29 may. 2014

QUIXOTE LEGEND y la Comunidad del Anillo.

J. R. R. Tolkien y Miguel de Cervantes Saavedra no coincidieron jamás (mucho tendría que haber durado el segundo...); y, sin embargo, los dos se relacionan gracias a CxC. Sí. CxC todo lo puede.

Tres miembros (con perdón) de CORRIENDOPORELCAMPO se van a la QUIXOTE LEGEND para, mañana por la mañana (viernes, 30 de mayo) comenzar una carrera por etapas para ensilarse en tres días 154 kilómetros de distancia (47 + 57,5 + 49,5) y 8.220 metros de desnivel positivo acumulados. Tres miembros de CxC que podrían ser Don Quijote (Miguel Ángel), Sancho Panza (Jorge) y el Bachiller Sansón Carrasco (Ramón) pero que, en realidad, son mucho más parecidos a tres personajes del SEÑOR DE LOS ANILLOS.  

MIGUEL ÁNGEL, nuestro GANDALF particular -versión juvenil, con barba negra en vez de blanca- y mago de CxC: consigue lo que sea menester como por arte de magia. De hecho, ha sido el agraciado en el sorteo de la Quixote Legend. Le ha salido gratis la inscripción. Doscientos cincuenta euros por la cara. Será el que consiga -sin esfuerzo- un sitio inmejorable en el campamento, algo especial para el desayuno o las tres cervezas más frías al llegar al avituallamiento de meta.

JORGE es rudo, no se cuida la barba en absoluto y si tiene que sacar los bastones en las duras subidas de la QL, lo hará con la misma gracia que lo haría GIMLI -"el ENANO"- con su enorme cachiporra (con perdón). Como él, es temperamental e impaciente. Es mucho más bajo que Miguel Ángel (Gandalf), pero menos que Ramón. Tiene fuerza como si fuera un gigante.

RAMÓN, nuestro FRODO BOLSÓN, como el hobbit encargado del jodido anillo, será el que tenga que llevar a los otros dos descerebrados poniendo paciencia y cordura. Aunque en realidad, como en la peli, no se sabe quién lleva a quién. Es pequeño, pero no hay quien pueda con él. No es consciente de su poder y, sin necesidad de capa mágica, desaparece de vez en cuando y no hay cojones a encontrarlo por ningún sitio.

Será muy duro llevar el anillo hasta el final, pero sin duda estos tres lebreles de CxC llegaran a MORDOR para destruir el anillo, alcanzar la meta, e inflarse a botellines sin conocimiento. 

Nota: Esta entrada-mofa es fruto de la envidia que me corroe. Por tanto, el culpable de ella es Santi, nuestro presidente del club de fans, que podéis visionar -e insultar como yo estoy haciendo estos días- en nuestra pestaña de "Los miembros (con perdón)". ¿A quién cojones se le puede ocurrir casarse (¡casarse!) durante el fin de semana de la Quixote Legend?

27 may. 2014

Correr por OURENSE con "final feliz".

turismogalicia.blogspot.com
Ojala pudiéramos correr grandes desniveles a diario o hacer tiradas largas de varias horas por el campo. Sin embargo, la mayoría del entrenamiento habitual consiste en correr por donde sea. Simplemente. Corremos por donde nos resulta más sencillo, por donde menos tiempo perdemos, por donde menos tardamos en llegar. Aquí, en Ciudad Real, podemos subir a La Atalaya, que nos pilla al lado, es campo abierto, con pinada, monte bajo y hay un pelín de desnivel; o a los Castillejos (en la cercana localidad de Poblete). No hay tiempo para más. Diez minutos en llegar, una hora, hora y media, a lo sumo dos corriendo y vuelta a casa.

En ocasiones, incluso debemos renunciar a lo natural -al trail- y conformarnos con el asfalto por no salir de la ciudad y perder más tiempo. Utilizamos cualquier cosa que se asemeje a lo que más nos gusta. Corremos por parques, paseos, vías verdes..., pero no es lo mismo.

Salvo que vivas en Ourense. 

La semana pasada estuve en casa de MARCOS, nuestro miembro (con perdón) más alejado (geográficamente hablando), el gallego de CxC.

Podíamos haber elegido correr por el campo, pero la propuesta era tentadora para un hombre de secano como yo. Por estas tierras manchegas -acostumbrados al secarral - nos hace especial ilusión todo lo que tiene que ver con el agua (salvo para beber, que preferimos la cerveza).

Correríamos por un entorno urbano, dentro del casco, pero al lado del río Miño. Podría ser lo que en Barcelona han denominado CITY-TRAIL. Pero lo bueno no era esto (que ya lo es), sino que, además, terminaríamos nuestra carrerita en las POZAS DE OUTARIZ.   

Eran las siete de la tarde cuando aparcábamos en las inmediaciones de la pasarela de Outariz, un puente peatonal que une la carretera OU-420 con el "recinto" de las "Pozas de Outariz" (río arriba) y las "Burgas de Canedo" (río abajo), todo ello enclavado en lo que el Concello de Ourense ha denominado ITINERARIO AMBIENTAL DEL RÍO MIÑO.

