11 jul 2013

I Gala Ensilatoria "Circuito Trail Pirata Ciudad Real"

Señoras, señores, seres en general: Ayer por la noche no quedamos a correr. Esta vez no.

Pero quedamos y muy bien quedados. 

Lo que fue una tímida convocatoria a través del grupo de WhatsApp "Circuito Trail Pirata de Ciudad Real" se convirtió, sin esfuerzo ni billetes de por medio, en una agradable reunión con vituallas líquidas y solidas que fueron ensiladas convenientemente en un abrir y cerrar de ojos.

Estuvimos casi todos: Los Quijotes (Toty, Iván, José Luis y LuisMi), el Minero Abilio, los Bomberos (Miguel Casado y Javi), el Churriego Miguel Martín, el Gran Marín, el Implacable Nicco y casi todo el glorioso CxC (los históricos Luis, Jorge y Ramón, nuestra liebre Juan Carlos, incluso Paco, así como las nuevas incorporaciones, Miguel Ángel y David "Guti". Bueno... y el menda lerenda). 18 cuerpas en total.


Eran las 21:30 cuando empezamos a llegar a la Terraza Hierbabuena. Desde ese momento y hasta alta horas de la madrugada el comercio y el bebercio nos sirvieron de fondo para poder charlar un rato, recordar anécdotas de todas las carreras en las que hemos participado, pensar en los retos de la próxima temporada (Al loro, que hay alguno por ahí que está pensando en la Tor des Geants con sus 320 km y sus 24.000 metros de desnivel positivo) y, sobre todo, pasar un rato agradable entre amiguetes, una amistad surgida en la mayoría de los casos gracias a lo de correr por el campo.

Comimos y bebimos muy bien, nos reímos mucho e incluso nos acordamos de los que no habían podido venir, no porque seamos majos, sino para "joderles" un poco más diciéndoles que estuvieron presentes en la reunión pero sin catar nada de nada. Hasta brindamos por ellos. Una putada, vamos.

Aprovechamos la media noche para ser los primeros en felicitar a Iván por sus tiempazos en todas las carreras que ha disputado este año y porque el tío cumplía 38 añazos muy bien llevados (y muy rápidos). Hasta Paco cumplió años (éste 40 y un poco más lentos, ritmo CxC).

Después, chupitos, chascarrillos, copas, más chascarrillos y muy buen ambiente hasta alta horas de la madrugada. Hasta mantas nos tuvieron que dejar de lo fresca que se quedó la noche a ciertas horas. El que quiera saber la hora concreta a la que terminamos, que se hubiera quedado...

CxC, ensilando desde siempre.

8 jul 2013

GTP2013. Hecho está. (Por Ramón, "El Lidl")

Terminamos (creo) esta saga del GTP con la crónica de Ramón, nuestro Lidl, una crónica desde el pasado hasta la meta de 2013.

¡Ahí va!

Por el Collado del Piornal (Foto: Kataverno.com)
Me niego a buscarle explicación a enrolarse en algo como el Gran Trail de Peñalara. Hacemos cosas a diario mucho más ridículas, absurdas y temibles sin tratar de buscarles motivos o méritos. ¿Por qué en el tema ultrero nos compelen u obligamos a dar explicaciones metafísicas? Cuestión de convencionalismos, creo.

          Además, en caso de buscar motivos, acabarían siendo una excusa barata para decir que lo hacemos porque nos apetece. Y, total, tampoco llegaríamos a ser entendidos por los que no quieren entender. En conclusión: Lo hacemos porque nos sale de los cojones.

El caso es que afrontar 110 y pico km no se hace todos los días. Pero se hace y punto. A mí se me cruzo la idea en la primera edición del GTP, en 2010. Cuando era un imberbe corredor que se creía que, por haber terminado los 101 de Ronda en 18 horas, con un escasísimo entrenamiento, me podía permitir cualquier cosa. No sabía lo que era la montaña de verdad, las zonas técnicas, los desniveles acumulados. No sabía lo que quemaba lanzarse sin control en las bajadas. En definitiva, era un capullo.

Como no podía ser de otra manera me retiré en Rascafría, km 55 y pico, con bastante dignidad física y temor reverencial a la subida de Peñalara anocheciendo. Pude hacer más pero hice bien. Es decir, acabé mi primera edición con éxito: Descubrí la montaña, disfruté de paisajes espectaculares (aún tengo viva la imagen de ver amanecer bajando La Maliciosa) y, especialmente, dejé de ser un capullo atrevido.

Al año siguiente, edición del 2011, me inscribí a conciencia. Sabía a lo que me enfrentaba, incluso fui a un entrenamiento guiado para conocer la Cresta de Claveles y la bajada de Peñalara a La Granja. Ya conocía todo el GTP hasta el km 80. Me faltaba acumular kilómetros en solitario (aún no era un CxC, es más, CxC aún no existía) y hacer uso de mi cabezonería y reconocido individualismo psicopático para afrontarlo con ciertas garantías.

Al final, por motivos personales, no pude casi entrenar ni afrontar la prueba. Es más, un domingo por la mañana cuando me dirigía a uno de los entrenos guiados (quería conocer el último tramo de la prueba) tuve que volver con urgencia a casa.

La Sierra de Guadarrama ya no era sólo cuestión de ocio, ni de reto deportivo. Empezaba a erigirse como una traba personal que no me dejaba ser del todo libre. Puede parecer ridículo, pero nuestra cabeza hace asociaciones de ideas de forma involuntaria que por mucho que queramos es difícil cambiarlas.

Durante algunas semanas pensar en poder afrontar aquel GTP era pensar que mi vida transcurría con bendita monotonía y tranquilidad, pensar en que algunas cosas no sucedían.

Como he dicho, mi balance del GTP2011 fue “no presentado”. Y, contradictoriamente, el GTP se incrustó en mi imaginario personal. No puedo decir en este caso que me hiciera más fuerte, ni mejor persona. Simplemente había que continuar.

Después de muchos avatares, y estar bastantes meses sin correr, lo retomé a mediados de ese mismo año, agosto de 2011, por la Vía Verde de nuestra casta y pura Ciudad Real. Hacía 4km 400m hasta el final de la misma, y me tenía que parar para estirar el cuerpo abotargado por la inactividad y el calor antes de afrontar la vuelta.

