19 ago 2011

La Ruta del CARES a la CARRERA

Aunque casi no se ve, en la foto hay un círculo rojo y, dentro, está Jorge.
Una muestra para ver el inmeso paisaje que disfrutamos.
Antes de llegar a Asturias ya teníamos en mente hacer la RUTA DEL CARES corriendo. No obstante, no sabíamos si seríamos capaces de sacar un “rato”, ni si nuestras contrarias estarían dispuestas a quedarse con las fieras mientras nosotros nos íbamos de ruta, que para el caso es como si nos fuéramos de juerga, aunque sin copas, humo, ni gasto alguno, salvo el energético o calórico, el temporal y el de las zapatillas…

Tuvimos suerte y nos regalaron un mañana para nosotros (¡¡¡muchas gracias, reinas!!!). A pesar de ello, para no ser abusones, quedamos a las siete y media de la mañana para desayunar: café con leche, sobaos y unas tostadas que nos hizo Luis, el marido de Deli, de la Casa Rural “El Molino”, nuestro alojamiento en Arenas de Cabrales (muchas gracias desde aquí también a vosotros por vuestra hospitalidad, vuestra simpatía y… vuestra fabada, claro).

Cogimos el coche y nos dirigimos a Poncebos, donde comienza la ruta de 12 kilómetros hasta llegar a la población de Caín, donde termina (o viceversa).  
Aquí se puede comprobar la orografía de la ruta
Sobre las ocho y veinte nos pusimos las mochilas y empezamos a correr. La primera parte (un kilómetro y pico) es durilla, con una importante subida que hicimos a muy buen ritmo, aunque andando, al no saber si las fuerzas nos respetarían no solo para ir, sino también para volver, es decir, para realizar los 24 kilómetros sin sufrir demasiado. La duración estimada de la ruta (ida y vuelta) si se hace andando es de entre seis y siete horas.

El principio de la subida es algo abrupto y bastante seco, pero después, comienza un auténtico espectáculo natural digno de ver en un recorrido prácticamente llano. 
¡¿A que parezco un atletazo?!
Cuatro cabras. Una de ellas con mochila y reloj con gps.

La ruta atraviesa los macizos central y oriental de los Picos de Europa y discurre por un desfiladero por donde corre el río Cares. El camino está literalmente escavado en la roca desde principios del siglo XX. Se mejoró en los años 40 y se trata de una obra de ingeniería civil para aprovechar la riqueza hidroeléctrica en la central de Camarmeña, siendo la vía de comunicación más cercana entre los pueblos de Caín (León) y Poncebos (Asturias) separados, sin embargo, por más de 100 km. de carretera.
¡¿Es bonito o no?! (el paisaje, claro)
El paisaje es sobrecogedor, con desniveles cortados a plomo que nos ponían los pelos de punta al pensar en un desafortunado resbalón. A pesar de ello, el camino no es peligroso (salvo para niños pequeños que correteen sueltos) y suele tener en los sitios más estrechos un metro y medio de ancho. Sin embargo la sensación, en comparación con el tamaño del entorno, es que corríamos por un cable de acero, lo que nos encantó, quizá porque no estemos bien de la cabeza.

En uno de los túneles
En ocasiones la senda discurre al lado de la conducción de agua construida para la central hidroeléctrica, otras veces por túneles húmedos y oscuros que hacían las delicias de dos chalaos como nosotros y la mayoría por repisas de piedra que nos ilusionaban al hacernos creer que corríamos por sitios que nadie más había pisado.

También hay que cruzar dos puentes, el de Bolín, donde se cruza el Cares a gran altura y, posteriormente, el de Los Rebecos. 


Además, como el cielo amenazaba lluvia, salimos temprano y nuestro ritmo era más rápido que el de los demás, fuimos todo el camino solos, salvo a un matrimonio que adelantamos en la salida y unos cuantos que nos cruzamos casi al final. ¡Una auténtica gozada!

