26 jun 2013

Gran Trail de Peñalara: Grandes dosis de ilusión

56 horas para nuestro gran reto deportivo del año.

Sí, nos quedan poco más de dos días para que empecemos a darle a las canillas en el Gran Trail de Peñalara (por favor, lean "Gran Trail de Peñalara" con voz profunda y alargando las palabras para darle un tono más épico al asunto).

Quizá seamos osados, imprudentes, chalados, irrespetuosos y otras lindezas. Quizá lo somos por inexpertos corredores, por impúberes montañeros, por imberbes trail-runners. Por listillos y capullos, sin más.

Dice MAYAYO que la montaña es para quién se la gana, pero qué mejor manera de hacerlo poco a poco que correr un ultra magníficamente preparado, balizado, controlado, avituallado (¿se dice así?). 

Es cierto que son 110 km y que para recorrerlos tendremos que superar un desnivel positivo de poco más de 5.000 metros, bajar otros tantos, correr/trotar/andar por crestas a 2.500 metros de altitud, por montaña de verdad (no como esos cuatromiles americanos que tanto molan en los reportajes del Kilian, pero montaña en realidad y no los 1.000 metros mal medidos que tenemos en nuestra zona). Por otro lado, también es cierto que tenemos 30 horas para terminarla. Y que vamos con más respeto (que no miedo) que otra cosa, con una enorme incertidumbre y, a la vez, con una ilusión de pelotas.

El respeto y la incertidumbre se deben a la inexperiencia, a lo desconocido. Hemos corrido el TP60, la MiM, la Carrera de Montaña de Chiva, tiradas largas, muy largas, hemos tratado de hacer desnivel, pero jamás hemos recorrido 110 kilómetros seguidos, ni hemos acumulado de una vez 5000 metros de desnivel positivo. Con independencia de ritmos, no sabemos qué será de nosotros a partir de las 10 o 12 horas de esfuerzo. ¿Cómo reaccionaremos? ¿Nos dolerá algo? ¿Habrá algo que no nos duela? ¿Cómo se comportará nuestro estómago si la digestión de todo lo ingerido se realiza en marcha? ¿Cómo afrontaremos una noche entera por un terreno absolutamente desconocido? ¿Cómo se comportará nuestra cabeza?

¡Ay, la cabeza! Cada uno de nosotros tiene un cerebro (o casi) que funciona de forma distinta. 

Tenemos la inflexible cabeza de Luis, esa que ésta vez, habiéndose puesto como meta el TP60, le hará llegar entero y contento a Navacerrada después de recorrer 60 km desde Rascafría que le van a saber a poco. Estamos convencidos de que la va a hacer con el rabo la gorra.

Por otro lado tenemos la inescrutable cabeza de Ramón, esa que no demuestra jamás un signo de debilidad, esa que, a pesar de ser su coraza de trail-running, también puede llegar a ser un peso extra que debe acarrear. Es Líder (para nosotros "Lidl") y lo seguirá siendo antes, durante y después de llegar a Navacerrada con 110 kilómetros en las patas.

También tenemos las peligrosas cabezas de Jorge y Juan Carlos. Se juntan en ellos la competitividad, la fuerza y, en iguales proporciones, los nervios y el miedo a lo desconocido. Ellos mismos son sus peores enemigos. ¿Serán capaces de frenarse para poder darlo todo? ¿sabrán medirse y darse cuenta de que tienen todo lo que hay que tener para superar el reto? Seguro que sí. Eso también lo han entrenado. Juan Carlos saboreó en la TBA, por fin, una pájara y Jorge se aguantó en Penyagolosa sus ganas de correr. Eso los ha convertido en mejores corredores.

Y... mi cabeza, una cabeza optimista y obstinada que puede ser, en ocasiones, ingenua y cerril en exceso. Siempre pienso en lo positivo, siempre creo que es posible, que podremos, que seremos capaces, que lo que hemos hecho hasta ahora está bien hecho. Pero, estos últimos días, cuando me acuesto, ya no sé si es verdad o solo es lo que yo quiero que sea. Menos mal que, de momento, en mi cabeza siempre puede el más y no el menos.

Todo lo iremos viendo el viernes y el sábado por la Sierra de Guadarrama.

Hasta entonces, más que de carbohidratos -que también- vamos cargados de ilusión y ganas de pasarlo en grande en la montaña. Lo demás, ya irá viniendo. 

6 jun 2013

QUIXOTE LEGEND TRAIL CHALLENGE

Este año, con lo de querer merendarnos el Gran Trail de Peñalara, sus 110 km y sus 5.000 metros de desnivel positivo hemos tenido que renunciar a otras cosillas. Entre ellas, la Quixote Legend. Menos mal que nuestro delegado de CxC en Murcia, Daniel C. Real, ha ido a echar un vistazo y unos trotes a la última etapa de las tres que componen esta prueba. Se estrena, por tanto, como delegado y como corresponsal a partes iguales y nos regala esta magnífica crónica para ponernos los dientes largos y, como no podía ser de otra forma, animarnos para que el año que viene la hagamos entera, con sus 166 km y sus 7.975 metros de desnivel positivo.

Por cierto, como lo de CxC imprime carácter, el tío va... ¡y queda tercero en su categoría! 