En un mes el GTP y otras cosas habían pasado al olvido y ni siquiera sacaba fuerzas para volver a La Atalaya, un lugar preferido, el único monte que tenemos por Ciudad Real para entrenar cuestas, senderos y pedregales.

A finales de ese verano, no sé muy bien cómo, me convertí en Líder (¿?) del Club Deportivo Elemental CorriendoporelCampo.

Un engendro aún en ciernes al que sometí mis canillas y trillizos por el único motivo de no saber decir que no a nada, porque si me lo hubiera (o hubiese) pensado bien quizá… Quizá…

Entendí que la principal condición del Líder de CxC debía ser asimilar los insultos y despechos de los novatos corredores con una sonrisa. A veces dudaba, incluso, de sí los improperios contenían una mínima dosis de cariño y/o afecto, pero qué diablos, no salía tan caro.

Comenzamos a descubrir los montes cercanos a la capital. Los CxC fundadores comenzaron a estilizarse y a descubrir el poder de sus cuerpas, y el Líder a redescubrir mens y corpore con el añadido de “estos patanes no pueden correr más que yo”.

La simbiosis me produjo más dolores de cabeza alcohólicos postentreno que agujetas y, también, la renovación de objetivos.

Superando retos menores llegó el momento GTP2012. Jorge, Luis y Quique se matricularon en el hermano menor de 60km con acierto. El Líder se calentó, iba de subidón y tantas ganas le tenía al GTP que volvió al 110.

Como suele suceder en esto de correr, mi entusiasmo sin control terminó en lesión de la cintilla ilotibial izquierda. A pesar de ello mi estado físico era bastante bueno y con unas rápidas e insuficientes sesiones de fisioterapia me puse en la salida del GTP2012 versión bestia.

Lo que tenía que pasar: Retirada en La Granja, km80, tras penar como nunca durante 30 km, aguantando el dolor, sobre todo en la bajada de Peñalara.

Aún así, llegué antes del cierre de control de tiempo al km80 y me convencí de unas cuantas cosas: i) Sin lesión y siendo prudente esto de los cientodiez se acaba, coño (aún no sabía lo largos que se hacen los treinta km finales) ii) Por muy fuerte que estés, o te creas, hay que cuidarse de las debilidades por mínimas que sean, si no todo se puede ir al traste. iii) No es bueno tirarse (con perdón) a la montaña por despecho, orgullo o cojones (válgame qué bonita palabra). Al menos hay que poner la satisfacción delante de todo ello.

Salto al 2013. Por fin parece que la cintilla ilotibial está totalmente recuperada gracias a los consejos y recomendaciones de Toty Moraleda. Pero los avatares del año, y el Secretario del CxC, me han llevado a tener dos ultraretos en 20 días: el medio Ironman (Buitrago del Lozoya, también en la Sierra de Guadarrama para no ser menos) y el GTP110; el 8 y 27 de junio respectivamente.

Mis compañeros de club me dijeron que era mucho y que me iba a dar algo. No les faltaba razón. En todo caso, decir que me extrañó verlos impregnados de prudencia (algo que no está recogido en la definición del CxC reglamentario)

Realmente, pienso que no tenían miedo a quedarse sin Lidl (ya he quedado en un Líder de marca blanca) sino que temían que yo pudiera (o pudiese) ser más cerril que ellos.

Tras estudiar planes de entrenamiento por separado de medio ironman y ultratrail, y comprobar que eran totalmente incompatibles, me decidí a hacer ambas cosas. Qué cojones (otra vez) ni siquiera tengo tiempo para seguir como Dios manda el plan del medio ironman, pues ya puestos…

Mi instinto y autoconocimiento (sic) me indicaron que entrenando bien la natación, la bicicleta lo que pudiera y alternar salidas de trail con los CxC y los del Trail Pirata me valdría. ¿Sería otra vez preso de mi megalomanía o, por fin, estaba haciendo las cosas bien?

Pues vamos a saldar cuentas con la Sierra del Guadarrama.

En Buitrago del Lozoya conseguí acabar mi primer medio ironman en un decente tiempo de 6h 21’. No me ahogué y sólo bebí unos 5 litros del embalse de Riosequillo (éxito absoluto) Aguanté sobre la bicicleta lluvia, granizo y 1.150 m de desnivel positivo con rampas hasta del 9%. Aguanté y me arrastré en una media maratón (6’28” de media total por km) donde la mitad del recorrido era por caminos y otros 400 m de desnivel. Yo creía que esto del triatlón era más señorito, pero no. Me acordé de alguien que me dijo tiempo atrás por guasap: “un medio planchaman con cuestas, como le gusta a nuestro Lidl” La madre que lo parió. Y más a mí por hacerle caso en algo. Terminé bastante vacío pero satisfecho. Tocaban cuatro días de descanso, diez para afinar el tema trail y otros tantos de relax. La cintilla bien, gracias.

Navacerrada. ¿A la cuarta irá la vencida? Obviamente, si hubiera/ese pensado en planes de entrenamiento y cosas técnicas no habría salido.

Me limité a ponerme a mi lugar, cosa que no es tan fácil de hacer, y pensar sólo en mis circunstancias: No me duele nada. Me ha dicho mi Chamán que mi cintilla aguantará sin problemas. Soy duro de mollera aunque tuerza el gesto. Estoy mucho más fuerte que cuando hice 80km el año pasado. Voy bien acompañado. Se sale de noche. No hay previsión de inclemencias meteorológicas.

Mi único miedo era el cansancio acumulado, esa fatiga que conoce el corredor de largas distancias. Esa puñetera fatiga que no da la cara pero te mina poco a poco, y si aparece de golpe te deja seco. El medio planchaman me había dado seguridad y moral, pero quizá me hubiese quemado más de lo que creía y habían pasado sólo 19 días; y entre medias mi estado cerril me había llevado a hacer el duro 10K de Piedrabuena en 44’.

Ese era mi miedo, pues uno de mis errores es que en la búsqueda de confianza hago más de lo que debo. Bueno, y había otra cuestión: ¿Tres CxC cada uno de su padre y de su madre juntos durante más de 24h? ¿Un psicorunner solitario como yo rodeado de cuerpas ensiladoras? ¿Nos inflaríamos a ostias? ¿Quién sobreviviría?

