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22 oct 2013

Crónica del MUY GASTRONÓMICO Quixote Maratón


Si esto lo escribiera Coelho seguramente empezaría con un: “si tus sueños te impiden dormir, sigue a tu corazón hasta el alba, persigue lo imposible para ser feliz”. Si lo firmara Murakami es probable que se quedara tan ancho acongojando al personal desde una línea inicial tipo: “el saco de huesos se puso en marcha en silencio, con la parsimoniosa cadencia de quien –ya alejado de toda realidad vital- se dirige a su destino, duro, blanco y limpio. Yo, dolorido, doy la siguiente zancada y me acuerdo de Josikiro, ella me regaló las Asics que hoy me acercan a mis sueños, me alejan de su esencia”. Prefiero, personalmente, a Palahniuk. Él lo haría más directo: “… las rodillas crujen a cada zancada como goznes oxidados, sabor a plomo y a tierra en la garganta, el dolor se clava en mis músculos agarrotados como se clava la aguja de un yonki de Seatle en la vena, costra de amargura y heroína. Miro al dolor a la cara y lo mando a la mierda: <<voy a acabar>>”. En CxC somos menos literarios y dijimos: “Tenemos que llegar al menos cinco, que nos dan un jamón”.


Alguien se enteró de que si un club colocaba a cinco de sus miembros (con perdón) en la línea de meta del maratón ciudadrealeño recibiría un JAMÓN como presente (lo más seguro es que cuando el simpático lector se acerque a estas líneas el jamón sea ya pasado). No tardamos ni diez minutos en formalizar las inscripciones.

El periodo de entrenamiento de la cita con Filípides fue como somos nosotros: sencillo pero bestia. Le dedicamos una semana prácticamente entera, la última antes de la cita. Una tirada larga (cp) de 30 kilómetros el domingo anterior como para cerciorarnos de que las cuerpas aguantarían tanto asfalto y tres quedadas de a diez kilómetros con principio y fin en el Bar Mi Casa donde posteriormente ensilaríamos… bueno, tampoco hace falta que nos deleitemos en detallar lo que nos ensilamos, queda entre el señor presidente del Club de Fútbol Puerta de Toledo y nosotros.

Estábamos preparados. O no. Daba igual.
Un ratito de entreno

Domingo 20 de octubre, 8:30 horas. Hora zulú.

Cinco miembros y una miembra de CxC atacamos la estrategia de carrera en un bar (sí, ¿qué pasa?) Después de diez minutos de debate zanjamos el asunto: cada cual que tire como pueda pero hay que llegar cinco tíos a meta. “Coño pos claro”, “¿Alguien lo duda?”, “Son sólo dos vueltas ¿no? Que luego me lío”, “Habrá que parar ande las viudas a echar unas migas”, “Luis, ¿te esperamos? ¿O ya si eso…?”, “¿Esto quién lo paga?”.

Salimos a la calle. Recibimos al sexto hombre: Manuwar, el increíble hombre menguante. Saludos jebis, emotivo acto de entrega de la camiseta de CxC y a línea de meta.
D. Manuel (Manuwar)

Y aquí empieza el maratón. Y un maratón es, para un corredor de montaña o de campo como nosotros, un grano en el culo, algo que hay que quitarse de la manera más rápida e indolora posible y que me aspen si me importa cómo te quitaste tú el tuyo.

Abrazos, fotos y a correr.
Seis miembros y la miembra antes de salir

Arrancamos resueltos, pizpiretos y prietos de nalgas para abajo hacia la gloria, hacia el destino, hacia Miguelturra donde esperaban los avituallamientos con chicha y vino.

La primera vuelta de las dos que componen el Quixote Maratón se hace amena. Vas charlando mientras la cuerpa calienta, cuentas anécdotas, chistes, te regocijas en lo fea que es Ciudad Real como pueblo y como concepto (qué buena gente hay aquí coño, que me emociono), corres cómodo. De hecho corrimos cómodos de más. No sé la media, y me importa bastante poco, pero la cosa debió andar en torno a los 5 minutos y poco por kilómetro. Eso para nosotros y con un maratón por delante es mucho. Es ir rápido para todos nosotros, pero para el presidente y Manu parecía excesivo de verdad, casi peligroso. Aún así llegamos todos  en simpático grupeto a la media maratón en menos de dos horas. Prodigioso. Al paso por Miguelturra paramos antes de los de la Peña del Real Madrid, catamos el jamón, el queso y el vino, les dimos el visto bueno y dejamos encargadas unas raciones para la segunda vuelta. Paramos también donde las viudas, les encargamos las migas para dos horas después e hicimos lo propio con los del Club de Rugby Arlequines. Echamos con ellos un pincho de tortilla y les conminamos a que tuvieran frejquitas las cervezas y calientes las viandas para la segunda vuelta.
Ya se olían las viandas churriegas