Empezamos a correr río arriba por el citado itinerario. Le dije a Marcos que debíamos ir despacio porque mi tobillo aún anda un poco flojo y no quería sufrir una nueva torcedura. Nada más salir ya estaba alucinando. Todo verde (cuando aquí en Ciudad Real ya vemos los campos de cereal segados), con el Miño al lado, precioso, caudaloso a su paso por Ourense. 

Correr entre alisos ("ameneiros"), sauces ("salgueiros") y fresnos ("lodeiros") resulta una maravilla para los sentidos.

"¡Marcos, ve más despacio, que tengo el tobillo regulera!"

No era capaz de mirar el suelo para ver dónde ponía mi pie derecho y evitar cualquier torcedura. Mi vista iba de un lado a otro comprobando la belleza de la zona. Múltiples verdes salpicados de grises graníticos, el cielo plomizo, reflejos en el espejo del agua que se rompía con la corriente y con la lluvia que hacía acto de presencia a ratos. 

"¡Qué bonito, Marcos, qué maravilla!"

Hasta vimos una serpiente de metro y medio en el camino de tierra por el que íbamos. Todo era precioso. Hasta la serpiente. La humedad era enorme para lo que estoy acostumbrado, pero daba igual. Disfrutaba de cada zancada, de cada imagen, del olor. Todo está enmarcado entre montañas, en las que se distinguen algunos caminos que suben a las partes más altas. Al lado, ahí mismo, en la olla de Ourense.

En varias ocasiones tienes la oportunidad de cruzar el río para llegar al otro lado y dar la vuelta, con lo que hay varias distancias para elegir un recorrido circular desde unos cuatro o cinco kilómetros hasta un máximo de catorce, la totalidad del itinerario ambiental. 

Nosotros cruzamos por una pasarela peatonal que había a unos seis kilómetros de donde habíamos salido.

Desde la pasarela se podía ver uno de los molinos que se utilizaban antiguamente para moler grano aprovechando la fuerza de la corriente del río.  

Y vuelta por el otro lado. Igual de bonito pero en sentido contrario, aguas abajo. En este margen hay algo más de cemento en los paseos, pero me dio igual. 

"¡Marcos, mira, ahí hay gente bañándose! ¡Qué alucine!"

A lo largo del recorrido, después de pasar el bonito y moderno puente del Milenio y el de Ribeiriño, comenzamos a ver termas y pozas. Primero las "Pozas de Chavasqueira" (de uso público y gratuito), luego las "Termas de Chavasqueira" (Termas privadas de estilo japonés), después vemos la Fonte do Tinteiro y, en el mismo sitio que aparece en el dibujo del principio, vemos como viene el "tren das termas", que realiza un recorrido turístico por la zona, uniéndola con el centro de la ciudad. Lo estamos viendo todo. Más adelante vemos las "Pozas do Muíño das Veigas" (de uso público y gratuito) y con una pintaza magnífica.   

Subimos un repechín y pasamos por la parte trasera de las "Termas de Outariz", un complejo privado con todo lo que puedas desear para darte un gustazo para cuerpo y mente. Y si vas con niños, tienen hasta guardería por horas.

Bajamos lo que habíamos subido y vemos nuevamente la pasarela de Outariz, donde habíamos dejado el coche. En total, casi 13 kilómetros de disfrute absoluto. 

Nos esperaba el "final feliz", la guinda, el acabose, la repanocha...

Chispea, pero cogemos la ropa que habíamos dejado en el coche, cruzamos la pasarela de nuevo y bajamos hasta las Pozas de Outariz. No hay puerta, ni nadie que te pregunte qué vas a hacer, ni dónde vas. Público, público. Gratuito, gratuito. Hay vestuarios y taquillas con argollas para que puedas llevarte un simple candado para poder dejar tus cosas mientras disfrutas sin ayuda de nadie. Un kiosko tiene todo lo necesario para que alivies tu sed. Imagino que, además, podrás picar algo. 
foto: turismodeourense.com
Hoy el día no es bueno. Sin embargo, para mí es absolutamente espectacular. Jamás pensé que ese lujo podría existir.

Había tres pozas. En la primera había dos chavales. En la tercera, uno. Marcos y yo nos metimos en la del medio. 

¡Qué maravilla, Marcos! ¡Tú no sabes lo que tienes aquí!

El agua está a una temperatura ideal. Las pozas, el entorno y todo lo que te rodea está limpio y cuidado al detalle. Chispea agua fría sobre nuestras cabezas, pero nuestro cuerpo está caliente, relajándose.

Después pasamos a una poza de agua fría. ¡La leche! El contraste es brutal, pero solo son unos segundos. Marcos dice que nota como se le relajan más los músculos. Debe ser cosas de hombres del norte. Yo estoy deseando que me diga que volvemos a la calentita. A pesar de eso, hacemos la operación varias veces. 

