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2 dic 2015

Revolcon Potatoes Limited Edition

Hoy firma esta bitácora, un miembro de honor de CxC: Don Luis Arribas, también conocido como SPANJAARD. Carrerista y escritor de pro. Un tipo que dice lo que piensa y hace lo que debe en cada momento. Maestro de los ceporcés en lo de correr largo por el campo. Aprendiz (muy aventajado) de los ceporcés en lo del comer y beber sin tino. Buena gente de los de verdad. Amigo. 
Ahí va:
Alegres y ufanos corriendo por el campo
Y Jorge, periodista de alta cuna, eructó. Bien fuerte. Hasta cuatro veces. Como San Pedro negando a Cristo (a este personaje aún no he podido asignarle un miembro) pero añadiéndole una cuarta vez. Y entonces se repuso y se le desavinagró el carácter.

Buenos días. Soy un ceporcé ocasional y vengo a contarles a todos la penúltima bravata de los aquí firmantes. Mi nombre es Luis Arribas. En realidad tengo algo de culpa de que este club ande en las que anda. Es uno de mis defectos. Meto al personal en embolados de incierto resultado. Aún así, me aprecian y me toman como uno de ellos en su seno.

Y me estreno con la crónica de una carga de fusileros en mitad de la sierra de las Parameras de Ávila. Que es lo que fue aquella salida organizada para homenajear a las piedras, a las cajeras, a las cuestarracas y a las patatas revolconas, sobre las que tendremos ocasión de volver más veces.

Se convocó a los ceporceses con la excusa de volver sobre los pasos de una carrera que existió antaño y dejó de existir antaño y dos años más tarde. Un servidor metía a cientos de corredores en autocares a sendas ignotas y los hacía regresar por cuestas arriba y abajo, cruzando ríos de escaso caudal pero a pelo, sin puente, y todo ello en mitad del noviembre de Ávila.
De camino a Ávila
Acudían el hombre de los embutidos a la llamada. Con él, a modo de copiloto, el Quique. De tercer hombre la bestia de la Bonhomme. Cuyos graznidos guturales despertaron los dioses de la montaña, espantaron la caza y nos quitaron los tapones del oído interno a los demás humanos. Porque había venido en cierta medida con lo justo. “Es para un amigo”, preguntaba, “si se podría acudir sin entrenar nada” y tirar de talento, pensé yo antes de contestarle cualquier cosa por el whatsapp.

Como no recuerdo bien qué contesté pero sí que eran las seis y media de la mañana y tenía que acudir desde la capital de vuestro reino, salí. Pertrechos: los justos y precisos para un maratón de montaña a celebrarse en una zona pretendidamente fría. Así las cosas empecé a ingerir donuts de chocolate hasta el hartazgo. El último fue retratado para meter prisa a los manchegos en carretera y decirles que yo ya estaba en el Florentino café en mano y muñeco a la puerta de salida del intestino.

Llegaron. Redesayunaron. Nos cambiamos. Intercambiamos las barritas energéticas porcinas y turrón de yema tostada por si la flojera. Alguien se persignaría, intuyo, porque todo nos fue bien. Los caminos no eran cuestas sino autopistas alfombradas. Los metros de altitud nos acercaban a recovecos escondidos. Las vacas nos miraban pero hasta ahí. No traer al presi insufló una tranquilidad taurina enorme, según mencionó alguno.
Barritas energéticas de verdad
El mantra era: Caminar, correr, comer. Granito arriba y pinares abajo. Aquello estaba muy rebonito. Y correr, todo el mundo sabe, da hambre. Voraz. Atroz. Arroz. ¡Con perdiz!. Vale, paro.
Isotónica de verdad, de cebada con limón
Carbohidratos y proteina de verdad
(Patatas revolconas con torreznos)
Cuando las barbas del rudo Jorge empezaron a llenarse de mínimas quejas comprendí que era la hora de parar a tomar algo. Antes de encarar la segunda fortaleza del día, el castillo de Sotalvo o de Manqueospese, nos metimos a por una cervecita. Llevábamos 28 kilómetros y no teníamos prisa. Coño los puristas. El tabernero, sacado de lo más áspero de la sierra, debió oler deporte y hormona en aquellos cuatro pares de piernas. Así que nos obsequió con unas sólidas patatas revolconas coronadas por torreznillos de tamaño teja de iglesia. Salir de ese paraíso nos costó y al barbas del grupo empezaron a aparecerle síntomas de que no tolera bien los kilómetros o los torreznos.
Así que se nos apioló.

