1 may 2015

Maratón de Madrid 2015. Una experiencia lejos del campo (por Carmelo García)


En CxC no somos mucho de maratones de asfalto, pero en ocasiones merece la pena darle a las canillas atravesando calles, avenidas, plazas y -en el mejor de los casos, parques urbanos- rodeados de edificios, semáforos y vehículos a motor.

Carmelo, el hermano de Miguel Ángel, nuestro corredor más hipster, quería enfrentarse por primera vez a la distancia mítica, a los 42 kilómetros y pico. Quería, simplemente, saber qué se siente al cruzar la meta. Por tanto, como su objetivo no era correr como si le persiguieran, quisimos acompañarle para echarle una mano si es que lo necesitaba. 

Esta crónica, como no podía ser de otra forma, es suya.

Gracias, Carmelo, por permitirnos acompañarte en tu primer maratón.






Maratón de Madrid 2015. (26.05.2015) 
Una experiencia lejos del campo.
Por Carmelo García. @sencilloxfavor  

Este fin de semana se ha celebrado el maratón de Madrid con 15000 inscripciones agotadas y 12043 finisher. El keniata Ezekiel Kiptoo Chebii repitió victoria con 2.12.00 -Ezekiel fue el primer atleta que bajó de 2.10 en Madrid- en una carrera dura, por el diseño del recorrido, por la lluvia y por el frío. (Por comparar, también hoy, el keniata Eliud Kipchoge se quedó con la Maratón de Londres con un tiempo de 2.04.13)

Quique, David y Miguel Ángel, dispuestos a hacer kilómetros para su GTP de Peñalara, se pusieron de acuerdo para venir a Madrid y "acompañarme" en la aventura de hacer mi primer maratón.

Digo aventura, porque para mi era un suceso extraño que vivía por primera vez, con resultado incierto y algo de riesgo; Digo algo de riesgo y hacer, porque con 105 kg de peso yo no me atrevo a hablar de correr, pero sí de hacer; Digo "acompañarme" porque estuvieron ahí, al lado, conmigo, corriendo, andando, animando, reforzando, haciéndome dudar para sacar de mi "el seguimos que llevaba dentro", poniéndole alegría a un día gris y dando mensajes del tipo “tranquilo, encuentra tu ritmo”. ¡ menudo mérito, tener a alguien a tu lado sin que te taladre el cerebro con mensajes fáciles y cansinos!. Simplemente, AGRADECIDO SEÑORES.

Terminamos en un tiempo superior al esperado, y el clima nos reservó para otro día el placer de las cervezas y aperitivos. Al despedirnos, Quique, sabiendo que diría que sí, me invitó a hacer una entrada libre en vuestro blog y aquí me he colado sin ninguna otra pretensión que compartir contigo mi proceso. El proceso de hacer una maratón con 105 kg y en 5.24 h. Desde el principio hasta el caldo de cocido después del km 42.

¿Por qué me da por hacer una maratón?

Soy competitivo, en lo quiero y en el entorno en que quiero. No trato de ser el más rápido. Hacer kilómetros me gusta, me sienta bien estar conmigo, concentrarme en escuchar mi cuerpo, mi ritmo. Esto me da vida y con la edad, 43, quiero estar cerca de lo que me da vida.

Me alejo de ser esclavo de los mensajes fáciles de libros de auto ayuda. Huyo de lo vano, de la gente tóxica, de los dogmas …
  
Esto va de bienestar, de esfuerzo, de amistad, de innovar, de ahí estoy, de cabeza. De logro, de enfocar tus esfuerzos a un propósito. De sentir, pero de sentir sabiendo qué haces. De descubrir tus límites identificando las señales que encuentras en ese camino para parar o seguir.  

En este sentido, me gustó la entrada de la película Déjame Vivir del proyecto Summits of my Life de Kilian Jornet: “Lo que estás a punto de ver es la forma como una persona altamente preparada se mueve por la montaña. Se aconseja no seguir ni copiar su ejemplo”. (Sigo el Summit of Life de Kilian Jornet. Es un gran atleta, no le conozco como persona, pero a mi me ganó por los valores del proyecto, del equipo. Es un equipo. Me gusta su filosofía).

Hago ejercicio regularmente. Corro, hago bici, esquío, juego al pádel …

Empecé a correr en 2012 y en este periodo he hecho 8 “medias” y cuatro “Behobias”; entre 2.01 h y 2.18 h. El tiempo hoy no me interesa. Dejó de interesarme el día que quise bajar de 50 m, los 10 km; hice 50.04 y es probable que sea la carrera con peores recuerdos. Voy pasado de peso. Dejé de fumar y pasé de 90 a 105 kg entre 2013 y 2014. (En 2016, DM, haremos esta carrera con 90 kg. Este ya es un nuevo reto)

Así, un día de noviembre de 2014, después de una Behobia desastrosa y sin muchas ganas de entrenar, necesitaba un “motivo para seguir”. Me fui a ver a mi monitor/entrenador (entreno en la escuela del corredor del Gimnasio DOS) y le dije que quería preparar la maratón de Madrid). Jaime Rosado, es un tío 10, prudente y respetuoso. Te da su opinión y se atreve a decirte no.  Un triatleta, “modelo madelman”, en activo en el club de los diablillos de Rivas, y que siempre está al otro lado del teléfono o del mail para ayudarte –le puedes seguir en @jaimecadalso-.

