26 abr 2011

SEMANA DE PASIÓN

Sí, esta semana (Santa) también fue para mí una SEMANA DE PASIÓN. Y es que, últimamente, además de mis chicas, me apasiona correr por el campo. Y corro también de forma apasionada. No es que corra sin tino, ni que busque la extenuación, ni siquiera mis límites. Corro y disfruto, sin más. Y cuando más disfruto es cuando lo hago por el campo. Sobre todo si el sitio es nuevo, no sé por dónde voy, ni qué me voy a encontrar. Por eso me gusta más el campo que la ciudad, los caminos más que la carretera, el sendero más que el camino y el campo, sin más, más que cualquier otro sitio. Y lo bueno es que, vayas donde vayas, más lejos o más cerca, está el campo. No sé por qué, pero casi todo está siempre en mitad del campo. Madrid está en mitad del Campo, Ciudad Real está en mitad del campo, el pueblo más pequeño está en mitad del campo. No he estado en New York, pero seguro que está en mitad del campo. Y dije casi, porque hay sitios –los menos –que están entre el campo y el mar…

El miércoles por la noche llegué a uno de esos sitios: Guardamar del Segura (Alicante). Estaría cuatro días. Correría dos.

El jueves lloviznaba y el viento fue lo más destacable meteorológicamente hablando. El viernes abrí el ojo a las 8:30, mientras las niñas dormían. Miré por entre las rendijas de la persiana: Un día radiante. Salí sin hacer ruido, preparé mi mochila hidratante, un plátano, unos frutos secos, el móvil, la gorra y me fui a correr.

No había corrido ni un kilómetro cuando encontré un camino que apuntaba hacia el monte. Lo seguí hasta ver un estrecho sendero que se adentraba en un bosquecillo precioso.

Después del bosque, monte bajo durante unos tres kilómetros de preciosa ascensión. Cuando me di cuenta me encontré con un cartel indicando que aquél era el punto más alto del término municipal.

Las vistas desde allí eran preciosas. Podía ver todo el pueblo de Guardamar, Santa Pola, la isla de Tabarca, La Mata y el mar, el inmenso mar… Impresionante. No es lo mismo verlo en la foto

A unos doscientos metros había un vértice geodésico. Y allí un mountainbikero que resultó ser de Rojales (un pueblo cercano que también se veía desde allí en dirección al interior) y que me indicó algunas rutas que había por allí. Charlé un rato con él, se marchó y comencé a bajar el monte por el lado contrario de la subida hasta que, sólo a unos cincuenta metros, me encontré con lo que resultaron ser unas trincheras construidas en la guerra civil. Como no podía ser de otra forma, me metí en ellas e imaginé como dispararían desde allí al que osase alcanzar el lugar. Menudos serían los del destacamento de Cartagena…

En una especie de cueva que serviría en su día para proteger a los atrincherados descubrí unas plumas que al acercarme se convirtieron en tres polluelos de abubilla, todavía en plumón (sé que eran abubillas porque he buscado en google "fauna de guardamar").

Después de hacer las fotos de rigor e imaginar lo que pudo suceder allí en el año 36 comencé a bajar hasta llegar a un camino con un cartel que rezaba “Camino de la Calera”. Media vuelta por donde había venido para subir nuevamente. Al empezar la subida alcancé a un grupo de biciclistas, superándolos por su izquierda –como mandan los cánones – para satisfacción del menda que, en plan chulito, les decía: “holaaaa, holaaaa, venga, ánimo que queda poco para llegar a arriba”. Me puse más ancho que largo al ver que mis piernas eran más rápidas que las suyas (y eso que las suyas se ayudaban de piñones, platos y demás). Luego, al bajar, fueron ellos los que me dijeron a mí: “adiooos, adiooos, venga campeón”. No pude resistirlo y me tiré monte abajo por sitios inaccesibles para las bicicletas hasta que, recortando como pude, les alcancé nuevamente y les pasé. Oí a uno que le decía a otro: “¡Qué cabrón, mira cómo va, qué huevos!”. Sólo dije: “Vengaaa” y ellos contestaron con palabras de ánimo que a mí me parecieron incluso de admiración. Creo que me puse cachondo. ¡Cómo somos los tíos! Competitivos, chulos, arrogantes, vanidosos… Bueno, no sigo que me descubro. (Ya, ya sé que todos los tíos no son así, pero yo sí). El caso es que bajé como un tiro aún a riesgo de pegármela. Vuelta por donde vine con las piernas cansadas, el ego por la nubes, las fotos en el móvil y unas ganas terribles de que llegara otro día para volver a descubrir nuevas sendas que correr.

