12 oct 2011

La sierra de Villarrubia de los Ojos

Villarrubia de los Ojos y más allá desde la sierra (foto de CARRI)
¿Qué íbamos a hacer si entre semana teníamos un día de fiesta, el Pilar para más señas (o de la Hispanidad, incluso de las Fuerzas Armadas)? Estuvimos a punto de ir al desfile, pero... al final decidimos echarnos al monte, no fuese que nos dieran ganas de apuntarnos a la Legión, que peores cosas nos pasan por la cabeza.

Eran poco más de las ocho de la mañana cuando Ramón y yo salíamos en coche hacia Villarrubia de los Ojos (por cierto, siempre he pensado que este pueblo tiene un nombre precioso). Se me había metido entre ceja y ceja una ruta por la sierra de unos 18 km y casi 700 metros de desnivel positivo que había visto en wikiloc. Tendría que haber descargado el track al Garmin (Garmin no es una discoteca, es la marca del reloj-gps), pero no lo hice, así que únicamente tenía la ruta en la cabeza y la ayuda del IPhone para poder ver el mapilla en chiquitillo y hacernos una idea. Lástima que lo del IPhone fue como el que tiene un tío en Alcalá. Nada más salir perdimos la cobertura y, ya sabéis, sin cobertura... hasta la raza se extingue.

Desde el centro de Villarrubia de los Ojos, cogimos la calle D. Quijote hasta que nos salimos del pueblo. Allí había unas antenas y lo que parecía ser el depósito municipal de agua.

Y empezamos a correr frente a la sierra. Casi desde el principio el camino comenzaba a ascender y a bifurcarse cada cierto tiempo, con lo que continuamente debíamos decidir si íbamos hacia un lado o hacia el otro. Normalmente la cosa es sencilla: se le pregunta a Ramón y se hace justamente lo contrario de lo que piensa (la famosa técnica de "lo que NO diga Ramón"). De esa manera no suele haber problemas, pero esta vez... sí los hubo. Después de subir una parte considerable del cerro nos encontramos una valla con su correspondiente puerta. Dimos la vuelta y bajamos por otro lado tratando de encontrar el camino correcto. Al mirar a la ladera de la otra sierra comenzamos a ver bastantes venaos en la distancia. Qué bichos más bonitos...
Ahora sí, ese parecía el camino correcto. Otra vez hacia arriba. Sin embargo, cuando quisimos darnos cuenta estábamos otra vez frente a la misma valla de antes. Menos mal que esta vez nos dió por leer el cartel medio borrado de la puerta: ¡Vía Pecuaria! La puerta no tenía mecanismo de cierre, solo había que empujarla... Con razón nos sorprendió que la técnica del ojímetro (o de "lo que NO diga Ramón") hubiera fallado. Aquéllo nos animó y empezamos a subir andando a muy buen ritmo (por allí era imposible correr por la cantidad de piedra suelta que había). La vía pecuaria se iba estrechando y perdiendo, hasta que desembocamos (de milagro) en una pista en condiciones. El paisaje era cada vez más bonito, más monte, más verde, más silencioso, más cerrado... hasta que llegamos a una encrucijada de caminos (donde volvia a anunciarse la vía pecuaria).
Desde allí pudimos divisar lo que había al otro lado de la sierra: mucha, muchísima más sierra. Y ¡qué sierra! pistas y más pistas a lo lejos, sendas, cortafuegos transitables, ni rastro de tendidos eléctricos, ni de poblaciones, ni de carreteras. El paisaje te traslada. Parece que estás en otro sitio. Y si nos dábamos la vuelta para mirar por dónde habíamos subido veíamos la inmensa llanura manchega hasta donde alcanza la vista, toda cubierta por una fina bruma como si hubieran puesto una enorme gasa sobre un gigante tapete multicolor (joder, qué lila... estoy más tierno que el día de la madre...)
Allí podíamos correr de nuevo, primero un poco de subida, luego llanear, después bajada, otra vez subir y el paisaje cada vez más bonito. Esta vez no decíamos lo de "qué bonito está el campo", nos sabía a poco. Solo repetíamos "alucinante", "otra senda", "camino", "qué pasada", "joderrrr", "mira, mira, mira", hasta que nos quedamos parados (y sorprendidos) como consecuencia de tres ciervos que nos cortaron el paso cruzando nuestro camino a unos diez o quince metros. El último con una cuerna enorme. A partir de entonces el espectáculo fue impresionante. Teníamos que parar cada dos por tres para ver animales corriendo de un lado a otro. Machos, hembras, crías... ¡A-LU-CI-NAN-TE! Lástima que con la emoción no hicieramos más fotos de los bichos, del paisaje... Solo se nos ocurrió hacérselas a una cierva con su cría que, a pesar de habernos visto, no se iban. Imagino que se encontraban a una suficiente distancia de seguridad y ni se inmutaban. La próxima vez haremos más fotos para que vosotros también podáis disfrutar como lo hicimos nosotros (o casi, que si queréis disfrutar lo mismo tendréis que animaros a correr por el campo).
Cuando llevábamos una hora y media más o menos paramos a tomar un zumo y unas barritas al lado de donde parecía que en invierno debía discurrir un arroyo. Y entre bocado y bocado, trago y trago, no decíamos prácticamente nada, salvo palabras sueltas para intentar expresar lo que estabamos disfrutando y lo que disfrutarían los demás la próxima vez...

