21 may 2014

Força! (Ultra Trail Serra de São Mamede) by Manuwar CxC

Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. 
Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos. 
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

El viernes a las doce de la noche, hora de Portugal y de Canarias, es decir, a la una de la mañana, horario peninsular, del Este de la Península para ser precisos, tomé la salida en el Ultra Trail Sierra de San Mamés. Campeonato de Portugal de Ultra Trail. A veces se nos olvida, en este lado del tabique, que compartimos la casa con los vecinos occidentales. Un lugar acogedor donde buscar carreras interesantes y aprovechar para comer fantásticamente, algo muy importante para cualquier seguidor de Corriendo por el Campo.

El UTSM es una carrera de cien kilómetros de las duras, porque hay carreras de cien mil metros "blanditas", de iniciación, y otras que son un conjunto de maldades puestas en fila por una organización que sabe que, en el fondo, nos va "la marcha" y eso es lo que precisamente buscamos.

Pero antes de empezar a contar la carrera habría que aclarar, por facilitar la digestión de esta historia, cuestiones previas a la salida, para ubicarnos antes de empezar a hablar. Muchos de ustedes no me conocen. Soy "el nuevo", Manu, el que estudió en su día filosofía (decir "el filósofo" me suena arrogante, es un título reservado a Aristóteles)

Antes de empezar a hablar, en cualquier logoi, cualquier "libro" o lección, Aristóteles comenzaba centrando el problema, viendo las opiniones y los consensos que existían al respecto: las endoxa. Hay que partir del saber común o del consenso aceptado por la sociedad mayoritariamente para hacerse mínimamente comprensible. También antes de empezar a hablar un alumno de una escuela pitagórica debía pasar varios años asistiendo a las lecciones en silencio limitándose a escuchar a los iniciados. Como leemos con interés las historias que nos cuentan los aventureros de este blog que suele destilar sabiduría sin atrevernos a escribir en él como advenedizos que somos algunos. Para comprender algo hay que tomar la historia desde antes de que ocurra, una carrera no empieza cuando suena el disparo de salida, sino mucho antes, aunque es difícil situar a veces cual podría ser el comienzo de la narración de los hechos.

Por tanto comenzaré diciendo, para quien no me conoce, que éste soy yo en dos momentos de mi vida separados por diez años de diferencia:
110 Kg. de fumador empedernido convertido en corredor popular "paquete"


Para más información sobre el personaje e incluso sobre la persona y algunas de las ideas peregrinas que le asaltan podéis visitar el dominio:

Aclarado, en parte, de dónde viene uno. Como no sé hacia dónde voy o como acabará esto, más aún en compañía de la buena gente de CxC, que me han acogido como un miembro (con perdón) más, me sigo situando el momento anterior a la medianoche lusa de la ciudad de Portalegre que abría, con un concierto de un grupo homenaje a Pink Floyd, la cuenta atrás para un ultratrail que iba a ser más burro de lo que yo esperaba. Confieso que me hace mucha ilusión escribir una crónica para el blog de CxC como miembro (c. p.), cuando no hace más que dos años que lo descubrí como lector y quedé atrapado por su "frescura", que espero no mermar, aunque temo que yo carezco de la capacidad para comunicar de mis compañeros de equipo.

Me había levantado a las ocho de la mañana y no había podido echar más siesta que un "descabezado" de unos minutos de duración, no recuerdo si quizá quince, antes de salir de la habitación hacia la linea de salida. Eso me ponía en cajón (nos ponen, cuan rebaño de ovejas cercadas, en un cajón de salida cuando nos controlan el material obligatorio, un recinto del que ya no podemos salir hasta que empieza la carrera) ya somnoliento, con una noche por delante en blanco antes de que, al amanecer, le siguiese un largo día también sin dormir, penando por las montañas.

La banda, benditas sean sus almas pecadoras, había elegido para amenizar el momento canciones especialmente lentas, psicodélicas y oníricas de Pink Floyd, casi "pegajosas", o al menos eso le parecía a mi mente embotada por el sueño. Se me cerraban lo ojillos ya antes de tomar la salida y presentaban el rasgado típico de dos puñaladas dadas con un cuchillo en un tomate. Casi hubiese preferido, mientras escuchaba los lisérgicos acordes setenteros, la nana de Brahms interpretada por una orquesta de cámara.