Al llegar a casa me encontré con unos churros fantásticos que me supieron a gloria bendita (que no sé si alguien sabrá a qué sabe eso, claro).

El sábado descansé y el domingo de resurrección reviví mis correrías del día anterior, llegando esta vez a otra montaña cercana en la que a medio camino se encuentra el depósito del agua que abastece al pueblo. Al llegar casi a arriba, hice esta foto.

Las vistas igual de bonitas que las del viernes pero sin sol. Llegué nuevamente a las trincheras, vi los polluelos, el vértice geodésico, el punto más alto del término municipal… pero esta vez al revés, llegando por el “camino del moncaio” accediendo a la parte más alta desde el sur (el viernes llegué por el norte) y bajando por la senda por donde bajan los ciclistas que tiene bastante menos peligro que la que había hecho yo el día anterior. Algo más de recorrido, lo que significa más tiempo, más cansancio, pero más disfrute psicológico y más tiempo para dejar volar la mente o, como en este caso, pensar en cosas que no sirven para nada. Esta vez, me descubrí pensando en las procesiones católicas, en la chorrada supina de la procesión de los ateos que había habido en Madrid, en los exagerados que últimamente ven ataques contra el catolicismo por todos sitios y en la mayoría de la gente que, en mi opinión, pasan tanto de los unos como de los otros. En cuanto me di cuenta de que estaba pensando esas cosas, me paré, me comí un plátano sentado en una piedra, eché un trago de agua, un pis y seguí corriendo como de costumbre, sin pensar en nada…

Ese mismo día por la tarde tenía que volver a casa. ¡Qué pronto se acaba lo bueno!
Menos mal que en Ciudad Real también hay churros…

25 abr 2011

Corriendoporelcampo en bonito

Como mis hazañas deportivas no están (por ahora) a la altura de las de mis queridos compañeros, intento, por lo menos, correr por sitios bonitos. Esta semana santa en el pinar y las calas de Roche.






8 abr 2011

Corriendo se conoce GENTE

Era viernes y había que pensar en algo para evitar ir al despacho por la tarde para aprovechar, como se merecen, los días que nos está regalando este abril.
Convencí a Paco para que me acompañara en una carrerita campestre vespertina. El único requisito que puso fue el de siempre: Vamos, pero sin pasarnos.
Se me ocurrió llevarlo a La Atalaya. Parece que si no sales del parque forestal no puedes cansarte mucho. Hicimos solo 7 km, pero no dejamos de subir y bajar. Paco me miraba como diciéndome: Has vuelto a liarme... Quedamos en que todo era fruto del calor y de la falta de costumbre de nuestras cuerpas a las altas temperaturas.
A pesar de todo, lo importante de este día no era el ritmo por kilómetro, ni el desnivel acumulado, ni las sensaciones, ni el paisaje. Nada de eso justifica esta entrada en el Blog...

Lo verdaderamente sorprendente de esta carrera fue el final o, mejor dicho, lo que vino después de la carrera: Pongamos (por eso de la protección de datos) que quien nos sorprendió fue... GENARO

Podéis verle en la foto. Para preservar su intimidad (además de haberle puesto un nombre al azar) hemos ocultado sus ojos, su nariz y su labio superior (hemos dejado el cigarrito) y, porque sabemos que la gente es mu larga, hemos borrado las marcas de su gorra, su camiseta y su bicicleta... Que estáis en to...

Genaro resultó ser todo un personaje, además de simpático, locuaz y absolutamente carente del sentido de la intimidad. Solo hizo falta que Paco le preguntara si había muchos espárragos (llevaba la mochila que véis en el suelo llena de ellos) para que nos dijera que había llegado a las dos de la tarde, que la gente no sabe cogerlos, que los corta y así ya no sale otro, que no puede uno ir a por ellos con tijeras, sino con una navaja para sacarlos de raiz, que a él en realidad lo que le gustan son los cardillos, pero que ya era tarde para ponerse a buscarlos, porque tenía que pelarlos y tal y tal, que a él le gustaba todo lo que era del campo, pero no para comérselo, sino para cogerlo simplemente, porque así se entretenía y le venía bien; que luego se los regalaba a la gente pero que ellos no le daban ni para tomarse una cervecilla y que, encima, algunos se atrevían a decirle "pues esta vez no son muy hermosos" y entonces él pensaba "pues que te den puerculo hijueputa", pero que no decía nada porque le venía bien porque si no, al vivir solo, le gustaba echar un trago; que él se cogía una botella de güisqui Four Roses (pronunciado, forrosis) viendo un partido del Real Madrid, por ejemplo, y que empezaba tomando un café con un chorrito de güisqui (como un irlandés, pero sin la tontá de la nata) y luego otro y que, como le sentaba bien, se lo tomaba con un refresco y luego otro y luego otro... y , cómo sería la cosa, que el otro día salió de su casa, vio una grúa y creía que se iba a caer, lo que le produjo un desasosiego y un reconcome muy malo pensando la que se liaría si se caía la jodida grúa... Nos dijo también que, no obstante, el no bebía mucho, salvo en las comidas (bueno y también en las cenas) en las que se bebía un litro de vino, pero con dos litros de naranja (porque a él no le hacía gracia la gaseosa y, además, no era bebedor), que eso no era nada porque él comía bien (por ejemplo, cuatro o cinco chuletas y un par de chuletones), que cuando se ponía guapo era cuando veía los partidos solo en su casita y que entonces se ponía como un zorro... y bla, bla, bla...