Con energías renovadas, continuamos corriendo, bajando hasta llegar a un valle en el que corría un arroyo que tuvimos que cruzar (quizá de las zonas más bonitas del recorrido, que estará impresionante cuando llueva en invierno y en primavera). Desde allí volvimos a ascender poco a poco hasta llegar por otro lado a la bifurcación que cogimos a la derecha nada más terminar de subir la vía pecuaria.
Ascendimos un poco más y casi cresteando la montaña que veíamos enfrente de la que empezamos seguimos corriendo para luego descender durante unos dos kilómetros hasta que encontramos una puerta con logo al estilo Falcon Crest que nos cortó la respiración. Menos mal que no tenía candado, la abrimos, pasamos y la cerramos (en el campo hay que dejar las cosas como las encuentras) seguimos corriendo en bajada, pasamos al lado de la casa que también parecía de Falcon Crest y cuando ya estábamos casi abajo del todo... ¡Vaya, otra valla! Pero ésta sí tenía candado y pinchos malos y feos en la parte de arriba y alambrada y alambre de espino del tipo delqueseclavaprontomuchoybien. Menos mal que hemos visto muchas pelis de fugas y saltamos aquéllo como si tal cosa. Ramón es más recogidico, pero yo que soy xxl (sobre todo en anchura) estuve diez segundos en lo alto del alambre que ni para un lado ni para otro. Aquéllo se movía más que un garbanzo en la boca de un abuelo y yo encima, como un funambulista mareado, pero con el espino entre las patas... A pesar de todo, en un alarde de valentía, equilibrio y agilidad logré cruzar al otro lado con un simple raspón en la pierna derecha. A Ramón se le rompió la malla casi nueva que llevaba y se cagó en los alambres, terratenientes, fincas de caza y similares. Prometió que la próxima vez llevaría alicates.

Lo que no entendíamos es cómo la ruta que marcaba el wikiloc estaba destinada a la bici... nos habríamos equivocado... Cuando descargué los datos del Garmin en el Google Earth comprobé (con cierta sonrisilla en los labios) que nuestra (nuestra???) capacidad de orientación había dado resultado. Lo que había pasado es que en la imagen de wililoc la casa de Falcon Crest (y sus correspondientes vallas y puertas) se estaban construyendo o no estaban. La próxima vez habrá que planear la ruta mejor, porque por allí volvemos. ¡Fijo!

Os dejo la gráfica del recorrido y de elevación. Al final nos metimos unos 800 metros de desnivel positivo acumulado y otros tantos de bajada. ¡Qué gustico para la ancas, madre! ¡Y para la vista! ¡Y para el olfato!
Lo dicho: que volvemos fijo. ¿Se apunta alguién?

10 oct 2011

Hasta los Maratones estoy!!!


Ya es lunes, 10 de octubre. Solo quedan 20 días para el Quixote Maratón.

Si brujuleas por la internáis descubres que lo del maratón se prepara en unas 16 semanas, siempre que lleves un año corriendo de forma más o menos regular (3 días/semana).

Nosotros (que somos muy largos) pensamos que, siendo el maratón el 30 de octubre, si contábamos hacia atrás 16 semanas nos plantábamos en mediados de julio. Así que (como también somos unos chalaos, según Bea) decidimos que nos daríamos unas carreras en Asturias en la primera quincena de agosto (aprovechando las vacaciones y el entorno), que la segunda la utilizaríamos para descansar (aprovechando las ferias y fiestas de Ciudad Real) y que ya en septiembre empezaríamos en serio (aprovechando que el Guadiana pasa por el puente de La Quintina -q.e.p.d.-). Las 16 semanas preceptivas se han convertido en 8.