Lo cierto es que la idea era buena. Haces la espera mucho más amena a las personas en el cajón de salida y consigues que entren antes para poder controlar que todo el mundo lleva manta térmica, comida, un depósito para el agua, teléfono móvil, linterna-frontal y pilas de repuesto. No exigían mucho material, en parte porque la previsión meteorológica era mejor que la del año anterior, en la que hubo un veinte por ciento de retirados y con temperaturas muy frías. En el último momento eliminaron la obligatoriedad de llevar mallas largas, gorro y cortavientos. De todas maneras yo llevaba todo eso y algo más y, aún así, la mochila era más ligera que aquella con la que entreno para prepararme para el Ultra Trail du Mont Blanc, donde nos vamos el equipo CxC dentro tres meses a partir de ahora. Qué nervios.

El concierto era solamente otro más de los detalles de calidad, de los muchos que tenía una prueba muy bien organizada y, atento todo el mundo, por 25€ solamente la inscripción anticipada, precio que incluía avituallamientos estupendos y surtidos, un equipo de voluntarios comprometidos, un recorrido marcado a la perfección (cien kilómetros durante los cuales no perdías de vista las balizas que marcaban el recorrido en ningún momento, ni de día ni de noche), varios regalos incluyendo una camiseta técnica "de verdad", de las que valen 25€, seguimiento de todos los corredores online, gestión de una "bolsa de vida" que te llevaban al kilómetro sesenta para que pudieses ponerte ropa seca y que después de usarla te llevaban a meta, una bonita medalla de artesanía para los terminators (digo, finishers), presencia de sanitarios y ambulancias a la vista, fisioterapeutas en meta, amabilidad y hasta público en algunos puntos...

Típica instantánea de los corredores, delatando su presencia en el bosque con la luz del "frontal"
La carrera arrancaba tranquila por la parte de atrás (con perdón) del pelotón, mi lugar natural en este tipo de eventos. Y así pintaba yo momentos antes de la salida:

Foto realizada por Anne Souplet
Arrancaba pues con pocas ganas, con sueño y con el presagio de una carrera muy dura por delante. A mi favor que me pillaba en un buen momento de forma física y mental. Gracias, en buena parte, por la compañía, a la que hay que atribuir el retrato anterior, que se iría a descansar para tomar la salida de su maratón (cuarenta y dos kilómetros) a las nueve de la mañana en el punto kilométrico cincuenta y ocho de mi carrera, de manera que el final de una carrera se mezclaba con los más rápidos de la más larga, como si saliéramos a perseguirles y los más veloces de los maratonianos igualmente darían alcance a los mediomaratonianos (qué mal suena, como "maratonianos a medias"), formando una larga anaconda de corredores que tapizaba toda la sierra, desde los lebreles más rápidos de la carrera corta, hasta los trotones más diésel que tenían veinticuatro horas para completar su recorrido.

Yo lo intenté. Llegar a la salida del maratón desde Marvão, PK58, para cazar, como un lobo hambriento, a la corredora francesa antes de las 9:00. Pero fue imposible.

Tomamos la salida quinientos setenta corredores, entre ellos algunos de los mejores de los de nuestro país vecino, porque los equipos suelen mandar una "selección" para tratar de conseguir podio en grupo y, si es posible, alguno individual y, en cualquier caso, a hacer acto de presencia. Un nivel muy alto en general. Viendo las bestias pardas que había en la salida me rondaba por la cabeza la idea que nos asalta tantas veces a los populares diesel a los que nos asoma un michelín por debajo de la mochila: "¿Qué cáspita hago yo aquí?", solo que sustituyendo la palabra "cáspita" por otra más gruesa.

La carrera, aunque no se movía por alturas superiores a mil metros, era un subir y bajar constante, muy rompepiernas, que por algo acumulaba en subidas casi tres mil quinientos metros de desnivel positivo.