Y empezó a proferir quejas. Que si un pinchacillo. Que si mal cuerpo. Tanto que apenas se nos oía bufar a los demás en plena subida. No miento si digo que tras coronar la fortaleza me entraron ganas de abandonarle ahí en mitad de la nada castellana. Pero mi tarea era regresarlos enteros al coche y, a poder ser, contentos. La psicología de los dos ceporceses que me acompañaban aconsejaba que le dejáramos gruñir en paz. Que se le pasaría.
Jorge, la bestia de la Bonhomme, el del gruñido atroz
Y Jorge, periodista de alta cuna y mejores cuerdas vocales, eructó. Bien fuerte. Hasta cuatro veces. A la cuarta le pedimos de salir y le vareamos un poco camino de unas sendas de regreso fantásticas, entre bloques de granito imposibles. Llevábamos casi cuarenta kilómetros y teníamos que engatusarle para que retomara el pulso al trote por el campo.

No hizo falta. Como decían las proféticas palabras de los otros miembros (cp) de la expedición, “se le pasará y empezará a tirar cuesta arriba”. El conocimiento de los seres humanos lleva a la pérdida de todo factor misterioso ni de sorpresa. En efecto. Jorge empezó a carburar de nuevo. Tuvimos que parar un par de veces con la excusa del “¡Qué bonico está tól campo!” pero a fe mía que era por decelerar. Corríamos el riesgo de llegar a poco más de la hora de comer.
Tres patas pa un banco
Finalmente arrastramos alguna legua más nuestras cuerpas y llegamos al punto de partida, al lado de la Plaza de la Pisada del Niño. ¿Del niño pronador? ¿De la pisada en la yugular que tenía ese niño? Ni paramos a preguntar a nadie ni decidimos que aquello nos llevase a ningún lado.

El reloj de medir metros de los colegas debió perderse porque dio casi un kilómetro más que el mio. No es algo que nos importara pero lo de las distancias y las medidas es algo peliagudo. Induce a sesudas preguntas que solo un ceporcé filósofo como Manu podría deslindar.

Si hay cosas iguales pero ochocientos metros más largas, ¿hay chuletones iguales pero doscientos gramos más pesados? ¿Pedir siete rondas de botellines es lo mismo que pedir cuatro? ¿Que nos digan “veinticinco” al cobrarnos las copas se refiere a los euros o al número de copas? (era casi imposible que fuera algo menos de veinticinco copas, como bien se adelantó Jorge a explicar) ¿En aquellos Castillos de Ávila, la gente iba o venía?
Poco antes del final de la ruta, sobre verraco vetón
Jorge, buscando un miembro bajo el verraco vetón
Nosotros, afortunadamente, volvimos. De aquel modo, pero volvimos. Será complicado que vuelva a haber una Revolcon Potatoes Limited Edition así que los no asistentes os perdísteis una, como se dice en esas sierras, mú cojonuda.


1 may 2015

Maratón de Madrid 2015. Una experiencia lejos del campo (por Carmelo García)


En CxC no somos mucho de maratones de asfalto, pero en ocasiones merece la pena darle a las canillas atravesando calles, avenidas, plazas y -en el mejor de los casos, parques urbanos- rodeados de edificios, semáforos y vehículos a motor.

Carmelo, el hermano de Miguel Ángel, nuestro corredor más hipster, quería enfrentarse por primera vez a la distancia mítica, a los 42 kilómetros y pico. Quería, simplemente, saber qué se siente al cruzar la meta. Por tanto, como su objetivo no era correr como si le persiguieran, quisimos acompañarle para echarle una mano si es que lo necesitaba. 

Esta crónica, como no podía ser de otra forma, es suya.

Gracias, Carmelo, por permitirnos acompañarte en tu primer maratón.






