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2 jul 2015

GTP: estrategias, experiencias, realidades.

Este año enfrentábamos el GTP con un no sé qué, que qué sé yo...


Nos inscribimos porque Luis, el Presi, se nos marcha a Guasintón por una temporada y le apetecía hacer los 110 (este año 115) km. de Peñalara para despedirse de las montañas patrias.
El Sr. Presidente y su señora esposa
Los demás le seguimos, pero cada uno a su aire, por distintos motivos.

Miguel Ángel y Guti también querían hacer allí su primera de más de 100 km del tirón, recordando lo bien que lo pasaron hace dos años cuando hicieron la de 60 km.

Manu, el filósofo jebi y experto ultrarunner, guiaría a Anne para que ésta también debutara en una gorda.

JAN se apuntó a la de los chupetines (TP60) para poder conocer Peñalara poco a poco y poder correr el año que viene la de los mayores. 

El Lidl correría también la pequeña porque, básicamente, le daba la gana, que para eso es el Lidl.

Jorge y yo sabíamos que teníamos que correrla cuando Luis dijo: "Yo este año voy a ir a hacer el GTP".

Así que, allí iríamos los CxCeses y aledaños (como Pelu y el Sr. Tocino) para echar unas horas por el monte y pasarlo lo mejor posible.
Algunos CxC y aledaños
También acudirían a la fiesta los Mineros (Abilio y Pablo) y los Quijotes (Toty y José Luis, acompañados de José Ángel). 
Abilio y Pablo
Guti, José Luis y José Ángel
Por si fuera poco, en lo más alto de la carrera (Pico Peñalara) estarían con jamón y cerveza los buenos de Pepe Moral (haciendo noche para ejercer como voluntario desde que llegaran los primeros corredores) y Nicco (el rugbier más símpático a este lado del Guadiana).
Abilio ensilando bajo la antenta mirada de Nicco
Pepe Moral, el más grande
Para rematar la faena, acudían más amigos de los que corren de verdad, como Gemma Arenas (a la postre vencedora femenina de la prueba ¡Y de qué forma!) y su marido Agustín.
Abilio y Gemma
¡Manchegos a cascoporro este año en el GTP!

Pero vamos a centrarnos en CxC, que si no, nos liamos.

Comencemos con las estrategias.  

Sabíamos que Manu y Anne irían a un ritmo que les permitiese pasar los controles, apretando un poco al principio para pasar los primeros al ser los más exigentes (quizá demasiado para los del final del pelotón popular) y disfrutar durante el resto para poder llegar cuanto más lejos mejor y tratar de terminar. 

Guti se iría con los Quijotes, con los que llevaba entrenando duro durante los últimos meses, tratando de alcanzar el mejor momento de forma. Haría la guerra por su cuenta en su primera carrera larga, pero iría acompañado por quienes tenían experiencia suficiente en esto de correr largo por montaña.

Ramón, siendo el puto Lidl, haría lo que hace siempre: lo que le sale del níspero, porque puede y porque quiere. 60 km para él, a pesar de no estar ahora mismo en su mejor momento de forma, en principio no suponen gran cosa.

La estrategia del resto se puso encima de la mesa unos días antes, delante de unas cervezas, como podréis suponer...

Luis se uniría a Manu y Anne, al menos durante la primera parte de la carrera para después ver qué debía hacer en función de sus fuerzas. 

JAN acudiría por primera vez a Peñalara y lo hacía desconociendo todo lo que se iba a encontrar en los 65 km que tenía por delante. A pesar de que le dijimos cómo era el terreno, dónde se podía correr y cuáles eran los puntos claves, él solo decía que le imponía mucho respeto. Que iría "despacico y con buena letra". También podría acoplarse con Pelu y Tocino, que han entrenado con nosotros en algunas ocasiones y también eran novatos. Así podrían ayudarse entre los tres.

Yo ya había comentado con Jorge mi decisión en algún entreno y parecíamos estar en sintonía. Iríamos a nuestro ritmo, sin arriesgar, pero sin dormirnos, tratando de disfrutar al máximo de la prueba. Nos conocemos, sabemos cómo estamos con solo vernos la cara, el ritmo que llevamos y que nuestras fuerzas suelen estar equilibradas, sin perjuicio de que en una carrera tan larga pasan mil cosas y hay momentos para todo. Yo no quería frenar a nadie, ni ir marcando un ritmo a nadie porque no estoy completamente seguro de que ese sea el ritmo adecuado. Traté de explicarlo de la mejor forma posible, pero no lo conseguí. 

Miguel puso mala cara y pensó que le estaba diciendo que nosotros iríamos a nuestra bola y que él fuera a la suya. Aguantó estoicamente mi ataque de sinceridad y nos dijo muy serio que ya sabíamos que él jamás había puesto ningún problema en una carrera por los ritmos y que sabíamos perfectamente lo que iba a hacer durante toda la carrera, que iría con nosotros. Le respondí que yo no sabía lo que él haría en esa carrera porque ni siquiera él lo sabía. Así de duro, así de descarnado y de capullo soy en ocasiones (bueno, espero que solo en ocasiones). 

Al final, aquello quedó en una anécdota. Miguel es muy buena gente y, al final, entendiéndome o no, decidió tomarlo por el lado positivo. "Yo iré con vosotros" - terminó diciendo con un gesto serio.