Pues a pesar de eso estoy hasta los mismísimos maratones de pensar en el maratón.

Realmente llevo cavilando 6 semanas, pero he tenido bastante.

Además, se mezclan varias cosas a la vez. Lo de correr 42 kilómetros y pico tiene su aquél, pero a pesar de ello, todos los entendidos (y nuestro líder) dicen que no es aconsejable darle de seguido a las canillas más de dos horas y media. Y yo me pregunto: si los buenos corren la distancia mítica entre dos y tres horas (recordad que el record está en poder de Patrick Makau, con 2:03:38) yo que lo voy a correr en cuatro o más (si sale bien y termino) ¿será suficiente con dos horas y media? ¿Y la otra hora y media que me va a faltar? ¿Qué?

Por otro lado, (siempre según los entendidos y nuestro líder) hay que acostumbar al cuerpo a correr por asfalto y las tiradas largas (dícese de aquéllas que superan con creces la hora) deben hacerse en tan fatídica superficie. Con lo que eso jode, con lo bonito que es el campo, la montaña, los bichos varios y la flora florida y hermosa...

Y por último, trágate los comentarios de quienes ya han pasado por el trance maratoniano culipardo-churriego: "es un coñazo", "los polígonos industriales son insufribles", "como le dé por hacer viento...", "en Ciudad Real no anima ni Dios","el año pasado no se podía correr con el tiempo tan malo que hacía", "el centro de la ciudad, que suele estar concurrido, ni se pisa". Menos mal que alguno te da ánimos y te dice: "al menos en Miguelturra hay mucha animación". Aunque siempre hay alguién al lado para apostillar: "sí, pero eso pasa pronto y luego te queda todo el polígono, la carretera, la rotonda, más carretera y todo el paseo del Erosky". Podrían callarse, pero no. Como ellos ya lo corrieron...

Pues eso, que después de oír, sentir y correr lo que llevamos oído, sentido y corrido estas últimas semanas te preguntas si serás capaz de terminar, si te dolerán mucho las piernas, si tendrás calambres y, cuando todo eso pasa por tu cabeza (por mal que esté) dices: ¿y para qué coño voy yo a correr un maratón?

Pues no lo sé, pero lo voy a correr. Y quiero terminarlo, a ver si después de estar acumulando kilómetros no voy a terminar (que tampoco sería raro)

En definitiva, nos lo tomamos como un reto personal. Aunque, bien pensado (o mal) no sé qué será peor si terminarlo o no, porque cuando terminas una cosa así te crees que eres como Paco (digo Gladiator) o como un superatleta al que no hay reto que se le resista. Nosotros no lo hemos terminado y ya estamos pensando en los 101 km de Ronda para el próximo mes de mayo

La locura del corredor no tiene límites. La de CorriendoporelCampo tampoco.

3 oct 2011

Diálogo con la cuerpa (de la serie dialoguemos con ¡qué coño!)