Maratón de Madrid 2015. (26.05.2015) 
Una experiencia lejos del campo.
Por Carmelo García. @sencilloxfavor  

Este fin de semana se ha celebrado el maratón de Madrid con 15000 inscripciones agotadas y 12043 finisher. El keniata Ezekiel Kiptoo Chebii repitió victoria con 2.12.00 -Ezekiel fue el primer atleta que bajó de 2.10 en Madrid- en una carrera dura, por el diseño del recorrido, por la lluvia y por el frío. (Por comparar, también hoy, el keniata Eliud Kipchoge se quedó con la Maratón de Londres con un tiempo de 2.04.13)

Quique, David y Miguel Ángel, dispuestos a hacer kilómetros para su GTP de Peñalara, se pusieron de acuerdo para venir a Madrid y "acompañarme" en la aventura de hacer mi primer maratón.

Digo aventura, porque para mi era un suceso extraño que vivía por primera vez, con resultado incierto y algo de riesgo; Digo algo de riesgo y hacer, porque con 105 kg de peso yo no me atrevo a hablar de correr, pero sí de hacer; Digo "acompañarme" porque estuvieron ahí, al lado, conmigo, corriendo, andando, animando, reforzando, haciéndome dudar para sacar de mi "el seguimos que llevaba dentro", poniéndole alegría a un día gris y dando mensajes del tipo “tranquilo, encuentra tu ritmo”. ¡ menudo mérito, tener a alguien a tu lado sin que te taladre el cerebro con mensajes fáciles y cansinos!. Simplemente, AGRADECIDO SEÑORES.

Terminamos en un tiempo superior al esperado, y el clima nos reservó para otro día el placer de las cervezas y aperitivos. Al despedirnos, Quique, sabiendo que diría que sí, me invitó a hacer una entrada libre en vuestro blog y aquí me he colado sin ninguna otra pretensión que compartir contigo mi proceso. El proceso de hacer una maratón con 105 kg y en 5.24 h. Desde el principio hasta el caldo de cocido después del km 42.

¿Por qué me da por hacer una maratón?

Soy competitivo, en lo quiero y en el entorno en que quiero. No trato de ser el más rápido. Hacer kilómetros me gusta, me sienta bien estar conmigo, concentrarme en escuchar mi cuerpo, mi ritmo. Esto me da vida y con la edad, 43, quiero estar cerca de lo que me da vida.

Me alejo de ser esclavo de los mensajes fáciles de libros de auto ayuda. Huyo de lo vano, de la gente tóxica, de los dogmas …
  
Esto va de bienestar, de esfuerzo, de amistad, de innovar, de ahí estoy, de cabeza. De logro, de enfocar tus esfuerzos a un propósito. De sentir, pero de sentir sabiendo qué haces. De descubrir tus límites identificando las señales que encuentras en ese camino para parar o seguir.  

En este sentido, me gustó la entrada de la película Déjame Vivir del proyecto Summits of my Life de Kilian Jornet: “Lo que estás a punto de ver es la forma como una persona altamente preparada se mueve por la montaña. Se aconseja no seguir ni copiar su ejemplo”. (Sigo el Summit of Life de Kilian Jornet. Es un gran atleta, no le conozco como persona, pero a mi me ganó por los valores del proyecto, del equipo. Es un equipo. Me gusta su filosofía).

Hago ejercicio regularmente. Corro, hago bici, esquío, juego al pádel …

Empecé a correr en 2012 y en este periodo he hecho 8 “medias” y cuatro “Behobias”; entre 2.01 h y 2.18 h. El tiempo hoy no me interesa. Dejó de interesarme el día que quise bajar de 50 m, los 10 km; hice 50.04 y es probable que sea la carrera con peores recuerdos. Voy pasado de peso. Dejé de fumar y pasé de 90 a 105 kg entre 2013 y 2014. (En 2016, DM, haremos esta carrera con 90 kg. Este ya es un nuevo reto)

Así, un día de noviembre de 2014, después de una Behobia desastrosa y sin muchas ganas de entrenar, necesitaba un “motivo para seguir”. Me fui a ver a mi monitor/entrenador (entreno en la escuela del corredor del Gimnasio DOS) y le dije que quería preparar la maratón de Madrid). Jaime Rosado, es un tío 10, prudente y respetuoso. Te da su opinión y se atreve a decirte no.  Un triatleta, “modelo madelman”, en activo en el club de los diablillos de Rivas, y que siempre está al otro lado del teléfono o del mail para ayudarte –le puedes seguir en @jaimecadalso-.

Sólo me faltaba decirlo en casa. Pero ahí tengo ventaja porque mi mujer, Natalia, siempre va conmigo y me ayuda en cualquier cosa que me propongo. Ella y los niños – Rodrigo y Álvaro - fueron clave en este proceso como te contaré más adelante.