(Tras leer el último párrafo me veo en la obligación de explicar al lector -quizá incrédulo- que todas las referencias gastronómicas de esta crónica -las de ahora y las de más adelante-  son reales y no fruto de una enajenación transitoria o un error en la traducción)

Comenzó la segunda vuelta al histórico-artístico circuito y con ella el aburrimiento, la soledad y los primeros dolores y miedos.

Queda dicho que Luis y Manu iban ya pelín descolgados y al poco de empezar la segunda media maratón a Miguel se le presentaron unos inoportunos e impropios dolores en los glúteos que le hicieron proferir ciertas lindezas que no viene a bien reproducir en estas castas líneas. Con el paso de los kilómetros se fue quedando atrás y con él se quedó Toty , un cacho de ironman que además es buena gente. A ellos se unió el oh lidl que quiso acompañarnos en la segunda vuelta negándose a hacer la maratón entera por no sé qué de un estado de forma y tal… mariconadas y excusas, le quedan dos telediarios de lidl. Ellos tres se apretaron los kilómetros que faltaban a su trantrán.
Manu y Luis

Nos quedamos solos como avanzadilla Quique, Guti y servidor de ustedes, el nieto de la Orosia. Los kilómetros fueron cayendo y tras calles desérticas y carreteras inhóspitas llegamos a la tierra prometida, a Miguelturrra, Churrilandia.
Guti fue capaz de madar tres mil guasap mientras corría

Y como lo prometido es deuda paramos “ande” los del jamón y el queso. El jamón seguía delicioso, en taquitos; el queso, suave y rico; el vinillo solo o con cocacola, resucitador.

En este punto un señor corredor con el que nos habíamos cruzado en varias ocasiones nos miró y soltó un: “Joder, os vais parando en tos laos para luego ganarnos”. Yo creo que se quedó con ganas de añadir un bien merecido: “¡Cabrones!”. Y es que tenemos metido en el cuerpo el ritmo de la montaña donde paras ora a ver el paisaje, ora a ponerte ciego de jamón, ora a charlar con algún lugareño.

En fin, que andamos un ratejo para asimilar lo isotónico del asunto y a correr con la mente puesta en las viudas, sus migas y bebedizos.

Con ellas echamos otra paradita que luego resultó ser de lo más reconstituyente. Agua fresca, un vaso de migas, unas ugüas,  fotos con las hacedoras del condumio y a correr.
Las señoras viudas de Miguelturra
Que, por cierto, no saben hacer fotos...

La siguiente parada técnico-táctica era en el kilómetro 38. A esas alturas y a pesar de habernos parado alguna que otra vez (por no decir hasta en los bares), ya íbamos adelantando cadáveres de corredores asfalteros que se habían pasado de ritmo, de distancia o de preparación, vaya usted a saber.

En el 38 ya fue una fiesta. Allí estaba Nicco capitaneando a los amigos del Club de rugby Arlequines de Miguelturra y con él unas latas de cerveza frías como el corazón de Pol Pot y unas viandas magníficas. Comimos y bebimos tan agustico charlando con los rugbiers y con Iván Manzano, otro ironman de los güenos. También se paró con nosotros Marín que, después de dejar en meta como ganadora del maratón a la pupila de Iván Palero, Miriam Laguna, nos acompañó unos kilómetros en bici. Aguantamos las miradas incrédulas de los corredores que nos pasaban mientras ensilábamos cerveza durante un rato hasta que alguien dijo: “lleváis tres horas y treinta y cinco minutos”.  Y nos pusimos de nuevo a correr dispuestos a llegar antes de las cuatro horas. Otro prodigio.
En el avituallamiento arlequín con Nicco, Iván y Marín. Hace la foto Toty.