Con las heridas de la última salida larga (perdón y perdón) todavía frescas en mi cuerpa, con la mente espesa como un yogur de cemento caducado por aquello del fin de semana laboral, con más miedo al maratón que al hombre del saco disfrazado de el coco, con un calor de suputamadre narices, con una introducción a todas luces demasiado larga: me eché esta mañana a correr.
Reloj que busca satélites y los encuentra (magia) y mozo que se echa al monte iniciando un curioso diálogo con su hermoso aunque rechoncho habitáculo corpóreo. Los protagonistas del diálogo fuimos el menda (desde ahora Mozo), el cuádriceps izquierdo (desde ahora elhijoputaldel Quad) y el corazón (en adelante Señor Patata).
El diálogo en cuestión respondió más a la tercera acepción que aparece en el RAE: "Discusión o trato en busca de avenencia". Y es que cuerpa y mozo necesitaban ayer avenencia para llegar a buen término sin enfados.Ya se sabe que un enfado, o riña, o disputa incluso con la cuerpa puede devenir en lesión y eso no interesa a un mes escaso del maratón (es mentarlo y me tiemblan las canillas).
La conversación se inició cuando el mozo tuvo a bien salir corriendo como si un aldeano le hubiera apretado una pedrá en el mismo culo y amenazara con otro certero cantazo. Es decir: muy rápido.
QUAD: Adiós tú, Bekele.
MOZO: ¿Perdón?
QUAD: Afloja.
MOZO: Si voy fetén.
QUAD: Afloja digo.
MOZO: Es que me viene mal, que tengo mucha ansia que quemar después del fin de semana trabajando.
QUAD: Tú mismo pero a este ritmo no llegamos a los árboles.
MOZO: Pues me dispongo a asaltar el monte aquel que en lontananza divisamos.
QUAD: ¿Dónde has dejado el coche?
MOZO: ¡Serás cabrón!
QUAD: Seré
Y el mozo aflojó. A ver si no.
De morros Mozo y Quad y con Señor Patata a su ritmo fueron pasando los kilómetros en incómodo silencio. Kilómetro tres y pico y todos juntos empiezan la subida a Alarcos. No tardó Quad en manifestarse.
QUAD: ¿Estás de cachondeo?
MOZO: No hombre. Si esto lo hemos hecho muchas veces, no te vengas abajo.
QUAD: Donde no me vengo es arriba. Concretamente no más arriba de los próximos diez metros.
MOZO: Venga, que nos viene bien un esfuerzo para hacernos cuenta de lo que nos espera el día 30.
QUAD: Mirá que eres cabezón.
SEÑOR PATATA: ¿Oigan?
MOZO: ¡La jodimos!
SEÑOR PATATA: ¡Que digo yo que a ver si os centráis en lo vuestro que yo voy regular ná más y me puedo empezar a cagar en vuestras putas madres vestidas de manchegas, peroya!.
(Quizá convenga advertir al lector menos versado en mi persona, que mi corazón funciona bien pero gasta una leche pelín agria y un vocabulario poco dado a lindezas y mucho a barbaridades. No pasaré un filtro censor sobre sus palabras porque estas cosas hay que publicarlas tal cual en honor a la verdad).
QUAD: No si yo ya voy calentando...
MOZO: Arfg!
SEÑOR PATATA: Así mucho mejor.Y ahora, calladitos y para arriba.
Y llegamos la triple entente cordiale en calzonas de correr a lo más alto del cerro como si fueramos la Dora y el mono.
Como quien no quiere la cosa nos lanzamos a la bajada.
SEÑOR PATATA: ¿Mejor?
QUAD: Dónde va a parar.
MOZO: Arfg!
Desde ahí todo fue mucho mejor. Quad se engrasó y pasó a no molestar, Mozo le dio la vuelta al reloj para olvidarse de ritmos y centrarse en sensaciones y Señor Patata recuperó su trantrán.
Vuelta a subir por la carretera de Piedrabuena hacia el Puente viejo de Alarcos y de regreso a Poblete.
MOZO: Ha sentado bien el calentón ¿verdad?
QUAD: Bastante.
SEÑOR PATATA (para sí): Qué habré hecho yo para tener que aguantar a estos dos taraos. (Ya para los demás) ¡Tontacos!
MOZO: ¿Nos damos cañita?
QUAD: ¡Enga!
SEÑOR PATATA: ¿Sabeis lo que duele un infarto? Pandilla de desustanciaos, par de imbéciles... Su puta madre que se han puesto a correr, ¿serán zumbaos? Pero este cuerpoescombro quién coño se cree que es. No si al final me va a dar un perrendengue y por aquí no hay desfibriladores. Me van a tener que reanimar las putas ovejas esas de ahí que míralas que tranquilicas pastando a su puta bola y no como el cabrón éste que me trae a mal traer. ¿Se le habrá olvidao el pollo en el horno al gilipollas? Porque hay que ser gilipollas porque los hornos de ahora tienen una alarma que te lo para él solo. Ya me lo decía mi madre: "te ha tocado un deportista, qué pena más gorda, con la de informáticos que hay por ahí que no se menean de la silla... Mi niño que me lo van a desgraciar...".
MOZO: Que ya hemos llegao, no seas llorón.
QUAD: Pues yo estoy nuevo.
MOZO: Eso me lo dices mañana, listo.
SEÑOR PATATA: Si no sois tan cabrones, lo que pasa es que me enciendo y no conozco, coño. 
Al final las buenas sensaciones llevaron al trío "lalala" a apretarse 11 kilómetros con su subida a Alarcos incluída en 58 minutos. Que no está mal.

25 sept 2011

Fin de semana en CAZORLA

No. No estamos locos. No solo (mira que me cuesta poner el adverbio sin acento. He tenido que mirar otra vez el DRAE ) nos gusta correr cerro arriba y cerro abajo como cafres desaforados rebosantes de testosterona. También nos gusta disfrutar del campo más tranquilamente, con calma, sin prisa, oyendo el trino de los pájaros, el rumor del río o la hojarasca bajo nuestros pies, como si fuéramos unos lilas...