A finales de Noviembre ya tenía cinco cosas: 1 mi motivo, 2 mi reto, 3 el apoyo de la familia, 4 mi entrenador, y 5 mi chequeo médico.  

El entrenamiento

El programa no lo entendía, me parecía insuficiente. Con tiradas no excesivamente largas, series, gimnasio… ¡ Pero si esto va de correr mucho tiempo, me decía mi Pepito Grillo!.

El día de la cena de Navidad, con los compañeros de la escuela del corredor, recibí el mismo mensaje de varias personas: No te preocupes. Confía en él. Sabe lo que hace. Todos lo hemos conseguido.

Así hice. Me despreocupé. Mi trabajo consistía en poner el tiempo y el esfuerzo, Un día, me dije: Si no confías en Jaime, te buscas otro. Si confías en él, se acabó. No dediques ni un minuto más a esto.

En el último mes, reforcé esta idea publicando un tweet: “para preparar tu primera maratón, toca confiar en tu entrenador. Gracias @jaimecadalso”. A eso, @JoseMariaPena añadió, “Y confiar en ti … que sí que puedes”. Está bien que los amigos te digan que confíes en ti. También @lolagd74 y @jftp1970 han estado ahí estos cuatro meses con mensajes y ánimos. 

El resto, es planificarte para incorporar a tu vida los entrenamientos. La gente que corre largas distancias, en general, no suele andar por la vida dando escusas. Es gente de logro y de propósito.

La comida.

Poco te puedo decir sobre esto. Mi cabeza me dijo: “quita lo que sobra; lo que te aleja de correr y p´alante. Ya llegará el momento” No me compliqué mucho, fuera alcohol y a comer variado. Eso sí, para mi, las cervezas de los fines de semana, no es alcohol.

La última semana, mucha pasta, verduras y pollo. Para desayunar pan con tomate, jamón y café con leche sin lactosa.

El día antes de la carrera, mi cabeza me pidió un buen entrecot para comer, con una ensalada. Para cenar sushi, película y a la cama.

Sobre los geles para la carrera, fui probando para encontrar los adecuados. El día de la carrera, no te puedo decir porqué, no funcionaron.

La ropa

Te puedes liar. El mercado ofrece variedad y para mi ha sido fundamental leer y preguntar sobre todos los detalles. “Ni todo lo caro es lo mejor, ni a ti te vale todo aunque sea caro”.

Los atletas corren con zapatillas, un pantalón minimalista y con una camiseta de tirantes. ¡Ya!, ¿y?. Son atletas. Todo les vale y  les sienta bien. Dedican su vida a correr. No se les ocurre ponerse algo nuevo el día de la carrera, ni algo que no hayan probado mucho.

Vimos corredores vestidos con disfraces de torero y con zapatillas crocs – de playa o de reposo-; mi respeto y admiración para ellos y para cualquiera que pueda hacerlo. Yo no puedo. A mi, elegir bien me da seguridad. Probar me tranquilidad, o no. Haber probado, me da la certeza que este calcetín no me hace ampollas, o que esta malla no aprieta, o …

Después de mi elección, sólo puedo decir que ni un tirón, ni una ampolla, ni una rozadura. Nada que se pueda achacar a las plantillas, ni a las zapatillas, ni a los calcetines, ni a las mallas, ni a las camisetas. Parece que iba bien equipado, e ir bien equipado es llevar lo que a ti te va bien.

“El Fisio”, las plantillas y el calzado.

En mayo de 2013, pasé por el taller. Unas plantillas mal hechas, o mal adaptadas, un resbalón, un esguince de tobillo, posible cambio en la pisada y ¡crack!: La Cintilla Iliotibial, o síndrome del corredor.

En ese momento, di vueltas por varios fisios y por amigos, Lola y Felipe eran clientes, llegué a Holystic. (Su cuenta de twitter @holysticpafrica, que hace mención a su labor social en África, y su web www.holystic.es).

Allí, al frente está Pablo Llanes, un tipo alto y agradable, al que le gusta el baloncesto y del que puedes ver fotos con deportistas de élite que te dan la confianza que pierdes cuando pasas por varios fisios. Tiene un problema: es del Madrid, pero eso lo sabes cuando ya estás en la clínica y no hay marcha atrás.