Pasadas las nueve y media de la mañana, llegábamos a la zona más angosta del recorrido, a la presa de Caín, donde empieza a abrir el valle y se ven las primeras casas del pueblo. Llegamos chorreando de sudor, como si nos hubiésemos metido en el río (el viento no corre mucho por el desfiladero y la humedad es alta).

Paramos en el primer bar que vimos abierto, donde tomaban café unos cuantos paisanos del lugar. Nada más vernos, uno de ellos exclamó - ¡Coño! ¡¿Venís corriendo?! pero… ¿a qué hora habéis salido?.

- Hace, exactamente, una hora y diecisiete minutos – Dije mirando mi reloj, como si la cosa no tuviera importancia alguna.

- ¡Cagüendiossss! ¡Una hora y diecisiete minutos! – Dijo sorprendido el de mayor edad.

En ese momento me quité la camiseta (sin que nadie se desmayase, por cierto) y la retorcí para darle mayor expectación al momento, consiguiendo licuar algún decilitro que otro de sudor puro y duro (limpico, eso sí, de recién duchado esa misma mañana...).

A la vez, Jorge me preguntaba si tenía hambre. – Toda – Le dije. Extendí la camiseta sobre una valla, a la vez que el señor Cainita (o de Caín) le decía a la concurrencia –Eso no seca, eh… Sí se nota que venís corriendo, sí… no como otros que veo yo que echan a correr desde ahí mismo, desde el puente; dicen que vienen corriendo… y llegan secos… Una hora y diecisiete minutos, cagüendiosss – seguía compartiendo el señor con admiración.

- Sentaos aquí, muchachos, y tomad algo que recuperéis fuerzas, que tenéis que venir reventados…

En ese momento salía Jorge con un Acuarius, un zumo de naranja y una caña de chocolate para cada uno.

Nos bebimos aquello de dos tragos, nos comimos la caña de tres bocados, nos echamos a la espalda nuevamente las mochilas y nos despedimos de aquellos simpáticos lugareños para correr el camino de vuelta. No habíamos dado cuatro zancadas cuando a nuestras espaldas oímos: cagüendiosss, una hora y diecisiete minutos… cagüendiossss…

No sabemos por qué, pero la vuelta resulta distinta a la ida, parece que el camino es otro, igual de espectacular, pero otro.

Ves otras cosas, otra perspectiva, tienes otras sensaciones e, incluso, parece más peligroso, tienes más sensación de vértigo. Otros doce kilómetros de disfrute total…
A veces las vistas y las sensaciones son alucinantes
¡¡¡Cómo está el campo!!! dijimos varias veces, acordándonos de las veces que lo decimos en nuestra tierra, La Mancha, que en aquel lugar se recuerda, por la comparación, como un lugar muy, muy lejano.

En el camino de vuelta, como ya era más tarde y había mucha más gente haciendo el recorrido, vimos y sentimos de todo. La mayoría eran unos secos que, si no les saludábamos, ellos no nos decían ni “mú” (Jorge decía que era por mí, que soy muy feo), aunque cuando pasábamos se nos quedaban mirando de dos formas distintas, según fueran españoles o extranjeros. Los primeros nos miraban con cara de decir: “menudos chalaos… ¿a que se caen los gilipollas?, serán venaos…”. Los extranjeros, sin embargo, nos miraban con una mezcla de respeto y admiración.

Hubo algunos que nos inmortalizaron con sus cámaras fotográficas y, otros, hasta nos aplaudían y nos animaban como si les hiciera ilusión vernos correr por allí.

Para los foráneos éramos atletas, para los nacionales cortos de mente… Así son las cosas.

En cualquier caso, nos queda la ilusión de habernos convertido, quizá, en leyenda, gracias a la admiración que despertamos en aquel paisano del bar (llamémosle PELAYO), siendo la causante de aquella exclamación espontánea e incontrolable que jamás olvidaremos: ¡¡¡Cagüendiosss, una hora y diecisiete minutos…!!!