Con todos Uds... la QUIXOTE LEGEND TRAIL CHALENGE vista por DANIEL C. REAL (CxC Murcia):

Sigo desde hace bastante tiempo este blog. Sus entradas son ingeniosas, entretenidas y siempre van aderezadas con pequeñas dosis del típico humor manchego (parecido al  inglés). Conocí a Quique, uno de sus miembros (con perdón), estando él de vacaciones cerca de mi ciudad, gran persona y no solo por el tamaño. Compartimos un entrenamiento por el monte y algo vería en mí (joven promesa) que adelantándose a otros clubes, me ofreció ser delegado en Murcia de CxC.

Qué ojo tiene el cabrito, tres meses después obtengo mi primer podium en una ultra de 51.5 km., por montaña.

Me ha pedido que haga una entrada sobre la carrera. Tengo libertad para hacerla como quiera, intentaré no blasfemar mucho en ella, sé lo religiosos que son los de CorriendoporelCampo. ¡¡Ay Dios!! qué responsabilidad.


El pasado día 1 participé en la Quixote Legend Challenge, una carrera de 51,5 km., y 2.800 D+ con salida en la localidad de Yeste y  meta en la de Riópar. Esta carrera coincide con última de la Quixote Legend Race Stages, prueba de 166 km., que se desarrolla por la sierra de Segura y Alcaraz y que consta de 3 etapas de 50, 64,5 y 51,5 kilómetros y 7.975 D+. Una carrera que recomiendo por su perfecta organización, señalización (ni aposta te perdías), sus increíbles paisajes y con unos voluntarios de 10.

Hasta última hora dudé sobre participar o no. Tenía muy reciente los 101 de Ronda y sólo había salido a entrenar 3 días, notándome muy flojillo, además, no tenía muy claro cómo volver a recoger el coche que dejaría en la salida. El asunto del coche lo solucioné contactando con Javier (que no conocía de nada), un corredor del Cex Cartagena que al igual que yo buscaba taxi en Riópar para volverse. Bastaron sólo 5 minutos para ponernos de acuerdo. Iríamos en su coche junto a Juanma, otro compañero suyo hasta la salida y para volver compartiríamos transporte. Con este tema solucionado no me quedaba más remedio que participar.

A las 5 a.m. me recogieron, nos presentamos y salimos de Murcia. Teníamos 2 horas de viaje que fueron muy amenas, hablando de temas muy variados... carreras, montañas y carreras de montaña.

A las 7 a.m. llegamos al polideportivo desde donde se daría la salida. Fuimos a recoger los dorsales. El mío me lo tuvieron que hacer artesanal debido a un problema con la inscripción y nos preparamos para salir. Mientras esperaba aproveché para saludar a Fran, un amigo y compañero de entrenamientos que participaba en la carrera larga, quedando al final en un extraordinario 7º puesto de la general.
Con mis compañeros del Cex Cartagena preparando la salida
Fran y yo minutos antes de salir
El día era perfecto, soleado y con una ligera brisilla fresca. La previsión era de calor durante la carrera, pero por si acaso se equivocaban yo salí con camiseta térmica de manga larga debajo, aguantando así hasta el final (reconozco que soy un pelín friolero). Y a las 8 en punto, la salida.

Tras un breve paseo por las calles del pueblo encaramos la primera subida facililla y cuando empieza la bajada, ya por senda estrecha y con abundante vegetación empiezo a alucinar con el paisaje. Mires donde mires es todo bonito, a lo lejos se ve algún pico, valles, árboles, verde... son unas vistas increíbles. Un par de tropiezos me hacen volver a mirar donde debo.
Lo que me hizo tropezar
Un poco de llaneo al llegar abajo (aquí, km.5, me adelanta Juanma, a Javier casi al principio ya le perdí de vista) y se comienza a subir otra vez, primero por un tramo de asfalto atravesando Boche, luego por pista y después por senda.
Saliendo de Boche
Tengo 8 kilómetros de subida y ya en el primero no me encuentro cómodo, aún llevando los bastones me noto falto de fuerza y se me empieza a cargar la zona lumbar. Lo largo y empinado (c.p.) no se me da muy bien. Con más esfuerzo del esperado y tras pasar por  Moropeche llego al final del ascenso comenzando ahora una cómoda bajada por pista en la que se puede correr a buen ritmo que me llevará al avituallamiento del km.21. Avituallamiento que es bastante completo habiendo casi de todo, incluso yo que soy de poco comer, lo aproveché. 

Miro el reloj, 3h20', hago un rápido cálculo y me salen 7 horas y pico de carrera, pero no me quiero obsesionar con los tiempos y decido no volver a mirar el reloj hasta la meta, además me quedan todavía dos subidas fuertes y las reglas de tres aquí no funcionan. Recargo bidones, me como medio bocadillo de jamón con queso, varias partes de naranjas y salgo caminando en busca del pico de Argel. 

Voy subiendo por una estrecha senda con piedras sueltas que va pegada a un riachuelo y a una gran pared de roca. Voy solo y únicamente se oye el ruido relajante del riachuelo. Me está costando más que la subida anterior, me duele la espalda y no camino a buen ritmo. Se me acercan por detrás, una corredora educadamente me pide paso, va acompañada de un corredor, se lo cedo y mientras me adelantan nos saludamos los tres, ella va de rojo y el de naranja. Dejo el sendero estrecho y salgo a una enorme pradera. Es llana e intento correr pero me cuesta muchísimo. Si en llano no puedo correr mal vamos, pienso.