El resultado fue una gestión de los kilómetros improvisada pero casi perfecta. Como buena teoría de los vasos comunicantes, cuando uno estaba seco el otro se fortalecía. Cuando uno tenía desánimo salía uno optimista. Sólo hubo un momento de vacío total, antes de la Casa de la Pesca, cuando los tres pensábamos en todo lo malo a la vez, cuando la retirada o el fuera de control fue una sombra que empezó a tomar algo de cuerpo aunque nadie lo mencionase.

Creo que ha sido el único momento en todo el GTP en el que ejercí de Lidl al gritarle a Jorge que corriera, cuando yo ni siquiera podía (cuádriceps sobrecargados desde Rascafría) para así comernos volando los 2km que quedaban hasta el siguiente avituallamiento sin darle vueltas al coco.

Quitado ese momento, y a pesar del penar excesivo de los últimos 20km, todo fue lo mejor que pudo. Me dio rabia frenar al grupo por momentos, pues apareció la fatiga acumulada en mis cuádriceps, que sobrecargados desde antes de lo debido impidieron correr algunos tramos que hiciesen más llevadera la última noche y ganar algo de tiempo. Aunque, quizá, esa fuese una señal positiva para regular el ritmo y no reventar al final en el intento de bajar de 26h. Qué sabe nadie.

27 horacas 11 minutacos tienen difícil resumen: El gusto de correr acompañado como si fueses sólo. Las putas piedras. Hilera de frontales al cielo de La Maliciosa. Patadas a las putas piedras. Amanecer sin saber cuándo ha pasado la noche. Resbalones. Culadas. Qué bonito está el campo. Aniquilar avituallamientos. Nada de sueño. Chuminolas de cafeína. Rodillazos a las putas piedras (tengo un moratón en la tibia digno de estudio, con forma de menhir el majete) Recuerdos de getepés anteriores. Éste lo acabo. ¿Cuánto queda? El puto Lidl que no puede correr. La madre que parió la Casita de la Pesca. Catarsis. Luis habrá hecho ya los 60 con el miembro. Dolor en los cuádriceps. ¿Otra vez de noche? ¡Amos coño! El bilbaíno que nos orientó la bajada. Rumiar a fuego lento la llegada. Tortura psicológica. Navacerrada, ¡ostias! Meta. Sentirse libre de uno mismo.

No diré mucho más del GTP2013 (bastante rollo va) pues nada mejor puedo añadir a las dos crónicas previas de Quique y Jorge. Y porque me siento incapaz de reflejar las sensaciones que se viven en un reto de estas características y, como decía Jorge, las pequeñas historias personales que cada uno guarda dentro.

Sólo os aconsejo que miréis las caritas y los ojos de los tres CxC en la foto de meta.

Nunca veréis tres miembros juntos con la mirada tan limpia.
Foto de Kataverno.com

3 jul 2013

Algunos datos (CxC, concretizando crónicas desde 2013)

Tres tontos muy tontos hacia Navacerrada
En su afán por hacer llorar a nuestros queridos lectores (a los tres) al muy querido Jesús Enrique quizá -solo quizá- se le han podido quedar en el tintero algunos datos curiosos, alguna anécdota, algún bosquejo quizá de cómo fue la carrera esa que llaman Gran Trail de Peñalara 2013 gracias a la cual tenemos en casa los chalecos más caros y más molones de nuestras vidas.
No pasa nada, amigo, aquí el secretario al rescate, ya te pagarás algo, prenda.
Para empezar, decir que la gesta se nos fue de las manos en lo relativo a duración. ¡Y de qué manera oigan! 27 horas y 11 minutos marcaba el crono de la plaza de Navacerrada cuando los tres mochuelos andrajosos del CxC tenían a bien acabar la aventura. ¿Se puede estar 27 horas moviendo la patata y aguantando a un miembro (con perdón) de tan vituperable club? Demostrado queda que sí. Además Quique sólo tuvo que ofrecernos sendas hostiejas al lidl y a mi en tres ocasiones. No está mal, sale a ofrecimiento cada casi cuarenta kilómetros.
Luego está lo de las piedras, las piedras, las piedras, las putas piedras de los cojones, las piedras. Creo que en 27 horas no hubo un sólo instante en el que no hubiera pie de CxC que no estuviera apoyado sobre el pico de un piedro serrano. Ahora mismo, mientras escribo esto, lloro de felicidad con los pieses sobre las chanclas mientras el aire acondicionado mima cada centímetro de piel.
Más datos: 5. Es el número de veces que el menda casi da de lomos con el suelo en la bajada de la Morcuera (o Morcuese, chiste que me valió la reprimenda de mis compañeros de aventuras en reiteradas ocasiones. Soy un incomprendido). Esa bajada, de noche, no está hecha para ciudarrealeños, por muy indómitos que sean. Queda dicho. Avisados estais.
Datos absurdos: 2.000 mililitros de caldo al menos nos ensilamos cada cual durante la carrera y no siempre calentico ni apetecido. Cuestión de alimentarse.
Y aquí haré un receso para instroducir una: “Divagación prescindible”. El ultrero no come, ensila, se alimenta, ¡con lo que sea  y en el orden que sea! Me he visto con las manos llenas de gominolas, tragando caldo frío para bajarlas; bocata jamón regado con isotónica de dudosa procedencia “¿Quieres naranja?” “¡Coño, claro!” y sigues con el jamón. A mi en un avituallamiento de un GTP de esos me ofrencen un chupito de cicuta y me lo ventilo.
En fin, perdón.
Volviendo a los fríos datos: 9, señores 9 horas tardamos en hacer los 30 últimos kilómetros. Echen cuentas. La risión.
57 fueron las veces que del kilómetro 90 al cien preguntamos el Lidl y el menda a Quique eso de “¿Cuánto queda para el próximo avituallamiento?”
En los últimos diez kilómetros lo preguntamos al menos cien veces. Gracias, Quique, por no gastar tus escasas fuerzas en hostiarnos como nos merecíamos.
Dos veces, dos, tuvimos encuentros inesperados y emotivos, los dos en el Polideportivo de Rascafría. Primero Miguel y su señora, ¡dos santos! Ayudaron hasta hacernos pasar verguenza por estar ahí tirados en el sueño. No saben lo que se agradecieron los cuidados. La otra, la presencia del gran Manu, Manuwar, su abrazo en mitad de carrera nos levanto el ánimo. Ese fenomenal cacho de carne es más CxC que muchos de nosotros y siempre nos traslada buen rollo ultrero. Estamos tardando en montarle un homenaje o algo.
Debo insistir en algunos datos que no por conocidos dejan de tener su importancia: 115 kiómetros (más o menos tampoco vamos a ser quisquillosos a estar alturas), 5.000 metros hacia arriba, 5.000 hacia abajo.
Me van a permitir que mi historia personal me la guarde para mi, pero si les interesa ahí, en algún lugar del GTP2013, quedaron cerradas heridas de mi vida que tienen que ver con un tumor ya olvidado y me di cuenta de cuánto puede ayudar saber que hay una familia ahí, esperando, sabiendo que el menda lo va a dar todo en cada aventura que empiece, termine en Navacerrada, pagando una hipoteca o pintando la puta valla de la entrada (uf, qué caro me va a costar este último comentario).
Por cierto que el resto de CxCs, incluyendo algunos fichajes que ya están tardando en pagar la inscripción, lo dieron todo para merendarse el GTP 60. Se les quedó en un diente y ya andan pensando en subir la apuesta el año que viene. A mi que me esperen echaos.
Acreditación de Finisher: Medalla y Chaleco