Curiosamente los últimos cuatro kilómetros se hicieron relativamente fáciles. Íbamos a nuestro ritmo, sin forzar y sabíamos que la meta ya no se escapaba.

Llegada al Poli, abrazos a los nenes y entrada en meta en 3:59. Contentos y bastante enteros.
Vayan preparando el jamón...

Un rato después llegaron el resto de CxCs cada cual aguantando sus dolores, todos felices. Sólo faltó Manu que en el 32 dijo aquello de “mi cerebro ya no aguanta tanto paisaje espectacular, me quedo en la cuneta y que me recoja alguien”.

Un par de horas antes Carmen, la miembra, había finalizado su primera media y a todos nos llena de orgullo y satisfacción tener gente alrededor que se plantee retos y los consiga. Nosotros somos más básicos, corremos porque nos los pide la cuerpa y porque “algo habrá que hacer”. Eso sí, el asfalto ya nos puede esperar otros pocos meses.
Nuestra valiente miembra mediomaratoniana

Ni que decir tiene que la gran familia CxC (ya somos unos pocos e incomprensiblemente nadie le ha movido la silla al presidente) se reunió después del atlético evento a hidratarse y comer convenientemente que luego vienen las pájaras y las cuerpas esqueléticas.
Esto sí que se nos da bien

Nos volvemos al campo.

3 oct 2013

Quixote Maratón

Nos gusta correr por el campo. Cada vez más.

Disfrutamos por caminos rurales, pistas forestales, sendas, pedrizas, subiendo y bajando cerros, montes, collados...  Y si hace falta ir campo a través o hacer camino al correr, se nos saltan las lágrimas de la emoción.

Cargamos las pilas cuando, desde lo más alto, vemos el paisaje a nuestro alrededor, o cuando pasamos por un bosque que no deja entrar el sol, o al tener que atravesar una senda que deja a tu lado un precipicio, o al mojarte los pies para vadear un arroyo o, simplemente, cuando huele a jara, a tomillo o a romero.

Otras veces no podemos desplazarnos a sitios tan bonitos, pero nos conformamos con corretear por La Atalaya de Ciudad Real, por los Castillejos de Poblete, la Sierra del Perro en Fernán Caballero, La Peña de Picón, la Plaza de los Moros en la sierra de Malagón... Sitios cercanos que te permiten sentir tierra, piedra, agua, ramas... Cualquier cosa menos asfalto duro, seco, negro, aburrido, plano, continuo...

El asfalto nos apetece cada vez menos. Nos produce agobio, pereza, hastío, muermo...

Y sin embargo... NOS HEMOS INSCRITO AL QUIXOTE MARATÓN (XVIII Maratón Popular de Castilla-La Mancha).

Se celebra el próximo día 20 de octubre de 2013, a la vez y por el mismo itinerario que la III Media Maratón Popular de Castilla-La Mancha.

Se trata de un circuito a dos vueltas uniendo las localidades de Ciudad Real y Miguelturra, discurriendo en su mayor parte éste ¡Atención! por las zonas con menos vida de ambas localidades. 

Lejos de convertirse en una prueba deportiva para, además de otras muchas cosas, enseñar nuestra ciudad a corredores y visitantes, el evento se "encierra" en los polígonos industriales y la zona del campus universitario (donde un domingo por la mañana no hay ni un alma). La carrera no pasa por la Plaza Mayor de Ciudad Real (donde también sirven relaxing cups of café-con-leche y cool-cañas of beer), ni por la Plaza del Pilar, ni por el Prado, ni por el Torreón... Atraviesa la ciudad, eso sí, pero por el lugar por el que menos se ve para no molestar el sagrado descanso dominical del ciudadano. Al final, esto se consigue a la perfección y la gente ni se entera de que hay una prueba deportiva que este año alcanzará su mayoría de edad (18 ediciones).

Al final, el Quixote Maratón resulta un auténtico coñazo, sobre todo cuando los que corren la media maratón llegan a meta y dejan solos a los del maratón para correr la segunda vuelta por el desierto poligonal. Pasan minutos entre un corredor y otro y éstos se encuentran solos desde que encaran la salida del "centro" hasta que llegan al "centro" de Miguelturra.

