2 dic 2015

Revolcon Potatoes Limited Edition

Hoy firma esta bitácora, un miembro de honor de CxC: Don Luis Arribas, también conocido como SPANJAARD. Carrerista y escritor de pro. Un tipo que dice lo que piensa y hace lo que debe en cada momento. Maestro de los ceporcés en lo de correr largo por el campo. Aprendiz (muy aventajado) de los ceporcés en lo del comer y beber sin tino. Buena gente de los de verdad. Amigo. 
Ahí va:
Alegres y ufanos corriendo por el campo
Y Jorge, periodista de alta cuna, eructó. Bien fuerte. Hasta cuatro veces. Como San Pedro negando a Cristo (a este personaje aún no he podido asignarle un miembro) pero añadiéndole una cuarta vez. Y entonces se repuso y se le desavinagró el carácter.

Buenos días. Soy un ceporcé ocasional y vengo a contarles a todos la penúltima bravata de los aquí firmantes. Mi nombre es Luis Arribas. En realidad tengo algo de culpa de que este club ande en las que anda. Es uno de mis defectos. Meto al personal en embolados de incierto resultado. Aún así, me aprecian y me toman como uno de ellos en su seno.

Y me estreno con la crónica de una carga de fusileros en mitad de la sierra de las Parameras de Ávila. Que es lo que fue aquella salida organizada para homenajear a las piedras, a las cajeras, a las cuestarracas y a las patatas revolconas, sobre las que tendremos ocasión de volver más veces.

Se convocó a los ceporceses con la excusa de volver sobre los pasos de una carrera que existió antaño y dejó de existir antaño y dos años más tarde. Un servidor metía a cientos de corredores en autocares a sendas ignotas y los hacía regresar por cuestas arriba y abajo, cruzando ríos de escaso caudal pero a pelo, sin puente, y todo ello en mitad del noviembre de Ávila.
De camino a Ávila
Acudían el hombre de los embutidos a la llamada. Con él, a modo de copiloto, el Quique. De tercer hombre la bestia de la Bonhomme. Cuyos graznidos guturales despertaron los dioses de la montaña, espantaron la caza y nos quitaron los tapones del oído interno a los demás humanos. Porque había venido en cierta medida con lo justo. “Es para un amigo”, preguntaba, “si se podría acudir sin entrenar nada” y tirar de talento, pensé yo antes de contestarle cualquier cosa por el whatsapp.

Como no recuerdo bien qué contesté pero sí que eran las seis y media de la mañana y tenía que acudir desde la capital de vuestro reino, salí. Pertrechos: los justos y precisos para un maratón de montaña a celebrarse en una zona pretendidamente fría. Así las cosas empecé a ingerir donuts de chocolate hasta el hartazgo. El último fue retratado para meter prisa a los manchegos en carretera y decirles que yo ya estaba en el Florentino café en mano y muñeco a la puerta de salida del intestino.

Llegaron. Redesayunaron. Nos cambiamos. Intercambiamos las barritas energéticas porcinas y turrón de yema tostada por si la flojera. Alguien se persignaría, intuyo, porque todo nos fue bien. Los caminos no eran cuestas sino autopistas alfombradas. Los metros de altitud nos acercaban a recovecos escondidos. Las vacas nos miraban pero hasta ahí. No traer al presi insufló una tranquilidad taurina enorme, según mencionó alguno.
Barritas energéticas de verdad
El mantra era: Caminar, correr, comer. Granito arriba y pinares abajo. Aquello estaba muy rebonito. Y correr, todo el mundo sabe, da hambre. Voraz. Atroz. Arroz. ¡Con perdiz!. Vale, paro.
Isotónica de verdad, de cebada con limón
Carbohidratos y proteina de verdad
(Patatas revolconas con torreznos)
Cuando las barbas del rudo Jorge empezaron a llenarse de mínimas quejas comprendí que era la hora de parar a tomar algo. Antes de encarar la segunda fortaleza del día, el castillo de Sotalvo o de Manqueospese, nos metimos a por una cervecita. Llevábamos 28 kilómetros y no teníamos prisa. Coño los puristas. El tabernero, sacado de lo más áspero de la sierra, debió oler deporte y hormona en aquellos cuatro pares de piernas. Así que nos obsequió con unas sólidas patatas revolconas coronadas por torreznillos de tamaño teja de iglesia. Salir de ese paraíso nos costó y al barbas del grupo empezaron a aparecerle síntomas de que no tolera bien los kilómetros o los torreznos.
Así que se nos apioló.