Estas son las típicas cosas que, con el tiempo, se exageran. Pelayo, a la semana de haber sucedido lo que os contamos le referiría a otro paisano que  una mañana habían llegado corriendo desde Poncebos dos chavales que, a pesar de tener barriguita, habían recorrido los doce kilómetros en poco más de una hora y, un mes después, aquél le diría a otro que dos atléticos jóvenes habían tardado menos de una hora en completar la ruta para que, otro mes después, ése dijese que dos atletas (al parecer, olímpicos) no habían tardado ni media hora en recorrer los doce kilómetros que separaban Poncebos de Caín… Pues, que no os engañen, fue una hora y diecisiete minutos a la ida y una hora y once a la vuelta, ya que el desnivel era menor en ese sentido. Menos de dos horas y media de auténtico disfrute del bueno.

Os la recomendamos a todos: a los que corráis, a los que andéis y a los que, como nosotros, disfrutéis como guarros en un charco haciendo deporte por el campo.

17 ago 2011

XI Carrera Urbana Villa de Corral


La sombra de la foto no es casualidad.
Es un recurso artístico para ocultar ciertos antiestéticos pliegues de la zona abdominal. No sabemos por qué siempre nos venden camisetas deformadas...
 Nuestro C.D.E. CorriendoporelCampo participó en la "XI Carrera Urbana Villa de Corral" a través de los tres miembros (con perdón) que podéis ver en la foto.
La temperatura era agradable... para estar a cubierto y con aire acondicionado. Sin embargo, en la calle hacía un calor de no te menees (aunque menos que en años anteriores). Menos mal que la organización -excelente en todos los sentidos- alivió el calor reinante en esta carrera de 10.000 metros mediante duchas en el recorrido, puestos de agua en abundancia y mucho ánimo. Además, los paisanos del pueblo nos regalaron muchas palmas, vítores y chascarrillos varios muy ocurrentes que nos animaban a seguir. Algunos tuvieron la feliz idea de obsequiarnos, además, con algún que otro remojón gracias a mangueras que sacaban de sus propias casas. ¡¡¡Unos fenómenos!!!.
En lo deportivo nada que destacar de la actuación del CDE CorriendoporelCampo, salvo que nuestras marcas fueron, como viene siendo habitual, desastrosas.
Por eso contaremos lo verdaderamente importante...
Empezamos a calentar a nuestro ritmo hasta que vimos a unos tipos con unos atuendos muy de nuestro gusto (verdes, exactamente iguales que el verde de nuestro escudo, el de la hierba fresca del campo por donde nos gusta correr) con la leyenda (o el letrero, que dirán algunos) de "TUERCELINDES, AC". "¡Coño, los del Tuercelindes!" - dijimos. Nos acercamos, nos identificamos (nosotros aún no tenemos equipación, aunque sí mucho "don de gentes") y les conocimos. Tal y como habíamos supuesto, son unos tipos muy majos a los que se les nota que son, sin esforzarse, gente sana, agradable y divertida. En lo deportivo, no podemos decir nada de ellos porque ni los vimos correr (por la ventaja que nos sacaban), ni los vimos entrar (por el mismo motivo). No obstante, dejamos constancia del encuentro y del compromiso de ambos clubes de tener una próxima jornada de hermanamiento en la que, con la excusa de correr, nos atiborraremos de cerveza y raciones de las que se pegan al riñón. Desde aquí aprovechamos para avisar del citado encuentro a las autoridades sanitarias, por si acaso...
Resulta premonitoria la actividad desarrollada por el furgón que sirvió de fondo a la instantánea
También resultó destacable la participación (fuera de concurso) de los integrantes más jóvenes de nuestro club.