Me recomendaron que Pablo me hiciera el diagnóstico y que después daba lo mismo quién me tratara; todos eran buenos. Carmina, compañera en la escuela del corredor del DOS, trabaja allí –es la jefa en la sombra, la que pone el orden… -, me cuadró una hora con Pablo para el diagnóstico. Posteriormente, por opciones de disponibilidad, empecé con Alberto Blanco. Alberto para mi, es “El Fisio”. Él me recuperó y él ha cuidado de mi cintilla y del resto de mis dolores. Durante estos cuatro meses, mis visitas a la clínica han sido planificadas. El día de la carrera, ni un dolor. Después de la carrera, los propios del cansancio. Al día siguiente, el lunes, ya estaba rodando para iniciar la desintoxicación.

Alberto, con la confianza ya ganada, me sugirió “mirarme” unas plantillas con “Javi”. Y Javi, Javier Barrio Calvo, dio con la tecla que faltaba. Adiós a los problemas en los pies, con las zapatillas, con los callos, con las ampollas…

A partir de ese momento, elijo zapatillas por el peso y en función de cómo encaja la plantilla.

El día antes de la carrera.

Me levanté temprano y salí a rodar 30 minutos. En ayunas, y ni idea de porqué así. Me fui al lugar en el que he hecho la mayor parte de las series. Inconscientemente busqué el recuerdo de los entrenamientos y los ánimos de los compañeros de series y rodajes – Félix, Carmina, Ana, LuisJa, Javi, Luis, Dioni, Miguel A. “El Pibe”, Carlitos, Juanma, Jaime… -. (Aquí un abrazo especial a Javi, que no pudo correr por fallecer su padre esa misma semana y a Luis, que quedó tercero de su categoría; un crack y un señor)

Recordé los días de lluvia, de frío, de sol, pulsaciones a tope…

Rodando muy suave, vi la meta en El Retiro. Y ahí, es donde aparecen los niños y Natalia, esperando a que les cojas de la mano y entres con ellos. Esa imagen fue clave. A mi me ayudan los ejercicios de visualización del camino para llegar al logro. Me centro en el camino, no en el logro. No cruzo la meta, eso me lo reservo, me centro en ver, en coger las manos y ahí me desconecto. Cruzar la meta me lo guardo para el día de la carrera. Es mi premio.

Después del rodaje, a preparar la ropa y día de deporte para los niños. A las 11, hockey sobre patines parte I. El equipo pre benjamín B de Gredos San Diego, ganó 1-0 al pre benjamín B del Colegio Aldovea. Buen partido de Álvaro, que con 7 años está perfectamente integrado con los chavales de tercero y cuarto de primaria.

Comida temprana, un poco de lectura rápida y otra vez al hockey sobre patines parte II. Partidazo en la categoría de alevines entre los colegios Gredos San Diego y Virgen de Europa en Boadilla. Ganó Gredos San Diego 1-5, con un fantástico partido de todo el equipo; lucharán por estar en la Final Four de la categoría de alevines con los mejores equipos de Madrid. Rodrigo ha vuelto en plena forma después de 6 semanas con el brazo escayolado.

A la vuelta, repaso mental  de la carrera. Llegó un momento en que conocía el recorrido de memoria. Esta vez decidí ir sin música. La música me la pusieron Quique y Miguel.

Sushi para cenar. Buena digestión, viendo una película y a la cama. Caí redondo. (Dormí como decía Larry Bird que dormía la siesta antes de los partidos de Boston. Señal de triunfo)

La carrera.

Desayuno a las 6.00. Repaso de la ropa en función del nuevo tiempo, con dudas hasta el último minuto.

A las 8, con algo de retraso, salgo de casa. En cinco minutos aparco en el Barrio de la Estrella. Ahí me encuentro con algo parecido al Equipo A, con furgoneta incluida: Quique, haciendo planes con la mochila y los geles, Miguel haciendo fotos y desde detrás de los árboles, y prefiero no saber de donde, pero con una caja de toallitas en la mano, aparece David.