Pero, lejos de ser una simple anécdota, quizá sean éstas las claves de una carrera larga por montaña: la estrategia personal, la adaptación de ésta a la realidad del día de la carrera (a las sensaciones, a la climatología, al estado físico y anímico, al terreno...) gracias, todo ello, a las experiencias vividas en otras carreras.

Solemos decir que la mitad de estas pruebas de resistencia son cabeza. Quizá sea eso lo que quiero decir. Que la cabeza debe analizar multitud de situaciones y sensaciones muy distintas para poder gestionar de la mejor manera posible el esfuerzo necesario para poder completar el recorrido. 

Quizá sea necesario pasarlo mal, tener sensaciones muy malas y, en definitiva, sufrir física y mentalmente para poder comprobar cómo reacciona nuestro cuerpo y nuestra cabeza ante ello. O para poder saber qué es lo que "vivimos" para así poder decidir qué tipo de carreras queremos correr. 

Quizá solo así podremos comprobar que el cuerpo y la mente tienen una capacidad de adaptación y recuperación asombrosas. Esa experiencia es la que utilizaremos después para gestionar tantas horas en movimiento, para saber qué nos va bien y qué nos va mal. 

El problema es que hay tantas situaciones posibles que uno jamás tiene la experiencia suficiente para no tomarse en serio una carrera de este tipo. Si estás atento, la carrera te podrá vencer, pero si te descuidas, te vapulea. 

Por eso pueden darse casos de gente absolutamente preparada que no es capaz de completar un tercio del recorrido en un momento determinado. O que teniendo las piernas perfectas se nos cierre el estómago y no podamos comer, lo que hace imposible avanzar cuando las fuerzas que proporciona el alimento desaparecen. O que nos lesionemos. O que la mente nos juegue una mala pasada y de al traste con la ilusión de llegar a meta.

Todo es posible en las carreras de larga distancia por la montaña. Tanto, que hasta un tipo como yo puede completar el Gran Trail de Peñalara, con sus más de 115 km de distancia unos 10.200 metros de desnivel en 24 horas y 31 minutos. 
La pulsera y la chaqueta conseguida al llegar a meta
Después de ello, cuando pasan tres días, recuerdas el asfixiante calor subiendo el reventón, ese sudor continuo que caía por tu cara como si tuvieras un grifo abierto sobre la cabeza, esas miradas de Miguel y de Jorge para ver si seguía detrás. Ese fue mi momento malo de la carrera. El resto fueron buenos, la mayoría muy buenos. No obstante, después, todo se suaviza y se moldea, adquiriendo en ocasiones un tono rosa suave que hace que todo lo ocurrido sea positivo. 

Recuerdo lo bien que lo pasé con Miguel y con Jorge durante los kilómetros que estuvimos juntos (más de 80). Recuerdo ir con ellos, mirar al cielo y verlo lleno de estrellas, echar la vista hacia atrás y ver cientos de luces subiendo la montaña después de nosotros. Recuerdo nuestro ánimo, nuestras risas, nuestras palabras de aliento cuando alguno quería flojear un poco. Recuerdo el piornal y el viento fresco de la montaña. Recuerdo los primeros rayos de sol subiendo a la Morcuera.

Recuerdo la alegría de ver a los demás CxCeses en mitad de la carrera. Recuerdo la alegría de ver a nuestras chicas en La Granja para animarnos y para consolar a los que allí se quedaban. Recuerdo mis trucos mientras iba solo subiendo el río eresma, haciéndole trampas a mi cabeza para que no pensara más que en avanzar. Recuerdo ir solo por el Camino Schmidt mientras se ocultaban los últimos rayos de sol y pensar que tenía mucha suerte de estar allí. Recuerdo un trozo de sandía en el Puerto de Navacerrada. Y el abrazo de Mercedes ("Pels") en el control de la Barranca y su invitación a dos chupitos de cerveza fresquita y unas gominolas. Y los últimos kilómetros corriendo como alma que lleva el diablo con Jorge ("Pardi"), de los Paquetes, hasta llegar a meta para encontrar allí un pueblo lleno de vida, con la gente en las terrazas aplaudiéndote, unos amigos emocionados más que tú al ver que ya llegas, a Marisol que sonríe como diciendo "ya te dije yo que llegarías" y a JAN tendiéndome un tercio helado de cerveza a la vez que me decía "qué huevos tienes, cabrón".










Gracias a todos mis amigos de CxC por todo lo bien que lo he pasado con ellos antes y durante esta carrera. Gracias a las "miembras" por estar ahí animando y sufriendo nuestros entrenos. Gracias a la comprensión de Marisol, a sus ánimos y a su apoyo incondicional. Gracias a la familia que siempre están pendientes de mí, pensando -de forma equivocada- que tienen un hijo o un hermano que hace cosas extraordinarias. Gracias a todos los voluntarios de la carrera.

Peñalara es un carrerón. Un carrera grande en todos los sentidos, pero sobre todo en el recorrido. Toda la carrera es bonita. 



¡Hasta el año que viene Peñalara! ¡Te conquistaremos todos los CxC! ¡La próxima vez no te escapas!