Sólo me faltaba decirlo en casa. Pero ahí tengo ventaja porque mi mujer, Natalia, siempre va conmigo y me ayuda en cualquier cosa que me propongo. Ella y los niños – Rodrigo y Álvaro - fueron clave en este proceso como te contaré más adelante.

A finales de Noviembre ya tenía cinco cosas: 1 mi motivo, 2 mi reto, 3 el apoyo de la familia, 4 mi entrenador, y 5 mi chequeo médico.  

El entrenamiento

El programa no lo entendía, me parecía insuficiente. Con tiradas no excesivamente largas, series, gimnasio… ¡ Pero si esto va de correr mucho tiempo, me decía mi Pepito Grillo!.

El día de la cena de Navidad, con los compañeros de la escuela del corredor, recibí el mismo mensaje de varias personas: No te preocupes. Confía en él. Sabe lo que hace. Todos lo hemos conseguido.

Así hice. Me despreocupé. Mi trabajo consistía en poner el tiempo y el esfuerzo, Un día, me dije: Si no confías en Jaime, te buscas otro. Si confías en él, se acabó. No dediques ni un minuto más a esto.

En el último mes, reforcé esta idea publicando un tweet: “para preparar tu primera maratón, toca confiar en tu entrenador. Gracias @jaimecadalso”. A eso, @JoseMariaPena añadió, “Y confiar en ti … que sí que puedes”. Está bien que los amigos te digan que confíes en ti. También @lolagd74 y @jftp1970 han estado ahí estos cuatro meses con mensajes y ánimos. 

El resto, es planificarte para incorporar a tu vida los entrenamientos. La gente que corre largas distancias, en general, no suele andar por la vida dando escusas. Es gente de logro y de propósito.

La comida.

Poco te puedo decir sobre esto. Mi cabeza me dijo: “quita lo que sobra; lo que te aleja de correr y p´alante. Ya llegará el momento” No me compliqué mucho, fuera alcohol y a comer variado. Eso sí, para mi, las cervezas de los fines de semana, no es alcohol.

La última semana, mucha pasta, verduras y pollo. Para desayunar pan con tomate, jamón y café con leche sin lactosa.

El día antes de la carrera, mi cabeza me pidió un buen entrecot para comer, con una ensalada. Para cenar sushi, película y a la cama.

Sobre los geles para la carrera, fui probando para encontrar los adecuados. El día de la carrera, no te puedo decir porqué, no funcionaron.

La ropa

Te puedes liar. El mercado ofrece variedad y para mi ha sido fundamental leer y preguntar sobre todos los detalles. “Ni todo lo caro es lo mejor, ni a ti te vale todo aunque sea caro”.

Los atletas corren con zapatillas, un pantalón minimalista y con una camiseta de tirantes. ¡Ya!, ¿y?. Son atletas. Todo les vale y  les sienta bien. Dedican su vida a correr. No se les ocurre ponerse algo nuevo el día de la carrera, ni algo que no hayan probado mucho.

Vimos corredores vestidos con disfraces de torero y con zapatillas crocs – de playa o de reposo-; mi respeto y admiración para ellos y para cualquiera que pueda hacerlo. Yo no puedo. A mi, elegir bien me da seguridad. Probar me tranquilidad, o no. Haber probado, me da la certeza que este calcetín no me hace ampollas, o que esta malla no aprieta, o …

Después de mi elección, sólo puedo decir que ni un tirón, ni una ampolla, ni una rozadura. Nada que se pueda achacar a las plantillas, ni a las zapatillas, ni a los calcetines, ni a las mallas, ni a las camisetas. Parece que iba bien equipado, e ir bien equipado es llevar lo que a ti te va bien.

“El Fisio”, las plantillas y el calzado.

En mayo de 2013, pasé por el taller. Unas plantillas mal hechas, o mal adaptadas, un resbalón, un esguince de tobillo, posible cambio en la pisada y ¡crack!: La Cintilla Iliotibial, o síndrome del corredor.

En ese momento, di vueltas por varios fisios y por amigos, Lola y Felipe eran clientes, llegué a Holystic. (Su cuenta de twitter @holysticpafrica, que hace mención a su labor social en África, y su web www.holystic.es).

Allí, al frente está Pablo Llanes, un tipo alto y agradable, al que le gusta el baloncesto y del que puedes ver fotos con deportistas de élite que te dan la confianza que pierdes cuando pasas por varios fisios. Tiene un problema: es del Madrid, pero eso lo sabes cuando ya estás en la clínica y no hay marcha atrás.

Me recomendaron que Pablo me hiciera el diagnóstico y que después daba lo mismo quién me tratara; todos eran buenos. Carmina, compañera en la escuela del corredor del DOS, trabaja allí –es la jefa en la sombra, la que pone el orden… -, me cuadró una hora con Pablo para el diagnóstico. Posteriormente, por opciones de disponibilidad, empecé con Alberto Blanco. Alberto para mi, es “El Fisio”. Él me recuperó y él ha cuidado de mi cintilla y del resto de mis dolores. Durante estos cuatro meses, mis visitas a la clínica han sido planificadas. El día de la carrera, ni un dolor. Después de la carrera, los propios del cansancio. Al día siguiente, el lunes, ya estaba rodando para iniciar la desintoxicación.