Al principio se formaron varios "embotellamientos" al llegar a puntos de paso donde había que pasar de uno en uno y había que tener cuidado para no, y recurro al concepto técnico, esmorrarse. En general la carrera tenía un "coeficiente de esmorramiento" bastante bajo, es decir, que no tenía bajadas muy difíciles y, para compensar, tenía unas subidas por cortafuegos que quitaban el hipo, que elevaba la correlación de "suputamadres por minuto" (otro concepto técnico en trailrunning) a niveles muy altos, casi épicos.

No voy a ahondar en dolores, gemidos y piernas abrasadas desde el interior por los cristales de ácido láctico, en rozaduras que parecen los resultados de haber tenido un accidente ciclista bajando un puerto a toda velocidad en una carrera nudista, ni en uñas negras que caerán después de la carrera...

...como caen las flores de los cerezos azotadas por los vientos de marzo...

Para la próxima os pongo una foto de los pieses con las uñas negras y/o despegadas,
para equilibrar tanta belleza
El lector no lo merece. No tiene que aguantar nuestras quejas porque, al fin y al cabo, nadie nos obliga a hacer estas cosas y sabemos las consecuencias antes de tomar la salida (con perdón).

Del sueño si hablaré.

El sueño es una sensación horrible. Cualquiera que haya empalmado un juernes con una jornada de trabajo en una remota juventud o la semana pasada sabe de qué le estoy hablando. La tortura por privación del sueño era usada en Guantánamo para arrancar confesiones a los detenidos. El dolor puede ignorarse, el cansancio vencerse, la sed y el hambre son fáciles de soportar y combatir, pero el sueño es invencible, es como un golpe en la cabeza con un bate de béisbol. No hay entrenamiento que te prepare, no hay energía que pueda enfrentársele. Todo esfuerzo por vecer el sueño, produce sueño y somnolencia.

El amanecer suele ayudar. La luz del sol produce cambios hormonales en nuestro organismo (se deja de segregar unas hormonas y se producen otras) y la mente se activa. El cansancio no desaparece, pero si un poco la necesidad urgente de cerrar los ojos y dormir. Después de una primaveral noche de mayo sin casi frío, con una luna llena que permitía ver mucho más que la "burbuja" de luz que la linterna crea entorno al corredor en las noches oscuras y que facilitaba mucho la orientación y disfrutando de corretear por caminos y veredas, la luz de nuestra estrella prometía espabilarnos un poco. Por lo menos un rato, y así fue. El alba, el amanecer y el sol, finalmente iluminando hasta el horizonte, se suceden rápidamente y da la impresión de que la noche nunca ha sucedido, que es un recuerdo remoto de hace mucho tiempo.

Kilómetro cuarenta. Estoy agotado. Tengo mucho sueño. Quizá debería echarme a dormir veinte minutos para espabilarme un poco al precio de un leve dolor de cabeza, que suele ser el pago necesario por quitarse la sensación, mucho más desagradable, de que se cierran los ojos cuando tratas de mantenerlos abiertos.

Me siento en una piedra cómoda al final de una subida. Me tomo dos geles (uno de ellos con cafeína), bebo agua, me pongo el mp3 con heavy metal y... oh yeah!, milagro, el sueño se disuelve y bajo corriendo hasta el el siguiente punto de control con death metal al estilo Gotemburgo (los Kalmah) resonando en el alma y lanzando ecos hacia las piernas, que recobran sus fuerzas.

Media carrera, queda menos de lo que llevo. En este momento están tomando la salida los participante en la prueba de Maratón (42 Km.) y yo tardaré dos horas en llegar hasta ese punto. Lástima, pero veré a Anne en la meta.

El resto de la carrera no tendrá el sueño como protagonista. En algunos momentos una cierta somnolencia. Ahora solamente es ir pensando en la siguiente subida, a sufrirla cada vez con más calor y en cada bajada, muchas de las cuales fáciles de correr.

La ciudadela de Marvao se nos presenta en lo alto, inexpugnable a invasores españoles o franceses pero, esperamos, que hoy, en son de paz, podamos conquistarla.