25 jun 2015

El circo de fenómenos de CxC, de nuevo en el GTP (tocinetas off road, the revenge)

Resultado de imagen de gran trail peñalara

El filósofo de cabecera de CxC es, ya lo saben ustedes, Marck Ajoufer.

Es uno de los pocos filósofos que aúna el platonismo matemático con el empirocriticismo sin renunciar al hilozoísmo trascendental a medio camino entre el pesimismo y otras cosas más profundas aún. Y todo eso sin salir del sanatorio mental de Albuquerque (Nuevo México) donde vivió desde su más tierna infancia hasta otras edades menos tiernas, tal es su magnitud como ente pensante. [Párrafo patrocinado por Manu García Ortíz] 

En una de las pocas ocasiones en las que concedió una entrevista, para la Revista de Filosofía Moral y Política, el entrevistador quiso saber la postura del entrevistando acerca de los corredores de ultratrail, sobre si sus carreras eran una metáfora de la vida, sobre el sufrir sin tino con el mero objetivo de seguir avanzando, sobre la psique de esos atletas.
“Esos hijos de puta están locos”, dijo. Y se quedó tan ancho.

Y ahí nos tienes, amable lector, de nuevo ante una de esas carreras que hasta el bueno de Ajoufer tildaría de “soberana locura”.

CxC, como club de insensatos que es, tiene a bien involucrar a sus huestes en pruebas atléticas desproporcionadas, como sutil metáfora de sus propias cuerpas.

En esta ocasión el circo de fenómenos se traslada a Madrid, a la sierra aquella que tantas alegrías nos ha dado y tantas ampollas (con perdón) y rozauras nos ha proporcionado.

La cita es con el Gran Trail de Peñalara. No es por fardar pero la cosa consiste en ensilarse para la cuerpa 115 kilómetros con 10.200 metros de desnivel acumulado. Solo los titanes, los elegidos, las bestias pardas del trail y los mochuelos descerebrados de CxC se enfrentan a semejante barbaridad con la idea de, sí amigos, “divertirse”.

Los tres miembros (cp) originales más el puto jipster, la peluquera, el filósofo jebi y la madamme Souflé nos veremos las caras con la distancia más larga (cp) mientras que el señor de los chorizos, el lidl y dos aledaños al club (Pelu y el Tocino) se enfrentarán a la carrera de chupetines (60 kilómetros que se les van a quedar en un diente).

Tenemos una estrategia muy estudiada, macerada en horas de diálogos intensos y sesudos. Vamos a empezar a movernos (12.30 horas del sábado, 27 de junio del año del señor de 2015) y no vamos a parar hasta que lleguemos. Es tan fácil como suena.

De las cervezas y productos cárnicos que nos tomaremos en los días siguientes para volver a nuestro ser ya hablaremos más adelante.

8 jul 2013

GTP2013. Hecho está. (Por Ramón, "El Lidl")

Terminamos (creo) esta saga del GTP con la crónica de Ramón, nuestro Lidl, una crónica desde el pasado hasta la meta de 2013.

¡Ahí va!

Por el Collado del Piornal (Foto: Kataverno.com)
Me niego a buscarle explicación a enrolarse en algo como el Gran Trail de Peñalara. Hacemos cosas a diario mucho más ridículas, absurdas y temibles sin tratar de buscarles motivos o méritos. ¿Por qué en el tema ultrero nos compelen u obligamos a dar explicaciones metafísicas? Cuestión de convencionalismos, creo.

          Además, en caso de buscar motivos, acabarían siendo una excusa barata para decir que lo hacemos porque nos apetece. Y, total, tampoco llegaríamos a ser entendidos por los que no quieren entender. En conclusión: Lo hacemos porque nos sale de los cojones.

El caso es que afrontar 110 y pico km no se hace todos los días. Pero se hace y punto. A mí se me cruzo la idea en la primera edición del GTP, en 2010. Cuando era un imberbe corredor que se creía que, por haber terminado los 101 de Ronda en 18 horas, con un escasísimo entrenamiento, me podía permitir cualquier cosa. No sabía lo que era la montaña de verdad, las zonas técnicas, los desniveles acumulados. No sabía lo que quemaba lanzarse sin control en las bajadas. En definitiva, era un capullo.

Como no podía ser de otra manera me retiré en Rascafría, km 55 y pico, con bastante dignidad física y temor reverencial a la subida de Peñalara anocheciendo. Pude hacer más pero hice bien. Es decir, acabé mi primera edición con éxito: Descubrí la montaña, disfruté de paisajes espectaculares (aún tengo viva la imagen de ver amanecer bajando La Maliciosa) y, especialmente, dejé de ser un capullo atrevido.

Al año siguiente, edición del 2011, me inscribí a conciencia. Sabía a lo que me enfrentaba, incluso fui a un entrenamiento guiado para conocer la Cresta de Claveles y la bajada de Peñalara a La Granja. Ya conocía todo el GTP hasta el km 80. Me faltaba acumular kilómetros en solitario (aún no era un CxC, es más, CxC aún no existía) y hacer uso de mi cabezonería y reconocido individualismo psicopático para afrontarlo con ciertas garantías.

Al final, por motivos personales, no pude casi entrenar ni afrontar la prueba. Es más, un domingo por la mañana cuando me dirigía a uno de los entrenos guiados (quería conocer el último tramo de la prueba) tuve que volver con urgencia a casa.