GRAN TRAIL DE PEÑALARA: Una escuela al aire libre

Fotografía de KATAVERNO

Ya somos ultreros, pero ultreros, ultreros

Y es que nos hemos metido entre pecho y espalda (¿o debería decir entre pies y cabeza?) los 110 km del Gran Trail de Peñalara (GTP) y sus 5 km p’arriba y otros tantos p’abajo. Y, además, si nos fiamos de los GPS, la distancia que hemos recorrido ha sido mayor de la que sale en los papeles. Y no un kilómetro, ni dos. A mí me salen entre cinco y siete kilómetros más. Y puede ser que el chisme falle, pero tanto… Cada vez que llegábamos a un avituallamiento tocaba el botón de “lap” (vuelta) y el siguiente nunca estaba a la distancia que tenía que estar. Siempre estaba más allá. Así que, como poco, somos ultreros de más de 110 km, que se dice pronto.

No sé qué contaros, ni si hablaros de lo que sentí al salir o al llegar, cuando subía o cuando bajaba. No sé si hablaros del espectacular paisaje nocturno desde la cumbre de la Maliciosa (2.227 m) o de la impresionante vista desde los caprichosos bloques de granito de la cresta de Claveles, en Peñalara (2.429 m.).

No sé qué os gustaría saber. No sé qué es mejor, si hablar de lo deportivo, de lo humano, del reto, de lo físico, de lo psicológico…

Mejor será no pensar demasiado y soltar lo que me va viniendo a la mente, aunque sea sin orden ni concierto. Quizá el correr largo por montaña sea eso. No pensar demasiado, sentir y disfrutar haciendo lo que haces.

Lo que hemos hecho es, para el 99,99 % del personal, una barbaridad. Y, sin embargo, hasta que no haces una barbaridad de este tipo no sabes a lo que te enfrentas. No puedes imaginarlo. No puedes visualizar una carrera con tantas variables desconocidas. No puedes saber cómo es una carrera con un límite horario de 30 horas, cuando nunca has corrido por encima de las 10 horas. No sabes lo que supone recorrer 110 km si solo has llegado a 63 como mucho, ni el esfuerzo que entraña subir y bajar un desnivel acumulado de más de 10.000 metros cuando solo has superado uno de 6.000. Tampoco se pueden comparar desniveles sin tener en cuenta el tipo de terreno que se pisa o la proporción entre el positivo y el negativo.

Y, a pesar de que nadie pueda imaginarlo sin vivirlo, es cierto. Al fin y al cabo lo que hacemos es una barbaridad, aunque no se sepa de qué tipo hasta que no vives cada uno de los momentos que se producen durante tanto tiempo y a lo largo de tanta distancia.

Por todo esto, este GTP ha sido, sobre todo, una aventura. Y, por suerte, ha sido una aventura con final feliz. Todos, los CxC (Ramón, Jorge, Juan Carlos y yo), los Quijotes (Toty e Iván) y el tito Iván Palero (cabesc) hemos llegado a meta. Además, nuestro Presi (Luis) y las nuevas incorporaciones CxC (Miguel y David) también pudieron con el TP60, terminando los tres con magníficas sensaciones. En definitiva, todos los que habitualmente nos juntamos para disfrutar corriendo por el campo en nuestra tierra podemos sonreír al saber que hemos superado el reto que nos propusimos hace unos meses. 100% de efectividad para los manchegos.

Y de todo lo vivido, lo andado, lo corrido, lo bebido, lo comido, lo visto y lo sentido me quedo quizá con todo lo que se aprende en una “locura” de este tipo.

Hoy le decía a Luis Arribas que después de correr el GTP soy un poco más fuerte.

Sé que soy capaz de estar en movimiento 27 horas y 11 minutos, recorrer más de 110 kilómetros, aguantar una noche entera seguida de un día entero, superar que te alcance la segunda noche en el tramo final, ésa cuya oscuridad se esfuerza en apagarte.

Hoy sé que mi fortaleza reside, sobre todo, en mi cabeza. También sé que es necesario entrenar el cuerpo para que éste pueda seguir sus dictados. Y que un cuerpo sin cabeza no llega a ningún sitio, salvo por casualidad. Que tu mente puede convertirse en un par de alas o en un pesado lastre.

También sé que puedes cruzar la meta tú solo y que, a pesar de ello, no podrías haberlo hecho sin los que tienes alrededor en el día a día, sobre todo los más cercanos. Cuantos ratos les hemos robado a nuestras contrarias y a nuestros churumbeles… Noches, días, festivos…

He descubierto que la meta no está al final del todo, sino en el propio camino, en cada metro recorrido. ¡Qué alegría da llegar! Quizá solo es alivio, pero es tan bonito el antes y el durante… Cuántos entrenos con los amigos, cuántas risas, chascarrillos, cervezas de postre. ¡Qué bien lo hemos pasado preparándolo! ¡Qué felices hemos sido en CxC durante todo este tiempo!

También sé que, a pesar de que los momentos malos están ahí, que también se viven y que te desesperan, todo pasa. Y que gracias a esos momentos malos, los buenos adquieren otra dimensión. Quizá mejor, quizá mayor…

Por eso, a pesar de todo y como casi siempre, he sido feliz en el GTP. ¿Qué más puedo pedir?