Repasamos todo, les doy mis geles y pastillas de hidratación, y nos dirigimos, bajo la lluvia, hacia la salida. Allí hemos quedado con amigos. Por el camino, con José María y Merche que van a por la media –Merche se hace un esguince y como es poco bruta entra por delante del coche escoba, pero entra. ¡Qué tía @mevama!-, con Diego, que va a 4.30 a la maratón – y hace 4.26-, con José Manuel, que dice que no sabe qué va a hacer, o que si se va a parar, y se calza un 4.45 h, y con Tomás, del que desconozco su tiempo pero se perdió en la carrera con David.

En el km  15, sin esperarle, apareció el murito. Se fue sobre el 18. Qué putada. De éste ni había oído hablar. Prepárate porque es nuevo y cada vez aparece más en las largas.

Por el 20 nos encontramos y saludamos a “Manuwar”, que ya había terminado de rodar la media. A partir del 21, bajamos el ritmo. El objetivo terminar y hacerlo sin lesionarme.

En la Casa de Campo, del 26 al 31 ya intuíamos que llegábamos. Allí nos esperaba Rafa, con la bici. Mojándose. Él llevó el mensaje a meta de “lentos pero seguros”. Con ritmo.

Quique ya por el 32 al salir de la Casa de Campo dijo que íbamos sobre 5.30 h. Los últimos 7 km fueron largos. Llovía, hacía frío. Desde el 36 fotos en el Reina Sofía, en Atocha, en el Paseo del Prado, en Neptuno, en Cibeles, en Goya, así hasta el final.  Desde el km 40, y sobre todo en la plaza del Marqués de Salamanca, fue una fiesta hasta llegar a meta.  

Y allí con frío y lluvia, mojados estaban ellos: Álvaro, Rodrigo y Natalia. A su lado, Mikel, con Mar y con Rafa.

Álvaro y Rodrigo entraron en la línea de meta. Les cogí de la mano, ellos tiritaban de frío y yo no te puedo contar con palabras… ¡Me atrevo a invitarte a que lo pruebes!


 



Por detrás, durante 58 minutos, entraron los 191 corredores que completaban los 12053 Finisher. Nosotros corriendo a los coches.

En casa, ducha fría y caliente. Cervecita con olivas y algo salado, Caldo de Cocido y a reposar.

El resto de amigos y familia, que me han acompañado, no hoy, sino estos cuatro meses, quedaron aparcados para después de la siesta. Estaba destrozado: Mónica, Felipe, Lola, Javier, Iñigo, Julio, José María, Jaime, los compañeros de la Escuela del Corredor… Los sobrinos, el 4 del Barça y Constança, y tod@s los que me dejo, Un abrazote a tod@s.

¡Nos vemos en el campo!





15 mar 2015

Corricollano. Llegamos, vimos y vencimos



Pero sólo porque no era una carrera y porque, además, correr era lo de menos.

El domingo pudimos disfrutar de la hospitalidad del Corricollano, ese club que lo mismo obtiene resultados inmejorables en maratón, manda a diez personas a los 101 de Ronda o se marca un cocido para trescientos amigos y conocidos. Así, sin alharacas. Habían organizado una salida de amigos por la Dehesa Boyal de Puertollano, un paraje magnífico para triscar, pasear o montar en bicicleta, y hacer entrega a continuación de los corrijotes, los premios anuales del club.

Llegamos prontito después de recoger borrachos por las cunetas, a uno directamente en una rotonda. Día soleado y temperatura inmejorable para esto del correr por el campo, en el punto de no estar seguro de si te llevas los guantes o si te pones una capa más: en Puertollano o Ciudad Real eso significa que no debes hacerlo.



Durante un par de horas vimos gentes disfrutando al echar un rato en el monte con amigos, conocidos o simplemente con otras personas con las que se comparte afición. Entre ellos había un espécimen de corredor de esos que todos aspiramos llegar a ser cuando seamos mayores: setenta y muchos, con cuerpo para seguir haciéndose sus dos horitas y con las ganas suficientes como para no recortar ni diez metros. “Yo sigo por donde vaya Julio”, decía. De existir y haber tenido esta afición, el hombretón de La Solana no sería muy diferente. Vuelve uno a casa con un par de cosas claras.

Y vencimos porque al llegar nos agasajaron sin tino ni merecimiento. Todo eran cosas ricas que no tenían fin. Choche estuvo pendiente de que no nos faltaran botellines (“que se los bebe JAN…”, pensaba Miguel; “allá él si me los bebo”, pensaba JAN) y la nueva presidenta fue muy simpática y estuvo muy acertada en su intervención (esto lo digo en el necesario tono institucional que caracteriza las relaciones entre clubes).