La Sierra de Guadarrama ya no era sólo cuestión de ocio, ni de reto deportivo. Empezaba a erigirse como una traba personal que no me dejaba ser del todo libre. Puede parecer ridículo, pero nuestra cabeza hace asociaciones de ideas de forma involuntaria que por mucho que queramos es difícil cambiarlas.

Durante algunas semanas pensar en poder afrontar aquel GTP era pensar que mi vida transcurría con bendita monotonía y tranquilidad, pensar en que algunas cosas no sucedían.

Como he dicho, mi balance del GTP2011 fue “no presentado”. Y, contradictoriamente, el GTP se incrustó en mi imaginario personal. No puedo decir en este caso que me hiciera más fuerte, ni mejor persona. Simplemente había que continuar.

Después de muchos avatares, y estar bastantes meses sin correr, lo retomé a mediados de ese mismo año, agosto de 2011, por la Vía Verde de nuestra casta y pura Ciudad Real. Hacía 4km 400m hasta el final de la misma, y me tenía que parar para estirar el cuerpo abotargado por la inactividad y el calor antes de afrontar la vuelta.

En un mes el GTP y otras cosas habían pasado al olvido y ni siquiera sacaba fuerzas para volver a La Atalaya, un lugar preferido, el único monte que tenemos por Ciudad Real para entrenar cuestas, senderos y pedregales.

A finales de ese verano, no sé muy bien cómo, me convertí en Líder (¿?) del Club Deportivo Elemental CorriendoporelCampo.

Un engendro aún en ciernes al que sometí mis canillas y trillizos por el único motivo de no saber decir que no a nada, porque si me lo hubiera (o hubiese) pensado bien quizá… Quizá…

Entendí que la principal condición del Líder de CxC debía ser asimilar los insultos y despechos de los novatos corredores con una sonrisa. A veces dudaba, incluso, de sí los improperios contenían una mínima dosis de cariño y/o afecto, pero qué diablos, no salía tan caro.

Comenzamos a descubrir los montes cercanos a la capital. Los CxC fundadores comenzaron a estilizarse y a descubrir el poder de sus cuerpas, y el Líder a redescubrir mens y corpore con el añadido de “estos patanes no pueden correr más que yo”.

La simbiosis me produjo más dolores de cabeza alcohólicos postentreno que agujetas y, también, la renovación de objetivos.

Superando retos menores llegó el momento GTP2012. Jorge, Luis y Quique se matricularon en el hermano menor de 60km con acierto. El Líder se calentó, iba de subidón y tantas ganas le tenía al GTP que volvió al 110.

Como suele suceder en esto de correr, mi entusiasmo sin control terminó en lesión de la cintilla ilotibial izquierda. A pesar de ello mi estado físico era bastante bueno y con unas rápidas e insuficientes sesiones de fisioterapia me puse en la salida del GTP2012 versión bestia.

Lo que tenía que pasar: Retirada en La Granja, km80, tras penar como nunca durante 30 km, aguantando el dolor, sobre todo en la bajada de Peñalara.

Aún así, llegué antes del cierre de control de tiempo al km80 y me convencí de unas cuantas cosas: i) Sin lesión y siendo prudente esto de los cientodiez se acaba, coño (aún no sabía lo largos que se hacen los treinta km finales) ii) Por muy fuerte que estés, o te creas, hay que cuidarse de las debilidades por mínimas que sean, si no todo se puede ir al traste. iii) No es bueno tirarse (con perdón) a la montaña por despecho, orgullo o cojones (válgame qué bonita palabra). Al menos hay que poner la satisfacción delante de todo ello.

Salto al 2013. Por fin parece que la cintilla ilotibial está totalmente recuperada gracias a los consejos y recomendaciones de Toty Moraleda. Pero los avatares del año, y el Secretario del CxC, me han llevado a tener dos ultraretos en 20 días: el medio Ironman (Buitrago del Lozoya, también en la Sierra de Guadarrama para no ser menos) y el GTP110; el 8 y 27 de junio respectivamente.

Mis compañeros de club me dijeron que era mucho y que me iba a dar algo. No les faltaba razón. En todo caso, decir que me extrañó verlos impregnados de prudencia (algo que no está recogido en la definición del CxC reglamentario)

Realmente, pienso que no tenían miedo a quedarse sin Lidl (ya he quedado en un Líder de marca blanca) sino que temían que yo pudiera (o pudiese) ser más cerril que ellos.

Tras estudiar planes de entrenamiento por separado de medio ironman y ultratrail, y comprobar que eran totalmente incompatibles, me decidí a hacer ambas cosas. Qué cojones (otra vez) ni siquiera tengo tiempo para seguir como Dios manda el plan del medio ironman, pues ya puestos…

Mi instinto y autoconocimiento (sic) me indicaron que entrenando bien la natación, la bicicleta lo que pudiera y alternar salidas de trail con los CxC y los del Trail Pirata me valdría. ¿Sería otra vez preso de mi megalomanía o, por fin, estaba haciendo las cosas bien?

Pues vamos a saldar cuentas con la Sierra del Guadarrama.