Por eso, y porque los restantes miembros (y miembras, como dijo la Ministra) también merecen atención, decidimos hincharnos de campo (y de más cosas) durante el fin de semana. Haciendo nuestras las palabras de Toreros Muertos*, dijimos: "Vámonos al campo, esto es un espanto...".

(*) Donde ahora dice Toreros Muertos, antes, por error e incultura musical del que suscribe (a la sazón, el ínclito Jesús Enrique), decía Siniestro Total; Pero que conste que los de Siniestro Total también dijeron eso alguna vez)

El viernes por la tarde saliamos hacia CAZORLA ocho destacados integrantes de CxC no sin antes haber hecho acopio en el LIDL de Cerveza Perlenbacher de oferta (Pack de 6 botellas de medio litro por 2,29 €, ahí es ná). Nos alojaríamos en la casa rural Navahondona, a un kilómetro de Arroyo Frío (muy recomendable, por cierto). Y como somos... como somos, llevábamos comida para nosotros y para los cochinos jabalíes de diez kilómetros a la redonda. Aquella noche solo teníamos que alimentarnos. Cenamos como tigres, bebimos como si hubiéramos atrevesado el desierto y nos reímos hasta que nos dolieron las lorzas o los abdominales (dependiendo de cada cual).
CxC, viandas y Perlenbacher
Al día siguiente nos levantamos para iniciar la ruta estrella de la Sierra de Cazorla, la ruta de la Cerrada de Elías. Antes compramos pan y jamón en Arroyo Frío.

Llegamos en coche a la Torre del Vinagre (centro de interpretación), continuamos por un camino a la derecha, aparcamos en el lugar habilitado para ello y echamos a andar. Nada más salir, después de pasar al lado de una piscifactoría, cogimos una pista forestal junto al cauce del río. Estábamos embobados viendo el agua cristalina y las truchas, cuando, de repende, una nutria se metía en el agua, nadaba hacia donde estaban las truchas y volvía hacia la orilla para quedarse inmóvil como si esperara pacientemente que éstas se confiaran. ¡Todo un espectáculo!.

El día era magnífico, a los tres kilómetros más o menos cruzamos el río por primera vez por el puente de los Caracolillos para continuar por la derecha.

María abriendo camino
Una vez pasado otro puente, en apenas unos metros, dejamos la pista para tomar a nuestra derecha la senda que se inicia en el paraje denominado Vado Rosales, entrada natural a la CERRADA DE ELIAS (encañonamiento natural del río por la que transcurre una antigua senda de pescadores de gran riqueza geológica y vegetal).

Pasarela (de modelos) por la Cerrada de Elías
Al final de la Cerrada retomamos la pista forestal con la que iniciamos la ruta (Km 4). Seguimos hasta llegar a la fuente de Huelga Nidillo (Km. 6) y, poco después, nos encontramos con la central eléctrica del Salto de los Órganos (Km 7). Aquí comienza la parte más dura del recorrido, se acaba la pista y comienza por la derecha una empinada (con perdón) senda que nos lleva hasta el Salto de los Órganos, cascada (con perdón) donde se precipita el jovenzuelo RIO BOROSA. Por la izquierda de la cascada (con perdón), sigue ascendiendo de forma más dura la ruta para remontar unas repisas de caliza que dan acceso a los túneles por los que discurren los canales que llevan el agua a la Central Eléctrica. Estós túneles no presentan ninguna dificultad, salvo por la oscuridad de algunos tramos y, en nuestro caso, por unos biciclistas que tuvieron la feliz idea de parar cada tres metros a hacerse una fotito. Tuvieron suerte de que no podía adelantarse y de que Marisol no estuviera cerca. Si no, alguno habría caído irremediablemente por el precipicio o al canal.

Fotografía: José Fco Chamorro
El primer túnel desemboca en una pequeña pradera y el segundo (Km. 10) a poca distancia de la laguna de Aguas Negras (donde también hay una pequeña presa). A nuestra izquierda, por una senda llegamos al nacimiento del río Borosa.

El nacimiento del río Borosa y la obsesión de María por el pilates
Atravesando la presa, hubieramos llegado a otra laguna, la de Valdeazores, pero nuestros estómagos nos dijeron que había que parar. Buscamos un lugar apartado al lado de la laguna de Aguas Negras para hacernos unos bocadillos de jamón, con su tomatito restregado, que nos dieron fuerzas para seguir diciendo sandeces varias, reirnos y comprobar que comemos como lobos (con piel de cordero, claro).