Me obligo a hacerlo alternándolo con caminar. Me adelantan otros dos corredores, ambos van de rojo y uno de ellos lleva una chaqueta azul atada a la cintura, nos saludamos y enseguida me dejan atrás. La pradera termina y se empieza otra vez a subir. Ahora todo el trayecto se hace por rocas con bastante desnivel, al fondo ya veo el punto de control que está en la cima, km.28.

Un poquito de esfuerzo más y por fin llego. Descanso unos instantes y mientras, el “simpático” voluntario del control nos señala a lo lejos el siguiente pico a subir, el Padroncillo, yo sin prismáticos casi no lo veo, está a “solo” 14 kilómetros de ahí.
En el Pico Argel
Bajada un poquito técnica al principio pero después se llanea por camino. Me he recuperado bien y puedo correr con soltura otra vez. Empiezo a  descender por sendero, el paisaje sigue siendo muy bonito y según me acerco al nacimiento del río Mundo la vegetación se hace más frondosa. El nacimiento a esa hora está lleno de gente pasando el día, familias enteras que según te ven, primero se sorprenden y después te dan ánimos que se agradecen.

Queda poco para el siguiente avituallamiento y último que está en el km.39, la pista por la que corro empieza a picar hacía arriba y me pongo a caminar. Las familias siguen pasando y saludando. Al fondo veo llegar a otra, cuando estoy a su altura me saludan y uno de los hombres que van me acompaña unos pasos dándome ánimos e informándome de lo que queda hasta el avituallamiento. Me dice que me conoce por mediación del blog de CxC, le miro alucinado y según me alejo le pregunto cómo se llama, soy Cabesc, me dice, y sí, yo también le conozco de lo mismo, muy majete este Cabesc. Sorprendido es poco como me quedé, no solo de encontrarnos sino de que pudiera reconocerme y más en mitad de una carrera.

Llego al avituallamiento, muy completo también, que está situado a los pies de la subida al Padroncillo. A esta altura ya sé que la carrera esta hecha y cada vez me estoy encontrado mejor. Mientras doy cuenta de varías lonchas de jamón y queso miro hacía las antenas de la cima donde está situado el siguiente punto de control km.42, ¡¡La Virgen!!, creo que me va a tocar sufrir otro poquito hasta llegar ahí.
Reponiendo fuerzas antes de la última subida
Comienzo la subida. A mi izquierda sigo admirando el bonito paisaje de esta sierra. En la pista por la que voy hay varios árboles caídos, tienes que saltar o bien pasar por debajo. Vuelvo a mirar hacia las antenas, aún están muy lejos, pero si la subida sigue por aquí no tendré mucho problema.

¡Para qué hablaré!, se deja la pista y se empieza a subir en vertical, los bastones casi molestan más que ayudan. En poco tiempo me alcanzan varios corredores poniéndose en fila india detrás de mí, les voy retrasando. Me paro a beber y les dejo pasar pareciendo que he parado por el agua y no porque yo vaya justito de fuerzas (uno tiene su orgullo). Como imaginaba, estoy sufriendo un poquito. Me alcanza otro corredor, va con problemas de rodilla, le ofrezco radio salil y subimos juntos charlando sobre zapatillas minimalistas. Un tramito de pista y otra vez campo a través pero ya con el desnivel mas suave. Pisando por rocas y piedras llegamos al control.
Al fondo Riópar
Al fondo se ve Riópar. Nueve kilómetros para la meta y bajada muy técnica los primeros tres kilómetros, nos comenta la chica de la organización. Me vuelven otra vez las fuerzas, le ofrezco mis bastones al compañero con problemas en la rodilla pero me dice que va bien. Hay que bajar cresteando por rocas y yo sigo alucinado con el paisaje.
Lo que llevo cresteado. Al fondo, las antenas del Padroncillo
Estoy deseando que pase esta zona técnica para poder correr. 400 metros y se acaba, me dice otro voluntario con el que me cruzo. Guardo los bastones y al poquito el terreno mejora considerablemente. Cartel del km.45, voy corriendo por una senda y me encuentro a dos compañeros, van de rojo y uno de ellos lleva una chaqueta azul atada a la cintura, ¡hostia, si son los del km. 25 de la pradera!, me ceden el paso y me animan. Empiezo a llanear, voy a muy buen ritmo, 5’-5’20’’  (sí, para mí esto es muy buen ritmo). Van pasando los kilómetros sin cruzarme con nadie más, atravieso un bosquecillo y salgo a un camino descubierto, estoy casi a las puertas de Riópar. Al fondo del camino donde empieza el pueblo veo a una pareja que va caminando, se paran en un riachuelo a refrescarse y les alcanzo, él va de naranja y ella de rojo,  nos volvemos a saludar otra vez 26 kilómetros después.

Estoy ya en las calles, no se cuánto queda y espero que la meta no esté al otro lado del pueblo, pero no, a escasos doscientos metros comienza un ancho pasillo balizado que me lleva directamente al arco de meta cruzándolo en 8h39’44’’, terminando con muy buenas sensaciones y sin ningún tipo de molestias y con el premio añadido de hacer podium quedando el tercero de mi categoría Master Masculino.