Anochece. Estamos solos. Todos se han ido. Marcos dice que él se sale ya, pero yo no puedo. Me resisto a abandonar el paraíso. Le pregunto si ve a alguien. Me dice que no y, sin saber si está permitido, me quito todo y me quedo en "pelota picada". Estoy en pelotas en Ourense. Para un "garcía-herrera", "exhibicionistas" por naturaleza (o quizá debería decir "naturales") es el "no va más".

Disfruto unos minutos más. Le digo a Marcos que me haga una foto en pelotas para colgarla aquí, en el blog, pero justo en ese momento se le acaba la batería del móvil. Lo siento, queridos fans.

Salgo de allí como mi madre me trajo al mundo y me ducho con agua fría, al aire, hasta que Marcos me avisa de que una muchachas que se acercan me están viendo. Ellas si han tenido suerte... jejeje.

Cojo la toalla y me seco. No quiero irme de allí... Es un auténtico lujo, una maravillla... y gratuita. El concepto de lo público en estado puro. Del pueblo y para el pueblo. Sin peajes, sin entradas, sin vallas, ni puertas.

"¡Marcos, no vuelvo a pasar por aquí sin meterme un ratito en las termas!"

Tuvo que engatusarme para volver al coche. Me prometió unos chicharrones y unos calamares en el bar "las dos puertas". Y un "perico" (montadito de lomo con queso y setas) en el bar del mismo nombre y una "orella" (u oreja en mi pueblo) que quita el "sentío".

Así que, para terminar el día, nos fuimos a tomar algo por "los vinos", el casco histórico de Ourense, con Juan y Romina, unos amigos de Marcos absolutamente encantadores. Y si eso no fuera bastante, al poco se unió a nosotros el simpático e inigualable Pablo Guntiñas, un colega de profesión (y de lo demás) con el que nos hemos tomado más de un gin-tonic mientras arreglábamos el mundo, hablando de lo divino y de lo humano, tanto allí, en Galicia, como aquí, en Ciudad Real. 

En resumen, una tarde y una noche fantásticas, para poner rumbo a la rutina a la mañana siguiente.

En esta vida no todo es trail. Lo importante es ser feliz. Y los amigos.

Si quieres ver el recorrido que hicimos corriendo PINCHA AQUÍ
Si quieres ver el recorrido que hicimos por los bares del centro, mejor ve a Ourense y disfrútalo.

21 may. 2014

Força! (Ultra Trail Serra de São Mamede) by Manuwar CxC

Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. 
Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos. 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

El viernes a las doce de la noche, hora de Portugal y de Canarias, es decir, a la una de la mañana, horario peninsular, del Este de la Península para ser precisos, tomé la salida en el Ultra Trail Sierra de San Mamés. Campeonato de Portugal de Ultra Trail. A veces se nos olvida, en este lado del tabique, que compartimos la casa con los vecinos occidentales. Un lugar acogedor donde buscar carreras interesantes y aprovechar para comer fantásticamente, algo muy importante para cualquier seguidor de Corriendo por el Campo.

El UTSM es una carrera de cien kilómetros de las duras, porque hay carreras de cien mil metros "blanditas", de iniciación, y otras que son un conjunto de maldades puestas en fila por una organización que sabe que, en el fondo, nos va "la marcha" y eso es lo que precisamente buscamos.

Pero antes de empezar a contar la carrera habría que aclarar, por facilitar la digestión de esta historia, cuestiones previas a la salida, para ubicarnos antes de empezar a hablar. Muchos de ustedes no me conocen. Soy "el nuevo", Manu, el que estudió en su día filosofía (decir "el filósofo" me suena arrogante, es un título reservado a Aristóteles)

Antes de empezar a hablar, en cualquier logoi, cualquier "libro" o lección, Aristóteles comenzaba centrando el problema, viendo las opiniones y los consensos que existían al respecto: las endoxa. Hay que partir del saber común o del consenso aceptado por la sociedad mayoritariamente para hacerse mínimamente comprensible. También antes de empezar a hablar un alumno de una escuela pitagórica debía pasar varios años asistiendo a las lecciones en silencio limitándose a escuchar a los iniciados. Como leemos con interés las historias que nos cuentan los aventureros de este blog que suele destilar sabiduría sin atrevernos a escribir en él como advenedizos que somos algunos. Para comprender algo hay que tomar la historia desde antes de que ocurra, una carrera no empieza cuando suena el disparo de salida, sino mucho antes, aunque es difícil situar a veces cual podría ser el comienzo de la narración de los hechos.