Y, además, he recorrido todo este camino con amigos, con gente que merece la pena, que me agrada, que la estimo, que la quiero, gente que es capaz de aguantarte durante muchas horas de alegría, pero también de sufrimiento. Gente que está ahí con independencia de que la veas o no, de que su ritmo sea mayor o menor. Al final sabemos que estamos recorriendo el mismo camino. Nosotros (Jorge, Ramón y yo) nos acordábamos de Juan Carlos y de Luis. Y ellos se acordaban de nosotros. Todos lo sabíamos. Todos lo sentíamos. Estábamos juntos. Solo nos habíamos separado para poder llegar.

También he aprendido que, donde menos lo esperas, encuentras a alguien que sin saber muy bien por qué, hace algo por ti como si te conociera más, mejor y desde hace más tiempo. Sin buscar nada a cambio, solo por ayudarte. En Rascafría me sentí arropado, ayudado, valorado y tratado con mucho cariño por un monstruo de lo del correr por el campo y por su mujer.

Quiero volver a correr, empezar de nuevo. Quiero seguir en CxC, que no se vaya nadie, que quien venga sepa que corremos para disfrutar antes, durante y después.

Quiero seguir creciendo y aprendiendo mientras corro por el campo.

Quiero más GTPes, se llamen como se llamen.


PD: Me he puesto más tierno que el día de la madre... Voy a llamar inmediatamente a Jorge para que haga otra crónica al más puro estilo "jorgiano" para meter esto en vereda.

26 jun 2013

Gran Trail de Peñalara: Grandes dosis de ilusión

56 horas para nuestro gran reto deportivo del año.

Sí, nos quedan poco más de dos días para que empecemos a darle a las canillas en el Gran Trail de Peñalara (por favor, lean "Gran Trail de Peñalara" con voz profunda y alargando las palabras para darle un tono más épico al asunto).

Quizá seamos osados, imprudentes, chalados, irrespetuosos y otras lindezas. Quizá lo somos por inexpertos corredores, por impúberes montañeros, por imberbes trail-runners. Por listillos y capullos, sin más.

Dice MAYAYO que la montaña es para quién se la gana, pero qué mejor manera de hacerlo poco a poco que correr un ultra magníficamente preparado, balizado, controlado, avituallado (¿se dice así?). 

Es cierto que son 110 km y que para recorrerlos tendremos que superar un desnivel positivo de poco más de 5.000 metros, bajar otros tantos, correr/trotar/andar por crestas a 2.500 metros de altitud, por montaña de verdad (no como esos cuatromiles americanos que tanto molan en los reportajes del Kilian, pero montaña en realidad y no los 1.000 metros mal medidos que tenemos en nuestra zona). Por otro lado, también es cierto que tenemos 30 horas para terminarla. Y que vamos con más respeto (que no miedo) que otra cosa, con una enorme incertidumbre y, a la vez, con una ilusión de pelotas.

El respeto y la incertidumbre se deben a la inexperiencia, a lo desconocido. Hemos corrido el TP60, la MiM, la Carrera de Montaña de Chiva, tiradas largas, muy largas, hemos tratado de hacer desnivel, pero jamás hemos recorrido 110 kilómetros seguidos, ni hemos acumulado de una vez 5000 metros de desnivel positivo. Con independencia de ritmos, no sabemos qué será de nosotros a partir de las 10 o 12 horas de esfuerzo. ¿Cómo reaccionaremos? ¿Nos dolerá algo? ¿Habrá algo que no nos duela? ¿Cómo se comportará nuestro estómago si la digestión de todo lo ingerido se realiza en marcha? ¿Cómo afrontaremos una noche entera por un terreno absolutamente desconocido? ¿Cómo se comportará nuestra cabeza?

¡Ay, la cabeza! Cada uno de nosotros tiene un cerebro (o casi) que funciona de forma distinta. 

Tenemos la inflexible cabeza de Luis, esa que ésta vez, habiéndose puesto como meta el TP60, le hará llegar entero y contento a Navacerrada después de recorrer 60 km desde Rascafría que le van a saber a poco. Estamos convencidos de que la va a hacer con el rabo la gorra.

Por otro lado tenemos la inescrutable cabeza de Ramón, esa que no demuestra jamás un signo de debilidad, esa que, a pesar de ser su coraza de trail-running, también puede llegar a ser un peso extra que debe acarrear. Es Líder (para nosotros "Lidl") y lo seguirá siendo antes, durante y después de llegar a Navacerrada con 110 kilómetros en las patas.

También tenemos las peligrosas cabezas de Jorge y Juan Carlos. Se juntan en ellos la competitividad, la fuerza y, en iguales proporciones, los nervios y el miedo a lo desconocido. Ellos mismos son sus peores enemigos. ¿Serán capaces de frenarse para poder darlo todo? ¿sabrán medirse y darse cuenta de que tienen todo lo que hay que tener para superar el reto? Seguro que sí. Eso también lo han entrenado. Juan Carlos saboreó en la TBA, por fin, una pájara y Jorge se aguantó en Penyagolosa sus ganas de correr. Eso los ha convertido en mejores corredores.

Y... mi cabeza, una cabeza optimista y obstinada que puede ser, en ocasiones, ingenua y cerril en exceso. Siempre pienso en lo positivo, siempre creo que es posible, que podremos, que seremos capaces, que lo que hemos hecho hasta ahora está bien hecho. Pero, estos últimos días, cuando me acuesto, ya no sé si es verdad o solo es lo que yo quiero que sea. Menos mal que, de momento, en mi cabeza siempre puede el más y no el menos.

Todo lo iremos viendo el viernes y el sábado por la Sierra de Guadarrama.

Hasta entonces, más que de carbohidratos -que también- vamos cargados de ilusión y ganas de pasarlo en grande en la montaña. Lo demás, ya irá viniendo. 

6 jun 2013

QUIXOTE LEGEND TRAIL CHALLENGE

Este año, con lo de querer merendarnos el Gran Trail de Peñalara, sus 110 km y sus 5.000 metros de desnivel positivo hemos tenido que renunciar a otras cosillas. Entre ellas, la Quixote Legend. Menos mal que nuestro delegado de CxC en Murcia, Daniel C. Real, ha ido a echar un vistazo y unos trotes a la última etapa de las tres que componen esta prueba. Se estrena, por tanto, como delegado y como corresponsal a partes iguales y nos regala esta magnífica crónica para ponernos los dientes largos y, como no podía ser de otra forma, animarnos para que el año que viene la hagamos entera, con sus 166 km y sus 7.975 metros de desnivel positivo.