¿A que parece Canadá? Pues es la laguna de Aguas Negras
Con los estómagos restaurados regresamos por el mismo camino. Bueno, hasta que Paco (joven castor donde los haya) dijo: "a mí esto no me suena". Luis, Jorge y yo, vimo el cielo abierto. Llevábamos horas conteniendonos, apretando los dientes, haciendo verdaderos esfuerzos por no correr. "Esperad aquí, nosotros vamos corriendo hasta que veamos si seguimos o damos la vuelta", dijimos. Échamos a correr como alma que lleva el diablo para llegar hasta donde vimos que empezaba la senda para entrar en la Cerrada de Elías. Sin darnos cuenta habíamos seguido la pista forestal, dejando el río y la cerrada debajo. Así que otra vez de vuelta (esta vez subiendo) hasta llegar a donde estaban los demás para continuar la ruta. Menudo calentón nos dimos. ¡Qué gusto, madre!

Todos juntos terminamos la ruta donde la habíamos empezado, unas siete horas después, habiendo recorrido 22 km según el internés y algún kilómetro más según nuestros GPS. Al final, todos encantados.

Regresamos a la casa, metimos las piernas en el agua helada de la piscina y dimos cuenta de las cervezas y las viandas que habían sobrado de la noche anterior.

Nota: El brazo derecho de Paco es así, no tiene Photoshop.
A Jorge se le antojó carnaza y nos fuimos a cenar a Arroyo Frío, donde nos apretamos una magnífica cena, con su buen vino, buenos postres y licorcito al final. Y en la casa, más licores... Sobre todo, Paco y Gema que andaban desataillos... Como es tiempo de "berrea"...

A Luis se la acabó la carne. Paco le anima.
Nos lo comimos todo. No quedaron ni miguitas
Al día siguiente, Jorge, Paco y yo nos levantamos prontito para correr un rato (Luis se encontraba en estado catatónico). Subida considerable por un camino precioso, bajada meteórica (sobre todo Jorge) por el mismo sitio, un poco de carretera y más camino , hasta que un río nos impidió seguir. Después vuelta a la calma y recuperación de fuerzas gracias a higos (amarillos y morados) recién cogidos allí mismo, al lado de la casa. La verdad es que la zona es impresiante. ¡Qué bonito estaba el campo! ¡y sus bichos!. Nada más salir nos encontramos con un grupo de ciervas justo al lado de la casa. Cuando yo subía encabezando (por el tamaño de mi cabeza) el grupo vi cruzar a una pareja de muflones a unos diez metros delante de mí . Paco, que iba un poco más atrás, se quedó rezagado siguiendo un corzo que había por allí. Los ciervos berreando... En resumen, una maravilla.

A la vuelta paramos en Úbeda para enchufarnos una pantagruélica comida en un sitio que nos recomendó un policía local muy majo que nos encontramos por allí. Por 20 euritos nos pusimos la botas con el menú del día del Mesón Gabino
Paco vigilaba por si alguíén se dejaba algo en el plato
En definitiva, un divertido, nutritivo, hidratante y deportivo fin de semana muy acorde con la filosofía del Club Deportivo Elemental CorriendoporelCampo: "Corre, come y bebe, que la vida es breve"

23 sept 2011

Menos CRISTIANO y más KILIAN

No. No estoy aprovechando este blog para manifestarme sobre mis creencias religiosas o sobre la ausencia de éstas.

Yo NO quiero ser CRISTIANO RONALDO.

Estoy harto de "estrellitas", de niños pijos multimillonarios, de futbolistas galácticos más preocupados por su tupé que por disfrutar practicando su deporte. Estoy harto de entrenadores mediáticos que resultan ser el cáncer de su equipo, de la competición y del propio deporte. Estoy hasta los mismísimos de escuchar sus excusas de pacotilla cuando pierden un partido. Me da pena pensar que hay miles de críos que llenan sus paredes de posters con la jeta de deportistas antideportivos, irresponsables y débiles que no son capaces de reconocer sus propios errores, ni los aciertos de los demás.

Por eso, yo quiero ser KILIAN JORNET.

Y, sin embargo, casi nadie le conoce. No se sabe que es catalán y, probablemente, el mejor corredor del mundo de ultratrail... Él lo tiene que saber, por fuerza... pero no se le nota. Lo que se le nota es que es un deportista de verdad y un tipo que, sobre todo, disfruta haciendo lo que hace: correr y esquiar por montaña.

Quizá todo lo corrompa el dinero, quizá, quizá, quizá...