En la meta está Juanma, ha entrado 2 minutos antes que yo y Javier que lleva sobre hora y media esperándonos. Nos duchamos y vamos a recuperar fuerzas al comedor que ha habilitado la organización. Tienen gazpacho manchego, que entra de miedo (estos manchegos saben cuidarse). Tras comer e hidratarnos convenientemente y antes de llamar a nuestro taxi (la organización había puesto un autobús  pero bastante tarde) decidimos probar suerte y ver si alguien del pueblo nos puede llevar en su coche. Premio. Javier para a una chica y por una módica cantidad accede a llevarnos. Casi hubiéramos preferido esperar al autobús. No voy a decir que las mujeres conduzcan mal, ¡válgame Dios!, pero ésta sí. Dos adelantamientos al límite y tres forzadas curvas con una bonita caída al otro lado de la carretera nos los pusieron  de corbata. Al final llegamos sin problemas quedando muy agradecidos por el favor que nos había hecho.

Para la vuelta a casa el tema de conversación obviamente fue la carrera, mis compañeros del Cex Cartagena me dejaron donde me habían recogido y nos despedimos hasta la próxima. 

Gracias por todo Javier, Juanma y un placer conoceros.

Repetiré.

Un saludo a los lectores de este estupendo blog y a los corredores campestres en general.

La ruta de Calatrava


Una de las cosas que más me gusta de correr por el campo es diseñar el itinerario que voy a seguir. La confección de la ruta se convierte de esta manera en una parte muy importante de la actividad que, en lugar de reducirse a salir al campo a correr o a andar, comprende también una labor de diseño y programación.

¿Qué hace que una ruta tenga sentido? La ruta es desplazamiento y consiste en ir de un punto a otro. Una ruta es buena, creo, si la conexión entre ambos y la acción misma de ir desde el primero hasta el segundo tienen un fundamento, si hay razones para elegir esos dos puntos y para decidir unirlos físicamente poniendo un pie delante del otro. A Jorge esto no le interesa lo más mínimo porque, como todo el mundo sabe, es un ser abyecto incapaz de amar que sólo busca la rápida satisfacción que le proporciona machacarse el cuerpo a base de kilómetros. 
Observen el inquietante aspecto del sujeto
Como en otras cosas relacionadas con el correr, lo que he llegado a pensar acerca de este tema también resulta de lo escrito por Luis Arribas, en cuya opinión la historia nos proporciona con frecuencia buenas razones para decidir hacer una concreta ruta. A Quique también le gustan las rutas históricas y por eso querría unir Toledo con Las Navas o le hubiera gustado seguir los pasos de Napoleón. Pueden también encontrarse razones geográficas para hacer una ruta: la remontada de un rio o el recorrido de una sierra o cordillera. En algunas rutas el sentido surge de la voluntad de seguir un camino y en otras de la de iniciar uno nuevo. Hay ejemplos de estas y de otras razones en los proyectos de Sergio o Yoku.
La ruta de Calatrava reunía algunas de estas características. Sale del Castillo de Calatrava la Vieja, en el término de Carrión de Calatrava, al que tan unida ha estado parte de mi familia y, después de 60 kilómetros, llega al castillo de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey, en el mismo desplazamiento hacia el sur que realizó la orden a medida que la nueva frontera se consolidaba.  Los calatravos se mudaron porque, a pesar de los reveses, iban ganando la guerra o lo que quiera que aquello fuera. Pero al mismo tiempo, el desplazamiento lo fue también, en los mismos términos, de los que la iban perdiendo. Unir dos castillos, por tanto, y precisamente esos, era una buena razón. No peor que la de recordar que la Administración regional se ha deshecho de la gestión, entre otros, de ambos lugares, renunciando a cumplir las responsabilidades que les son propias. Por no hablar de que se trata de una parte de aquella otra ruta más larga que algún día haremos.
Ya tenemos los dos puntos y queremos unirlos. Ahora es preciso decidir por dónde vamos a ir y en esto entran los mapas y los caminos que en ellos aparecen. Porque resulta que los caminos de los mapas existen en la realidad y van precisamente por dónde en ellos se indica. Esa conexión entre la realidad del suelo y su representación en el mapa es lo que hace que éste nos atraiga y que sigamos los caminos con el dedo, imaginándonos a nosotros mismos en pequeñito desplazándonos dentro de las dos líneas paralelas. Del Castillo a Carrión por el camino de la ermita; allí cogemos el camino de Miguelturra; después el que baja hacia el sur, trazado como con regla, hasta la fuente del chorrillo; allí nos pegamos al cauce del Jabalón y continuamos hacia el sur hasta que lo podamos cruzar por alguno de sus puentes, que durante todo el invierno y la primavera han estado cubiertos por el agua y que todavía hoy siguen estándolo; del río hacia Aldea ya viendo al fondo la atalaya de Calzada; desde Aldea al castillo por un tramo de la ruta de don Quijote. Durante meses he estado mirando mapas y confirmando sobre el terreno que, efectivamente, lo representado existía.
Algun dia conquistare el mundo (sin tildes)
 Y disfrutando como un cochino en el barro, literalmente.