Por cierto, como lo de CxC imprime carácter, el tío va... ¡y queda tercero en su categoría! 

Con todos Uds... la QUIXOTE LEGEND TRAIL CHALENGE vista por DANIEL C. REAL (CxC Murcia):

Sigo desde hace bastante tiempo este blog. Sus entradas son ingeniosas, entretenidas y siempre van aderezadas con pequeñas dosis del típico humor manchego (parecido al  inglés). Conocí a Quique, uno de sus miembros (con perdón), estando él de vacaciones cerca de mi ciudad, gran persona y no solo por el tamaño. Compartimos un entrenamiento por el monte y algo vería en mí (joven promesa) que adelantándose a otros clubes, me ofreció ser delegado en Murcia de CxC.

Qué ojo tiene el cabrito, tres meses después obtengo mi primer podium en una ultra de 51.5 km., por montaña.

Me ha pedido que haga una entrada sobre la carrera. Tengo libertad para hacerla como quiera, intentaré no blasfemar mucho en ella, sé lo religiosos que son los de CorriendoporelCampo. ¡¡Ay Dios!! qué responsabilidad.


El pasado día 1 participé en la Quixote Legend Challenge, una carrera de 51,5 km., y 2.800 D+ con salida en la localidad de Yeste y  meta en la de Riópar. Esta carrera coincide con última de la Quixote Legend Race Stages, prueba de 166 km., que se desarrolla por la sierra de Segura y Alcaraz y que consta de 3 etapas de 50, 64,5 y 51,5 kilómetros y 7.975 D+. Una carrera que recomiendo por su perfecta organización, señalización (ni aposta te perdías), sus increíbles paisajes y con unos voluntarios de 10.

Hasta última hora dudé sobre participar o no. Tenía muy reciente los 101 de Ronda y sólo había salido a entrenar 3 días, notándome muy flojillo, además, no tenía muy claro cómo volver a recoger el coche que dejaría en la salida. El asunto del coche lo solucioné contactando con Javier (que no conocía de nada), un corredor del Cex Cartagena que al igual que yo buscaba taxi en Riópar para volverse. Bastaron sólo 5 minutos para ponernos de acuerdo. Iríamos en su coche junto a Juanma, otro compañero suyo hasta la salida y para volver compartiríamos transporte. Con este tema solucionado no me quedaba más remedio que participar.

A las 5 a.m. me recogieron, nos presentamos y salimos de Murcia. Teníamos 2 horas de viaje que fueron muy amenas, hablando de temas muy variados... carreras, montañas y carreras de montaña.

A las 7 a.m. llegamos al polideportivo desde donde se daría la salida. Fuimos a recoger los dorsales. El mío me lo tuvieron que hacer artesanal debido a un problema con la inscripción y nos preparamos para salir. Mientras esperaba aproveché para saludar a Fran, un amigo y compañero de entrenamientos que participaba en la carrera larga, quedando al final en un extraordinario 7º puesto de la general.
Con mis compañeros del Cex Cartagena preparando la salida
Fran y yo minutos antes de salir
El día era perfecto, soleado y con una ligera brisilla fresca. La previsión era de calor durante la carrera, pero por si acaso se equivocaban yo salí con camiseta térmica de manga larga debajo, aguantando así hasta el final (reconozco que soy un pelín friolero). Y a las 8 en punto, la salida.

Tras un breve paseo por las calles del pueblo encaramos la primera subida facililla y cuando empieza la bajada, ya por senda estrecha y con abundante vegetación empiezo a alucinar con el paisaje. Mires donde mires es todo bonito, a lo lejos se ve algún pico, valles, árboles, verde... son unas vistas increíbles. Un par de tropiezos me hacen volver a mirar donde debo.
Lo que me hizo tropezar
Un poco de llaneo al llegar abajo (aquí, km.5, me adelanta Juanma, a Javier casi al principio ya le perdí de vista) y se comienza a subir otra vez, primero por un tramo de asfalto atravesando Boche, luego por pista y después por senda.
Saliendo de Boche
Tengo 8 kilómetros de subida y ya en el primero no me encuentro cómodo, aún llevando los bastones me noto falto de fuerza y se me empieza a cargar la zona lumbar. Lo largo y empinado (c.p.) no se me da muy bien. Con más esfuerzo del esperado y tras pasar por  Moropeche llego al final del ascenso comenzando ahora una cómoda bajada por pista en la que se puede correr a buen ritmo que me llevará al avituallamiento del km.21. Avituallamiento que es bastante completo habiendo casi de todo, incluso yo que soy de poco comer, lo aproveché. 

Miro el reloj, 3h20', hago un rápido cálculo y me salen 7 horas y pico de carrera, pero no me quiero obsesionar con los tiempos y decido no volver a mirar el reloj hasta la meta, además me quedan todavía dos subidas fuertes y las reglas de tres aquí no funcionan. Recargo bidones, me como medio bocadillo de jamón con queso, varias partes de naranjas y salgo caminando en busca del pico de Argel. 

Voy subiendo por una estrecha senda con piedras sueltas que va pegada a un riachuelo y a una gran pared de roca. Voy solo y únicamente se oye el ruido relajante del riachuelo. Me está costando más que la subida anterior, me duele la espalda y no camino a buen ritmo. Se me acercan por detrás, una corredora educadamente me pide paso, va acompañada de un corredor, se lo cedo y mientras me adelantan nos saludamos los tres, ella va de rojo y el de naranja. Dejo el sendero estrecho y salgo a una enorme pradera. Es llana e intento correr pero me cuesta muchísimo. Si en llano no puedo correr mal vamos, pienso.

Me obligo a hacerlo alternándolo con caminar. Me adelantan otros dos corredores, ambos van de rojo y uno de ellos lleva una chaqueta azul atada a la cintura, nos saludamos y enseguida me dejan atrás. La pradera termina y se empieza otra vez a subir. Ahora todo el trayecto se hace por rocas con bastante desnivel, al fondo ya veo el punto de control que está en la cima, km.28.