Alberto, con la confianza ya ganada, me sugirió “mirarme” unas plantillas con “Javi”. Y Javi, Javier Barrio Calvo, dio con la tecla que faltaba. Adiós a los problemas en los pies, con las zapatillas, con los callos, con las ampollas…

A partir de ese momento, elijo zapatillas por el peso y en función de cómo encaja la plantilla.

El día antes de la carrera.

Me levanté temprano y salí a rodar 30 minutos. En ayunas, y ni idea de porqué así. Me fui al lugar en el que he hecho la mayor parte de las series. Inconscientemente busqué el recuerdo de los entrenamientos y los ánimos de los compañeros de series y rodajes – Félix, Carmina, Ana, LuisJa, Javi, Luis, Dioni, Miguel A. “El Pibe”, Carlitos, Juanma, Jaime… -. (Aquí un abrazo especial a Javi, que no pudo correr por fallecer su padre esa misma semana y a Luis, que quedó tercero de su categoría; un crack y un señor)

Recordé los días de lluvia, de frío, de sol, pulsaciones a tope…

Rodando muy suave, vi la meta en El Retiro. Y ahí, es donde aparecen los niños y Natalia, esperando a que les cojas de la mano y entres con ellos. Esa imagen fue clave. A mi me ayudan los ejercicios de visualización del camino para llegar al logro. Me centro en el camino, no en el logro. No cruzo la meta, eso me lo reservo, me centro en ver, en coger las manos y ahí me desconecto. Cruzar la meta me lo guardo para el día de la carrera. Es mi premio.

Después del rodaje, a preparar la ropa y día de deporte para los niños. A las 11, hockey sobre patines parte I. El equipo pre benjamín B de Gredos San Diego, ganó 1-0 al pre benjamín B del Colegio Aldovea. Buen partido de Álvaro, que con 7 años está perfectamente integrado con los chavales de tercero y cuarto de primaria.

Comida temprana, un poco de lectura rápida y otra vez al hockey sobre patines parte II. Partidazo en la categoría de alevines entre los colegios Gredos San Diego y Virgen de Europa en Boadilla. Ganó Gredos San Diego 1-5, con un fantástico partido de todo el equipo; lucharán por estar en la Final Four de la categoría de alevines con los mejores equipos de Madrid. Rodrigo ha vuelto en plena forma después de 6 semanas con el brazo escayolado.

A la vuelta, repaso mental  de la carrera. Llegó un momento en que conocía el recorrido de memoria. Esta vez decidí ir sin música. La música me la pusieron Quique y Miguel.

Sushi para cenar. Buena digestión, viendo una película y a la cama. Caí redondo. (Dormí como decía Larry Bird que dormía la siesta antes de los partidos de Boston. Señal de triunfo)

La carrera.

Desayuno a las 6.00. Repaso de la ropa en función del nuevo tiempo, con dudas hasta el último minuto.

A las 8, con algo de retraso, salgo de casa. En cinco minutos aparco en el Barrio de la Estrella. Ahí me encuentro con algo parecido al Equipo A, con furgoneta incluida: Quique, haciendo planes con la mochila y los geles, Miguel haciendo fotos y desde detrás de los árboles, y prefiero no saber de donde, pero con una caja de toallitas en la mano, aparece David.

Repasamos todo, les doy mis geles y pastillas de hidratación, y nos dirigimos, bajo la lluvia, hacia la salida. Allí hemos quedado con amigos. Por el camino, con José María y Merche que van a por la media –Merche se hace un esguince y como es poco bruta entra por delante del coche escoba, pero entra. ¡Qué tía @mevama!-, con Diego, que va a 4.30 a la maratón – y hace 4.26-, con José Manuel, que dice que no sabe qué va a hacer, o que si se va a parar, y se calza un 4.45 h, y con Tomás, del que desconozco su tiempo pero se perdió en la carrera con David.

En el km  15, sin esperarle, apareció el murito. Se fue sobre el 18. Qué putada. De éste ni había oído hablar. Prepárate porque es nuevo y cada vez aparece más en las largas.

Por el 20 nos encontramos y saludamos a “Manuwar”, que ya había terminado de rodar la media. A partir del 21, bajamos el ritmo. El objetivo terminar y hacerlo sin lesionarme.

En la Casa de Campo, del 26 al 31 ya intuíamos que llegábamos. Allí nos esperaba Rafa, con la bici. Mojándose. Él llevó el mensaje a meta de “lentos pero seguros”. Con ritmo.

Quique ya por el 32 al salir de la Casa de Campo dijo que íbamos sobre 5.30 h. Los últimos 7 km fueron largos. Llovía, hacía frío. Desde el 36 fotos en el Reina Sofía, en Atocha, en el Paseo del Prado, en Neptuno, en Cibeles, en Goya, así hasta el final.  Desde el km 40, y sobre todo en la plaza del Marqués de Salamanca, fue una fiesta hasta llegar a meta.  