En alguna de esas escapadas se me ocurrió que podríamos organizar la ruta de Calatrava de forma que pudiéramos hacerla todos los que somos o estamos alrededor, con independencia de la condición física y de las aficiones de cada uno. Pensé que lo único necesario era seleccionar varias distancias y calcular los tiempos en que cada una de ellas se podría hacer andando, corriendo o en bici, con la finalidad de que todos llegáramos más o menos a la vez o dentro de un intervalo manejable. Al final, claro, unas migas reparadoras. De esta manera la ruta se convertiría en un proyecto deportivo, de conocimiento del entorno y de reunión de gentes a las que les guste, en grados diversos, el campo, la actividad física y las migas.
Pero todo se torció en la ejecución. Finalmente, en lugar de hacer una convocatoria con tiempo, avisando de las diferentes modalidades y horas de salida, me entraron las prisas porque tengo todos los fines de semana ocupados y veía que el asunto se iba a tener que retrasar hasta después del verano, así que de un día para otro lo pusimos en whatsapp y en fb y a las 6:30 de un sábado estábamos saliendo 12 zumbados del Castillo de Carrión (al campo, "asombrados al ver con cuanta facilidad habiamos dado principio a nuestro buen deseo..."). Algunos nos acompañaron sólo unos kilómetros porque estaban con un calendario de entrenamientos de esos serios, Miguel (Miguelturra) se vino 30 kms. y el resto (Jorge, Quique, Juan Carlos y yo) seguimos hasta el final. Realmente yo me quedé justo antes de llegar preparando la logística del tercer tiempo en VillaIsabelica, donde dan jamón ibérico con full recovery de ése. Los otros tres subieron al Castillo y golpearon la puerta con la cabeza.
Corriendo
Zampando
Andando
Recuperando
María y Raquel la hicieron en bici. En la zona del Jabalón se perdieron varias veces porque la mayor parte de los caminos están ocultos bajo la yerba que ha crecido como consecuencia de permanecer inundados durante semanas. Pero finalmente se hicieron 64 kilometrazos que a mí por lo menos me dejaron estupefacto.
Las 9 horas que nosotros estuvimos corriendo y caminando dieron para mucho entre risas, cansancio y satisfacciones. Probablemente fuera el último fin de semana antes de que el campo de la zona se terminara de agostar. Y sin embargo tengo la sensación de que la ruta se me ha escapado viva por no haber llegado a organizarla en condiciones. En cualquier caso, como diría aquel ilustre pensador español, no hay mal que por bien no venga: el año que viene así lo haremos y espero que se anime mucha gente en bici, corriendo o paseando. Ahora lo que toca es pensar en Peñalara y, el rato que quede libre, en qué otros dos puntos vamos a unir próximamente.
La ruta te la puedes descargar en wikiloc por tramos: primero, segundo, tercero y cuarto.

24 may 2013

La marató i mitja

En su momento nos quedamos saliendo hacia Castellón para participar en la maratoimitja (MiM), el ultra (63 kms. 3000 D+ 1800 D-) con más sabor popular, probablemente junto a los 101 de Ronda. No podía ser de otro modo en un país como el nuestro: la MiM era en su origen una romería y los 101 los organiza la legión (ponga usted aquí, españolito, la interjección que proceda en función de cuál de las dos Españas le hiele el corazón).  El caso es que las dos se han convertido en plataformas de iniciación popular en el mundo del trail, sin perjuicio de aspirar también a concentrar lo mejor y más granado de los atletas españoles. De hecho, junto a la MiM también se celebraba el Campeonato de España de Ultra Trail con una distancia de 115 kms. El caso es que alguien no se enteró bien porque el mismo fin de semana se celebró en Canarias una pequeña prueba, casi desconocida, en la que no llegó a participar ni uno sólo de los miembros del sexycircus internacional del trail running (bueno, alguno sí fue). El caso es que los amigos del circuito pirata de CR nos repartimos de conformidad con los principios elementales de la división del trabajo: los buenos (Quijotes) irían a la Transvulcania y el lumpenproletariado del trail running (CxC) a Castellón.
Y eso no estuvo mal: algún día iré a la Transvulcania, pero hasta que llegue ese día, si es que tiene que llegar, pienso pasármelo de puta madre en la MiM. Vimos el mediterráneo cuando comenzaba a atardecer, recogimos nuestro dorsal (nos perdimos, sin embargo, el briefing), nos tomamos una cerveza esperando a Manu, que venía de Madrid directo desde el trabajo, nos tomamos otra ya sin esperar a nadie cerca del hotel (1 tercio/1 €) y al final nos fuimos a cenar. Resulta que, además de bueno y barato, el hotel tenía dentro (¿) un restaurante italiano en el que estaban cenando los del equipo Buff (sección enjutos) y algún que otro club. Había mesas de grupos pequeños de amigos que seguramente venían a la MiM. Había hasta un grupo de tres amigos con sus mujeres que habían aprovechado para organizar el viajecito (qué envidia me dieron ellos cuando al día siguiente me las encontré a ellas animándoles en varios puntos del recorrido). Y luego nosotros, vestidos de asistente a briefing venido a menos. En fin, a la piltra a las 12:00 y a levantarse a las 4:00 (¡coño, a las 4:00!).

Buff!















Vístete de Hoko truhán, cómete un bocadillo de salchichón, llena la camel con agua del grifo porque Jorge también se ha olvidado de comprar mineral, piérdete por las calles de Castellón con el coche, llega al parking, deja la mochila, espera a Ricardo que viene desde Valencia, ¡coño, Ricardo cabezón!, hola Carlos amigo de Ricardo, mira Jorge, un tío poniendo cuernos de jevi, sí, justo delante de SuperPaco, el del micrófono seguro que es el de los 40 principales de Castellón, mira un helicóptero con cámara como el que utilizan para hacer los videos de Kilian, ¡pero cómo es posible que haya tanta gente para correr 115 ó 63 kms! Si es que hay familias enteras, gente de todas las edades, fiebres ultraequipados y marchadores con morral. Cucha, Jorge, que me parece que aunque vayamos disfrazados de Hoko esto va a ser tipo nosotros.