En Buitrago del Lozoya conseguí acabar mi primer medio ironman en un decente tiempo de 6h 21’. No me ahogué y sólo bebí unos 5 litros del embalse de Riosequillo (éxito absoluto) Aguanté sobre la bicicleta lluvia, granizo y 1.150 m de desnivel positivo con rampas hasta del 9%. Aguanté y me arrastré en una media maratón (6’28” de media total por km) donde la mitad del recorrido era por caminos y otros 400 m de desnivel. Yo creía que esto del triatlón era más señorito, pero no. Me acordé de alguien que me dijo tiempo atrás por guasap: “un medio planchaman con cuestas, como le gusta a nuestro Lidl” La madre que lo parió. Y más a mí por hacerle caso en algo. Terminé bastante vacío pero satisfecho. Tocaban cuatro días de descanso, diez para afinar el tema trail y otros tantos de relax. La cintilla bien, gracias.

Navacerrada. ¿A la cuarta irá la vencida? Obviamente, si hubiera/ese pensado en planes de entrenamiento y cosas técnicas no habría salido.

Me limité a ponerme a mi lugar, cosa que no es tan fácil de hacer, y pensar sólo en mis circunstancias: No me duele nada. Me ha dicho mi Chamán que mi cintilla aguantará sin problemas. Soy duro de mollera aunque tuerza el gesto. Estoy mucho más fuerte que cuando hice 80km el año pasado. Voy bien acompañado. Se sale de noche. No hay previsión de inclemencias meteorológicas.

Mi único miedo era el cansancio acumulado, esa fatiga que conoce el corredor de largas distancias. Esa puñetera fatiga que no da la cara pero te mina poco a poco, y si aparece de golpe te deja seco. El medio planchaman me había dado seguridad y moral, pero quizá me hubiese quemado más de lo que creía y habían pasado sólo 19 días; y entre medias mi estado cerril me había llevado a hacer el duro 10K de Piedrabuena en 44’.

Ese era mi miedo, pues uno de mis errores es que en la búsqueda de confianza hago más de lo que debo. Bueno, y había otra cuestión: ¿Tres CxC cada uno de su padre y de su madre juntos durante más de 24h? ¿Un psicorunner solitario como yo rodeado de cuerpas ensiladoras? ¿Nos inflaríamos a ostias? ¿Quién sobreviviría?

El resultado fue una gestión de los kilómetros improvisada pero casi perfecta. Como buena teoría de los vasos comunicantes, cuando uno estaba seco el otro se fortalecía. Cuando uno tenía desánimo salía uno optimista. Sólo hubo un momento de vacío total, antes de la Casa de la Pesca, cuando los tres pensábamos en todo lo malo a la vez, cuando la retirada o el fuera de control fue una sombra que empezó a tomar algo de cuerpo aunque nadie lo mencionase.

Creo que ha sido el único momento en todo el GTP en el que ejercí de Lidl al gritarle a Jorge que corriera, cuando yo ni siquiera podía (cuádriceps sobrecargados desde Rascafría) para así comernos volando los 2km que quedaban hasta el siguiente avituallamiento sin darle vueltas al coco.

Quitado ese momento, y a pesar del penar excesivo de los últimos 20km, todo fue lo mejor que pudo. Me dio rabia frenar al grupo por momentos, pues apareció la fatiga acumulada en mis cuádriceps, que sobrecargados desde antes de lo debido impidieron correr algunos tramos que hiciesen más llevadera la última noche y ganar algo de tiempo. Aunque, quizá, esa fuese una señal positiva para regular el ritmo y no reventar al final en el intento de bajar de 26h. Qué sabe nadie.

27 horacas 11 minutacos tienen difícil resumen: El gusto de correr acompañado como si fueses sólo. Las putas piedras. Hilera de frontales al cielo de La Maliciosa. Patadas a las putas piedras. Amanecer sin saber cuándo ha pasado la noche. Resbalones. Culadas. Qué bonito está el campo. Aniquilar avituallamientos. Nada de sueño. Chuminolas de cafeína. Rodillazos a las putas piedras (tengo un moratón en la tibia digno de estudio, con forma de menhir el majete) Recuerdos de getepés anteriores. Éste lo acabo. ¿Cuánto queda? El puto Lidl que no puede correr. La madre que parió la Casita de la Pesca. Catarsis. Luis habrá hecho ya los 60 con el miembro. Dolor en los cuádriceps. ¿Otra vez de noche? ¡Amos coño! El bilbaíno que nos orientó la bajada. Rumiar a fuego lento la llegada. Tortura psicológica. Navacerrada, ¡ostias! Meta. Sentirse libre de uno mismo.

No diré mucho más del GTP2013 (bastante rollo va) pues nada mejor puedo añadir a las dos crónicas previas de Quique y Jorge. Y porque me siento incapaz de reflejar las sensaciones que se viven en un reto de estas características y, como decía Jorge, las pequeñas historias personales que cada uno guarda dentro.

Sólo os aconsejo que miréis las caritas y los ojos de los tres CxC en la foto de meta.