Esto no me lo habían hecho nunca. Cuando después de mucho sufrimiento casi estamos llegando a lo alto, donde nos espera ropa seca y un buen avituallamiento... nos bajan otra vez, nos hacen rodear el promontorio, subiendo y bajando, retroceder en el sentido contrario y, finalmente, subir en linea recta y vertical hasta lo alto. De una crueldad y sadismo exquisito y novedoso.

Cambio de calcetines empapados por los varios cursos de agua que hemos tenido que atravesar y de plantillas, para recuperar la sensación de pies secos. Comer, beber, recargar, sentarse diez minutos, estirar los cuádriceps y a por el maratón. Quedan cuarenta y dos kilómetros y calculo que tardaré más de veinte horas en total. Quizá hacia las siete y media de la tarde, aún con buena luz, pueda estar en meta.

Como cien kilómetros son muchos, para leerlos, aunque realmente más para correrlos, resumo los acontecimientos más rutinarios: cuestones, bajadas, avituallamientos, beber, correr, andar, adelantar, ser adelantado, charlar con la gente, darse ánimos unos a otros... Força!. Ya a partir de ahora escuchar "Força" me pondrá los pelos de punta como oir "Courage!" después de correr el Ultra Trail del Mont Blanc en 2012. El mismo cariño, el mismo deseo de animar. Vamos, queda poco, ¡Ánimo!

Encuentro a diez kilómetros de meta a Fali, "el coleta", corredor muy querido y respetado por todo el mundo y que conocí en el Maratón Alpino Jarapalos ya hace un tiempo. Va bastante fundidillo después de una larga lesión (fractura de tobillo) y haber podido entrenar muy poco. Es un fuera de serie y nunca pensé que alcanzase al héroe del "ocho alpino", es decir, de un recorrido de más de quinientos kilómetros en solitario y en autonomía absoluta con más de treinta mil metros de desnivel positivo acumulado y con una climatología hostil en los Alpes uniendo el recorrido de las dos pruebas emblemáticas de la zona: el Ultra del Mont Blanc y el Tor del Giants. Su GPS dice que el recorrido anda más hacia los cuatro mil metros de desnivel positivo acumulado que hacia lo anunciado por la organización. Eso explica en parte nuestros cálculos erróneos sobre la duración prevista del recorrido, yo confiaba hacerla en unas dieciocho horas inicialmente.

Un último punto de control a cinco kilómetros de meta antes de bajar (la madre que los parió) trescientos metros de escaleras y me lanzo a correr, para acabar de una vez, lo que me queda.

A los cien kilómetros entramos en el estadio con la "gracia final" de tener que saltar o reptar una valla...

Siempre que tengo elección prefiero arrastrarme a saltar.
Es menos digno, pero mis rodillas me lo agradecen
Pero para compensar, tras ella estaba esperando Madame Souplet para recibirme con su eterna sonrisa, que hacía mucho había acabado su carrera "cortita" en ocho horas.



Y prueba superada en veinte horas y media. Con un puesto muy aceptable para mi, el trescientos veinticinco, teniendo en cuenta de que iba todo lo mejor de Portugal por delante de mi. Un veinticinco por ciento de retirados nos dicen que el calor, porque no lo he dicho, pero hizo mucho calor, hizo más estragos este año que el frío el pasado. Pensé que el comentario que me habían hecho a cinco kilómetros de meta (boa posição!) era irónico, pero no, un puesto muy bueno para un trotón como yo.

Y yendo a lo importante:

Bacalhau a Bras
¿Por que hacemos estas cosas? Para comer un plato de bacalao y mucho más. Porque si no es para disfrutar, todo esto no tendría sentido.

Nos vemos en la próxima, en Chamonix du Mont Blanc.

Força! Courage!