Y allí con frío y lluvia, mojados estaban ellos: Álvaro, Rodrigo y Natalia. A su lado, Mikel, con Mar y con Rafa.

Álvaro y Rodrigo entraron en la línea de meta. Les cogí de la mano, ellos tiritaban de frío y yo no te puedo contar con palabras… ¡Me atrevo a invitarte a que lo pruebes!


 



Por detrás, durante 58 minutos, entraron los 191 corredores que completaban los 12053 Finisher. Nosotros corriendo a los coches.

En casa, ducha fría y caliente. Cervecita con olivas y algo salado, Caldo de Cocido y a reposar.

El resto de amigos y familia, que me han acompañado, no hoy, sino estos cuatro meses, quedaron aparcados para después de la siesta. Estaba destrozado: Mónica, Felipe, Lola, Javier, Iñigo, Julio, José María, Jaime, los compañeros de la Escuela del Corredor… Los sobrinos, el 4 del Barça y Constança, y tod@s los que me dejo, Un abrazote a tod@s.

¡Nos vemos en el campo!





15 abr 2015

Trail Batalla de Alarcos (TBA2015)

«Estas son las palabras que ha pronunciado Alá, el Todopoderoso: Me lanzaré sobre ellos, les convertiré en polvo sirviéndome de ejércitos que no han visto nunca y de cuya fuerza no podrán librarse»
Desafío de Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr al rey Alfonso VIII por Whatsapp (bueno, o por lo que hubiese en aquella época)
El 15 de julio de 1195 Almansur (Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr), al frente de quizá treinta mil aguerridos soldados y "a dos tiros de flecha de Alarcos" según las crónicas árabes, consiguió NO pasar a la historia cuando nuestros antepasado musulmanes le dieron para el pelo a nuestros antepasados cristianos frente a lo que hoy es Poblete, Ciudad Real. Ese lugar en los libros de texto fue reservado a los ganadores de la Batalla de las Navas de Tolosa diecisiete años después en la que, más del gusto del historiador tradicional de nuestro país, nuestros antepasados cristianos dieron para el pelo a nuestros antepasados musulmanes. Momento clave de la muy mal llamada desde el punto de vista histórico "Reconquista", aunque muy bien elegido branding desde el punto de vista del marketing.

En cien años todos calvos. Bueno algunos quizá no necesitan un siglo, pero el resultado final es el mismo. Qué nervios, qué nervios... otra crónica en Corriendo por el Campo. Me ha tocado (con perdón) a mi.

Fotografía: Atleta Manchego
Fotografía: Atleta Manchego
El pasado domingo un buen montón de CxC se dieron reunión en la cita anual de uno de los dos trail pirata más afamados de Poblete (y varias leguas alrededor), el Trail Batalla de Alarcos (TBA), que organiza Ivan Palero a costa de su esfuerzo y patrimonio personal para que nosotros nos divirtamos. Allí estuvimos unos cuantos para darnos un festín de kilómetros por los verdes, por ahora, campos que son regados por el Guadiana, sus llanuras volcánicas, sus lagunas y los rincones de una historia milenaria y a veces olvidada. Campos que la sangre de nuestros antepasados regaron con sangre, cimitarra o espada en mano y camello o caballo bajo los muslos. Luchando en nombre del mismo dios y gritándolo en dos idiomas distintos. O quizá simplemente acortando y malogrando sus vidas por los intereses políticos y económicos de los que mandaban entonces.

No puedo ofrecer una crónica exhaustiva (ni los amables lectores merecerían el suplicio) de todo lo que hicieron cada uno de los miembros (con perdón) del equipo. Miguel Ángel, el de las luengas barbas, salió disparado como si fuesen a prohibirlo mañana, o por lo menos como si fuesen a poner un impuesto especial para gravar a quienes corremos (no das una idea güena Manuwar), Tomás... ni idea, solo le vimos las espaldas un momento, Ramón, nuestro lidl poco más o menos, no con tantísima ansia viva porque tenía que reservarse para hacer otros veinte kilómetros al día siguiente con la lidlesa Marian. Ella se reservó por completo para hacer un podio en la Trebol Trail en Becerril de la Sierra (Madrid), que si ella va a una carrera y no se lleva una medalla algo raro ha pasado. Esto dicho sin quitarle ningún mérito, que subir al podio siempre requiere luchar por ello y sentimos una rendida admiración por sus (muchos) triunfos. Quique y Jorge, los utemebitas, dijeron eso tan típico de que "iban a ir tranquilos" y a la primera de cambio les perdimos de vista. El resto se quedó "en barbecho" para próximos compromisos deportivos.

En definitiva, Anne y yo nos quedamos atrás y no podemos contaros nada sobre su carrera porque no estábamos allí presentes y no quisiéramos faltar a la verdad.

Fotografía: Mariví. Modelo: Brad Pitt

A quien no la conozca (ya os vale) le entrará la duda sobre qué demonios sea eso de la TBA.