Y, por último, y no por ello menos importante, no podemos olvidar la abundante ingesta de sandía fresquita tras la llegada a meta, la no menos abundante hidratación a base de cerveza y la recuperación que nos procuraron varias rebanadas de pan frito con miel, todo ello por cortesía de la magnífica organización de la carrera.
Ducha fresquita y, posteriormente, cena en el merendero de la piscina (al ladito de la duchas del pabellón cubierto) en compañía de Tomás, Lolita (corredora de gran proyección) y sus hijos, Alberto e Isabel, con los que seguro volveremos a coincidir en más de un evento lúdico-deportivo de éstos...
En resumen, una tarde-noche muy agradable para cerrar el mes de julio y entregarnos, como sólo nosotros sabemos hacer, a los placeres de una vacaciones bien merecidas.

Del VICARIO al GASSET a la carrera (o nuestra primera carrera con RAMÓN, el fichaje estrella del verano)

Era sábado por la mañana. Habíamos quedado a las ocho. Hoy tendríamos chica nueva en la oficina, aunque no se llamaba Farala, ni era divina. Era otro tío, se llama Ramón y corre que se las pela. (Si este post lo hiciera Jordi, que es un grosero, después del "corre que se las pela" hubiera añadido un "y viceversa". Pero como no soy como él, yo no lo digo. Además, aquí no hablamos de intimidades muy íntimas, salvo que sea imprescindible).
Solo iríamos Luis, Ramón y yo. Jordi alegó un dolor espantoso en una de sus rótulas para eludir la cita, aunque, en opinión de Luis y mía, todo fue fruto de un "acongojamiento" (por no decir "cagalera") por el hecho de que nuestro flamante fichaje fuera un tipo curtido en algún que otro ultratrail... Pero bueno, no le diremos nada... por eso de los traumas y demás.
A lo que íbamos... Después de las presentaciones (Ramón, Luis -nuestro presidente-; Luis, Ramón -el que será la figura de nuestro club-), nos dirigimos en coche hasta la cola (con perdón) del pantano del Vicaro, exactamente hasta aparcar en el puente que hay en Peralvillo. Desde allí comenzamos nuestra carrerita hasta la presa del embalse de Gasset con un ritmo que -como mandan los cánones- nos permitió ir conversando todo el camino. Primero corrimos a la vera del río Banuelos, atravesamos unas fincas con ganado vacuno que nos miraba como pensando "ande irán estos tres chalaos, con lo bien que se está a la sombra de una encina", después volvimos a la vera del río hasta llegar a un descansadero de la Ruta del Quijote (con sus mesas y bancos al lado del río) de donde parte un camino en pendiente ascendente que discurre entre monte y encinas para después volver a bajar hasta llegar nuevamente a la vera del río que nos condujo a un pequeño bosquecillo de eucaliptos con una sombra más que apetecible, dejando a un lado el camino que lleva a Fernancaballero, cruzamos un puente y llegamos a la presa del embalse de Gasset tras recorrer en total 8 km. con un perfil muy llano y llevadero.
Allí, comprobamos el estado del embalse, dijimos nuestra manida frase "¡¡¡cómo está el campo!!!", añadiéndole en este caso la de "¡¡¡cómo está el pantano!!!" y la de "¡¡¡qué hermosura, qué gustico da ver tanta agua!!!", echamos un trago, nos hicimos la foto que ilustra este post y la que sigue y nos dimos media vuelta para desandar lo andado.

A última hora, Ramón impuso un ritmo infernal (de unos tres o cuatro segundos más rápido por km.) que sólo yo aguanté. Seguimos hablando y concretando nuestras impresiones sobre el apasionante mundo de "las mujeres y la vida", repasando, como no podía ser de otra manera, a aquéllas que eran conocidas por ambos, llegando a una conclusión categórica: no las entendemos, pero nos encantan. Cuando llegó Luis, para evitar que hablaramos de su "demarraje inverso", así como para "atar" convenientemente el fichaje de Ramón, ofreció por cuenta del club (es decir, de su bolsillo) un suculento desayuno isotónico a base de cerveza con limón light, pincho de tortilla española light, magro con tomate light y más cerveza con limón light... La prueba, más abajo...