Se empezó a hacer tarde y, mientras él seguía hablando, tuvimos que decirle: bueno, pues nada, que nosotros nos vamos ya, a seguir bien...

Ni que decir tiene que no sabemos qué significa ponerse como un zorro, porque no nos atrevimos a preguntarle nada más por si acaso la historia comenzaba en su niñez, ainssss.

Lo dicho, otra ventaja del running: SE CONOCE GENTE y ¡qué gente!

PD: gracias, Genaro, por tu simpatía.

6 abr 2011

Fuentillezjos, territorio conquistado

Afoto realizada en lo más alto de la más alta loma

Como algunos sabreis, el que suscribe estas líneas se dejó en el vientre materno el sentido del equilibrio (también otros como el de la sensatez, pero no viene al caso) así que cada vez que me enfundo las zapatillas de conquistar territorios hostiles y empinados (con perdón) para lanzarme a la aventura lo hago poniendo en riesgo gordo mi integridad física. Y todo esto, queridos niños, lo hago por vosotros.
Dicho lo cual os diré que el pasado martes me fui a la Finca Fuentillezjos, donde ejerce su sabio ejercicio la niña de las flores (a la sazón mi parienta) y me eché al monte con más pena que gloria.
Primero traté de abrir senda por donde no la había. Craso error. Con las hierbas a la altura de las rodillas no se ve donde se pisa. De ahí al eslince de tobillo hay una línea muy delgada. Vuelta patrás y al camino que sube hasta el depósito de agua y más allá.
Resultó ser que el más allá ese está bastante alto. Tanto que echando cálculos en un kilómetros se vienen subiendo 100 metros. Eso da un 10% que no está mal aunque mirando lo que nos espera en esas carreras de Dios ya podemos ir comprándonos gemelos nuevos.
No quiero yo insistir pero el campo está estupentásico. O como diría el Robe: "Sha desatao la primavera".
Para muestra un fotón.





Esa zapatilla me está dando unos problemillas que no se yo

3 abr 2011

Salidas nocturas, pájaras y espaldas odiadas

Ya lo dijo en la anterior entrada. Hoy Jorge nos ha sacado al campo a Luis y a mí. Y nos ha sacado bien...
Sobre las 9:45 salíamos de su casa hacia la cantera de Horcisa (que, por cierto, no sé si se llama así) para después bajar hasta el pie del cerro de Alarcos por su lado norte para volver a subir hasta su parte más alta, bajar nuevamente por la ruta del moro hasta el puente de Alarcos, subir por el camino que lleva a Valverde, llegar al pueblo, coger la ruta hasta la Laguna de la Posadilla, desviarnos un kilómetro antes, llegar a lo que en los mapas se denomina Casa de la Posadilla, volver hasta el desvío que habíamos cogido, girar a la izquierda, subir un repecho hasta poder ver dónde termina el camino de la Laguna y, después de todo esto, volver por donde habíamos llegado. De esa forma subimos lo que habíamos bajado y viceversa.
Ahí tenéis la gráfica (o perfil, que dicen los entendidos).
Al final nos han salido algo más de 22 km en unas dos horas y veinticinco minutos y un desnivel acumulado de 800 metros.
También hay que decir que el tiempo ha sido peor como consecuencia de mis salidas esta semana. El  miércoles y el jueves por la visita de Marcos y Pablo (gallegos de pro que, viniendo a un curso sobre la reforma de las pensiones, se fueron siendo masters en gin-tonic). El viernes por la Cena de Graduación de Derecho. Ayer por el magnífico concierto de otros gallegos (Stereotipos) organizado por Daiquiri Blues Bar. En resumen, comencé a planchar la oreja a las 5:00, 5:30, 8:00 y 1:30, respectivamente. Una pasada...
Así estaba yo... como si tuviera un señor asando pollos en mi estómago, sin fuerzas, sin ganicas de ná... Por eso, creía que me daría la vuelta muy pronto. Sin embargo, durante los primeros 17 km he ido muy bien. El problema empezó cuando tuve que subir la ruta del moro por su lado más duro. Sentí como si me vaciara en un momento.
Creo que me está dando un pájara, le dije a Jorge. Él ha contestado: el pájaro eres tú, cabrón. Así que me he visto obligado a hacer las últimas subidas andando-trotando-andando y recuperar en las bajadas para terminar como un machote.
Como consecuencia de todo eso, hoy me he dado cuenta de algo. Se lo he comentado a Luis, por si acaso eran cosas mías. Me ha dicho que él ya se había dado cuenta hace tiempo: Llevamos fatal que Jorge esté tan fuerte, tenga el culo tan gordo y tan duro y suba todas la cuestas sin parar. Pero lo peor de todo es que, siempre, siempre, tenemos que estar viéndole el trasero. Siempre, continuamente. Y lo peor es que en las subidas, éste suele quedar a la altura de nuestro morros, por si no lo veíamos bien.
Por eso, para que llevemos la cruz entre todos, ahí os pongo nuestra pesadilla, lo que vemos continuamente Luis y yo: la espalda y culo del muchacho de Poblete. ¡¡¡¡Qué angustia de hombre!!!!