Por tanto comenzaré diciendo, para quien no me conoce, que éste soy yo en dos momentos de mi vida separados por diez años de diferencia:
110 Kg. de fumador empedernido convertido en corredor popular "paquete"


Para más información sobre el personaje e incluso sobre la persona y algunas de las ideas peregrinas que le asaltan podéis visitar el dominio:

Aclarado, en parte, de dónde viene uno. Como no sé hacia dónde voy o como acabará esto, más aún en compañía de la buena gente de CxC, que me han acogido como un miembro (con perdón) más, me sigo situando el momento anterior a la medianoche lusa de la ciudad de Portalegre que abría, con un concierto de un grupo homenaje a Pink Floyd, la cuenta atrás para un ultratrail que iba a ser más burro de lo que yo esperaba. Confieso que me hace mucha ilusión escribir una crónica para el blog de CxC como miembro (c. p.), cuando no hace más que dos años que lo descubrí como lector y quedé atrapado por su "frescura", que espero no mermar, aunque temo que yo carezco de la capacidad para comunicar de mis compañeros de equipo.

Me había levantado a las ocho de la mañana y no había podido echar más siesta que un "descabezado" de unos minutos de duración, no recuerdo si quizá quince, antes de salir de la habitación hacia la linea de salida. Eso me ponía en cajón (nos ponen, cuan rebaño de ovejas cercadas, en un cajón de salida cuando nos controlan el material obligatorio, un recinto del que ya no podemos salir hasta que empieza la carrera) ya somnoliento, con una noche por delante en blanco antes de que, al amanecer, le siguiese un largo día también sin dormir, penando por las montañas.

La banda, benditas sean sus almas pecadoras, había elegido para amenizar el momento canciones especialmente lentas, psicodélicas y oníricas de Pink Floyd, casi "pegajosas", o al menos eso le parecía a mi mente embotada por el sueño. Se me cerraban lo ojillos ya antes de tomar la salida y presentaban el rasgado típico de dos puñaladas dadas con un cuchillo en un tomate. Casi hubiese preferido, mientras escuchaba los lisérgicos acordes setenteros, la nana de Brahms interpretada por una orquesta de cámara.




Lo cierto es que la idea era buena. Haces la espera mucho más amena a las personas en el cajón de salida y consigues que entren antes para poder controlar que todo el mundo lleva manta térmica, comida, un depósito para el agua, teléfono móvil, linterna-frontal y pilas de repuesto. No exigían mucho material, en parte porque la previsión meteorológica era mejor que la del año anterior, en la que hubo un veinte por ciento de retirados y con temperaturas muy frías. En el último momento eliminaron la obligatoriedad de llevar mallas largas, gorro y cortavientos. De todas maneras yo llevaba todo eso y algo más y, aún así, la mochila era más ligera que aquella con la que entreno para prepararme para el Ultra Trail du Mont Blanc, donde nos vamos el equipo CxC dentro tres meses a partir de ahora. Qué nervios.

El concierto era solamente otro más de los detalles de calidad, de los muchos que tenía una prueba muy bien organizada y, atento todo el mundo, por 25€ solamente la inscripción anticipada, precio que incluía avituallamientos estupendos y surtidos, un equipo de voluntarios comprometidos, un recorrido marcado a la perfección (cien kilómetros durante los cuales no perdías de vista las balizas que marcaban el recorrido en ningún momento, ni de día ni de noche), varios regalos incluyendo una camiseta técnica "de verdad", de las que valen 25€, seguimiento de todos los corredores online, gestión de una "bolsa de vida" que te llevaban al kilómetro sesenta para que pudieses ponerte ropa seca y que después de usarla te llevaban a meta, una bonita medalla de artesanía para los terminators (digo, finishers), presencia de sanitarios y ambulancias a la vista, fisioterapeutas en meta, amabilidad y hasta público en algunos puntos...

Típica instantánea de los corredores, delatando su presencia en el bosque con la luz del "frontal"
La carrera arrancaba tranquila por la parte de atrás (con perdón) del pelotón, mi lugar natural en este tipo de eventos. Y así pintaba yo momentos antes de la salida:

Foto realizada por Anne Souplet
Arrancaba pues con pocas ganas, con sueño y con el presagio de una carrera muy dura por delante. A mi favor que me pillaba en un buen momento de forma física y mental. Gracias, en buena parte, por la compañía, a la que hay que atribuir el retrato anterior, que se iría a descansar para tomar la salida de su maratón (cuarenta y dos kilómetros) a las nueve de la mañana en el punto kilométrico cincuenta y ocho de mi carrera, de manera que el final de una carrera se mezclaba con los más rápidos de la más larga, como si saliéramos a perseguirles y los más veloces de los maratonianos igualmente darían alcance a los mediomaratonianos (qué mal suena, como "maratonianos a medias"), formando una larga anaconda de corredores que tapizaba toda la sierra, desde los lebreles más rápidos de la carrera corta, hasta los trotones más diésel que tenían veinticuatro horas para completar su recorrido.

Yo lo intenté. Llegar a la salida del maratón desde Marvão, PK58, para cazar, como un lobo hambriento, a la corredora francesa antes de las 9:00. Pero fue imposible.