En definitiva, un nuevo socio de calidad, 16 km más en nuestra piernas, algún que otro gramo más en nuestros AAP (airbags abdominales personales) como consecuencia del desayuno y, sobre todo, un buen rato de deporte, charla y risas.

Nota: Este post tiene ya su antigüedad (23/07/2011). No obstante, mediando el mes de agosto (en el que hasta "el tato" descansa, pudiéndose incluso cortar durante siete días las principales calles de Madris -¿o eso era por otra cosa?) y tratándose del primer fichaje estrella del club, era incuestionable su publicación 

26 jul 2011

Dolor espantoso y feo en la rodilla derecha

Espantoso, apocalíptico, feo. Así es el dolor con el que me he levantado esta mañana. Por si hay algún médico entre los lectores diré que es como si me clavaran un hierro al rojo en la parte más alta de la rótula derecha, así al apoyar. Bajando escaleras la cosa se pone fea de verdad. Los diagnósticos me los podeis poner en los comentarios.
La pupa en sí no me asusta. Uno es un tipo curtido en mil lesiones y aguanta el dolor hasta límites que harían parecer un párvulo al más animal de los marines esos de los USA. Lo que me asusta es que dure un tiempo y no pueda salir a correr, o que me fastidie la "pretemporada" en tierras astures con el Quique. Manda nariceh !!! Esto me pasa dos semanas antes del maratón de Ciudad Real y me engancho una depresión que no se si me explico.
Por cierto a estas horas el dolor va bajando. Mañana me voy con la bici.

Aspecto que ofrecían mis rodillas -y todo lo demás- esta mañana durante mis ejercicios de rutina (poca cosa sólo levantaba la casa de los vecinos)

20 jul 2011

Tripitiendo en La Atalaya

Si a los que no superaban el curso les llamábamos repetidores y los que repetían dos veces eran tripitidores, nosotros tripitimos La Atalaya.
Es más, podríamos decir, en virtud de no sé qué propiedad matemática, que no solo subimos tres veces a la parte más alta, sino que, además, como esta cota está adornada por "repetidores", si tripitimos los repetidores es como si hubiéramos subido seis veces, por eso de que tres por dos son seis.

Repetidores del Parque Forestal "La Atalaya"
Pero bueno, dejando a un lado chorradas científicas, sobre todo para gente de letras como nosotros, tenemos que deciros que este fin de semana hemos disfrutado de lo lindo al ladito de casa.
A veces olvidamos lo que tenemos cerca, precisamente por eso, porque está cerca.
A poco más de tres kilómetros de Ciudad Real el parque forestal de "La Atalaya" es nuestro verdadero pulmón urbano con una extensión de 104 hectáreas de pino y matorral. Además, en muchas partes del recorrido los árboles nos regalan una sombra que hace llevadero el correr incluso en horas calurosas.

No obstante, nosotros quedamos a las 8 de la mañana por eso de no "robarles" tiempo a las labores del hogar, las contrarias y los churumbeles. Somos más majos...
Enfilamos el camino que sale del kiosko indicado con un cartelito de madera en forma de flecha que reza "senderismo" hasta que nos "colamos" (sin saltar ninguna valla, claro) a las fincas privadas colindantes para enlazar con el camino de la Ruta del Quijote que va hasta El Reino de Don Quijote (anda que no le sacamos partido al ingenioso hidalgo) para volver a entrar en el camino que nos lleva otra vez a la curva que hay antes de los repetidores. Los caminos están perfectos como puede verse más abajo.


Subimos a lo más alto (repetidores) para bajar por la circunvalación hasta la salida del parque hacia los chalets, atravesar otro trozo de monte, salir nuevamente al carreterín que pasa por delante del depósito de agua antiguo, bajar por otra de las sendas marcadas, rodear el parque entre sombras de pinos hasta encarar nuevamente una considerable subidita hasta la curva de los repetidores, llegar hasta ellos (y van dos), bajar nuevamente por la circunvalación, hacer lo de antes hasta salir otra vez al carreterín que pasa por delante del depósito antiguo y ahora, sin dejarlo, llegar otra vez hasta los repetidores (y van tres), bajar y parar donde habíamos empezado: en el kiosko de Hierbabuena (La Terraza de la Atalaya).
A las 9:30 habíamos terminado.
Qué gustico para nuestras cuerpas serranas!!!!