31 mar 2011

Primera divagación prescindible

Desde que el primer ser unicelular decidió hacerse pluri y hasta nuestros días, la evolución ha llevado por sus azarosos caminos a especies de lo más variopintas. Una ha encontrado el culmen de su evolución, el cénit de sus posibilidades, la perfección destinada a un fin concreto. Puedo decir que ni desniveles atroces, ni bajadas peligrosísimas, ni rocas punzantes, ni la falta de agua, ni el sol de justicia, ni siquiera la manía de Luis de poner dedicos en las fotos... Nada de eso, mi némesis como carrerista campestre es la Urtica dioica o, como yo las llamo, lashijasdelagranputa de las ortigas de los cojones. Puedo decir que su programación cósmica estaba destinada a joderme tobillos, canillas y rodillas en los cerros de Poblete. Han llegado a la cima, a la perfección las hijas de puta. Y, además, cabronas, lo han hecho mirándome a los ojos, ahí, en la verita del caminejo, como diciendo "te vas a joder, payo". Tanto es así que me he tenido que salir del caminillo que habitualmente sigo... y ya no estaban. ¿Habrá florifauna más mala?
Dejando a un lado el detallejo de que tengo las piernas como si las hubiera metido en ácido y las hubiera echado al perraco del vecino, la mañana ha sido preciosa y el campo está impresionante.
Eso sí, ir apuntando extras para sumar a nuestra ya ingente colección de tontás de carrerismo.
Buff o similar. El que no quiera lo puede cambiar por una edición de bolsillo del libro "How to cook insects in a moment" del chef vasco Leovigildo Cabrera.
Gorra antisudorípara ligerita, que la mía, a la que llegué a casa, pesaba kilo y medio.
Algún repelente de bichejos varios bien de untar, de comer o de llevar colgado.
Algún portalíquidos para el que no tenga, que ya no se puede salir al campo más de media hora sin licuarse.
Cerveza frejquita a mogollón para después.
Deste fin de semana no pasa que os saque al campo, cabelleretes.
He dicho.

Pa olvidal la penas, los Hora Zulu versioneando el Te estoy amando locamenti, un descojono.

http://www.youtube.com/watch?v=_jXPZvsfeLo


29 mar 2011

I CARRERA PEDESTRE DE FONDO "BATALLA DE MONTIEL"

El año que viene somos el cartel de la II carrera pedestre
Fue Ramón el que colgó en el face lo de la Carrera de Montiel. A mí me gustó la idea, la comenté con el resto de cafres y, en principio, íbamos a ser seis los que tomaríamos el castillo. Al final solo acudimos cuatro, porque Paco se fue a Montoro de fin de semana rural entre amigos y a Carlos le traicionó nuevamente su rodilla dejándolo cojo de momento.
Quedamos a las 8:30 para salir (lo que habrían sido las 7:30 de no ser por el cambio de hora de esa misma madrugada), pero, como siempre, salimos con retraso. Llegamos al pueblo de José Mota pasadas las diez. Al recoger los dorsales empezamos a ver gente disfrazada y ambientada al más puro estilo medieval. Otros, homenajeando al humorista del pueblo, iban vestidos de "La Blasa" dispuestos a correr con sallas, pañuelo en la cabeza y "toca" de punto negro. Hasta un perro corrió disfrazado con un cuello de puntilla al lado de un grupo de mesoneras muy lozanas.