Y empezó a proferir quejas. Que si un pinchacillo. Que si mal cuerpo. Tanto que apenas se nos oía bufar a los demás en plena subida. No miento si digo que tras coronar la fortaleza me entraron ganas de abandonarle ahí en mitad de la nada castellana. Pero mi tarea era regresarlos enteros al coche y, a poder ser, contentos. La psicología de los dos ceporceses que me acompañaban aconsejaba que le dejáramos gruñir en paz. Que se le pasaría.
Jorge, la bestia de la Bonhomme, el del gruñido atroz
Y Jorge, periodista de alta cuna y mejores cuerdas vocales, eructó. Bien fuerte. Hasta cuatro veces. A la cuarta le pedimos de salir y le vareamos un poco camino de unas sendas de regreso fantásticas, entre bloques de granito imposibles. Llevábamos casi cuarenta kilómetros y teníamos que engatusarle para que retomara el pulso al trote por el campo.

No hizo falta. Como decían las proféticas palabras de los otros miembros (cp) de la expedición, “se le pasará y empezará a tirar cuesta arriba”. El conocimiento de los seres humanos lleva a la pérdida de todo factor misterioso ni de sorpresa. En efecto. Jorge empezó a carburar de nuevo. Tuvimos que parar un par de veces con la excusa del “¡Qué bonico está tól campo!” pero a fe mía que era por decelerar. Corríamos el riesgo de llegar a poco más de la hora de comer.
Tres patas pa un banco
Finalmente arrastramos alguna legua más nuestras cuerpas y llegamos al punto de partida, al lado de la Plaza de la Pisada del Niño. ¿Del niño pronador? ¿De la pisada en la yugular que tenía ese niño? Ni paramos a preguntar a nadie ni decidimos que aquello nos llevase a ningún lado.

El reloj de medir metros de los colegas debió perderse porque dio casi un kilómetro más que el mio. No es algo que nos importara pero lo de las distancias y las medidas es algo peliagudo. Induce a sesudas preguntas que solo un ceporcé filósofo como Manu podría deslindar.

Si hay cosas iguales pero ochocientos metros más largas, ¿hay chuletones iguales pero doscientos gramos más pesados? ¿Pedir siete rondas de botellines es lo mismo que pedir cuatro? ¿Que nos digan “veinticinco” al cobrarnos las copas se refiere a los euros o al número de copas? (era casi imposible que fuera algo menos de veinticinco copas, como bien se adelantó Jorge a explicar) ¿En aquellos Castillos de Ávila, la gente iba o venía?
Poco antes del final de la ruta, sobre verraco vetón
Jorge, buscando un miembro bajo el verraco vetón
Nosotros, afortunadamente, volvimos. De aquel modo, pero volvimos. Será complicado que vuelva a haber una Revolcon Potatoes Limited Edition así que los no asistentes os perdísteis una, como se dice en esas sierras, mú cojonuda.


27 nov 2015

IV IKENONA


Ya está aquí de nuevo la IKENONA. ¡Y van cuatro! 

Sabéis que se trata de una excusa para hacer con todos vosotros lo que más nos gusta: CORRER POR EL CAMPO. Y, a pesar de que este club es bastante incrédulo en todos los sentidos, venimos aprovechamos las NAVIDADES por lo que éstas tienen de entrañables en el imaginario colectivo, porque despiertan sentimientos solidarios, exaltan la amistad y no causan mal a nadie. Por eso, este año CxC vuelve a organizar la "IKENONA".

Recordad que se llama así porque comenzó siendo una kedada  (KE), porque se hace por la noche (NO) y porque se celebra durante la Navidad (NA).

Sin embargo, la "I" del principio ha ido variando año tras año. La primera fue la "I" de INOCENTE porque aquélla vez tuvimos la suerte de hacerla coincidir con la noche de luna llena del 28 de diciembre, día de los "santos inocentes". El segundo año la luna y el día de los inocentes nos pilló a desmano y, como ya no era día 28, la "I" fue de ILUMINADA. El año pasado la "I" fue de ILUSIONANTE, fue la IKENONA de Beatriz, de CxB (Corriendo por Beatriz) y fue "ilusionante" porque Beatriz consiguió que todos nos ilusionáramos con los retos deportivos de este año, porque detrás de todos ellos, estaba ella y porque su ilusión nos contagió -y nos sigue contagiando- no solo para correr, sino también para vivir.