18 sept 2011

IX Media Maratón "CIUDAD DE PUERTOLLANO" (18-09-2011)

Como ya os adelantamos, CxC (CorriendoporelCampo) estaría en la IX Media Maratón "Ciudad de Puertollano". Además, con una novedad importante. Importantísima, quizá. Esta vez tendríamos a una fémina representando a nuestro club: LOLITA.


Cinco miembros (con perdón) de CxC tomaríamos la salida de esta media maratón con diversos objetivos:

Uno (Ramón) para seguir demostrando que es nuestro líder deportivo por capacidad y resultados. Otros (Jorge y yo) para intentar preparar nuestro asalto al maratón el próximo día 30 de octubre. Alguno (Luis) para demostrarse a si mismo (nosotros ya lo sabemos) que es capaz de mejorar (si no por capacidad, al menos por cabezonería) y, la última, nuestra fémina corredora-competidora (Lolita), para estrenarse en la distancia de los 21 km y pico y para darnos la razón cuando decimos que tiene una enorme proyección en esto del correteo.

Podríamos contar pormenorizadamente cómo fue la carrera kilómetro a kilómetro, pero quizá -como insinua Spanjaard en su "cró-ni-ca"- no sea eso lo que queréis leer. Quizá haya tantas crónicas como corredores, tantos momentos como pasos, varias carreras en una sola... Por eso, quizá, sólo os diré que todas nuestras caras nada más cruzar la meta sonreian. 
 
Todos habíamos mejorado el tiempo de nuestra "última vez". Lolita debutaba con una magnífica carrera para quedar la séptima de su categoría en un tiempo de 1:52:12, corriendo a un ritmo medio de 5:19 min/km, lo que nos demuestra que su margen de mejora es inmenso. 

1:35:00; ritmo 4:30 min/km

1:46:40; ritmo 5:03 min/km
1:49:36; ritmo 5:12 min/km

 1:52:12; ritmo 5:19 min/km

1:57:05; ritmo 5:33 min/km
¡Qué lástima que en nuestra provincia no tengamos ni una sola carrera de montaña!. Asi que... a falta de carrera por el campo... nos arrastramos por el asfalto.

Habrá que ir pensando en organizar, como club, alguna "lobá" campestre...

El próximo fin de semana queremos inflarnos de campo. NOS VAMOS A CAZORLA!!!!

13 sept 2011

Ruta "El Gigante"


Imagen de la ruta marcada por el GPS
Somos bastante anarquistas en lo que al carrerismo campestre se refiere. Quizá sea nuestro espíritu aventurero el que nos lleva a decidir sobre la marcha por dónde vamos o cuál es la mejor ruta de ida o de vuelta. Así nos pasa… Y eso que Luis, nuestro Presidente, es más metódico y científico… a veces...

Este domingo (11/09/2011) habíamos quedado a las 7:45 de la mañana (debería decir madrugada) sin tener muy claro dónde iríamos. Se barajaban varias posibilidades: La ruta del Gigante (que no conocíamos), la sierra de Villarrubia (que solo había sido “conquistada” una vez por Luis y en solitario) y la sierra de Malagón (conocida hasta cierto punto)

Así que, como no podía ser de otra forma, elegimos –sobre la marcha- explorar la ruta del Gigante, es decir, la que no conocíamos en absoluto salvo por las explicaciones que nos dio uno de los participantes en el Raid Villa de Miguelturra (“en vez de torcer a la derecha para subir la primera cuesta, todo derecho”) y por el mapa que nos envío Luis por e-mail unos días antes, que, lógicamente, nadie miramos.

Esta vez estábamos casi todos: Luis, Jorge, Ramón, yo y… por fin… Paco (ese hombre que corre como un gladiador porque le da la gana… y punto)