Por mares nunca d'antes navegados, 
Pasaron ainda alêm da Taprobana 
E entre perigos e guerras esforçados 
Mais do que prometía a força humana 
Entre gente remota edificaram 
Novo reino que tanto sublimaram 
(Camoens, Os Lusíadas)

19 may 2014

Sierra de Guadarrama "After hour"

O de cómo nos vimos envueltos en una salida en privación de sueño y cómo nos desenvolvimos.

sacado de www.fotolog.com
En CxC estamos acostumbrados a entrenar privados de un montón de cosas necesarias para la cosa del correr mucho y rápido así que si además nos privas del sueño somos como un saco de patatas. Y como en el Ultra Trail del Mont Blanc ese, por lo visto, vamos pasar penurias importantes también en esa faceta nos hemos puesto tercos con el tema y hemos decidido probarlo en condiciones llevando nuestras cuerpas más allá del cansancio normal, hacia el derrumbe total. De modo que aprovechando que el tito Luis Arribas cumplió recientemente años (¡cómostas bribón, cómo te me conservas!) decidimos ir a hacerle una visita y, de paso, echarnos al coleto unas horitas de monte.

Así que el pasado viernes me acosté a las doce de la noche y me levanté a las dos. ¿A mear? No, de manera definitiva. No sabía si recenar o desayunar. Con la cuerpa al revés esperé la llegada de Quique que venía directamente de una cenita en casa de su señora prima (la Merce) sin dormir -con dos cojones-. 

Echamos al coche los apechusques de correr y las bebidas isotónicas necesarias y pa Madrid. 

A eso de las 3:00 AM salimos por la autovía después de cerciorarnos de que en Ciudad Real, un sábado de madrugada, no se puede echar gasolina. A la aventura. Llegamos de milagrito a la primera gasolinera de la autovía después de pasar por cuatro estaciones de servicio cerradas. Un sustaco.

Sin más cosas destacables que contar llegamos a Navacerrada donde nos esperaba el señor Arribas. Besos de tornisho, abrazacos, donut y al campo.

Correr al lado de Spanjaard es un gustazo y ya hacerlo en su zona de influencia, un lujo. Te va señalando con el dedete, atiborrándote de información sabrosísima sobre el terreno serrano, mechando el asunto con graciosas anécdotas del estilo “allí se despeñó Genaro Cifuentes en la primera edición de tal carrera”. 

Como quien no quiere la cosa nos enteramos de dónde nos atajó el tito Iván Palero en el GTP 110 del año
pasado apareciendo como un ánima en la fuente de la campana. Y entre chascarrillos y chismes nos merendamos la subida a la Maliciosa dándonos cuenta de lo lejos que estamos del estado de forma idóneo de cara al UTMB ese.
 
Desde allí arriba el paisaje es espectacular y tras darnos al jamón y al resto de vituallas nos lanzamos a una bajada cuasi suicida en la que el bueno de Quicorro empezó a dar muestras de que su tobillo no se ha recuperado todavía. 

Ni Arribas ni servidor (el hijo de la seña Choncha) somos especialistas en bajadas pero le metimos una minutada al pobre Quique que bajaba como el Langui con ampollas. Abajo nos contó que le dolía el asunto y acomodamos el ritmo de marcha a su trantrán para que fuese más seguro y no se jugara el tobillo. 

Bajamos hasta la Pedriza cruzándonos tronchamontistas de vario pelaje y cuando una senda preciosa nos guiaba hacia el siguiente subidón de la jornada Quique volviose a torcer el tobillo. 92 kilos de humanidad son muchos y eso en un tobillo inestable es sinónimo de lesión sino se cura bien.

Así que por una vez -y porque estaba Spanjaard para poner cordura- hicimos lo debido y dejamos al herido que bajara sólo hacia Manzanares el Real andandito y nosotros nos fuimos a merendarnos los 20 kilómetros
que nos faltaban hasta los autos para volver luego a por el lisiado.

Al final Quique se metió unos 22 kilómetros (con 1000 metros de desnivel positivo) penando los diez últimos a base de bien. Menos mal que el paisaje contrarrestaba el dolor.






Arribas y yo nos hicimos unos 30 con 1.400 D+, que no está mal, aunque no era todo lo que queríamos hacer.

Luego el anfitrión se pagó unos huevos rotos (cuya denominación exijo que cambien ya que tuvimos que romperlos nosotros) y nos convidó a ir a su casa a comer. Evidentemente aceptamos y nos presentamos an ca Teresa a ensilarnos un gazpachito y un estofado absolutamente geniales en compañía de la familia Arribas al completo con las Perlembacheres que habíamos llevado nosotros y un vinito acalorante y delicioso que nos sirvió el padre de familia. 