Ricardo y su amigo

Llegamos a tiempo a la salida
La Salida

Salimos andando, literalmente, hasta más o menos el km. 7. A partir de ahí trotamos en las bajadas y el resto pie a tierra. Los legendarios avituallamientos de la MiM. Nos vamos separando de Ricardo y su amigo. A Manu le perdimos de vista al salir. Vamos Jorge y yo, chino chano, y de vez en cuando trotamos un poco. Jorge por ahora aguanta. Adelantamos a Superpaco y a Nanopiesnegros: ¡qué tíos! Seguimos. Las primeras muestras de idiotez: envases de geles. No serían pocas.
Chino, chano
Jorge adelantando a Superpaco


Les Useres, km. 30. Me pongo de bocatas como el tenazas. Llamo a mi mujer porque la he dejado en CR en una situación de alarma sanitaria familiar y me confirma que la cosa no ha mejorado (ouch). Jorge me hace un Jorge: oye, voy tirando que si me paro me duele la cintilla, ya si eso luego… Vale, no te preocupes. Salió como un morlaco del toril. Empezó a correr y a darle caña a los bastones y llegó en 10:30 h., habiendo ido andando casi 30 kms.y rebajando casi una hora y media la segunda parte respecto a la primera. Al final, casi coge a Manu. No le dolió la rodilla en ningún momento, se lo pasó como dios y terminó un ultra con sensaciones más que buenas. Y todo ello a pesar, y gracias, a haber sabido aguantarse durante la primera mitad. Le vendrá bien para el GTP110.
Mis kms. 30-40 fueron horribles: mucho calor húmedo, pérdida de cosas ricas y necesarias para el organismo debido al sudor y desfalleciendo en las subidas. A partir del 40, ya aproximándonos a Teruel, baja la temperatura y diluvia. Mucho mejor. En el 40 y pocos otro avituallamiento buenísimo. Me lo como todo (con perdón) y en ese momento soy consciente de que termino seguro. Tengo fuerza para hacer otros diez y pienso que, si llego al 50, los últimos 10 los hago aunque sea reptando (¿Quién del suelo es cicatriz?). Pero es que cuando alcanzo el 50, que es el último avituallamiento y en el que no lo hago peor (dios, un corredor bebiendo de una bota de vino),  compruebo que estoy bastante bien. Total, que la última cuesta termina en el km. 60 y los tres últimos de bajada por piedras y pinchos los hago corriendo y pegando brincos con los bastones: si no me tuerzo un tobillo o me doy una hostia llego por debajo de 12:00 h. El último km. tengo que acelerar el ritmo porque no estoy seguro de la hora de salida y entro en la meta esprintando. 11:53 h. Jorge me está esperando, me cuenta lo bien que le ha ido a él y me dice que soy un monstruo. Y es verdad. Me emociono al sentarme por haber terminado y haberlo hecho tan bien y él me reconoce que a él le ha pasado lo mismo… una hora y media antes. Luego entraría Ricardo, desfallecido y un poco cabreado por algunos asuntillos que no mencionaremos ni siquiera para decir que cuando llegó a un par de avituallamientos ya no había nada (legendarios, si hay), pero al rato se le pasó y sus sensaciones fueron tan buenas como las nuestras.
No mentía
¡Qué hermosura madre!
Un último bocadillo de jamón (hoy han caído tres barras en bocadillos como poco), tres caldos de pollo y a la ducha. Nos ducharíamos 800 personas en cuatro duchas. De esto prefiero no hablar. Sólo diré que me robaron mi camiseta de finisher pero que no me importó porque eso era lo menos que podían robarme en un cuchitril como ése, lleno de culos. De vuelta al hotel, recarga de hidratos, o como se llame: al pedir en el italiano tuve que convencer a la camarera de que me iba a comer yo sólo todo eso (c.p.). A dormir otra vez y a la mañana siguiente a CR.
Vamos, un ultratrrrrrrail.


17 may 2013

De Arroba de los Montes al Estrecho de las Hoces

Sábado, 11 de mayo. Era un sábado de los de correr.

Se corría la Transvulcania en la isla de La Palma (83,3 km. 4415 m. D+ y 4110 m. D-). Allí estarían Toty, Iván, José Luis, Marín, Luismi. Máquinas del carrerismo campestre y de lo que les pongas.

Y en Castellón, además de la CSP 115 km., se correría la Marató i Mitja (MIM) (63 km. 2850 m. D+ y 1600 D-). Allí disfrutarían Luis, Jorge, Ricardo y el gran Manuwar. Máquinas de lo que les pongas también, pero éstos -como yo- en versión diésel.

Incluso alguno habría por ahí, como nuestro querido amigo Daniel (De T run is T life), corriendo los 101 km de Ronda

Y aquí, en La Mancha, un pura sangre y un diésel "deshacendaos". Juan Carlos y yo. ¡No podía ser! No podíamos quedarnos quietos. No tendríamos tanto tiempo como los de la Transvulcania o la MiM, porque Juan Carlos tenía una comunión en Toledo y yo tenía una comida (a la hora de comer, claro) y un cumpleaños que se preveía como "merienda-cena-ydetó". Así que decidimos hacer una ruta cortita, pero por un sitio que no conociéramos. El lugar elegido sería todo el monte que hay entre las poblaciones de Arroba de los Montes y Puebla de Don Rodrigo. 