David sujeta unos manguitos entre las piernas, no es que esté desfilando...
El disparo de salida sonaba a las 10:30. Jorge y yo salimos más rápido de lo que debíamos. No habíamos calentado y empezamos a 4:30 min/km. David y Luis iban un poco más lentos. Teníamos las piernas como agarrotadas y el viento soplaba con fuerza frenando nuestros lindos, graciosos y, sin embargo, pesados cuerpos (sobre todo el mío), pero seguimos como pudimos bajando un poco el ritmo. Callejeamos un poco por el pueblo y salimos a unos caminos que discurrían por un bonito paisaje bastante distinto al que gastamos por los alrededores de Ciudad Real. Cuando llegamos al pueblo de nuevo, callejeamos otro poco y encaramos la subida al Castillo. Calculo que hicimos unos 20 metros corriendo para darnos cuenta de que no había Dios que subiera eso deprisa. Seguimos andando. Yo a un ritmo cansino y Jorge como si cogiera espárragos. Le dio tiempo a adelantar a todo un grupo que iba delante de nosotros. Después de un repecho en el que había que ayudarse de las manos para poder subir llegamos a otro repecho que parecían haber puesto a mala leche porque, además de estar escondido por unas piedras, era peor que el anterior. A pesar de eso, mientras yo subía, bajaba un fulano portando un auténtico espadón que pesaría un quintal como si llevara una plumilla (eso sí, tenía un brazo como un jamón de pata negra; de gordo, no de sabroso, claro). Terminábamos de subir y corriamos por donde antes estaría el castillo propiamente dicho, hasta donde nos esperaban unas jóvenes doncellas al pie de unas banderas para entregarnos con una radiante sonrisa un pañuelo-testigo en prueba de haber tomado el castillo. Media vuelta y a bajar lo subido (mientras, David subía diciendo: habréis puesto arriba un carrefour, porque si no, aquí no sube ni Dios). Ahora, en la bajada, me tocaba a mí adelantar (es lo que tienen los kilos y la gravedad). Parecía que nos habíamos recuperado en la subida y las piernas ya no dolían y podían correr deprisa. El tramo hasta la meta fue realmente rápido. Y loco; tanto que uno de Montiel tuvo que decirme: ¡Para, gañán, que ya has terminao! A los 49 minutos llegó Jorge, después yo, luego David y, finalmente, Luis. Luego nos enteramos de que éste último en dos ocasiones dio con las costillas en el suelo, pero ni lloró ni nada. Es un machote...

Para llegar al castillo ganamos unos 50 metros de altura en tan solo 100 de distancia
Los nueve kilómetros recorridos y la subida al castillo nos daban derecho a unos tickets para la chorizada y a una merecida ducha en unas magníficas instalaciones. Cuando llevábamos un rato nos dimos cuenta de que falta David, pero como es tan "huevazos" tampoco nos pareció raro. Cuando le vimos llegar volvió a sorprendernos. Había ido a por "hidratación" y "alimento". Se presentó con una litrona y una bolsa de patatas familiar en el vestuario para extrañeza de los allí presentes (aunque a David nadie le dice nada, ni le pone mala cara, ni nada, de nada)
Ahí lo tenéis en la zona de aguas menores con su litrona y sus patatas para recuperarse del esfuerzo
Nos duchamos, nos bebimos la litrona, nos comimos las patatas y nos encaminamos a la plaza mayor, no sin antes parar a comprar otra litrona y unas cortezas por si la distancia a la plaza mayor se nos resistía.
Callejeamos entre numerosos puestos medievales (allí montan un mercadillo de no te menees), compramos pan, empanada de cabrales, regaliz... y llegamos a la plaza. Allí nos apretamos unos bocatas de chorizo, gentileza de la organización, que no se los saltaba un galgo. Primero uno blanco de dimensiones pornográficas y, después, otro rojo ahumado que nos machacó el estómago para el domingo y parte del lunes, todo ello regado con cerveza medieval (que es igual que la de ahora, pero servida por mesonera asturiana de carnes prietas y turgentes).
El ambiente fue inmejorable, el pueblo volcado animando, la carrera divertida y original por la subida al castillo y los chorizos -ay, los chorizos- espectaculares...
El año que viene queremos repetir, acudiendo la noche de antes si es preciso para aclimatarnos, disfrutar de la velada medieval y lo fuere menester.