Tomamos la salida quinientos setenta corredores, entre ellos algunos de los mejores de los de nuestro país vecino, porque los equipos suelen mandar una "selección" para tratar de conseguir podio en grupo y, si es posible, alguno individual y, en cualquier caso, a hacer acto de presencia. Un nivel muy alto en general. Viendo las bestias pardas que había en la salida me rondaba por la cabeza la idea que nos asalta tantas veces a los populares diesel a los que nos asoma un michelín por debajo de la mochila: "¿Qué cáspita hago yo aquí?", solo que sustituyendo la palabra "cáspita" por otra más gruesa.

La carrera, aunque no se movía por alturas superiores a mil metros, era un subir y bajar constante, muy rompepiernas, que por algo acumulaba en subidas casi tres mil quinientos metros de desnivel positivo.


Al principio se formaron varios "embotellamientos" al llegar a puntos de paso donde había que pasar de uno en uno y había que tener cuidado para no, y recurro al concepto técnico, esmorrarse. En general la carrera tenía un "coeficiente de esmorramiento" bastante bajo, es decir, que no tenía bajadas muy difíciles y, para compensar, tenía unas subidas por cortafuegos que quitaban el hipo, que elevaba la correlación de "suputamadres por minuto" (otro concepto técnico en trailrunning) a niveles muy altos, casi épicos.

No voy a ahondar en dolores, gemidos y piernas abrasadas desde el interior por los cristales de ácido láctico, en rozaduras que parecen los resultados de haber tenido un accidente ciclista bajando un puerto a toda velocidad en una carrera nudista, ni en uñas negras que caerán después de la carrera...

...como caen las flores de los cerezos azotadas por los vientos de marzo...

Para la próxima os pongo una foto de los pieses con las uñas negras y/o despegadas,
para equilibrar tanta belleza
El lector no lo merece. No tiene que aguantar nuestras quejas porque, al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer estas cosas y sabemos las consecuencias antes de tomar la salida (con perdón).

Del sueño si hablaré.

El sueño es una sensación horrible. Cualquiera que haya empalmado un juernes con una jornada de trabajo en una remota juventud o la semana pasada sabe de qué le estoy hablando. La tortura por privación del sueño era usada en Guantánamo para arrancar confesiones a los detenidos. El dolor puede ignorarse, el cansancio vencerse, la sed y el hambre son fáciles de soportar y combatir, pero el sueño es invencible, es como un golpe en la cabeza con un bate de béisbol. No hay entrenamiento que te prepare, no hay energía que pueda enfrentársele. Todo esfuerzo por vecer el sueño, produce sueño y somnolencia.

El amanecer suele ayudar. La luz del sol produce cambios hormonales en nuestro organismo (se deja de segregar unas hormonas y se producen otras) y la mente se activa. El cansancio no desaparece, pero si un poco la necesidad urgente de cerrar los ojos y dormir. Después de una primaveral noche de mayo sin casi frío, con una luna llena que permitía ver mucho más que la "burbuja" de luz que la linterna crea entorno al corredor en las noches oscuras y que facilitaba mucho la orientación y disfrutando de corretear por caminos y veredas, la luz de nuestra estrella prometía espabilarnos un poco. Por lo menos un rato, y así fue. El alba, el amanecer y el sol, finalmente iluminando hasta el horizonte, se suceden rápidamente y da la impresión de que la noche nunca ha sucedido, que es un recuerdo remoto de hace mucho tiempo.

Kilómetro cuarenta. Estoy agotado. Tengo mucho sueño. Quizá debería echarme a dormir veinte minutos para espabilarme un poco al precio de un leve dolor de cabeza, que suele ser el pago necesario por quitarse la sensación, mucho más desagradable, de que se cierran los ojos cuando tratas de mantenerlos abiertos.

Me siento en una piedra cómoda al final de una subida. Me tomo dos geles (uno de ellos con cafeína), bebo agua, me pongo el mp3 con heavy metal y... oh yeah!, milagro, el sueño se disuelve y bajo corriendo hasta el el siguiente punto de control con death metal al estilo Gotemburgo (los Kalmah) resonando en el alma y lanzando ecos hacia las piernas, que recobran sus fuerzas.

Media carrera, queda menos de lo que llevo. En este momento están tomando la salida los participante en la prueba de Maratón (42 Km.) y yo tardaré dos horas en llegar hasta ese punto. Lástima, pero veré a Anne en la meta.

El resto de la carrera no tendrá el sueño como protagonista. En algunos momentos una cierta somnolencia. Ahora solamente es ir pensando en la siguiente subida, a sufrirla cada vez con más calor y en cada bajada, muchas de las cuales fáciles de correr.

La ciudadela de Marvao se nos presenta en lo alto, inexpugnable a invasores españoles o franceses pero, esperamos, que hoy, en son de paz, podamos conquistarla.