Un poquito de esfuerzo más y por fin llego. Descanso unos instantes y mientras, el “simpático” voluntario del control nos señala a lo lejos el siguiente pico a subir, el Padroncillo, yo sin prismáticos casi no lo veo, está a “solo” 14 kilómetros de ahí.
En el Pico Argel
Bajada un poquito técnica al principio pero después se llanea por camino. Me he recuperado bien y puedo correr con soltura otra vez. Empiezo a  descender por sendero, el paisaje sigue siendo muy bonito y según me acerco al nacimiento del río Mundo la vegetación se hace más frondosa. El nacimiento a esa hora está lleno de gente pasando el día, familias enteras que según te ven, primero se sorprenden y después te dan ánimos que se agradecen.

Queda poco para el siguiente avituallamiento y último que está en el km.39, la pista por la que corro empieza a picar hacía arriba y me pongo a caminar. Las familias siguen pasando y saludando. Al fondo veo llegar a otra, cuando estoy a su altura me saludan y uno de los hombres que van me acompaña unos pasos dándome ánimos e informándome de lo que queda hasta el avituallamiento. Me dice que me conoce por mediación del blog de CxC, le miro alucinado y según me alejo le pregunto cómo se llama, soy Cabesc, me dice, y sí, yo también le conozco de lo mismo, muy majete este Cabesc. Sorprendido es poco como me quedé, no solo de encontrarnos sino de que pudiera reconocerme y más en mitad de una carrera.

Llego al avituallamiento, muy completo también, que está situado a los pies de la subida al Padroncillo. A esta altura ya sé que la carrera esta hecha y cada vez me estoy encontrado mejor. Mientras doy cuenta de varías lonchas de jamón y queso miro hacía las antenas de la cima donde está situado el siguiente punto de control km.42, ¡¡La Virgen!!, creo que me va a tocar sufrir otro poquito hasta llegar ahí.
Reponiendo fuerzas antes de la última subida
Comienzo la subida. A mi izquierda sigo admirando el bonito paisaje de esta sierra. En la pista por la que voy hay varios árboles caídos, tienes que saltar o bien pasar por debajo. Vuelvo a mirar hacia las antenas, aún están muy lejos, pero si la subida sigue por aquí no tendré mucho problema.

¡Para qué hablaré!, se deja la pista y se empieza a subir en vertical, los bastones casi molestan más que ayudan. En poco tiempo me alcanzan varios corredores poniéndose en fila india detrás de mí, les voy retrasando. Me paro a beber y les dejo pasar pareciendo que he parado por el agua y no porque yo vaya justito de fuerzas (uno tiene su orgullo). Como imaginaba, estoy sufriendo un poquito. Me alcanza otro corredor, va con problemas de rodilla, le ofrezco radio salil y subimos juntos charlando sobre zapatillas minimalistas. Un tramito de pista y otra vez campo a través pero ya con el desnivel mas suave. Pisando por rocas y piedras llegamos al control.
Al fondo Riópar
Al fondo se ve Riópar. Nueve kilómetros para la meta y bajada muy técnica los primeros tres kilómetros, nos comenta la chica de la organización. Me vuelven otra vez las fuerzas, le ofrezco mis bastones al compañero con problemas en la rodilla pero me dice que va bien. Hay que bajar cresteando por rocas y yo sigo alucinado con el paisaje.
Lo que llevo cresteado. Al fondo, las antenas del Padroncillo
Estoy deseando que pase esta zona técnica para poder correr. 400 metros y se acaba, me dice otro voluntario con el que me cruzo. Guardo los bastones y al poquito el terreno mejora considerablemente. Cartel del km.45, voy corriendo por una senda y me encuentro a dos compañeros, van de rojo y uno de ellos lleva una chaqueta azul atada a la cintura, ¡hostia, si son los del km. 25 de la pradera!, me ceden el paso y me animan. Empiezo a llanear, voy a muy buen ritmo, 5’-5’20’’  (sí, para mí esto es muy buen ritmo). Van pasando los kilómetros sin cruzarme con nadie más, atravieso un bosquecillo y salgo a un camino descubierto, estoy casi a las puertas de Riópar. Al fondo del camino donde empieza el pueblo veo a una pareja que va caminando, se paran en un riachuelo a refrescarse y les alcanzo, él va de naranja y ella de rojo,  nos volvemos a saludar otra vez 26 kilómetros después.

Estoy ya en las calles, no se cuánto queda y espero que la meta no esté al otro lado del pueblo, pero no, a escasos doscientos metros comienza un ancho pasillo balizado que me lleva directamente al arco de meta cruzándolo en 8h39’44’’, terminando con muy buenas sensaciones y sin ningún tipo de molestias y con el premio añadido de hacer podium quedando el tercero de mi categoría Master Masculino.

En la meta está Juanma, ha entrado 2 minutos antes que yo y Javier que lleva sobre hora y media esperándonos. Nos duchamos y vamos a recuperar fuerzas al comedor que ha habilitado la organización. Tienen gazpacho manchego, que entra de miedo (estos manchegos saben cuidarse). Tras comer e hidratarnos convenientemente y antes de llamar a nuestro taxi (la organización había puesto un autobús  pero bastante tarde) decidimos probar suerte y ver si alguien del pueblo nos puede llevar en su coche. Premio. Javier para a una chica y por una módica cantidad accede a llevarnos. Casi hubiéramos preferido esperar al autobús. No voy a decir que las mujeres conduzcan mal, ¡válgame Dios!, pero ésta sí. Dos adelantamientos al límite y tres forzadas curvas con una bonita caída al otro lado de la carretera nos los pusieron  de corbata. Al final llegamos sin problemas quedando muy agradecidos por el favor que nos había hecho.

Para la vuelta a casa el tema de conversación obviamente fue la carrera, mis compañeros del Cex Cartagena me dejaron donde me habían recogido y nos despedimos hasta la próxima. 

Gracias por todo Javier, Juanma y un placer conoceros.

Repetiré.

Un saludo a los lectores de este estupendo blog y a los corredores campestres en general.

La ruta de Calatrava


Una de las cosas que más me gusta de correr por el campo es diseñar el itinerario que voy a seguir. La confección de la ruta se convierte de esta manera en una parte muy importante de la actividad que, en lugar de reducirse a salir al campo a correr o a andar, comprende también una labor de diseño y programación.