Por tanto, este año, bien podría seguir atribuyendo esa "I" a la palabra ILUSIONANTE, pero no, amigos, en CxC somos inconsistentes, variables y muchas cosas más que no podemos decir por miedo a que esto lo vean nuestros vástagos (bastantes razones tienen ya para no querer darnos la mano cuando los llevamos al cole).

¡A lo que vamos, que también somos unos rolleros! Este año la IKENONA será la "KEDADA" (KE), "NOCTURNA" (NO) "NAVIDEÑA" (NA). Y a la "i latina" que la ondulen, que este año no la necesitamos.

No cambiamos de escenario respecto del año pasado. Recorreremos los alrededores de POBLETE, los caminos y las sendas que desde allí llegan a la ermita de Alarcos. El recorrido será muy parecido al del año pasado, salvo alguna sorpresilla de última hora que ya os contaremos.


Así que, ya sabéis, marcad en rojo en vuestras agendas el próximo 19 de diciembre. A las 20:30 horas, tendrá lugar la "IV IKENONA", la Ilusionante Kedada Nocturna Navideeeeeeeeeññaaa en POBLETE

Esperemos que nos sonría la suerte y nos acompañe una magnífica noche. Lo podremos ir viendo pinchando AQUÍ

Además, como otros años, pensando en quienes no tienen el vicio de correr, también tendrá lugar una ruta senderista para que nadie tenga excusa para faltar. Lo cuadraremos para que todos terminemos a la misma hora, para que nadie se quede atrás, ni vaya solo por esos campos de Dios.

Y, al finalizar, siendo fieles al más puro estilo CxC, nos tomaremos unos botellines, botellones o lo que sea menester, acompañados de ricos -y, a ser posible, abundantes- manjares. Lo haremos en el PABELLÓN POLIDEPORTIVO de POBLETE (que amablemente nos cede el Ayuntamiento de Poblete). Allí no pasaremos frío.

Trataremos, también, de que no paséis hambre ni sed.

Y recordad que, aun formando parte del circuito TRAIL SERIES CIUDAD REAL, y que por ello cuenta con las medidas de organización y seguridad acordadas en él, el formato de nuestra IKENONA no renuncia a seguir siendo una KEDADA, por lo que no será competitiva, ni estará cronometrada. Que cada uno corra lo que quiera y pueda. Nosotros -por si acaso- estaremos siempre al lado del más lento y no le dejaremos solo nunca (habrá corredores escoba). 

INSCRIPCIONES: 
PRECIO: Diez euros (10,00.-€) 
FORMA DE PAGO: 
     - 1º: Realizar ingreso o transferencia a la cuenta de C.D. Corriendo por el Campo, indicando nombre y DNI del participante 
                 ES97 2100 2191 3902 0035 9113 (La Caixa), 
     - 2º: Remitir por e-mail: corriendoporelcampo@gmail.com o fax: 926219147 el justificante del ingreso o transferencia, indicando (si no, no podremos tramitar los seguros correspondientes):
                 -Nombre completo:
                 -DNI
                 -Télefono
                 -E-mail
                 -Modalidad: "TRAIL" o "MARCHA SENDERISTA" 
PLAZO: Hasta las 14:00 horas del día 15/12/2015 ¡¡¡AMPLIAMOS PLAZO: HASTA LAS 24:00 horas del 16/12/2015!!!
Nº máximo: 150 personas

Más detalles en breve!

*Nota: 
Distancia aproximada de la ruta trail: 10-12 km
Distancia aproximada de la ruta senderista: 6-8 km

14 oct 2015

CxC en Nepal (por Mónica Ferreira)

En CxC no nos quedamos en La Atalaya. Ni nos conformamos con ir al Mont Blanc. En CxC nos va la marcha.

Mónica y Miguel, nuestra portuguesa y nuestro hipster particulares han estado en Nepal. Han hecho de todo, han disfrutado de lo lindo y, además, han echado una manita por allí, que falta hace.

Mónica quiere compartir con todos vosotros su descubrimiento del mundo. Ahí va:


Un viaje comienza cuando la idea de hacerlo cruza tu mente o cuando el que se cruza es otro que te ofrece realizarlo.

Así fue...

Yo esperaba una oferta para realizar un viaje a Londres con motivo de mi décimo aniversario de boda.

Mi marido, en vez de la oferta, traía una sonrisa y una emoción que le salían hasta por los poros de su piel.