Esto no me lo habían hecho nunca. Cuando después de mucho sufrimiento casi estamos llegando a lo alto, donde nos espera ropa seca y un buen avituallamiento... nos bajan otra vez, nos hacen rodear el promontorio, subiendo y bajando, retroceder en el sentido contrario y, finalmente, subir en linea recta y vertical hasta lo alto. De una crueldad y sadismo exquisito y novedoso.

Cambio de calcetines empapados por los varios cursos de agua que hemos tenido que atravesar y de plantillas, para recuperar la sensación de pies secos. Comer, beber, recargar, sentarse diez minutos, estirar los cuádriceps y a por el maratón. Quedan cuarenta y dos kilómetros y calculo que tardaré más de veinte horas en total. Quizá hacia las siete y media de la tarde, aún con buena luz, pueda estar en meta.

Como cien kilómetros son muchos, para leerlos, aunque realmente más para correrlos, resumo los acontecimientos más rutinarios: cuestones, bajadas, avituallamientos, beber, correr, andar, adelantar, ser adelantado, charlar con la gente, darse ánimos unos a otros... Força!. Ya a partir de ahora escuchar "Força" me pondrá los pelos de punta como oir "Courage!" después de correr el Ultra Trail del Mont Blanc en 2012. El mismo cariño, el mismo deseo de animar. Vamos, queda poco, ¡Ánimo!

Encuentro a diez kilómetros de meta a Fali, "el coleta", corredor muy querido y respetado por todo el mundo y que conocí en el Maratón Alpino Jarapalos ya hace un tiempo. Va bastante fundidillo después de una larga lesión (fractura de tobillo) y haber podido entrenar muy poco. Es un fuera de serie y nunca pensé que alcanzase al héroe del "ocho alpino", es decir, de un recorrido de más de quinientos kilómetros en solitario y en autonomía absoluta con más de treinta mil metros de desnivel positivo acumulado y con una climatología hostil en los Alpes uniendo el recorrido de las dos pruebas emblemáticas de la zona: el Ultra del Mont Blanc y el Tor del Giants. Su GPS dice que el recorrido anda más hacia los cuatro mil metros de desnivel positivo acumulado que hacia lo anunciado por la organización. Eso explica en parte nuestros cálculos erróneos sobre la duración prevista del recorrido, yo confiaba hacerla en unas dieciocho horas inicialmente.

Un último punto de control a cinco kilómetros de meta antes de bajar (la madre que los parió) trescientos metros de escaleras y me lanzo a correr, para acabar de una vez, lo que me queda.

A los cien kilómetros entramos en el estadio con la "gracia final" de tener que saltar o reptar una valla...

Siempre que tengo elección prefiero arrastrarme a saltar.
Es menos digno, pero mis rodillas me lo agradecen
Pero para compensar, tras ella estaba esperando Madame Souplet para recibirme con su eterna sonrisa, que hacía mucho había acabado su carrera "cortita" en ocho horas.



Y prueba superada en veinte horas y media. Con un puesto muy aceptable para mi, el trescientos veinticinco, teniendo en cuenta de que iba todo lo mejor de Portugal por delante de mi. Un veinticinco por ciento de retirados nos dicen que el calor, porque no lo he dicho, pero hizo mucho calor, hizo más estragos este año que el frío el pasado. Pensé que el comentario que me habían hecho a cinco kilómetros de meta (boa posição!) era irónico, pero no, un puesto muy bueno para un trotón como yo.

Y yendo a lo importante:

Bacalhau a Bras
¿Por que hacemos estas cosas? Para comer un plato de bacalao y mucho más. Porque si no es para disfrutar, todo esto no tendría sentido.

Nos vemos en la próxima, en Chamonix du Mont Blanc.

Força! Courage!

Por mares nunca d'antes navegados, 
Pasaron ainda alêm da Taprobana 
E entre perigos e guerras esforçados 
Mais do que prometía a força humana 
Entre gente remota edificaram 
Novo reino que tanto sublimaram 
(Camoens, Os Lusíadas)

19 may. 2014

Sierra de Guadarrama "After hour"

O de cómo nos vimos envueltos en una salida en privación de sueño y cómo nos desenvolvimos.

sacado de www.fotolog.com
En CxC estamos acostumbrados a entrenar privados de un montón de cosas necesarias para la cosa del correr mucho y rápido así que si además nos privas del sueño somos como un saco de patatas. Y como en el Ultra Trail del Mont Blanc ese, por lo visto, vamos pasar penurias importantes también en esa faceta nos hemos puesto tercos con el tema y hemos decidido probarlo en condiciones llevando nuestras cuerpas más allá del cansancio normal, hacia el derrumbe total. De modo que aprovechando que el tito Luis Arribas cumplió recientemente años (¡cómostas bribón, cómo te me conservas!) decidimos ir a hacerle una visita y, de paso, echarnos al coleto unas horitas de monte.

Así que el pasado viernes me acosté a las doce de la noche y me levanté a las dos. ¿A mear? No, de manera definitiva. No sabía si recenar o desayunar. Con la cuerpa al revés esperé la llegada de Quique que venía directamente de una cenita en casa de su señora prima (la Merce) sin dormir -con dos cojones-. 