Nunca veréis tres miembros juntos con la mirada tan limpia.
Foto de Kataverno.com

3 jul 2013

Algunos datos (CxC, concretizando crónicas desde 2013)

Tres tontos muy tontos hacia Navacerrada
En su afán por hacer llorar a nuestros queridos lectores (a los tres) al muy querido Jesús Enrique quizá -solo quizá- se le han podido quedar en el tintero algunos datos curiosos, alguna anécdota, algún bosquejo quizá de cómo fue la carrera esa que llaman Gran Trail de Peñalara 2013 gracias a la cual tenemos en casa los chalecos más caros y más molones de nuestras vidas.
No pasa nada, amigo, aquí el secretario al rescate, ya te pagarás algo, prenda.
Para empezar, decir que la gesta se nos fue de las manos en lo relativo a duración. ¡Y de qué manera oigan! 27 horas y 11 minutos marcaba el crono de la plaza de Navacerrada cuando los tres mochuelos andrajosos del CxC tenían a bien acabar la aventura. ¿Se puede estar 27 horas moviendo la patata y aguantando a un miembro (con perdón) de tan vituperable club? Demostrado queda que sí. Además Quique sólo tuvo que ofrecernos sendas hostiejas al lidl y a mi en tres ocasiones. No está mal, sale a ofrecimiento cada casi cuarenta kilómetros.
Luego está lo de las piedras, las piedras, las piedras, las putas piedras de los cojones, las piedras. Creo que en 27 horas no hubo un sólo instante en el que no hubiera pie de CxC que no estuviera apoyado sobre el pico de un piedro serrano. Ahora mismo, mientras escribo esto, lloro de felicidad con los pieses sobre las chanclas mientras el aire acondicionado mima cada centímetro de piel.
Más datos: 5. Es el número de veces que el menda casi da de lomos con el suelo en la bajada de la Morcuera (o Morcuese, chiste que me valió la reprimenda de mis compañeros de aventuras en reiteradas ocasiones. Soy un incomprendido). Esa bajada, de noche, no está hecha para ciudarrealeños, por muy indómitos que sean. Queda dicho. Avisados estais.
Datos absurdos: 2.000 mililitros de caldo al menos nos ensilamos cada cual durante la carrera y no siempre calentico ni apetecido. Cuestión de alimentarse.
Y aquí haré un receso para instroducir una: “Divagación prescindible”. El ultrero no come, ensila, se alimenta, ¡con lo que sea  y en el orden que sea! Me he visto con las manos llenas de gominolas, tragando caldo frío para bajarlas; bocata jamón regado con isotónica de dudosa procedencia “¿Quieres naranja?” “¡Coño, claro!” y sigues con el jamón. A mi en un avituallamiento de un GTP de esos me ofrencen un chupito de cicuta y me lo ventilo.
En fin, perdón.
Volviendo a los fríos datos: 9, señores 9 horas tardamos en hacer los 30 últimos kilómetros. Echen cuentas. La risión.
57 fueron las veces que del kilómetro 90 al cien preguntamos el Lidl y el menda a Quique eso de “¿Cuánto queda para el próximo avituallamiento?”
En los últimos diez kilómetros lo preguntamos al menos cien veces. Gracias, Quique, por no gastar tus escasas fuerzas en hostiarnos como nos merecíamos.
Dos veces, dos, tuvimos encuentros inesperados y emotivos, los dos en el Polideportivo de Rascafría. Primero Miguel y su señora, ¡dos santos! Ayudaron hasta hacernos pasar verguenza por estar ahí tirados en el sueño. No saben lo que se agradecieron los cuidados. La otra, la presencia del gran Manu, Manuwar, su abrazo en mitad de carrera nos levanto el ánimo. Ese fenomenal cacho de carne es más CxC que muchos de nosotros y siempre nos traslada buen rollo ultrero. Estamos tardando en montarle un homenaje o algo.
Debo insistir en algunos datos que no por conocidos dejan de tener su importancia: 115 kiómetros (más o menos tampoco vamos a ser quisquillosos a estar alturas), 5.000 metros hacia arriba, 5.000 hacia abajo.
Me van a permitir que mi historia personal me la guarde para mi, pero si les interesa ahí, en algún lugar del GTP2013, quedaron cerradas heridas de mi vida que tienen que ver con un tumor ya olvidado y me di cuenta de cuánto puede ayudar saber que hay una familia ahí, esperando, sabiendo que el menda lo va a dar todo en cada aventura que empiece, termine en Navacerrada, pagando una hipoteca o pintando la puta valla de la entrada (uf, qué caro me va a costar este último comentario).
Por cierto que el resto de CxCs, incluyendo algunos fichajes que ya están tardando en pagar la inscripción, lo dieron todo para merendarse el GTP 60. Se les quedó en un diente y ya andan pensando en subir la apuesta el año que viene. A mi que me esperen echaos.
Acreditación de Finisher: Medalla y Chaleco

GRAN TRAIL DE PEÑALARA: Una escuela al aire libre

Fotografía de KATAVERNO

Ya somos ultreros, pero ultreros, ultreros

Y es que nos hemos metido entre pecho y espalda (¿o debería decir entre pies y cabeza?) los 110 km del Gran Trail de Peñalara (GTP) y sus 5 km p’arriba y otros tantos p’abajo. Y, además, si nos fiamos de los GPS, la distancia que hemos recorrido ha sido mayor de la que sale en los papeles. Y no un kilómetro, ni dos. A mí me salen entre cinco y siete kilómetros más. Y puede ser que el chisme falle, pero tanto… Cada vez que llegábamos a un avituallamiento tocaba el botón de “lap” (vuelta) y el siguiente nunca estaba a la distancia que tenía que estar. Siempre estaba más allá. Así que, como poco, somos ultreros de más de 110 km, que se dice pronto.