Vivimos en un mundo que nos mantiene inmersos en ideologías de auto superación, con mensajes constantes que nos exigen hacer proezas, lograr éxitos, triunfar en desafíos y, en definitiva, en una sociedad que lleva a la frustración y la infelicidad si te ves atrapado en una competencia constante por conseguir ser un super(man/woman)spartanXtrem-paleohipster-totalradical-megabestia. Si queremos mejorar permanente las marcas, acabar todas las carreras, ser más rápidos que nadie, no tener celulitis ni michelines, correr todas las competiciones más largas y duras (con perdón), al final nos pondremos un horizonte de objetivos que nunca alcanzaremos y nunca nos satisfará. Cuando bajemos de tres horas en maratón, querremos bajar de dos horas cuarenta y cinco. Cuando corramos una prueba de cien kilómetros, querremos hacer una de cien millas y cuando lleguemos los terceros, nos consideraremos "perdedores" y fracasados por no haber subido a lo más alto del podio. Si lo ganamos todo, como Kilian Jornet, aún querremos batir la marca de ascenso al Everest y, en definitiva, sea cual sea nuestro objetivo, siempre nos generará la angustia de no haber conseguido ir más allá. Correr se convertirá en otro de los aspectos en los que la sociedad nos pide para ser felices más de lo que podemos dar o tener: coches más grandes y caros, cuerpos de modelo, casoplones con piscina en el centro de la ciudad, ser madre trabajadora con éxito social, independiente pero cuidadora... nadie puede ser tanto.

Sea cual sea el resultado obtenido, la marca, la distancia... siempre puede pensarse en alcanzar algo distinto más satisfactorio. Es un tema de reflexión que la Filosofía Occidental consideró un aspecto clave de la felicidad humana en tiempos de estoicos y epicúreos. Pero si queréis más filosofía podéis rebuscar en el blog de un servidor, que le gusta dar la matraca con estos asuntos filosóficos y otros cuantos peores.

Pues de eso no. De eso no va, en absoluto, el Trail Batalla de Alarcos.

No va de ganar, aunque hay todos los años quien acaba primero y recibe un premio de recuerdo, no va de hacer marcas, que ni siquiera aparece una clasificación oficial de la prueba, aunque cada cual sabe si ha ido bien o mal esa mañana y lo que ha tardado, ni de ganar dinero, que el amable organizador, no solamente no vive de ello, sino que "palma pasta" conscientemente a menudo y aunque últimamente parece que cubre los gastos, no sobra ni una cerveza (sin que se la beba alguien en algún momento). A la TBA no se va a otra cosa que a hacer un recorrido muy chulo con la gente con la que compartimos la afición de correr por el campo. Si alguien se pica más allá de un saludable juego, no se ha enterado de qué va esto y mejor estaría corriendo por un polígamo industrial una de esas muchas carreras que hay todas las semanas en las grandes ciudades y donde a la gente le importa si corre a 4'16'' o a 4'18'' el kilómetro.

Nosotros nos situamos por la parte de atrás, y allí nos encontramos con un grupo formado por amigas de distintas familias deportivas, que charlaban cuesta arriba y cuesta abajo, sin cambiar el ritmo y sin un mal resuello. Aquí, con permiso de la autoridad, están ellas:

Fotografía: Marivi. Modelos: de pasarela si quisiesen.
Y por ahí fuimos, "de los últimos" hasta que, tras dudar en un tramo en el que un rebaño de vacas tapaban las marcas, tomamos mal un camino y nos alejamos medio kilómetro... luego otro medio de regreso cuando el GPS se quiso ubicar y nos dijo que había que retroceder y volver hasta el vacuno ganado. En ese punto cundió (un poco, tampoco exageremos) el pánico, el grupo aceleró y nos quedamos atrás.

Nos quedamos Anne, yo y otro joven que al llegar al conocido cortafuegos (en Poblete y varias leguas a su alrededor) en el que había que virar a la izquierda y subirlo... se perdió de nuevo con nosotros por segunda vez. Tiramos recto hasta constatar que no había marcas, volver a sacar de GPS y hacer un giro rodeando el cerrillo hasta retomar el camino. Algo muy habitual en este tipo de reuniones deportivas y que forma parte de la prueba. Sin duda el recorrido estaba suficientemente marcado y es responsabilidad de quien va a una de estas cosas tener los conocimientos y medios para orientarse y volver al recorrido.

A pesar de que es responsabilidad de cada cual seguir el camino o volver a él si lo pierde, la cuidada organización, que llevaba la contabilidad exacta de todo el que pasaba los controles como los asientos un contable con TOC nos llamó y se aseguró de que estamos bien, orientados y que íbamos en la dirección correcta hasta el kilómetro veintisiete. Punto de avituallamiento en el que nos espera Iván y para nuestra sorpresa, también los utemebitas Quique y Jorge que tienen molestias y han decidido no arriesgar lesión (que hay mucha temporada por delante).

Los cinco euros de inscripción daban opción a coger un autobús de regreso a mitad de recorrido, además de seguros, avituallamientos, duchas a la llegada y todo lo que pueda pedir un correcampista.