El último mohicano



Lo que más me gustó a mi fueron los premios. Con ellos corricollano distingue a algunos de sus miembros (con perdón) por sus méritos, de los de competir y también de los de otro tipo. Estos segundos son más importantes que los primeros en un club deportivo: sin lograr buenas marcas un club puede seguir siendo un buen sitio para estar, al que pertenecer, pero sin buenos compañeros no dura ni un suspiro. A uno de ellos le mencionaron por haber acompañado durante varias horas al amigo lesionado, o deshidaratado, o lo que fuera, en un ultra trail de montaña. De eso se trata, claro. Bueno, y luego está Luismi, que reúne los dos tipos de méritos y además es un cachondo, así que su diploma estaba cantado. 





El resumen podría ser: a mi se me saltaron un poco las lágrimas por lo emotivo, Quique creía que algún premio le iba a tocar a él y Jorge no estaba pero se acuerda.




24 feb 2015

Ya vamos nosotras si eso...

No es que haga mucho que no escribimos (que sí), es que hace más que no corremos en condiciones, aunque parece que nos vamos animando... Estamos intentando retomar las buenas costumbres y enlazar varios entrenos a la semana, tratando de hacer la tiradita más larga del finde en grupo y, por tanto, con más ánimo. Varios entrenos son tres. Yo no enlazo más de dos desde octubre. 

Este domingo saldríamos con la única intención de disfrutar. Ni la distancia sería demasiada, ni el desnivel sería excesivo. El ritmo sería tranquilo, muy tranquilo. 

Para eso elegimos una ruta bonita y sencilla, de ida y vuelta: desde la carretera que une Alcolea de Calatrava con Corral de Calatrava a la altura de la pista que viene desde la casa de la Posadilla (cerca de la laguna del mismo nombre) hasta el río Guadiana, pasando por el volcán y la laguna de Peñarroya (también llamada laguna de Alcolea) y utilizando un PR, que coincide con la ruta del Quijote, para descender desde uno de los "bordes" del volcán hasta el río. La ruta es un trocito del trazado de las primeras ediciones de la TBA (Trail Batalla de Alarcos) de nuestro querido amigo Iván Palero.

Eran las ocho de la mañana cuando habíamos quedado. Como casi siempre, alguien se retrasa, alguien pasa a recoger a Jorge por Poblete, vamos al punto de inicio y nos dan casi las nueve.

Acudimos seis "ceporceses" (Jorge, Miguel, Guti, Carmen, Ana y el menda lerenda) y el corremontes (que diría Mayayo) Toty, el rugbier Julián Amores y el triatleta David Nieva. Sin duda, los tres en mejor forma que nosotros (aunque tiempo al tiempo...)

Nada más empezar la cosa se empina (con perdón) para alcanzar la cota de la antena de TV que hace que en Alcolea pueda verse "Gran Hermano". Las "miembras" se ponen en las últimas posiciones y yo me pego a ellas sabiendo que como no paran de hablar se les olvida correr y, sin darse cuenta, cada vez corren más despacio y hablan más deprisa. "Tú déjanos, que ya vamos nosotras, no te preocupes" me decían de vez en cuando.

Después se baja un pelín y, al poco, se encara la subida a una de las partes más altas del volcán, dónde se encuentra una gran masa rojiza de escoria, la culpable de su nombre. (Si queréis saber más del volcán de Peñarroya PINCHAD AQUÍ)

Después de la subidita, comienza una agradable bajada hasta el maar de Peñarroya, donde la pisada es muy agradable al estar el suelo en esta época mullido por la hierba, la humedad y, seguramente, por los piroclastos acumulados del volcán.

El tramo final de bajada se realiza por una de las sendas más bonitas de la zona. Casi todo está cubierto de jaras de un verde precioso. En primavera éstas se adornarán de flores blancas haciendo que el descenso sea una auténtica maravilla. 

Miguel y yo nos quedamos con Carmen y Ana, que siguen hablando como si no estuviéramos, salvo cuando nos dicen eso de "vosotros id a vuestro ritmo, si no pasa nada, no nos vamos a perder". Los demás van por delante.

Al final, llegamos al maar de Peñarroya que, en epoca de lluvia, se convierte en una laguna preciosa. Allí nos reagrupamos.