Echamos al coche los apechusques de correr y las bebidas isotónicas necesarias y pa Madrid. 

A eso de las 3:00 AM salimos por la autovía después de cerciorarnos de que en Ciudad Real, un sábado de madrugada, no se puede echar gasolina. A la aventura. Llegamos de milagrito a la primera gasolinera de la autovía después de pasar por cuatro estaciones de servicio cerradas. Un sustaco.

Sin más cosas destacables que contar llegamos a Navacerrada donde nos esperaba el señor Arribas. Besos de tornisho, abrazacos, donut y al campo.

Correr al lado de Spanjaard es un gustazo y ya hacerlo en su zona de influencia, un lujo. Te va señalando con el dedete, atiborrándote de información sabrosísima sobre el terreno serrano, mechando el asunto con graciosas anécdotas del estilo “allí se despeñó Genaro Cifuentes en la primera edición de tal carrera”. 

Como quien no quiere la cosa nos enteramos de dónde nos atajó el tito Iván Palero en el GTP 110 del año
pasado apareciendo como un ánima en la fuente de la campana. Y entre chascarrillos y chismes nos merendamos la subida a la Maliciosa dándonos cuenta de lo lejos que estamos del estado de forma idóneo de cara al UTMB ese.
 
Desde allí arriba el paisaje es espectacular y tras darnos al jamón y al resto de vituallas nos lanzamos a una bajada cuasi suicida en la que el bueno de Quicorro empezó a dar muestras de que su tobillo no se ha recuperado todavía. 

Ni Arribas ni servidor (el hijo de la seña Choncha) somos especialistas en bajadas pero le metimos una minutada al pobre Quique que bajaba como el Langui con ampollas. Abajo nos contó que le dolía el asunto y acomodamos el ritmo de marcha a su trantrán para que fuese más seguro y no se jugara el tobillo. 

Bajamos hasta la Pedriza cruzándonos tronchamontistas de vario pelaje y cuando una senda preciosa nos guiaba hacia el siguiente subidón de la jornada Quique volviose a torcer el tobillo. 92 kilos de humanidad son muchos y eso en un tobillo inestable es sinónimo de lesión sino se cura bien.

Así que por una vez -y porque estaba Spanjaard para poner cordura- hicimos lo debido y dejamos al herido que bajara sólo hacia Manzanares el Real andandito y nosotros nos fuimos a merendarnos los 20 kilómetros
que nos faltaban hasta los autos para volver luego a por el lisiado.

Al final Quique se metió unos 22 kilómetros (con 1000 metros de desnivel positivo) penando los diez últimos a base de bien. Menos mal que el paisaje contrarrestaba el dolor.






Arribas y yo nos hicimos unos 30 con 1.400 D+, que no está mal, aunque no era todo lo que queríamos hacer.

Luego el anfitrión se pagó unos huevos rotos (cuya denominación exijo que cambien ya que tuvimos que romperlos nosotros) y nos convidó a ir a su casa a comer. Evidentemente aceptamos y nos presentamos an ca Teresa a ensilarnos un gazpachito y un estofado absolutamente geniales en compañía de la familia Arribas al completo con las Perlembacheres que habíamos llevado nosotros y un vinito acalorante y delicioso que nos sirvió el padre de familia. 

Una comida de esas en las que uno se siente como en casa a pesar de conocer de dos ratejos a los convidantes, lo que no impide que se les tenga un cariño especial.

Del viaje de vuelta tras la pertinente ronda de besos, abrazos y apretones varios, sólo decir que en la M-40 tuve que pedir educadamente a Quique que me dejara conducir porque el cabrón hacía hasta el gesto de
subirse la colcha.

Gracias a tal llegamos a la capitaleja manchega con el trabajo hecho, enteros y privados de sueño. ¡Que por naide pase!

13 may. 2014

¡FUENCALIENTE, qué hermosa eres!


Decía Marck Ajoufer que “la perspectiva es, en la vida, tan importante como, al menos, otras cosas igual de importantes, en la vida, que la perspectiva”. Y eso es así.

Sucede que, como pasa con otras cosas importantes, para sacar un provecho personal a la perspectiva es fundamental tener su poquito de autocrítica y eso es difícil. Ejemplo: Uno sale a correr al monte en solitud y regresa a casa pensándose un titán, un lebrel metamorfoseado en ser humano, un bicho mitológico nacido para devorar kilómetros al ritmo del mejor. Bien, tenemos la autoestima a la altura de los pelillos de la nariz de la Estatua de la Libertad.

Al día siguiente salimos de nuevo a trotar al monte, esta vez con unos “amigos”. Tres horas después te encuentras amagao debajo de un chaparro lamentando tu vituperable estado de forma y preguntándote cómo puedes pasar de promesa olímpica a mierdaseca en 24 horas.

Cuestión de perspectiva, mafren.