No sé qué contaros, ni si hablaros de lo que sentí al salir o al llegar, cuando subía o cuando bajaba. No sé si hablaros del espectacular paisaje nocturno desde la cumbre de la Maliciosa (2.227 m) o de la impresionante vista desde los caprichosos bloques de granito de la cresta de Claveles, en Peñalara (2.429 m.).

No sé qué os gustaría saber. No sé qué es mejor, si hablar de lo deportivo, de lo humano, del reto, de lo físico, de lo psicológico…

Mejor será no pensar demasiado y soltar lo que me va viniendo a la mente, aunque sea sin orden ni concierto. Quizá el correr largo por montaña sea eso. No pensar demasiado, sentir y disfrutar haciendo lo que haces.

Lo que hemos hecho es, para el 99,99 % del personal, una barbaridad. Y, sin embargo, hasta que no haces una barbaridad de este tipo no sabes a lo que te enfrentas. No puedes imaginarlo. No puedes visualizar una carrera con tantas variables desconocidas. No puedes saber cómo es una carrera con un límite horario de 30 horas, cuando nunca has corrido por encima de las 10 horas. No sabes lo que supone recorrer 110 km si solo has llegado a 63 como mucho, ni el esfuerzo que entraña subir y bajar un desnivel acumulado de más de 10.000 metros cuando solo has superado uno de 6.000. Tampoco se pueden comparar desniveles sin tener en cuenta el tipo de terreno que se pisa o la proporción entre el positivo y el negativo.

Y, a pesar de que nadie pueda imaginarlo sin vivirlo, es cierto. Al fin y al cabo lo que hacemos es una barbaridad, aunque no se sepa de qué tipo hasta que no vives cada uno de los momentos que se producen durante tanto tiempo y a lo largo de tanta distancia.

Por todo esto, este GTP ha sido, sobre todo, una aventura. Y, por suerte, ha sido una aventura con final feliz. Todos, los CxC (Ramón, Jorge, Juan Carlos y yo), los Quijotes (Toty e Iván) y el tito Iván Palero (cabesc) hemos llegado a meta. Además, nuestro Presi (Luis) y las nuevas incorporaciones CxC (Miguel y David) también pudieron con el TP60, terminando los tres con magníficas sensaciones. En definitiva, todos los que habitualmente nos juntamos para disfrutar corriendo por el campo en nuestra tierra podemos sonreír al saber que hemos superado el reto que nos propusimos hace unos meses. 100% de efectividad para los manchegos.

Y de todo lo vivido, lo andado, lo corrido, lo bebido, lo comido, lo visto y lo sentido me quedo quizá con todo lo que se aprende en una “locura” de este tipo.

Hoy le decía a Luis Arribas que después de correr el GTP soy un poco más fuerte.

Sé que soy capaz de estar en movimiento 27 horas y 11 minutos, recorrer más de 110 kilómetros, aguantar una noche entera seguida de un día entero, superar que te alcance la segunda noche en el tramo final, ésa cuya oscuridad se esfuerza en apagarte.

Hoy sé que mi fortaleza reside, sobre todo, en mi cabeza. También sé que es necesario entrenar el cuerpo para que éste pueda seguir sus dictados. Y que un cuerpo sin cabeza no llega a ningún sitio, salvo por casualidad. Que tu mente puede convertirse en un par de alas o en un pesado lastre.

También sé que puedes cruzar la meta tú solo y que, a pesar de ello, no podrías haberlo hecho sin los que tienes alrededor en el día a día, sobre todo los más cercanos. Cuantos ratos les hemos robado a nuestras contrarias y a nuestros churumbeles… Noches, días, festivos…

He descubierto que la meta no está al final del todo, sino en el propio camino, en cada metro recorrido. ¡Qué alegría da llegar! Quizá solo es alivio, pero es tan bonito el antes y el durante… Cuántos entrenos con los amigos, cuántas risas, chascarrillos, cervezas de postre. ¡Qué bien lo hemos pasado preparándolo! ¡Qué felices hemos sido en CxC durante todo este tiempo!

También sé que, a pesar de que los momentos malos están ahí, que también se viven y que te desesperan, todo pasa. Y que gracias a esos momentos malos, los buenos adquieren otra dimensión. Quizá mejor, quizá mayor…

Por eso, a pesar de todo y como casi siempre, he sido feliz en el GTP. ¿Qué más puedo pedir?

Y, además, he recorrido todo este camino con amigos, con gente que merece la pena, que me agrada, que la estimo, que la quiero, gente que es capaz de aguantarte durante muchas horas de alegría, pero también de sufrimiento. Gente que está ahí con independencia de que la veas o no, de que su ritmo sea mayor o menor. Al final sabemos que estamos recorriendo el mismo camino. Nosotros (Jorge, Ramón y yo) nos acordábamos de Juan Carlos y de Luis. Y ellos se acordaban de nosotros. Todos lo sabíamos. Todos lo sentíamos. Estábamos juntos. Solo nos habíamos separado para poder llegar.