14 jul 2011

Los Montes de Malagón

Este fin de semana Luisito nos llevó de excursión por los montes de Malagón.
Para evitar este solecillo que gastamos en La Mancha en epoca estival quedamos a las 7:45 de la mañana (cada vez estamos peor de la cabeza). Además, no estamos preparando (de momento) ninguna ultratrail por el desierto (que todo se andará, tiempo al tiempo).
En el camino nos atrevimos a contarle a Luis (con dos cojones) los retos a medio y largo plazo que teníamos en mente (y si está en mente... quiere decir que lo hacemos sí o sí): el 30 de octubre, Maratón de Ciudad Real (Quixote Maratón) y, tatachánnnn, en mayo del año que viene... los 101 km de Ronda. "Ni de coña" - dijo Luis. No obstante, empezaremos a minar su moral para que, cualquier día de estos, nos "sorprenda" diciéndonos: voy a correr los 101 km de Ronda. En ese momento (cuando su inmensa cabeza procese esa información y la haga suya) Luis se convertirá en una máquina perfecta para superar el reto (aunque luego esté quince días sin poder moverse y a pesar de que la Mari le esté diciendo cositas otros quince. El que es cabezón...).

He ahí la máquina en cuestión
Lo de Paco y Toribio había sido otra cosa cuando se lo dijimos. Cuando el inconmensurable Vargas oyó la noticia dijo -con esa chulería innata e inimitable que le caracteriza- "Bueno... pueder ser... o no". Tori, que está peor de lo suyo que todos nosotros juntos, exclamó: "octubre de éste y mayo del que viene... umm, es fácil, se puede preparar". Así que, si todo sale como queremos, allí estaremos los cinco miembros fundadores del Club Deportivo Elemental "CorriendoporelCampo" para ponernos a prueba y, sin duda, para pasarlo en grande. Bueno, los cinco y quien se apunte, claro (mensaje velado para los Carlos, Antoñito, Fran, Javi, Ramón...)
Bueno, a lo que iba, llegamos al pie de la montaña (por cierto, no estaba Marco, se habrá mudado) y, a pesar de que fue Luis quien se empeñó en llevarnos a Malagón, por prudencia, dejó que fuera Jordi quien guiara al grupo. Bueno, por prudencia y porque suele ir siempre el primerico. Como dirían los del Tuercelindes, es pura ansia viva...
Luis nos indica el camino
La cosa comenzó con una subida (sin anestesia ni nada) que nos hizo correr, trotar, caminar deprisa y echar las manos a las rodillas por ese orden. Se nota que no tenemos las cuerpas curtidas y, sobre todo, que no hacemos ni caso a todos los entendidos en la materia: cero fortalecimiento del tren superior, cero fortalecimiento del tren inferior y, lo que es peor, cero fortalecimiento de lo que denominan faja abdominal. Claro que, bien pensado, yo tengo una faja abdominal de tres pares de cojones... no está dura, pero es muy hermosa, que diría mi madre.
Después de salvar unos doscientos y pico metros de desnivel positivo en poco más de un kilómetro, encaramos la cresta de la montaña recorriéndola como cabras a medias corriendo, a medias escalando (no hay deporte que se nos resista) y siempre campo a través. Corriendoporelcampo en estado puro.
El recorrido es duro, así que para parar y no parecer cansados, utilizabamos la excusa de las fotos, la inmortalización de los recuerdos y chorradas varias como las cómicas poses de nuestros queridos compañeros.