Personalmente, si me comparas con el charcutero del barrio de mi madre después de la calderetada de la Romería de San Isidro, soy un adonis, un atleta de superélite; si me enfrentas al Kilian Jornet aquel soy un mierdo así de alto.

Perspectiva de nuevo.

Eso nos pasó el pasado fin de semana a algunos ceporceses que nos vimos envueltos casi sin saber cómo, en una quedada correcampista tremenda. No solo la zona era espectacular, sino que la compañía era de esas que te ponen en tu sitio.

Los ceporceses no somos muy de comparar cuerpas porque normalmente salimos perdiendo, como a nivel intelectual tampoco semos unas lumbreras (menos el presidente, pero él suaviza el potencial de su psique con un permanente estado de semiausencia o, precisamente, sumido en alguna profunda reflexión en a saber qué idioma), cuando nos juntamos con otros tronchamontes nos dedicamos a decir tontás. Pero lo que vimos al bajarnos del auto en la zona de Fuencaliente nos minó la moral: unos gachós de impresión, enjutos pero fuertacos, de hipertrofia muscular evidente pero ágiles, vestidos de hoko pero con clase... Vamos que había un excampeón del mundo (del mundo entero, oiga) de Duatlón y un amiguete que hizo 9º en la general del Maratón de Sables... No digo más.

Y empezamos a triscar monte. Esta vez el trío CxC lo conformaban el conseguidor (Miguel Ángel), el figura (David Gutiérrez) y el nieto de la Orosia (pa serviles).

Fuencaliente no entiende de calentamientos y nuestros partenaires del pie contra monte tampoco, así que el primer kilómetro fue un subidón seguido de otro subidón para bajar un cortafuegos a cuchillo y volver a subir a lo bestia. Servidor no sabía si seguir penando a un ritmo que evidentemente no era el mío o echarme a llorar abrazao a un pino. Por delante Miguel y Guti avanzaban como jureles llevados por la corriente, como si no les costase a los cabrones. Menos mal que a los cimarrones que marcaban el ritmo les dio por parar a mear -al fin y al cabo deben ser humanos- y pude recobrar el aliento.

Yo soy diésel y sé que las subidas fuertes al principio me dejan listo de papeles, por lo que visto desde mi perspectiva no iba demasiado mal a pesar de ir echando el bofe. Miguel y Guti, al contrario, son gasolinas trucaos y no les cuesta ponerse a toda leche de inicio. Iban bien desde su visión del asunto. Perspectiva.

Como además la zona es un auténtico lujazo para el correcampismo, iban pasando los kilómetros. Lo de Fuencaliente es espectacular. Lo tenemos ahí, a una hora de la capital y es un auténtico paraíso donde se pueden encontrar desniveles importantes y paisajes maravillosos por los que correr. Pinar por aquí, sendero por allá, riachuelo que cruzamos y...

Cambio de perspectiva. A Miguel se le pone terco el intestino justo al llegar a la primera subida gorda. Yo veía cómo se iban los titanes corriendo hacia arriba y a mi colega por abajo sudando cicuta. Le espero, me dice que tiene que obrar y se para. Sigo para arriba andandito y le espero. Con medio kilo menos llega el fulano. A trotar a por los buenos.

Desde ahí la cosa cambió. Yo me fui encontrando mejor, como me suele pasar siempre y Miguel, a peor. A él le van más las subidas tendidas y largas que los cortafuegos y verse tan lejos de los demás le hizo pupita en la cabeza. Desde ahí y hasta el final de la ruta penó como el que se tragó las trébedes, pero supo sufrir y aprender una nueva lección. Y es que pocas veces de las que sales al monte a darte un buen tute no aprendes algo.

Terminó mal físicamente y moralmente tocado, justo al contrario que yo, que finalicé la etapa con alegría en las piernas y en el espíritu, convencido de que la Quijote Legend esa me la meriendo sí o sí. Cuestión de perspectivas.

Lo que no sabe Miguel es que no fue tan mal como él creía, sólo que esta vez le tocó sufrir atrás y para llevar esa carga hay que entrenarla. Si en vez de los compañeros con los que le tocó lidiar, hubiera ido con algún principiante habría terminado de los primeros y con mejores sensaciones haciendo el mismo tiempo. Perspectiva. Ahora le toca analizar dónde falló (quizá salió demasiado rápido), aprender la lección y tirar de manual de psicología, porque le va a tocar aguantarme durante 152 kilómetros dentro de tres semanas y eso es algo para lo que no todo el mundo está preparado. 

¿Que vamos a terminar la Quijote Legend esa?
Por supuesto. Y en muchos momentos tendrá que tirar él de mí y yo de él, y entre los dos tendremos que ofrecerle alguna ostieja al Lidl (Ramón) que también se viene aunque esté entrenando en secreto (?). Y lo vamos a pasar teta.

Perspectiva, amiguetes, ya lo decía el bueno de Mark Ajoufer.


Fotos cedidas por los asistentes, así en general...