Nosotros, Anne la guapa francesa que cruzó los Pirineos para quedarse entre nosotros alegrándonos la existencia, y yo, decidimos seguir. No merece la pena contar mis penalidades el resto del recorrido completamente fundido. Se me había olvidado comentar que la semana anterior había hecho 51'1 kilómetros de cuesta arriba de la Remontada Infernal y ahora notaba que era la segunda semana consecutiva que hacía más que un maratón (otra muesca maratoniana en el revolver).

Mi compañera Anne Souplet iba bastante más fuerte que yo, pero por indicación de la organización de no dejar solo a nadie (y sobre todo porque es su naturaleza bondadosa), me acompañó hasta llegar a meta. trotandillo suave y andando algunos tramos. Despacito y sin prisas, que ya la vida tiene bastante ajetreo Una meta con migas, con cervezas, con colas (con perdón) y con los amigos. Una meta como Odín manda.

Fotografía: Marian. Modelos: de virtud y recta moral 
Acabamos el recorrido, como ya anunciábamos, en el polideportivo de Poblete, donde nos zampamos unas migas para aprovechar eso de la "ventana metabólica" (una excusa, si no hubiese habido ventana desas igualmente hubiésemos practicado un butrón en nuestro metabolismo y nos las hubiésemos comido con mucho gusto), nos despedimos de todo el mundo y desde allí nos retiramos a tomar una ducha y una siesta en la cercana Chez Ureña-Ramos para reponernos.

[...]

Después de una siestecita y ya repuestos, nos damos cita con casi todo el equipo, allegados, cónyuges, parejas de hecho y casi, si nos despistamos, mascotas en Carmen-Carmen Resto-Bar, un paraíso para los sentidos.

Lo cierto es que acompañamos con unas cervezas y unos vinos las muchas delicias que allí ingerimos en una cantidad generosa, hasta el punto de que Carlos Javier, el celebro detrás de la barra y los fogones de Carmen Carmen nos informó en litros de la llamativa cantidad surtida, aunque bien pudiese habernos dado el dato en arrobas per capita. El dato exacto lo voy a ocultar a vuestro conocimiento para no perturbar vuestra sensibilidad de gente de bien.

Para ese menester ya tenemos nuestra sección de recetas.


Podéis degustar, si vais por Ciudad Real, este
Tataki de Salmón con jugo de Lima en la c/Toledo, 12
Si decís que vais de nuestra parte... vigilarán que no os llevéis los cubiertos

Merecería crónica a parte cada uno de los platillos que pasaron por nuestros gaznates hambrientos, pero es mucho mejor que lo comprobéis un día por vuestra cuenta.

Y eso es, en definitiva la TBA, una carrera distinta, una carrera como muchas deberían aspirar a ser, donde lo que importa es lo importante y aún en lo secundario se cuidan los detalles, buscando siempre mejorar año a año.

Un placer.

24 mar 2015

CANELONES (de chicha, claro)

Canelones de tupperdelcurro.es
Agua nueva que ayer era nieve nutre arroyos cantarines, verdes brotes adornan las veredas de los caminos por los que pasa el correcampista embelesado en el paisaje que cambia, embebido en aromas primaverales. 
Asoman las calores.

Es hora de dejar atrás los cocidos mastodónticos, los pucheros de judías pintas con guarros enteros dentro cocidas al suave amor de un leño casi consumido, los guisos que arrebatan el paladar y adormilan el vientre, los asados cárnicos (piernas de cordero, conejos especiados, lomos de enormes bichos...) que huelen a antiguo y levantan el ánimo de los esforzados que se esfuerzan y por ello se cansan, como es lógico.

Ahora ya hay que ponerse ciego de comer, nada de regímenes, no podemos bajar la guardia justo ahora si no queremos parecer atletas de verdad embutidos en nuestros coloridos polipropilenos y exiguas prendas terriblemente técnicas.

Y la delgadez llegará -si no le ponemos solución- porque ahora entrenamos más tiempo y más fuerte con el miedo a lo que se nos viene encima. Hay que evitarlo a toda costa, como evitan el agua los CxCs originales.

Inevitablemente ha de llegar una nueva ReCxCeta que nos devuelva al buen camino, al ensile metódico, al inflarse dejando a un lado el argumentario de la lógica deportiva, a ser, en fin, ceporceses.

La llegada del buen tiempo trae a las mesas del deportista (y a las de este club también) un montón de amenazas en forma de paisaje bien en plato, bien en vaso. Ensaladas, gazpachos, zumos de fruta, ensaladillas, cremas frías... ¡el puto apocalipsis del paisaje comestible, el demoño!

Ojo, no digo yo que una buena ensaladilla rusa o un capacho de cogollos de Tudela con salmón fumao y sal maldon sobre capa de reducción balsámica de vaustéasaberqué sean malos pero -¡ATENCIÓN!- como aperitivos, nunca -¡NUNCA, JODER!- como plato principal. Que los frescos atractivos de la verde hoja y las bayas aderezadas con vinagres antiguos no desvíen nuestra atención de los torreznos saladitos, de los chorizos a la sidra, de las magras con pisto, de la vida, amigos. Lo digo desde la experiencia, que una vez me tomé un gazpacho de la señora Concha (“Hola madre”) que de tan bueno casi, casi, me quita las ganas de echarme una Perlembacher pal coleto. Pude reaccionar y después de medio litro del maligno bebedizo con tropezones me di sin tino al líquido elemento llegado desde las entrañas de la germania aquella. ¡Qué mal rato! Dos montados de jamón con queso manchego curadito me tuve que tomar para aliviar la pesada carga de la culpa sobre mi alma pecadora.