Sí. Y a pesar de todo eso nos hemos apuntado seis (6) CxC: Luis, Jorge, Guti, Miguel y yo al Maratón y Carmen (nuestra primera miembra, con perdón) a la media , siendo ésta la distancia más larga y dura (con perdón, otra vez) que haya corrido hasta ahora.

Y lo hemos hecho, porque si cinco miembros (con perdón) del mismo equipo logran cruzar la meta, se les obsequiará con un JAMÓN. ¡No podíamos resistirnos!

Por eso y porque el carácter churriego es distinto al culipardo. Al paso por Miguelturra encuentras tambores y timbales en la plaza del pueblo que te ponen los pelos de punta. Además, las peñas de la localidad se organizan y a lo largo del recorrido guisan migas y gachas, ofreciendo las mismas a los corredores, convirtiéndose en originales puntos de avituallamiento donde, además, puedes echar un botellín frejjjjquito o un largo trago de una bota de vino para que el torrezno de las migas pase sin problemas.

Y lo hemos entrenado a fondo. Lo de correr no, solo lo de las migas, las gachas, la cerveza y el vino. 

En lo del correr será distinto. No miraremos el reloj. Pararemos en los avituallamiento (en todos). Comeremos migas, gachas, torreznos. Beberemos vino, cerveza y lo que se tercie. 

Solo tendremos un objetivo: terminar antes de que cierren el chiringuito de meta y conseguir el jamón. 

Y si no, no pasa ni media.

¡CxC, disfrutando del correr, del comer y del beber desde siempre y para siempre!

2 nov 2011

RETO CONSEGUIDO: MARATÓN TERMINADO



Publicado el día 31-10-2011 en "Lanza". Jorge Ureña.
  
Parece que he ganado yo, pero no.

He llegado al final de mi primer maratón pero con la sensación de que si hubiera querido la carrera habría terminado conmigo.

Gracias al cielo el maratón ha sido benévolo y me ha dejado llegar hasta el final.
Eso sí, me he tenido que ganar el privilegio de llegar en cada kilómetro, sobre todo a partir del kilómetro 30. Háganme caso, futuros maratonianos, el muro existe y es más alto de lo que nadie dice. Ése es el secreto mejor guardado del maratón. En el kilómetro 30 hay un francotirador que te deja maltrecho en el mejor de los casos. Lo de antes puede considerarse anecdótico. La carrera empieza en el 30. Y ahí hay que darlo todo.

No es por fardar, al revés, me hubiera gustado narrar una carrera sin penurias, pero no ha sido así. He penado tanto que durante toda la tarde he disfrutado una barbaridad de cosas triviales como ir en el coche con los niños, dar un pequeño paseo o visitar a los parientes. Cualquier cosa era una delicia si lo comparaba con esos últimos kilómetros. Pero no se crean que es todo penar, la gente repite en estas barbaridades y no son masoquistas. Las sensaciones que regala una carrera como el maratón simplemente hay que vivirlas.

El que suscribe, sin ir más lejos, en vez de huir del carrerismo como los gatos del agua fría, ya tiene en mente una carrerita de 101 kilómetros por Ronda, organizada por la legión y con fama de experiencia que te acerca al nirvana. Además es por el campo, como a mí, como a mis compañeros de farra, nos gusta. Ya os iremos informando.

29 oct 2011

DE CÓMO SE PUEDE PASAR DE MENTIR EN PÚBLICO A CORRER UN MARATÓN

(Transcripción íntegra y literal del artículo publicado hoy en el diario "Lanza". Como no podía ser de otra forma, ha sido escrito por nuestro literato, periodista de pro y, a la sazón, Secretario del CDE CorriendoporelCampo: D. JORGE UREÑA.. ¡Un gustazo!)

42 kilómetros? ¡”Amos” anda!

Debo reconocerlo: mentí. Hace un par de años, por estas fechas, en un especial igualito que éste, falté a la verdad. Además, no fue un faltar a la verdad así como sin querer, no. Fue premeditado. Escribí un artículo sobre el maratón y al final lancé un: “así que prometo correr algún año el maratón de mi pueblo” (o alguna barbaridad por el estilo).