Eran las 6 de la mañana cuando Juan Carlos pasaba por mi casa para hacer los setenta kilómetros que nos separaban del inicio de nuestra ruta. Llegábamos allí con luz. 
Juan Carlos acicalándose

Dejamos el coche en el pueblo y tras una primera intentona errónea salíamos de la población y comenzábamos a subir directamente y sin anestesia hasta la cuerda de la Sierra de Arroba. Un kilómetros y medio para ascender unos doscientos metros.  


Subiendo a la Sierra de Arroba
Nada más volcar hacia el lado sur de la sierra, el paisaje empezaba a cambiar. Más verde, más tupido, más bonito.


Pronto te encuentras con una puerta que puede traspasarse sin problemas y, desde allí, se desciende por un cortafuegos hasta una pista en perfectas condiciones que discurre por la mitad de la falta del cerro, con vistas a la Sierra de Enmedio.
La valla
El inicio del cortafuego

Juan Carlos por delante y por detrás (con perdón) y la Sierra de Enmedio


Desde esa pista perfectamente conservada (parece que la han barrido) se comienza a descender muy suavemente a lo largo de unos 10 km. Se trata de una de esas bajadas en las que, sin tener apenas sensación de descenso, las piernas van rápidas y sin esfuerzo. Ni cuesta, ni te cargas. Además, nosotros lo hicimos despacio porque el paisaje era precioso, la temperatura ideal y parábamos para poder contemplar lo que se abría ante nuestros ojos, para hacer una foto o para tratar de ver lo que oíamos entre el bosque. Vimos alguna serpiente, muchos pájaros y algunos ciervos.

Después de esos 10 km vemos el río Guadiana, uno de sus meadros, justo antes de encerrarse en el Estrecho de las Hoces.


Justo después vuelves a perder de vista el río, porque el camino empieza a descender aún más y el terreno de la izquierda queda cada vez más alto. Sin embargo, nosotros nos apartamos del camino para poder contemplar nuevamente el río.
Subiendo una bonita loma para contemplar el río Guadiana
Mirador natural


Desde allí el espectáculo es magnífico. Todo el meandro abajo, el Estrecho al fondo, la sierra, el ruido del agua, los pájaros, el olor a campo, una luz preciosa y nada más.

Volvemos otra vez al camino por donde habíamos llegado y nos acercamos, ahora sí, al río en una bajada más directa. No obstante, antes de llegar a abajo nos hacemos unas fotos que, en realidad, no sirven ni para trasladaros lo bonito que estaba todo, ni la alegría que teníamos por estar allí. En dos horas solo habíamos estado corriendo, oliendo, mirando, viendo, disfrutando, sin nadie que nos molestase.





Y después de las fotos, ahora sí, bajamos finalmente al nivel del río, lo que aprovechamos para comer unas barritas de cereales con chocolate que estaban de escándalo.


Un descansito y a seguir corriendo. Sin embargo, esta vez el camino se dirigía desde el nivel del agua hasta lo más alto de la sierra de Enmedio, poco a poco, sin mucho desnivel, pero sin parar de subir. Ahora iríamos viendo el valle a nuestra izquierda, intuyendo a lo lejos por dónde habíamos bajado a la ida. Los metatarsos de mi pie izquierdo estaban empezando a inflamarse. Es lo que tiene hacer el bestia unos días antes por piedras con unas zapatillas desgastadísimas con más de 1500 km en su suela. Cada piedra que se clavaba me iba doliendo más, pero no pararíamos. Más de diez kilómetros de subida con un pequeño falso llano en mitad. El paisaje, igual de bonito que antes.

De repente estábamos en la carretera que une la Puebla de Don Rodrigo y Arroba, pero justo antes de llegar a ella, bajamos por un cortafuegos en lo que sería la parte final de nuestro recorrido, una sucesión de desniveles importantes hacia arriba y hacia abajo que no nos darían tregua hasta llegar, nuevamente al inicio de la pista que habíamos cogido al principio después de subir y bajar parte de la Sierra de Arroba.


Desde allí solo quedaba desandar lo andado, subir y bajar directamente a Arroba de los Montes para terminar con casi 31 kilómetros en las piernas, 1060 metros de desnivel positivo y 4 horas de monte para recordar.

A las 12:15 estaba de vuelta, ducha rápida y al campo, esta vez para comerme una fabulosa paella con amigos, amigas, churumbeles y mucha cerveza.


Paella by FELIPE

Si quieres ver la ruta completa en WIKILOC, pincha aquí.