Desde allí entramos en la ruta del Quijote (que viene desde Alcolea) para seguirla hasta la ribera del río Guadiana. Por cierto, nos encontramos los indicadores arrancados y tirados en el suelo. ¿Quiénes serán los que hacen esto? Bueno, lo dejo que se me empieza a notar la vena del cuello...

Desde allí comienza una preciosa senda de bajada entre vegetación durante unos dos kilómetros. Avivamos un poco el ritmo ayudados por la gravedad. Aún así, los demás se adelantan y aunque dejamos de verlos en un momento, sabemos que tienen que ir disfrutando como nosotros.

Al final de la bajada volvemos a reagruparnos y nos hacemos una fotillo para que se nos vea a todos.


Ya queda poco para llegar al río, pero Carmen tiene prisa en volver, así que nos dice que no nos preocupemos que ya se vuelve ella con Ana. Aún así, Miguel y yo nos quedamos con ellas para volver por donde habíamos venido, mientras los demás llegan hasta el Guadiana y vuelven. 

Carmen y Ana se han callado. Lo que antes bajábamos a buen ritmo ahora había que subirlo. Por fin solo se oyen nuestras pisadas. Y la respiración entrecortada.

Pronto llegan los demás y nos pasan. Va tirando Julián, que está más fuerte que el vinagre. Es un sufridor nato y le encanta machacarse, aunque, al parecer fue Jorge el que empezó a tirar en la subida porque -según me dijo luego- hacía meses (desde el Mont Blanc) que no disfrutaba subiendo. Sabía que su forma física (lamentable, como la mía) no le permitiría terminar a toda leche el ascenso, pero quería experimentar esa sensación tan agónica y, a la vez, tan placentera de subir con fuerza a pesar de llevar el corazón en la boca, las piernas echando bombas y la respiración acelerada. ¡Ay, que ganas tengo de volver a hacer eso! Sólo tengo que quitarme algunos kilitos y entrenar con más asiduidad. Para los 110 km del GTP a finales de junio tengo que estar en mi mejor momento. A ver qué pasa.

Aprovecho que se quedan Miguel y Toty con las miembras para seguir corriendo hasta arriba sin parar. En la laguna nos reagruparemos nuevamente, pero no llegan... Vuelvo a por ellos y me entero de que Carmen ha sufrido un tirón en su soleo. Menos mal que Toty se lo ha estirado y parece que todo ha quedado en un susto. Seguimos subiendo todo lo que habíamos bajado por la senda de las jaras y hasta la parte alta del volcán. Pude oír nuevamente unas diez veces lo de "vosotros id a vuestro ritmo, si ya sabemos nosotras volver, que no pasa nada". Desde allí se veía la pista que había que bajar hasta pasar al lado de la antena de TV y, a unos trescientos metros, estaban los coches. Así que, estando ya casi allí, me lancé en la bajada con el resto para estirar las piernas y correr al menos un kilómetro a buen ritmo. Así fue.

Y llegamos a los coches. Y nos empezamos a cambiar para ponernos ropa seca. Y oímos las voces de las miembras. Y les voceamos nosotros como haciéndoles el eco para que notaran que estábamos allí. Y ya estábamos todos cambiados. Y las miembras no llegaban. Y empezamos a llamarlas. Y ya no contestaban. ¿Dónde estaban?

Guti y Jorge, subieron corriendo por la senda por la que tendrían que estar bajando. Yo subí con el coche por el carreterín paralelo que sube a la misma antena.

Allí estaban las dos mirando a todos sitios sin saber por dónde tenían que ir. Al verme pusieron una cara como si hubieran visto a alguien querido (con lo difícil que es quererme a mí). Pronto estallaron en risas (no sé si risas flojas o risas nerviosas) y se subieron en el coche volando como si hubieran estado perdidas dos noches en el monte sin comida ni agua. 

Han aprendido que deben hablar lo mismo, pero fijarse más por dónde van.

Al final, todos hemos pasado un día magnífico. 15 kilómetros al solecito, casi dos horas trotando y un desnivel acumulado de unos 700 metros.

Y luego, aprovechando que aquí en la capital era día de "Carrozas de Carnaval" nos hidratamos convenientemente en ESSENCIA, donde nos trataron magníficamente bien en todos los sentidos (sobre todo en el gustativo)

Pruebas hay.