Era una gran mentira. Era la madre de todas las tomaduras de pelo. Era un brindis al sol de noche y con la copa vacía. Era una promesa más falsa que el negro de Ana Rosa Quintana cantando una de Milli Vanilli. En fin, que ni yo mismo creía en mis palabras.

Sucede que, sin saberlo, me estaba equivocando. La mentira se negó a sí misma y se convirtió en verdad. ¡Oh, paradoja!

¿Voy entonces a correr el maratón de Ciudad Real? Sí. ¿Y cómo es eso? ¿Cómo un cambio tal? Qué se yo.

Yo era un tipo normal y como bien dice Mateo Gómez Aparicio los tipos “normales” no corren maratones, así que tal idea no rondaba mi cabeza. Bueno, lo que dice el alma mater de la prueba capitalino-churriega es que “una media maratón la puede correr cualquiera, un maratón no”. En mi condición de ser humano “normal” acataba el axioma y no se me ocurriría jamás pensar en rebatirlo.

¿Cómo se obró el cambio? ¿Cómo se transformó un ser normal en un aspirante a maratoniano nada menos? Insisto: ¡Qué se yo!

El caso es que ciertas personejas me instaron a retomar el deporte de forma más o menos seria, tal era el tamaño de mi “faja abdominal”.

La cosa empezó como un pasatiempo que metía más calorías en el cuerpo de las que quemaba. Como cada vez que salíamos a correr luego nos íbamos a comer, la cosa no funcionaba demasiado bien. A cada carrerita de media hora le seguía una pantagruélica sucesión de carnes magras a la brasa como para llenar un agujero negro, sin hablar de la cerveza. El pescado cocido ni sabíamos que existía. Ahora sospechamos de su existencia, pero no se nos ocurre acercarnos siquiera.

Así eran nuestras existencias:  apacibles, serenas, tranquilas como un lluvioso domingo por la tarde.

Ahora vivimos en una película de acción, nos levantamos al alba los domingos y corremos kilómetros y kilómetros sin nadie que nos persiga, ni incendio que apagar. A veces, incluso, disfrutamos. Entre semana no fallan al menos tres carreritas.

¿Cómo tal cambio? ¿Cómo? Ni respondo.

Pasó lo que suele pasar en estos casos. Alguien dijo: “¡no teneis narices a hacer una media maratón!”. ¡El apocalipsis!

Tres semanas después estábamos enfilando uno tras otro 21 kilómetros de asfalto.
Hay que reseñar que nosotros somos más de correr por el monte donde los caminos son más blandos, los paisajes más bonitos y las cuestas cuestan más.

Superado el reto de la media nos dimos al vicio del correr ya sin tino ni mesura. Seguíamos inflándonos de comer en cuanto la ocasión se presentaba. Si no se presentaba nos presentábamos nosotros, que no está la cosa para penar por penar. Pero como corriamos por el campo con tal asiduidad nuestros orondos cuerpos perdieron parte de su orondez. Ahora éramos aerodinámicos y eso había que aprovecharlo.

Llegó el cambio radical cuando  alguien nombró al innombrable: maratón.

La palabra nos asustó en un principio, pero como ya eramos un club, CDE Corriendo Por el Campo y teníamos un blog: www.corriendoporelcampo.blogspot.com, nada ni nadie podía pararnos.

El reto estaba ahí y nuestros cuerpos aquí. Sólo faltaba hacerlos coincidir en el tiempo y el espacio a poder ser con una mínima preparación.

Desde aquellos días a estos han pasado por nuestras piernas cientos de kilómetros. Lo que un año antes era un reto casi imposible, acabar una media, se ha transformado en una anécdota de fin de semana y nuestros cuerpos... lamentablemente siguen más o menos igual.
Aún así tres amigos y el presidente del club nos juntaremos en la línea de salida este 30 de octubre, fijaremos nuestras miradas en un punto del infinito y diremos al unísono: “¡después de esta nos vamos a inflar de carnaza y cerveza!”. Ese es el espíritu. Y como quedaremos cuatro horas después para comer, no sería raro que nos ensiláramos 42 kilómetros y pico que es una cosa que nos han dicho que abre el apetito.

De si acabamos o no la maratoniana aventura con éxito tendrán ustedes noticias el mismo lunes 31, porque mis compañeros de trabajo amenazan con no dejarme descansar ni después de semejante paliza. Ya veremos. Suerte a todos los chalaos que tomen parte en esta bendita locura.