Si el invento pantagruélico que hoy presentamos cayera en manos de un vegano -Perry no lo quiera- se le convertirían al instante en ceniza negra antes de desaparecer como a los vampiros de los flines. Esto se lo come alguien que no esté acostumbrado y lo mismo fallece, es el responsable último de que los curas de pueblo sean gordos, es la perfección hecha canuto. Y está bueno que te orinas encima.

Si alguien está leyendo y se encuentra a plan (tiene que haber degenerados de todo tipo) que retire de inmediato los ojos de la pantalla. No sos lo digo más.

Antes de ponerse a preparar el engendro saciante sería una idea formidable hacerse con pasta para canalones (el tamaño da igual, que estáis obsesionados con el tamaño), carne picada (ternera, cerdo, jabalín, marmota, gremlin o lo que sea) pechuga de pollo, el puñetero bote más grande y barato de algo parecido al foigras que encontréis, cebolla, pimienticoe, vino blanco, ajos, tomate frito y lo necesario para hacer bechamel. ¡Ah! ¡Y queso rallado, no sea que le quepa alguna caloría más!

Se empelota uno, se pone el mandilón que le hizo su hijo para el Día del Padre con manotones de colores, se abre una Perlembacher y se lanza al trabajazo.

Lo primero es cocer convenientemente los canalones en mucha agua con sal. Toda vez que esta vida que llevamos es un estrés fatal aprovecharemos el tiempo de cocción para alicatarnos otra Pelermbacher debatiendo internamente asuntos mundanos como un “¿deberíamos poner un cuadro en el hueco aquel?” o el “endebé la vecina cómo se ha dejao, lo gorda que sa puesto, ¡otia que me ve!”.

Cocidos los cuadraditos de pasta procedemos a echarlos sobre un trapete limpio que no suelte pelusilla.
Troceamos la cebolla finérrima al igual que el ajo y los pimientoe que pasamos a pochar con la tranquilidad del hombre que tiene el alma en paz.

Mientras se pocha lo pochable troceamos la pechuga de pollo y la añadimos a la carne picadita. Cuando el poche esté pochado (sí, lo se, me estoy pasando con la pochez) agregamos los productos cárnicos de la tierra a fuego vivo, les damos un meneo y agregamos un vasejo de vino blanco. A la que la chicha se embeba con el vino, forjamos el material añadiendo el foigras. Una vueltecita más y el hormigón está pertrechado.

Ahora viene lo fácil. Sacamos un recipiente ad hoc, lo untamos con tomate frito y colocamos los canutos de pasta llenos hasta el colodrillo del emplaste cárnico. Le echamos por encima la bechamel -me niego a decir cómo se hace-, queso rallado y al horno.

Nos echamos otra cerveza, que esto va fenóneno y hay que esperar a que la cosa se dore.

Sacamos y emplatamos a la manera tradicional, quicir colocando los canutos en vertical hacia el comensal (que él es un moderno y los quiere poner en algún ángulo antinatural, allá él).

Por último un truco en forma de recomendación: Conviene hacer firmar a los comensales una suerte de pliego de descargo de responsabilidad para evitar problemas mayores.

15 mar 2015

Corricollano. Llegamos, vimos y vencimos



Pero sólo porque no era una carrera y porque, además, correr era lo de menos.

El domingo pudimos disfrutar de la hospitalidad del Corricollano, ese club que lo mismo obtiene resultados inmejorables en maratón, manda a diez personas a los 101 de Ronda o se marca un cocido para trescientos amigos y conocidos. Así, sin alharacas. Habían organizado una salida de amigos por la Dehesa Boyal de Puertollano, un paraje magnífico para triscar, pasear o montar en bicicleta, y hacer entrega a continuación de los corrijotes, los premios anuales del club.

Llegamos prontito después de recoger borrachos por las cunetas, a uno directamente en una rotonda. Día soleado y temperatura inmejorable para esto del correr por el campo, en el punto de no estar seguro de si te llevas los guantes o si te pones una capa más: en Puertollano o Ciudad Real eso significa que no debes hacerlo.



Durante un par de horas vimos gentes disfrutando al echar un rato en el monte con amigos, conocidos o simplemente con otras personas con las que se comparte afición. Entre ellos había un espécimen de corredor de esos que todos aspiramos llegar a ser cuando seamos mayores: setenta y muchos, con cuerpo para seguir haciéndose sus dos horitas y con las ganas suficientes como para no recortar ni diez metros. “Yo sigo por donde vaya Julio”, decía. De existir y haber tenido esta afición, el hombretón de La Solana no sería muy diferente. Vuelve uno a casa con un par de cosas claras.