- A Londres noooo... ¡A Nepal! ¿Te gustaría? – me dijo.
- Bueno... lo que veas... pero... - ¿Quién era yo para robarle ese momento de locura? – pensé.

Ese primer momento es difícil. Hay que ANIMARSE, cruzar la barrera de los prejuicios y de los miedos y tener el coraje de “dejar” a quiénes más quieres... ¡TUS HIJOS!

Os podría contar tanto del viaje a Nepal… Ciudades, pueblos, templos, monasterios, olores, paisajes, el río y sus piscinas naturales de agua caliente, el lago, la selva, la comida, el trekking, el rafting, los bichos… Pero de todo lo que vi y sentí me quedo con las sonrisas de los niños, con las miradas de la gente, con la amabilidad, con el silencio que te aporta la montaña, con su paz y con la emoción y el brillo en los ojos de aquéllos a quienes tratas de ayudar... Ver y sentir que, viniendo de un país civilizado, estás en uno de los llamados tercermundistas para darte cuenta de que tú no sabes nada, que la vida es otra cosa…

Un viaje de este tipo te enseña muchas cosas.

Dejé de mirar la realidad por la televisión, sentada en mi cómodo sofá y salí a conocerla y a poner un poquito de mi parte para que esta fuera un poco mejor... He aprendido que "EL MUNDO" -en mi caso, NEPAL- no es un lugar peligroso como mucha gente nos quiere hacer creer. Más bien todo lo contrario: es hospitalario, amigable y muy fuerte.

Hay que aprovechar las oportunidades que te ofrece otra cultura, un país distinto, unos compañeros que apenas conoces...

Ahora mismo no soy capaz de imaginar un viaje “normal”, un destino “fácil”. Quiero coincidir con gente que me haga ver las cosas que yo no veo, que me aporten todo eso que me falta. Necesito aprender y crecer con otros. Eso me hace FELIZ. Hace que mi mundo, sea otro mundo, un mundo más real.

Sé que Nepal pasará a formar parte de nosotros y que ya no seremos iguales.

Por eso quiero agradecer a todos - mis hijos, mi familia, mis amigos y todos los que han vivido desde aquí “nuestros momentos” en Nepal, a mis compis de viaje por todo lo que me aportaron, por el cariño, por las emociones y por todas esas risas juntos (¡y por la paciencia de algunos!)  Pero sobre todo quiero agradecer al pueblo Nepali por “limpiarme” y “llenarme” el corazón.

¡Estoy deseando volver!
  

¡NÁMASTE!




2 oct 2015

Pre-crónica de la Canal de Castilla Ultra Race (antes de correrla, claro!)


Hemos hecho de todo. Hemos analizado zapatillas sin probarlas. Hemos dado nuestra opinión sobre libros que no hemos leído. Hemos bebido (una vez) cerveza sin alcohol...

Esta vez damos una paso más en nuestra irresponsabilidad: hacemos la crónica de una carrera que no hemos corrido (aún). Manu y Ramon. Ramón y Manu. Nuestro lidl y nuestro filósofo heavy se van mañana a zascandilear por el Canal de Castilla a lo largo de más de 100 km. Hoy nuestro lidl nos manda la crónica resumida de la carrera por si acaso mañana está demasiado cansado para hacerlo. Ahí va:

En CxC no tenemos límites.