Una comida de esas en las que uno se siente como en casa a pesar de conocer de dos ratejos a los convidantes, lo que no impide que se les tenga un cariño especial.

Del viaje de vuelta tras la pertinente ronda de besos, abrazos y apretones varios, sólo decir que en la M-40 tuve que pedir educadamente a Quique que me dejara conducir porque el cabrón hacía hasta el gesto de
subirse la colcha.

Gracias a tal llegamos a la capitaleja manchega con el trabajo hecho, enteros y privados de sueño. ¡Que por naide pase!

13 may 2014

¡FUENCALIENTE, qué hermosa eres!


Decía Marck Ajoufer que “la perspectiva es, en la vida, tan importante como, al menos, otras cosas igual de importantes, en la vida, que la perspectiva”. Y eso es así.

Sucede que, como pasa con otras cosas importantes, para sacar un provecho personal a la perspectiva es fundamental tener su poquito de autocrítica y eso es difícil. Ejemplo: Uno sale a correr al monte en solitud y regresa a casa pensándose un titán, un lebrel metamorfoseado en ser humano, un bicho mitológico nacido para devorar kilómetros al ritmo del mejor. Bien, tenemos la autoestima a la altura de los pelillos de la nariz de la Estatua de la Libertad.

Al día siguiente salimos de nuevo a trotar al monte, esta vez con unos “amigos”. Tres horas después te encuentras amagao debajo de un chaparro lamentando tu vituperable estado de forma y preguntándote cómo puedes pasar de promesa olímpica a mierdaseca en 24 horas.

Cuestión de perspectiva, mafren.

Personalmente, si me comparas con el charcutero del barrio de mi madre después de la calderetada de la Romería de San Isidro, soy un adonis, un atleta de superélite; si me enfrentas al Kilian Jornet aquel soy un mierdo así de alto.

Perspectiva de nuevo.

Eso nos pasó el pasado fin de semana a algunos ceporceses que nos vimos envueltos casi sin saber cómo, en una quedada correcampista tremenda. No solo la zona era espectacular, sino que la compañía era de esas que te ponen en tu sitio.

Los ceporceses no somos muy de comparar cuerpas porque normalmente salimos perdiendo, como a nivel intelectual tampoco semos unas lumbreras (menos el presidente, pero él suaviza el potencial de su psique con un permanente estado de semiausencia o, precisamente, sumido en alguna profunda reflexión en a saber qué idioma), cuando nos juntamos con otros tronchamontes nos dedicamos a decir tontás. Pero lo que vimos al bajarnos del auto en la zona de Fuencaliente nos minó la moral: unos gachós de impresión, enjutos pero fuertacos, de hipertrofia muscular evidente pero ágiles, vestidos de hoko pero con clase... Vamos que había un excampeón del mundo (del mundo entero, oiga) de Duatlón y un amiguete que hizo 9º en la general del Maratón de Sables... No digo más.

Y empezamos a triscar monte. Esta vez el trío CxC lo conformaban el conseguidor (Miguel Ángel), el figura (David Gutiérrez) y el nieto de la Orosia (pa serviles).

Fuencaliente no entiende de calentamientos y nuestros partenaires del pie contra monte tampoco, así que el primer kilómetro fue un subidón seguido de otro subidón para bajar un cortafuegos a cuchillo y volver a subir a lo bestia. Servidor no sabía si seguir penando a un ritmo que evidentemente no era el mío o echarme a llorar abrazao a un pino. Por delante Miguel y Guti avanzaban como jureles llevados por la corriente, como si no les costase a los cabrones. Menos mal que a los cimarrones que marcaban el ritmo les dio por parar a mear -al fin y al cabo deben ser humanos- y pude recobrar el aliento.

Yo soy diésel y sé que las subidas fuertes al principio me dejan listo de papeles, por lo que visto desde mi perspectiva no iba demasiado mal a pesar de ir echando el bofe. Miguel y Guti, al contrario, son gasolinas trucaos y no les cuesta ponerse a toda leche de inicio. Iban bien desde su visión del asunto. Perspectiva.