También he aprendido que, donde menos lo esperas, encuentras a alguien que sin saber muy bien por qué, hace algo por ti como si te conociera más, mejor y desde hace más tiempo. Sin buscar nada a cambio, solo por ayudarte. En Rascafría me sentí arropado, ayudado, valorado y tratado con mucho cariño por un monstruo de lo del correr por el campo y por su mujer.

Quiero volver a correr, empezar de nuevo. Quiero seguir en CxC, que no se vaya nadie, que quien venga sepa que corremos para disfrutar antes, durante y después.

Quiero seguir creciendo y aprendiendo mientras corro por el campo.

Quiero más GTPes, se llamen como se llamen.


PD: Me he puesto más tierno que el día de la madre... Voy a llamar inmediatamente a Jorge para que haga otra crónica al más puro estilo "jorgiano" para meter esto en vereda.

26 jun 2013

Gran Trail de Peñalara: Grandes dosis de ilusión

56 horas para nuestro gran reto deportivo del año.

Sí, nos quedan poco más de dos días para que empecemos a darle a las canillas en el Gran Trail de Peñalara (por favor, lean "Gran Trail de Peñalara" con voz profunda y alargando las palabras para darle un tono más épico al asunto).

Quizá seamos osados, imprudentes, chalados, irrespetuosos y otras lindezas. Quizá lo somos por inexpertos corredores, por impúberes montañeros, por imberbes trail-runners. Por listillos y capullos, sin más.

Dice MAYAYO que la montaña es para quién se la gana, pero qué mejor manera de hacerlo poco a poco que correr un ultra magníficamente preparado, balizado, controlado, avituallado (¿se dice así?). 

Es cierto que son 110 km y que para recorrerlos tendremos que superar un desnivel positivo de poco más de 5.000 metros, bajar otros tantos, correr/trotar/andar por crestas a 2.500 metros de altitud, por montaña de verdad (no como esos cuatromiles americanos que tanto molan en los reportajes del Kilian, pero montaña en realidad y no los 1.000 metros mal medidos que tenemos en nuestra zona). Por otro lado, también es cierto que tenemos 30 horas para terminarla. Y que vamos con más respeto (que no miedo) que otra cosa, con una enorme incertidumbre y, a la vez, con una ilusión de pelotas.

El respeto y la incertidumbre se deben a la inexperiencia, a lo desconocido. Hemos corrido el TP60, la MiM, la Carrera de Montaña de Chiva, tiradas largas, muy largas, hemos tratado de hacer desnivel, pero jamás hemos recorrido 110 kilómetros seguidos, ni hemos acumulado de una vez 5000 metros de desnivel positivo. Con independencia de ritmos, no sabemos qué será de nosotros a partir de las 10 o 12 horas de esfuerzo. ¿Cómo reaccionaremos? ¿Nos dolerá algo? ¿Habrá algo que no nos duela? ¿Cómo se comportará nuestro estómago si la digestión de todo lo ingerido se realiza en marcha? ¿Cómo afrontaremos una noche entera por un terreno absolutamente desconocido? ¿Cómo se comportará nuestra cabeza?

¡Ay, la cabeza! Cada uno de nosotros tiene un cerebro (o casi) que funciona de forma distinta. 

Tenemos la inflexible cabeza de Luis, esa que ésta vez, habiéndose puesto como meta el TP60, le hará llegar entero y contento a Navacerrada después de recorrer 60 km desde Rascafría que le van a saber a poco. Estamos convencidos de que la va a hacer con el rabo la gorra.

Por otro lado tenemos la inescrutable cabeza de Ramón, esa que no demuestra jamás un signo de debilidad, esa que, a pesar de ser su coraza de trail-running, también puede llegar a ser un peso extra que debe acarrear. Es Líder (para nosotros "Lidl") y lo seguirá siendo antes, durante y después de llegar a Navacerrada con 110 kilómetros en las patas.

También tenemos las peligrosas cabezas de Jorge y Juan Carlos. Se juntan en ellos la competitividad, la fuerza y, en iguales proporciones, los nervios y el miedo a lo desconocido. Ellos mismos son sus peores enemigos. ¿Serán capaces de frenarse para poder darlo todo? ¿sabrán medirse y darse cuenta de que tienen todo lo que hay que tener para superar el reto? Seguro que sí. Eso también lo han entrenado. Juan Carlos saboreó en la TBA, por fin, una pájara y Jorge se aguantó en Penyagolosa sus ganas de correr. Eso los ha convertido en mejores corredores.

Y... mi cabeza, una cabeza optimista y obstinada que puede ser, en ocasiones, ingenua y cerril en exceso. Siempre pienso en lo positivo, siempre creo que es posible, que podremos, que seremos capaces, que lo que hemos hecho hasta ahora está bien hecho. Pero, estos últimos días, cuando me acuesto, ya no sé si es verdad o solo es lo que yo quiero que sea. Menos mal que, de momento, en mi cabeza siempre puede el más y no el menos.

Todo lo iremos viendo el viernes y el sábado por la Sierra de Guadarrama.

Hasta entonces, más que de carbohidratos -que también- vamos cargados de ilusión y ganas de pasarlo en grande en la montaña. Lo demás, ya irá viniendo.