10 may 2013

Teoría y praxis del BRIEFING


Sabemos que este blog se ha convertido en un referente en materia de urbanidad y por ello hemos creído adecuado proporcionaros algunas indicaciones acerca del modo en que debéis comportaros en ese acto social que os pone tan nerviosos. Como los españoles ya no vamos ni a misa ni a los toros, la simple idea de encontrarnos en un recinto cerrado con otras personas sin tener en nuestras manos una pancarta o un silbato hace que nos entre un cosquilleo incómodo. Así que vamos a ello.
¿Qué es esto?
Un briefing es la charla técnica que nos dan antes de una carrera, en nuestro caso por la montaña, el campo o el puto monte sin más. Los hay de varios tipos. El más rudimentario es el que di yo mismo el otro día en la In-Fernán Caballera: me subí a un banco de la plaza del pueblo y dije cuatro cosas bien dichas, se me olvidaron otras tantas y al final tuvo que subir Quique a hacer algunas correcciones y a completar la charla. Comportarse en estos casos es muy sencillo: basta con escuchar con media sonrisa y, cuando el pollo acabe, darnos la vuelta con un “aaarrea…” o un “adioslaluz”. El problema son los otros, esos que tienen lugar la tarde de antes cuando retiras el dorsal y te meten en un sitio tipo cine con butacas e incluso sacan un ordenador (sí, amigos, los famosos medios audiovisuales) y te enseñan una bonita presentación con todos los datos relevantes, los que ya están en el reglamento que se supone que hay que haber leído y algunos nuevos: “cuidado con la bajada del ahorcado, que parece que tiene piedra suelta”, “el último mapa dice que va a caer la de dios es cristo”, “no tiréis papelicos al campo”, etc.
¿Cuál es el problema?
Si no sabéis cuál es el problema que aquí se plantea es que o bien no habéis ido a uno de estos briefings, o es que vosotros ya tenéis buena pinta de serie. Los demás ya conocéis la sensación de comprobar que eres un mierdaseca a la vista de tanto cuerpo atlético o enjuto. ¡Claro que no les veis en la carrera! ¡Es que no coincidís con ellos ni siquiera en la salida! Y frente e a ellos, tú. Sí, el mismo que salía el jueves y llegaba el domingo, el que un buen día se astragó (normalmente coincidió que tuvo descendencia) y empezó a correr. Dos sensaciones alternativas recorrerán tu mollera: la de que te miran tanto porque están pensando en echarte a una cazuela y la de que vas necesitando desenroscar la boina una vueltecita más. Pero descuida, que CxC sección enseña y divierte te ayudará, si no a pasar desapercibido, sí al menos a moverte con algo parecido a la dignidad. Y para ello lo primero es conocer al enemigo.
Paisanaje (propuesta de sistematización)
Este es el primer tipo: el enjuto cuarentón. No es muy alto pero se le ve fuerte y recio. No le sobra de nada, especialmente pelo, porque o bien es calvo o está muy rapado. En el vestir es sobrio pero acertado: llevará una segunda capa de marca cara pero que se ve usada, preferentemente con el símbolo o el nombre de algún club, aunque también puede ser de la selección andaluza o balear de carreras por montaña. Pantalones de montaña caros, sin atajos. Zapatillas de correr por el monte limpias, aunque se las ve pateadas: preferentemente salomon speedcros y nunca unas asics porque, claro, son para gordos. Y todo eso de vivos colores. La conclusión es que viene a esto, sí, pero probablemente también vaya a comprar de esta guisa a Ahorra Más. De este tipo en CxC tenemos a uno.
El segundo se parece al anterior: de hecho, podría ser él mismo pero quince o veinte años atrás. Tiene pelo, probablemente largo y, los días especiales, rizado a lo 11811. El outfit anterior le parece convencional, así que además de risas y seguridad en uno mismo lleva ropa de tienda de skater, más o menos lo mismo que utiliza en temporada cuando se acerca a Pirineos a hacer snow. Pero, ay amigo: de aquí a diez años todos calvos y te veo con las speedcros. Y volverás a los esquís.
El tercer tipo es el triatleta que está probando. Parte del primer tipo pero le saca una cabeza y media y varios palmos de envergadura. Tiene unas espaldas que no le caben en el cuerpo, el culo duro como una piedra y no le gusta la ropa excesivamente llamativa: la atención ya la llama él, si eso. Está serio y concentrado porque no viene aquí a hacer el capullo, ni a perder el tiempo ni, mucho menos, a hacer snow. O gana o le dará un pajarón.
La solución
No te preocupes. Siempre puedes ir al briefing disfrazado de portero de balonmano, es decir, con un buen chándal de paño y una sudadera de roky balboa gris, ambas prendas tala XXL (como Quique); o vestido de entrenador de fútbol 7, categoría alevín, con un anorak de esos que te hacen como una bola (como Jorge); o vestido como si vinieras directo de los billares, ya sabéis, vaqueros, parte de arriba de chándal de cremallera y zapatillas para salir volao (como yo, excepto por lo del chándal, que me da corte); o vestido como un entrenador de baloncesto del Dinamo de Zagreb (como Paco Vargas), o con lo último de Decatlón (esperemos que sea el próximo Príncipe de Asturias del deporte). Vayas como vayas, eso sí, míralos bien a todos para ver si se te pega algo y en esta carrera, por lo menos, intenta no llegar el último. Siempre puedes amenazar al penúltimo con agredirle físicamente si no se deja adelantar (como haría otro CxC, por cierto).
Y dicho esto, cierro que salgo disparado a ver si llego al briefing de la maratóimitja. Vamos Jorge y yo, y acompañamos a Ricardo, amigo cabezón, y a Manu, que parece dispuesto a dar muerte al falso metal en cuanto den la salida.
PD: en la próxima contribución de CxC-Urbanidad, cómo comportarte en el vestuario después de una carrera de montaña.