26 oct 2011

Cuatro días ¡¡cuatro!! para la hora M (de “Maratón”)


Miércoles, 25 de octubre de 2011. 9:30 horas
Cuatro días ¡¡cuatro!! para la hora M (de “Maratón”) del día P (de “Puto maratón”).

Como ya os conté (que no puedo estar con la boca cerrada, ni con el post en blanco) en la semana M-2 (es decir, a dos semanas del maratón) estaba hasta los mismísimos de preparar la prueba reina del atletismo de fondo (que no de “fondones”; que si así fuera, no necesitábamos preparación alguna y hasta podríamos optar a algún que otro premio sin mucho esfuerzo).

Cuánto estrés de tanto pensar en si has corrido, si el ritmo ha sido bueno, si te has encontrado bien, si te estás pasando, si no llegas, si va a llover ese día, si habrá viento, si te va a dar de cara o de culo, cuándo y dónde… Y lo peor: al final de la preparación tienes que dejar el campo (que es lo que nos gusta) para meterte de cabeza y a piñón en el jodido asfalto, esa superficie monótona, negra y dura que aburre hasta a las ovejas (porque habréis visto ovejas cruzar el asfalto, pero quedarse en él… ni ellas aguantan)

Sin embargo, a partir del domingo 16 de octubre, después de habernos apretado semanas de más de 70 kilómetros en las patas y de los sabios consejos de Ramón (¡oh, Líder!), Jorge y yo decidimos abandonarnos a nuestra suerte (o a nuestra mala suerte, ya veremos) creyéndonos eso de que a esas alturas lo hecho, hecho está y que es más importante el descanso que el entreno. Hay que asimilar las cargas, que dicen los entendidos.

A lo que iba, que como me interesaba tanto esa parte de entrenamiento desentrenante me he abandonado casi por completo en estas dos últimas semanas. He bebido y he comido prácticamente lo que he querido (y digo prácticamente porque yo siempre quiero más…) He trasnochado de la mano de algún que otro gin-tonic e incluso he conversado a altas horas de la madrugada con mi amigo Marcos (que es gallego, ojo)

Como consecuencia del desentrenamiento entrenante, tengo una desazón que no sé si me explico (que va a ser que no). Es cierto que a mi cabeza le ha venido de perlas. Me he relajado y he dejado de pensar en tiempos, ritmos, kilómetros, bebidas isotónicas y otras tontunas atléticas. Sin embargo, la relajación no ha sido absoluta y, de vez en cuando, piensas que todo lo que has estado haciendo durante las últimas semanas no ha servido de nada, que lo has echado todo a perder. Y, por si fuera poco, recibo WhatsApps de Jordi del tipo “cada día me noto peor” o “tanto descanso no puede ser bueno”.

Así las cosas, anoche tuvimos que salir el periodista y yo a estirar las patas, para comprobar una vez más que somos de la categoría diesel y que cuando paramos, después de unos pocos kilómetros, es cuando realmente empezamos a sentirnos bien. Al menos, todos nuestros pensamientos mientras corríamos esos miles de metros fueron positivos. Nos acordamos de que el año pasado por estas fechas (septiembre de 2010) nos propusimos correr de forma continuada, quedando en la casa-residencia de los Ureña-Ramos, más conocida por la casa de Jorge y Raquel, para pesarnos y echarnos al monte a correr con el objetivo de reducir nuestras magras, aumentar nuestro rendimiento atlético y, si todo se daba bien, correr una media maratón. Solo nos pesamos una vez (rompimos la báscula). En mi caso, dio tiempo a ver la cifra capicúa de 101 kilos de pura carne serrana, entreverada claro. (Aun podéis verlo en el blog de Jorge si pincháis aquí). Un año y un mes después, mi índice de masa corporal se ha visto reducido como consecuencia de haber perdido 9 kg de peso por el camino. El reto ya no es la media, sino la entera y, entre tanto, hemos disfrutado de lo lindo por campos, cerros, caminos, sendas, subiendo, bajando...