¿Qué hace que una ruta tenga sentido? La ruta es desplazamiento y consiste en ir de un punto a otro. Una ruta es buena, creo, si la conexión entre ambos y la acción misma de ir desde el primero hasta el segundo tienen un fundamento, si hay razones para elegir esos dos puntos y para decidir unirlos físicamente poniendo un pie delante del otro. A Jorge esto no le interesa lo más mínimo porque, como todo el mundo sabe, es un ser abyecto incapaz de amar que sólo busca la rápida satisfacción que le proporciona machacarse el cuerpo a base de kilómetros. 
Observen el inquietante aspecto del sujeto
Como en otras cosas relacionadas con el correr, lo que he llegado a pensar acerca de este tema también resulta de lo escrito por Luis Arribas, en cuya opinión la historia nos proporciona con frecuencia buenas razones para decidir hacer una concreta ruta. A Quique también le gustan las rutas históricas y por eso querría unir Toledo con Las Navas o le hubiera gustado seguir los pasos de Napoleón. Pueden también encontrarse razones geográficas para hacer una ruta: la remontada de un rio o el recorrido de una sierra o cordillera. En algunas rutas el sentido surge de la voluntad de seguir un camino y en otras de la de iniciar uno nuevo. Hay ejemplos de estas y de otras razones en los proyectos de Sergio o Yoku.
La ruta de Calatrava reunía algunas de estas características. Sale del Castillo de Calatrava la Vieja, en el término de Carrión de Calatrava, al que tan unida ha estado parte de mi familia y, después de 60 kilómetros, llega al castillo de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey, en el mismo desplazamiento hacia el sur que realizó la orden a medida que la nueva frontera se consolidaba.  Los calatravos se mudaron porque, a pesar de los reveses, iban ganando la guerra o lo que quiera que aquello fuera. Pero al mismo tiempo, el desplazamiento lo fue también, en los mismos términos, de los que la iban perdiendo. Unir dos castillos, por tanto, y precisamente esos, era una buena razón. No peor que la de recordar que la Administración regional se ha deshecho de la gestión, entre otros, de ambos lugares, renunciando a cumplir las responsabilidades que les son propias. Por no hablar de que se trata de una parte de aquella otra ruta más larga que algún día haremos.
Ya tenemos los dos puntos y queremos unirlos. Ahora es preciso decidir por dónde vamos a ir y en esto entran los mapas y los caminos que en ellos aparecen. Porque resulta que los caminos de los mapas existen en la realidad y van precisamente por dónde en ellos se indica. Esa conexión entre la realidad del suelo y su representación en el mapa es lo que hace que éste nos atraiga y que sigamos los caminos con el dedo, imaginándonos a nosotros mismos en pequeñito desplazándonos dentro de las dos líneas paralelas. Del Castillo a Carrión por el camino de la ermita; allí cogemos el camino de Miguelturra; después el que baja hacia el sur, trazado como con regla, hasta la fuente del chorrillo; allí nos pegamos al cauce del Jabalón y continuamos hacia el sur hasta que lo podamos cruzar por alguno de sus puentes, que durante todo el invierno y la primavera han estado cubiertos por el agua y que todavía hoy siguen estándolo; del río hacia Aldea ya viendo al fondo la atalaya de Calzada; desde Aldea al castillo por un tramo de la ruta de don Quijote. Durante meses he estado mirando mapas y confirmando sobre el terreno que, efectivamente, lo representado existía.
Algun dia conquistare el mundo (sin tildes)
 Y disfrutando como un cochino en el barro, literalmente.

En alguna de esas escapadas se me ocurrió que podríamos organizar la ruta de Calatrava de forma que pudiéramos hacerla todos los que somos o estamos alrededor, con independencia de la condición física y de las aficiones de cada uno. Pensé que lo único necesario era seleccionar varias distancias y calcular los tiempos en que cada una de ellas se podría hacer andando, corriendo o en bici, con la finalidad de que todos llegáramos más o menos a la vez o dentro de un intervalo manejable. Al final, claro, unas migas reparadoras. De esta manera la ruta se convertiría en un proyecto deportivo, de conocimiento del entorno y de reunión de gentes a las que les guste, en grados diversos, el campo, la actividad física y las migas.
Pero todo se torció en la ejecución. Finalmente, en lugar de hacer una convocatoria con tiempo, avisando de las diferentes modalidades y horas de salida, me entraron las prisas porque tengo todos los fines de semana ocupados y veía que el asunto se iba a tener que retrasar hasta después del verano, así que de un día para otro lo pusimos en whatsapp y en fb y a las 6:30 de un sábado estábamos saliendo 12 zumbados del Castillo de Carrión (al campo, "asombrados al ver con cuanta facilidad habiamos dado principio a nuestro buen deseo..."). Algunos nos acompañaron sólo unos kilómetros porque estaban con un calendario de entrenamientos de esos serios, Miguel (Miguelturra) se vino 30 kms. y el resto (Jorge, Quique, Juan Carlos y yo) seguimos hasta el final. Realmente yo me quedé justo antes de llegar preparando la logística del tercer tiempo en VillaIsabelica, donde dan jamón ibérico con full recovery de ése. Los otros tres subieron al Castillo y golpearon la puerta con la cabeza.
Corriendo
Zampando
Andando
Recuperando
María y Raquel la hicieron en bici. En la zona del Jabalón se perdieron varias veces porque la mayor parte de los caminos están ocultos bajo la yerba que ha crecido como consecuencia de permanecer inundados durante semanas. Pero finalmente se hicieron 64 kilometrazos que a mí por lo menos me dejaron estupefacto.
Las 9 horas que nosotros estuvimos corriendo y caminando dieron para mucho entre risas, cansancio y satisfacciones. Probablemente fuera el último fin de semana antes de que el campo de la zona se terminara de agostar. Y sin embargo tengo la sensación de que la ruta se me ha escapado viva por no haber llegado a organizarla en condiciones. En cualquier caso, como diría aquel ilustre pensador español, no hay mal que por bien no venga: el año que viene así lo haremos y espero que se anime mucha gente en bici, corriendo o paseando. Ahora lo que toca es pensar en Peñalara y, el rato que quede libre, en qué otros dos puntos vamos a unir próximamente.
La ruta te la puedes descargar en wikiloc por tramos: primero, segundo, tercero y cuarto.