Como además la zona es un auténtico lujazo para el correcampismo, iban pasando los kilómetros. Lo de Fuencaliente es espectacular. Lo tenemos ahí, a una hora de la capital y es un auténtico paraíso donde se pueden encontrar desniveles importantes y paisajes maravillosos por los que correr. Pinar por aquí, sendero por allá, riachuelo que cruzamos y...

Cambio de perspectiva. A Miguel se le pone terco el intestino justo al llegar a la primera subida gorda. Yo veía cómo se iban los titanes corriendo hacia arriba y a mi colega por abajo sudando cicuta. Le espero, me dice que tiene que obrar y se para. Sigo para arriba andandito y le espero. Con medio kilo menos llega el fulano. A trotar a por los buenos.

Desde ahí la cosa cambió. Yo me fui encontrando mejor, como me suele pasar siempre y Miguel, a peor. A él le van más las subidas tendidas y largas que los cortafuegos y verse tan lejos de los demás le hizo pupita en la cabeza. Desde ahí y hasta el final de la ruta penó como el que se tragó las trébedes, pero supo sufrir y aprender una nueva lección. Y es que pocas veces de las que sales al monte a darte un buen tute no aprendes algo.

Terminó mal físicamente y moralmente tocado, justo al contrario que yo, que finalicé la etapa con alegría en las piernas y en el espíritu, convencido de que la Quijote Legend esa me la meriendo sí o sí. Cuestión de perspectivas.

Lo que no sabe Miguel es que no fue tan mal como él creía, sólo que esta vez le tocó sufrir atrás y para llevar esa carga hay que entrenarla. Si en vez de los compañeros con los que le tocó lidiar, hubiera ido con algún principiante habría terminado de los primeros y con mejores sensaciones haciendo el mismo tiempo. Perspectiva. Ahora le toca analizar dónde falló (quizá salió demasiado rápido), aprender la lección y tirar de manual de psicología, porque le va a tocar aguantarme durante 152 kilómetros dentro de tres semanas y eso es algo para lo que no todo el mundo está preparado. 

¿Que vamos a terminar la Quijote Legend esa?
Por supuesto. Y en muchos momentos tendrá que tirar él de mí y yo de él, y entre los dos tendremos que ofrecerle alguna ostieja al Lidl (Ramón) que también se viene aunque esté entrenando en secreto (?). Y lo vamos a pasar teta.

Perspectiva, amiguetes, ya lo decía el bueno de Mark Ajoufer.


Fotos cedidas por los asistentes, así en general...





6 may 2014

II MINEROS TRAIL

Un día el Abilio pensó: “¡Rediós, menudos cachos de montes tengo en derredor de mi pueblo”. A lo que siguió un: “¿A que monto una carrera? ¿A que la monto?”. Y la montó. Lo que no podía siquiera imaginar el lebrel era que aquello que denominó MINEROS TRAIL fuera a convertirse en un sitio de peregrinación de la familia CxC.
CxC y allegados
El pasado domingo se celebró la segunda edición y no podía faltar la presencia de las huestes “ceporceses”. Como además hacía calorcito y después del carrerismo había migas se apuntaron también las respectivas contrarias con los mochuelos dispuestos a rematar lo que no pudieran ensilarse los padres. 

La carrera es preciosa. Mu japuta, pero preciosa. Son 24 kilómetros con 1.200 metros de desnivel positivo (que se me hace mucho, pero me lo chivó ayer en el cole Javi, el bombero, que tiene un reloj de esos con altímetro, velocímetro y cosas tecnológicas).

El que suscribe -el nieto de la Lola- se presentó en unas calamitosas condiciones, después de dos semanas con una infección de garganta que me dejó las tragaderas en carne viva, el estómago sin retención por los antibióticos y las fuerzas inexistentes. Los demás ceporceses estaban como siempre, como bestias de la naturaleza que son. Este último comentario no tiene que ser necesariamente bueno, ni malo. Allá cada cuerpa. 

