosas y sabemos las consecuencias antes de tomar la salida (con perdón).

Del sueño si hablaré.

El sueño es una sensación horrible. Cualquiera que haya empalmado un juernes con una jornada de trabajo en una remota juventud o la semana pasada sabe de qué le estoy hablando. La tortura por privación del sueño era usada en Guantánamo para arrancar confesiones a los detenidos. El dolor puede ignorarse, el cansancio vencerse, la sed y el hambre son fáciles de soportar y combatir, pero el sueño es invencible, es como un golpe en la cabeza con un bate de béisbol. No hay entrenamiento que te prepare, no hay energía que pueda enfrentársele. Todo esfuerzo por vecer el sueño, produce sueño y somnolencia.

El amanecer suele ayudar. La luz del sol produce cambios hormonales en nuestro organismo (se deja de segregar unas hormonas y se producen otras) y la mente se activa. El cansancio no desaparece, pero si un poco la necesidad urgente de cerrar los ojos y dormir. Después de una primaveral noche de mayo sin casi frío, con una luna llena que permitía ver mucho más que la "burbuja" de luz que la linterna crea entorno al corredor en las noches oscuras y que facilitaba mucho la orientación y disfrutando de corretear por caminos y veredas, la luz de nuestra estrella prometía espabilarnos un poco. Por lo menos un rato, y así fue. El alba, el amanecer y el sol, finalmente iluminando hasta el horizonte, se suceden rápidamente y da la impresión de que la noche nunca ha sucedido, que es un recuerdo remoto de hace mucho tiempo.

Kilómetro cuarenta. Estoy agotado. Tengo mucho sueño. Quizá debería echarme a dormir veinte minutos para espabilarme un poco al precio de un leve dolor de cabeza, que suele ser el pago necesario por quitarse la sensación, mucho más desagradable, de que se cierran los ojos cuando tratas de mantenerlos abiertos.

Me siento en una piedra cómoda al final de una subida. Me tomo dos geles (uno de ellos con cafeína), bebo agua, me pongo el mp3 con heavy metal y... oh yeah!, milagro, el sueño se disuelve y bajo corriendo hasta el el siguiente punto de control con death metal al estilo Gotemburgo (los Kalmah) resonando en el alma y lanzando ecos hacia las piernas, que recobran sus fuerzas.

Media carrera, queda menos de lo que llevo. En este momento están tomando la salida los participante en la prueba de Maratón (42 Km.) y yo tardaré dos horas en llegar hasta ese punto. Lástima, pero veré a Anne en la meta.

El resto de la carrera no tendrá el sueño como protagonista. En algunos momentos una cierta somnolencia. Ahora solamente es ir pensando en la siguiente subida, a sufrirla cada vez con más calor y en cada bajada, muchas de las cuales fáciles de correr.

La ciudadela de Marvao se nos presenta en lo alto, inexpugnable a invasores españoles o franceses pero, esperamos, que hoy, en son de paz, podamos conquistarla.


Esto no me lo habían hecho nunca. Cuando después de mucho sufrimiento casi estamos llegando a lo alto, donde nos espera ropa seca y un buen avituallamiento... nos bajan otra vez, nos hacen rodear el promontorio, subiendo y bajando, retroceder en el sentido contrario y, finalmente, subir en linea recta y vertical hasta lo alto. De una crueldad y sadismo exquisito y novedoso.

Cambio de calcetines empapados por los varios cursos de agua que hemos tenido que atravesar y de plantillas, para recuperar la sensación de pies secos. Comer, beber, recargar, sentarse diez minutos, estirar los cuádriceps y a por el maratón. Quedan cuarenta y dos kilómetros y calculo que tardaré más de veinte horas en total. Quizá hacia las siete y media de la tarde, aún con buena luz, pueda estar en meta.

Como cien kilómetros son muchos, para leerlos, aunque realmente más para correrlos, resumo los acontecimientos más rutinarios: cuestones, bajadas, avituallamientos, beber, correr, andar, adelantar, ser adelantado, charlar con la gente, darse ánimos unos a otros... Força!. Ya a partir de ahora escuchar "Força" me pondrá los pelos de punta como oir "Courage!" después de correr el Ultra Trail del Mont Blanc en 2012. El mismo cariño, el mismo deseo de animar. Vamos, queda poco, ¡Ánimo!

Encuentro a diez kilómetros de meta a Fali, "el coleta", corredor muy querido y respetado por todo el mundo y que conocí en el Maratón Alpino Jarapalos ya hace un tiempo. Va bastante fundidillo después de una larga lesión (fractura de tobillo) y haber podido entrenar muy poco. Es un fuera de serie y nunca pensé que alcanzase al héroe del "ocho alpino", es decir, de un recorrido de más de quinientos kilómetros en solitario y en autonomía absoluta con más de treinta mil metros de desnivel positivo acumulado y con una climatología hostil en los Alpes uniendo el recorrido de las dos pruebas emblemáticas de la zona: el Ultra del Mont Blanc y el Tor del Giants. Su GPS dice que el recorrido anda más hacia los cuatro mil metros de desnivel positivo acumulado que hacia lo anunciado por la organización. Eso explica en parte nuestros cálculos erróneos sobre la duración prevista del recorrido, yo confiaba hacerla en unas dieciocho horas inicialmente.

Un último punto de control a cinco kilómetros de meta antes de bajar (la madre que los parió) trescientos metros de escaleras y me lanzo a correr, para acabar de una vez, lo que me queda.

A los cien kilómetros entramos en el estadio con la "gracia final" de tener que saltar o reptar una valla...

Siempre que tengo elección prefiero arrastrarme a saltar.
Es menos digno, pero mis rodillas me lo agradecen
Pero para compensar, tras ella estaba esperando Madame Souplet para recibirme con su eterna sonrisa, que hacía mucho había acabado su carrera "cortita" en ocho horas.



Y prueba superada en veinte horas y media. Con un puesto muy aceptable para mi, el trescientos veinticinco, teniendo en cuenta de que iba todo lo mejor de Portugal por delante de mi. Un veinticinco por ciento de retirados nos dicen que el calor, porque no lo he dicho, pero hizo mucho calor, hizo más estragos este año que el frío el pasado. Pensé que el comentario que me habían hecho a cinco kilómetros de meta (boa posição!) era irónico, pero no, un puesto muy bueno para un trotón como yo.

Y yendo a lo importante:

Bacalhau a Bras
¿Por que hacemos estas cosas? Para comer un plato de bacalao y mucho más. Porque si no es para disfrutar, todo esto no tendría sentido.

Nos vemos en la próxima, en Chamonix du Mont Blanc.

Força! Courage!

Por mares nunca d'antes navegados, 
Pasaron ainda alêm da Taprobana 
E entre perigos e guerras esforçados 
Mais do que prometía a força humana 
Entre gente remota edificaram 
Novo reino que tanto sublimaram 
(Camoens, Os Lusíadas)

2 comentarios:

joaquim adelino dijo...

Parabéns amigo bonito relato e excelente prova. Boa sorte para o Monte Branco. Abraço

CorriendoporelCampo dijo...

¡Muito obrigado, Joaquim!