Aparcamos en el puente de Peralvillo que cruza la cola (con perdón) del Vicario y empezamos a correr hacia la izquierda, es decir, hacia la presa. Al llegar a una casa que hay al pie del camino, giramos hacia la derecha . Al parecer, es el Camino del Paraíso (no porque conduzca al sitio donde te alojan si le ganas un pleito al Diablo, sino porque lleva a la finca del mismo nombre que, imagino, tomará éste del paraje en el que se encuentra).
Qué contraluz más curioso! Si no fuera porque están meando...
Seguimos rectos, atravesamos una zona con un cartel de “Reserva de Fauna”, corrimos por entre las casas de la citada finca, con unos impresionantes viñedos (muy hermosos, que suelen decir por aquí). Nada más pasar las casas de la finca nos encontramos con un señor sentado en una piedra a la sombra de un eucalipto al que preguntamos si por allí se llegaba al Gigante. Nos contestó, mirando para otro lado, que él no tenía ni idea.  Ni se nos pasó por la cabeza preguntarle más, sobre todo al descubrir la escopeta de dos cañones que tan cariñosamente mantenía en su regazo. No sé por qué, pero avivamos el ritmo.
Paco y Luis venían detrás, así que cada tres pasos volvíamos la mirada para no perderlos de vista por si acaso al armado fulano se le cruzaba un cable. Tampoco sabíamos muy bien si íbamos por camino público o heredad ajena... (que diría Luis; bueno, y el Código Civil). A partir de ese momento (y no habíamos corrido ni cuatro kilómetros) no teníamos ni idea de por dónde teníamos que ir. Así que... corrimos a ojímetro (o lo que es lo mismo, por el sitio contrario al que dice Ramón, que siempre se equivoca). Como había que llegar a un camino y parecía que había que dar mucha vuelta, decidimos cruzar un viñedo (heredad ajena, fijo).
Deliquiendo a la carrera entre viñas
Llegados al camino en cuestión, empieza un recorrido precioso entre monte bajo, pinos, viñas... 
Ahora, eso sí, hay dos cuestas de las llamadas de "hayvalahostia". La primera corrible. La segunda menos. A veces parecía que te ibas a caer. Los pies resbalaban por la pendiente. Ramón, Jorge y yo las subimos como pudimos (unos mejor que otros) y esperamos a Luis y Paco que venían por detrás.

Llegaron, hicimos grupo nuevamente, nos cagamos todos juntos en la madre que parió a las cuestas aquellas, dijimos lo de "¡¡¡qué bonito está el campo!!!" y volvimos a echar el ojímetro para ver por dónde llegaríamos al Gigante. Como llevábamos recorridos 8 km, Paco, en un ejercicio de prudencia inusual en el grupo, decidió dar media vuelta y volver por dónde habíamos llegado. Los demás seguimos lo que desde allí parecía el camino que nos llevaría al Gigante en un periquete. ¡Dos vallas tuvimos que saltar! De lo contrario hubiéramos aparecido en Sebastopol. Encaramos el cerro por mitad del monte hasta que encontramos un camino que, esta vez sí, nos llevó a los riscos del punto más alto de lo que nosotros creemos (que todavía no sabemos) que es "El Gigante". 
Nada más llegar, Jorge exclamó (bueno, mejor dicho, voceó; que Jorge no sabe exclamar muy bien): "Bicho gordo, bicho gordo" Miramos hacia donde señalaba con su dedico señalador y vimos, a unos diez o quince metros de nosotros, un ciervo de tres pares de... cuernos que se alejaba de allí molesto por nuestra presencia. Más lejos divisamos unas cuantas ciervas con sus crías (imaginamos, porque no tenían cuernos; aunque, bien pensado, otros tienen cuernos y no son ciervos...) Después del espectáculo, como nos quedamos con la boca abierta, aprovechamos para echar un trago y un bocado en aquéllos riscos de no sabemos quién.
Punto más alto de "El Gigante"
Seguimos por la cresta y, lógicamente, sin que hubiese camino, senda, ni nada que se le pareciese. Entre jaras y chaparros llegamos a un camino-cortafuegos que nos llevó de bajada hasta un pinar delimitado por una valla que dejábamos a la izquierda. Seguimos corriendo, corriendo y corriendo y la valla no terminaba (¡Vaya!). Teníamos que seguir. Cuando llevábamos casi cinco kilómetros al lado de la valla, casi llegando al borde del embalse del Vicario, nos dimos cuenta de que no la estábamos rodeando. ¡Estábamos dentro!. Así que, nuevamente a saltar la valla cual delincuentes allanadores de predios ajenos (¡y llevábamos tres!).

Mucho más tranquilos ya por camino público corrimos bordeando el Vicario hasta encontrar nuevamente el Camino del Paraiso para llegar, por fin, y después de 24 km, al lugar de partida.

Como ya viene siendo habitual, paramos en El Campestre para hidratarnos convenientemente y reponer fuerzas. Allí estaba Paco (hartico de esperar) con unas cuantas birras de ventaja sobre nosotros.
La misma cara tienen que cuando suben cuestas...
Al final contentos por haber pasado 3 horas y 20 minutos en el campo y casi 2 horas y 40 minutos en movimiento. En total, 24 kilómetros y unos 400 metros de desnivel positivo. Y, como siempre, lo más importante: ¡¡¡lo que disfrutamos!!! 
Perfil marcado por el GPS