Nada más salir, los tres toretes de turno -Quique, Miguel y Guti- y el señor JAN (José Antonio para los amigos) salieron a escape. Y eso que a Guti se le salía un huevo por unos pantalones que se puso que le van a costar un expediente disciplinario, no solo por las hechuras sino por lo dispar del colorido, sin contar con el poco recato de ir enseñando el GARMIN a cada paso. 
Quique, Miguel, José Antonio y Guti. 
El caso es que servidor de ustedes se lanzó con los tres a medirse con un cuestón de proporciones pornográficas de lo largo, empinado y duro. Craso error. Las fuerzas me abandonaron y con ellas los tres fieras del club que ni miraron para atrás por si me hubiera dado una alferecía del calor que hacía. Así que me quedé solito entre desconocidos trailruners. Por detrás debían venir el presidente, el lidl y algunos aledaños. Mi primera reacción fue pararme, recuperar el hálito y esperar al resto para correr el resto de la Mineros Trail en buena compañía y a un ritmo más tranquilo. Pero la cuerpa me dijo que no, que quería penar. Y yo que tengo menos personalidad que un camarón en tortilla cedí y me puse al ritmo que la cuerpa quiso. Y luego resultó no ser tan malo porque poco a poco fui acercándome a los correcampistas que iban por delante y nadie me echaba mano por detrás (con perdón). Así que dejé de maldecir mi mala forma e intenté disfrutar, algo a lo que nunca debí renunciar. Ahí puedo empezar a comentar el recorrido porque ya no iba cagándome en to. Y la verdad es que es un carrerón. Bonito, bonito. 

Y a la que me metí en un pinar a llanear un ratejo me encontré con los adelantados del club que miraban a Quique con más extrañeza que de costumbre y él, asimismo, mirábase el pie. A poco que hice las preguntas precisas me enteré de que el gran pepino se había chafado un tobillo que le viene dando disgustos de manera reiterativa. Y como voy a ser su co-equipier en el Ultra Trail del Mont Blanc, donde vamos a penar más que el que se tragó las trébedes, mandé al resto a correr como cervatillos y me quedé con él. Charlamos, comprobamos que la mejor opción era que parara y a los dos kilómetros me fui para adelante dispuesto a reencontrarme con el ritmo. El ritmo no lo encontré en parte porque no ando bien de fuerzas, en parte porque me encontré con un cuestón de asombrosas dimensiones. Estaba dos puntos por encima de lamadrequeloparió y solo uno por debajo de yoahínosubo. Después, cresteo realmente bonito en el que fui adelantando gente (se ve que no hacen una criba importante en estas carerras) llegué a un avituallamiento donde, sí, había cerveza. Botellín pal coleto y a correr a la búsqueda de la meta que ya estaba empezando a ponerse terca en llegar.
Avituallándose con botellines al modo CxC 
Antes de verme de morros contra el pueblo me encontré con un gracioso giro a izquierdas y otro cuestón, menos largo que el anterior, pero igualmente (¡cabrón, joputa abiliositecojoteavío!) empinado (cp) en el que terminé de dejarme las fuerzas escasas que me quedaban para afrontar los últimos kilómetros hasta el pueblo en simpático homenaje a the walking dead.

Al llegar, mis dos enanos, esos cachos de carne que me alegran y complican la vida, me dieron la mano y me llevaron a esprint hasta la meta. 2:50 y poco que al fin y al cabo no está tan mal.

Unos seis minutos antes habían pasado Guti y Miguel y por detrás llegarían al rato Ramón, Luis y los aledaños cada cual con sus sensaciones, todos enteros y felices. 

Después cervezas a mansalva, entrega de premios, migas, un café y para casa 24 kilómetros más felices, más viejetes, más fuertes... Con un día menos para la Quixote Lengend esa que me quita el sueño. 

Porteriormente me enteré de que CxC había sido quinto por equipos en lo que posiblemente sea la mayor gesta del club como grupo en la historia y que todos esperamos no se vaya a superar nunca. ¿Quiere esto decir que CorriendoporelCampo, este simulacro de club, esta panda de corremontes es mejor que alguién? En absoluto. No se engañen. Si algún equipo fue puntualmente peor que nosotros en la Mineros sin duda se debe a algún problema de índole superior y no a que nosotros seamos menos lamentables que antaño.

Abilio y Quique en un acto de amor