Es cierto, es UN RETO al que estamos a punto de enfrentarnos. Sin embargo, no es “el reto”. Es solo un reto más, antesala sin duda de otro. Lo fundamental es que sabemos (y queremos que sepáis, porque sabemos que nos queréis aunque no lo merezcamos) que estos retejos de nada no nos quitan el sueño, ni el hambre, ni la sed.

Vamos a disfrutar pase lo que pase. Y si llegamos a META, mejor. Así somos los de CorriendoporelCampo.

PD: No decimos nada del Presi porque no queremos desconcentrarle para su media maratón de 30 kilómetros. Y si no, tiempo al tiempo...

10 oct 2011

Hasta los Maratones estoy!!!


Ya es lunes, 10 de octubre. Solo quedan 20 días para el Quixote Maratón.

Si brujuleas por la internáis descubres que lo del maratón se prepara en unas 16 semanas, siempre que lleves un año corriendo de forma más o menos regular (3 días/semana).

Nosotros (que somos muy largos) pensamos que, siendo el maratón el 30 de octubre, si contábamos hacia atrás 16 semanas nos plantábamos en mediados de julio. Así que (como también somos unos chalaos, según Bea) decidimos que nos daríamos unas carreras en Asturias en la primera quincena de agosto (aprovechando las vacaciones y el entorno), que la segunda la utilizaríamos para descansar (aprovechando las ferias y fiestas de Ciudad Real) y que ya en septiembre empezaríamos en serio (aprovechando que el Guadiana pasa por el puente de La Quintina -q.e.p.d.-). Las 16 semanas preceptivas se han convertido en 8.

Pues a pesar de eso estoy hasta los mismísimos maratones de pensar en el maratón.

Realmente llevo cavilando 6 semanas, pero he tenido bastante.

Además, se mezclan varias cosas a la vez. Lo de correr 42 kilómetros y pico tiene su aquél, pero a pesar de ello, todos los entendidos (y nuestro líder) dicen que no es aconsejable darle de seguido a las canillas más de dos horas y media. Y yo me pregunto: si los buenos corren la distancia mítica entre dos y tres horas (recordad que el record está en poder de Patrick Makau, con 2:03:38) yo que lo voy a correr en cuatro o más (si sale bien y termino) ¿será suficiente con dos horas y media? ¿Y la otra hora y media que me va a faltar? ¿Qué?

Por otro lado, (siempre según los entendidos y nuestro líder) hay que acostumbar al cuerpo a correr por asfalto y las tiradas largas (dícese de aquéllas que superan con creces la hora) deben hacerse en tan fatídica superficie. Con lo que eso jode, con lo bonito que es el campo, la montaña, los bichos varios y la flora florida y hermosa...

Y por último, trágate los comentarios de quienes ya han pasado por el trance maratoniano culipardo-churriego: "es un coñazo", "los polígonos industriales son insufribles", "como le dé por hacer viento...", "en Ciudad Real no anima ni Dios","el año pasado no se podía correr con el tiempo tan malo que hacía", "el centro de la ciudad, que suele estar concurrido, ni se pisa". Menos mal que alguno te da ánimos y te dice: "al menos en Miguelturra hay mucha animación". Aunque siempre hay alguién al lado para apostillar: "sí, pero eso pasa pronto y luego te queda todo el polígono, la carretera, la rotonda, más carretera y todo el paseo del Erosky". Podrían callarse, pero no. Como ellos ya lo corrieron...

Pues eso, que después de oír, sentir y correr lo que llevamos oído, sentido y corrido estas últimas semanas te preguntas si serás capaz de terminar, si te dolerán mucho las piernas, si tendrás calambres y, cuando todo eso pasa por tu cabeza (por mal que esté) dices: ¿y para qué coño voy yo a correr un maratón?

Pues no lo sé, pero lo voy a correr. Y quiero terminarlo, a ver si después de estar acumulando kilómetros no voy a terminar (que tampoco sería raro)

En definitiva, nos lo tomamos como un reto personal. Aunque, bien pensado (o mal) no sé qué será peor si terminarlo o no, porque cuando terminas una cosa así te crees que eres como Paco (digo Gladiator) o como un superatleta al que no hay reto que se le resista. Nosotros no lo hemos terminado y ya estamos pensando en los 101 km de Ronda para el próximo mes de mayo

La locura del corredor no tiene límites. La de CorriendoporelCampo tampoco.