Y vencimos porque al llegar nos agasajaron sin tino ni merecimiento. Todo eran cosas ricas que no tenían fin. Choche estuvo pendiente de que no nos faltaran botellines (“que se los bebe JAN…”, pensaba Miguel; “allá él si me los bebo”, pensaba JAN) y la nueva presidenta fue muy simpática y estuvo muy acertada en su intervención (esto lo digo en el necesario tono institucional que caracteriza las relaciones entre clubes).





El último mohicano



Lo que más me gustó a mi fueron los premios. Con ellos corricollano distingue a algunos de sus miembros (con perdón) por sus méritos, de los de competir y también de los de otro tipo. Estos segundos son más importantes que los primeros en un club deportivo: sin lograr buenas marcas un club puede seguir siendo un buen sitio para estar, al que pertenecer, pero sin buenos compañeros no dura ni un suspiro. A uno de ellos le mencionaron por haber acompañado durante varias horas al amigo lesionado, o deshidaratado, o lo que fuera, en un ultra trail de montaña. De eso se trata, claro. Bueno, y luego está Luismi, que reúne los dos tipos de méritos y además es un cachondo, así que su diploma estaba cantado. 





El resumen podría ser: a mi se me saltaron un poco las lágrimas por lo emotivo, Quique creía que algún premio le iba a tocar a él y Jorge no estaba pero se acuerda.




2 mar 2015

CxC, un club de amigos

Cena Ultra del sábado en Carmen-Carmen
CxC no es un club al uso. Es verdad que somos el Club Deportivo Elemental "CorriendoporelCampo", con nuestros estatutos, nuestro CIF y nuestro registro correspondiente, pero eso no es lo importante para nosotros. Hay muchos clubes y mucha gente que corre por el campo. Y muchos de ellos lo hacen, además, muy bien, muy deprisa y durante mucho tiempo.  

Pero en CxC lo importante son otras muchas cosas. De hecho, ni corremos tanto, ni corremos muy bien, ni corremos muy deprisa. 

Por eso, a pesar de que en nuestros estatutos se indica que el club tiene como finalidad la actividad deportiva relacionada con el atletismo, la montaña, la escalada o la orientación, no siempre nos juntamos para hacer deporte, salvo que por deporte entendamos... otras cosas. 

En realidad, CxC es un CLUB DE AMIGOS o, mejor dicho, un grupo de amigos que nos reunimos porque nos apetece, porque estamos a gusto los unos con los otros, porque no hace falta que guardemos las formas entre nosotros, porque somos como somos y, además, nos gusta. Unas veces corremos y otras no.

También es verdad que aunque CxC nace con solo cinco miembros (con perdón), amigos de toda la vida, gracias a esto del correr hemos tenido la suerte de ir conociendo a gente excepcional que, sin ningún esfuerzo, han pasado a formar parte del grupo. Y da igual que nos veamos poco o que vivamos a cientos de kilómetros de distancia, en Ourense, Murcia, Barcelona o Madrid. Poco a poco la amistad se va forjando, los lazos se van estrechando y el grupo se va agrandando. Es el caso, por ejemplo, de Luis Arribas (Spanjaard) y Manu García (Manuwar). De una quedada con unos desconocidos para correr por la sierra de Madrid hace solo unos tres años a tenerlos ahora como gente muy cercana, muy "de los nuestros". Y, como en otras ocasiones, a los "amigos-corredores" se unen los contrarios y contrarias, corran o no. Con Luis llegó Teresa y con Manu llegó Anne. 

Así que este fin de semana lo importante no era correr, sino todo lo demás. Hemos tenido la suerte de poder disfrutar de ellos cuatro durante casi cuarenta y ocho horas y, el sábado por la noche, también de Marian, la ya conocida como "Lidlesa" (por motivos obvios). 

Lo hemos pasado en grande. Nos ha dado tiempo a visitar las Tablas de Daimiel, Almagro y el Castillo de Calatrava la Nueva. El resto del tiempo lo hemos empleado en comer, beber y charlar. (Bueno y un ratillo que echamos Luis Arribas y yo trotando por la Atalaya) Aquí os dejo una muestra para que se os pongan los dientes largos.

¡Ya estamos deseando que vuelvan!

Aprovechando un contraluz
Manu, Luis y Anne por las pasarelas de las Tablas de Daimiel
Así, sin preparar
Qué delgaditos se nos ve
En "Casa Toñi" (Almagro)
Luis Arribas encantado con el azul manchego (añil de toda la vida)
Paseando por Almagro
La sonrisa de Anne, los dedicos de Luis y la mirada heavy de Manu
Como un grupe de pop-folk
Besitos de JAN en El Corregidor (Almagro)
En "Carmen-Carmen" desde un lado
En "Carmen-Carmen" desde el otro lado
En el Castillo de Calatrava la Nueva
Los niños pasan de las explicaciones de Luis
Saliendo
Romanticones
JAN tocándole el "pirulo" a Guti
Luis, haciendo como que hace gachas
¡Al ataque!
Jorge cree que no habrá suficientes Perlembachers
La tarde fue magnífica
Primeros entrenamientos de un CxC
Feliz con un chorizo (JAN, claro)
Pequeños CxC disfrutando de la migas
Lebreles CxC
Los últimos de Filipinas