Luis en la cresta de la "ola"

Entre tanto, ascendimos otros casi doscientos metros más de desnivel positivo en otro kilómetro largo y a divertirse con la bajada. Encaramos una parte de monte "desmontado" por un viaducto convertido casi en cortafuegos. Bajadón y, como consecuencia de mis molestias en el pie, que aún duran, me pegué tres culadas en la pedriza al no clavar bien el anca derecha. No obstante como soy un tío estiloso y he visto muchas pelis de Jackey Chan no me hice daño y el aterrizaje fue perfecto. Ni abrasiones, ni hematomas, ni heridas inciso-contusas. Genio y figura...
 
Después llegamos al complejo lagunar sin saber muy bien cuánto quedaba para volver puesto que decidimos seguir la llanura del camino junto al río. Se nos quitaron las ganas de seguir porque nos dimos cuenta de que la primera laguna que vimos estaba vallada. Preciosa, eso sí, pero vallada. A Jorge y a mí nos jodio muchísimo, pero Luis nos devolvió a la realidad preguntándonos si seguíamos estando en contra de la propiedad privada. Jodido listillo!
 
Solo estábamos a ocho kilómetros del sitio de partida. En resumen, unos 12 kilómetros totales, tres para subir más de cuatrocientos metros, otro para bajarlos y siete para llanear a ritmo vivo.
Otra jornada de correrías por el campo, de risas y compañía inmejorable. ¿Qué más se puede pedir?

4 jul 2011

Reflexión de los 1.000 kilómetros.

Hace un año por estas fechas, el que suscribe -el denominado cuerpo-tordo por sus compañeros de fatigas- era incapaz de correr más de 30-35 minutos sin llegar al derrengo absoluto, a la fatiga tremenda, al bofe en las manos. Ir "a los árboles" y volver (5 km) era suficiente aventura para mi cuerpa que por entonces albergaba la desproporcionada cifra de 88-89 kilogramos de chicha.
Luego aparecieron Luis y Quique como poseídos por el ritmo ranga-tanga para poner patas parriba mi vida deportiva. La sentimental también, que me tienen loquito de lo guapetones y salaos que son. Ellos ya eran corredores de postín habiendo cerrado algún 10.000 en el caso de Luis y medias maratones el Quique. ¡Qué barbaridad!
Los unos a los otros nos fuimos picando y pronto nos dimos cuenta de que en esto del correr cuanto más duela, más divertido. En nada nos vimos cerrando nuestra primera media maratón con mucha más pena que gloria y una ingesta de chicha y cerveza a todas luces desproporcionada en las horas siguientes a la gesta.
Como uno es un poquitín picao con esto del deporte enseguida me vi soñando con derrocar al Gebreselasi ese, pero la cuerpa da para lo que da y todavía no he roto récord alguno.
Al poco tiempo de la primera media me compré un relojito de esos que marcan ritmos, distancias, meneo de la patata, etc. El nuevo parato me dio nuevas energias para correr más amenudo y picarme hasta la puta hiel conmigo mismo, el peor nemigo posible.
Al tratrán, como quien no quiere la cosa, semana a semana, seguí echandome kilómetros a las patas. Ahora, con unos ocho kilos menos, alucino una barbaridad cuando veo que el relojito de marras marca 1.000 kilómetros. Cuando lo vi pensé que se había changao, pero no, es verdad.
Con tal número a la vista uno coge conciencia de cómo cambia un cuerpo si lo acostumbras a penar sistemáticamente.Sin ir más lejos el pasado domingo el Quique y yo nos fuimos a correr por el monte y nos atizamos 19 kms con subidas y bajadas constantes.. ¡Como si nada, oiga!
COincidiendo con la celebración de mis primeros 1.000 kms hemos propuesto una serie de retos celebráticos que no expondré aquí porque todavía me da cosica mentar esa palabra terminada en "...atón" y me da miedo que Luis se espante.Una vez le informemos en persona lo haremos público para descojone del personal en general y cabreo de nuestras contrarias en particular.
Solo una cosa para ellas: "no olvideis que todo esto lo hacemos por vosotras".


En la imagen celebrando en privado el evento.