Bueno, sí, confieso: los tenemos, pero son tan lustrosos, tan frondosos, tan estupendos... Que da gusto verlos y uno se pierde en ellos.
Vamos, que no nos hace falta un where is the limit de esos que te dejan flaco y épico. No hay ninguna necesidad.
Por eso los conceptos de pretemporada y temporada, pico de forma y demás son ajenos a nuestro clús. La mayoría de nuestros miembros miden su estado físico por su grado de hambre o sed, con la excepción de Guti que lo hace por el nivel de testosterona. Y punto.
Nos guiamos por el ímpetu, por las mareas, por las ofertas del Lidl, por el "y yo más". Y si alguna vez a alguién (¿a quién?) se le ocurre contar los kilómetros semanales que hace es por la sana y noble intención de decirle a otro miembro: ¡Eres un mierda!
No confundan esta peculiar filosofía con necedad o irreflexión. Al contrario, no saben ustedes lo difícil que resulta pensar lo justo, ¡ni más ni menos! 
Pensar lo justico y necesario, para hacer kilómetros y retos de apariencia monstruosa (por simple convención social) sin convertirnos en estatuas de sal ni tener que soplar algún mustio a rodabrazo.
Así, con esa planificación ceporcense, nos plantamos en el Canal de Castilla Ultra Race, Manu "el cazador de remontadas infernales", Javier de Cárdenas "aspirante a aspirante" y el menda (Lidl, a secas)  
Pateada de 108 km, llanos, cansinos, rectos. Eternos. Lógicamente, sin el entrenamiento necesario. Darse una paliza con el eufemismo de "entreno" largo no tiene precio. Lo que viene siendo un rato largo en buena compañía, sin mayor ni menor historia que las buenas y duras (c.p) sensaciones que deja una carrera - caminata de este tipo, sobre todo cuando se consigue llegar a meta.
Enhorabuena a la organización. No soy yo quién para juzgarla, pero ahora que hay muchos trails que se suspenden o que tienen graves problemas organizativos, hay que reconocer el trabajo bien hecho. Cierto es que balizar el Canal de Castilla no tiene gran complicación, pero no todo son las balizas.
Ya prometía su denominación realista de "Carrera-Caminata". Es muy tranquilizador saber que por cruzar la meta no te vas a convertir en un superhéroe... O en la cenicienta si abandonas.
En definitiva, que nos hemos espabilado a base de hostias. 
Y no amigos, no crean que somos unos descerebrados, ¡lo difícil que es darse una hostia en el momento justo! ¡Y lo bien que viene!

P.D.: No lo intenten en casa. Planifiquen la temporada debidamente. No todo el mundo tiene nuestra buena genética.

22 sept 2015

No crónica de la Madrid-Segovia 2015

“Cuando uno ha podido tener El Prado y al mismo tiempo El Escorial situado a dos horas al norte y Toledo al sur y un hermoso camino a Ávila y otro bello camino a Segovia, que no está lejos de La Granja, se siente dominado por la desesperación al pensar que un día habrá de morir y decirle adiós a todo aquello” 
Ernest Hemmingway

Hace mucho tiempo en una ciudad de una provincia muy muy lejana y fronteriza alejada del centro de La Mancha y su poder civilizador. Un antiguo campamento militar árabe cercano a la sierra de Guadarrama (confín septentrional del imperio manchego) llamado Madrid, vivían en triste exilio algunos miembros (con perdón) de Corriendo por el Campo.

Como los CxC "orginales" y los clunienses en general andaban liados, unos recluidos en el estudio y la meditación en la universidad de Llorchtaun (Guasinton), donde se barrunta la participación en algún trail en los cercanos Apalaches, otros zumbándose llintonis después de los entrenamientos no-sé-sabe-pa-qué por las metrópolis megalopolíticas cercanas al acuífero 23, otros, simplemente dados a la molicie y la vagancia, o a lo que viene siendo también el ayuntamiento carnal (cosas de la mocedad) alguien se tenía que correr (con perdón ) algo ya. Una carrera, digamos.

Y es que en Madrid, somos así de chulos. Todo el mundo lo sabe.

Así que el pasado fin de semana, a las 3:30 a.m. estábamos el señor Luis Arribas "de Spanjaard", que tuvo que irse a vivir a Holanda una temporada para que le llamasen "el español" porque aquí nunca lo hubiese conseguido siendo un rojeras, con mi humilde persona, Manuwar, el tractor de Usera, echando un ratito en el coche a la espera de la salida (con perdón) de la carrera que era a las cinco, con la fresca (con perdón, también).

A esa hora no hay forma de llegar a Plaza Castilla razonablemente en transporte público, así que nos fuimos con Anne Souplet, mon petit chou, tercera cxcesa madrileña implicada, aunque tan francesa como su nombre sugiere, que estaba convocada como voluntaria en la salida a esa hora intempestiva antes de la madrugada en la que los borrachos sienten una atracción invencible, como las moscas por la miel, por la gente que parece que va a hacer algún deporte.

Dorsales 57, 58 y ¿57 1/2?
Foto: Corre con el cuento
El problema logístico consiste en que la carrera sale de Madrid y va hasta Segovia, también conocida en las tierras del Quijote como "la mítica y lejana Castilla la Vieja al Norte del Muro", y dan veinticuatro horas para hacer estos cien y pico kilómetros que separan ambos enclaves, administrando fuerzas corriendo y caminando conforme al criterio y entrenamiento de cada cual. Nosotros habíamos pactado entorno a dieciséis horas, lo que viene siendo correr dos terceras partes.

Como la zona de aparcamiento alrededor de la salida los sábados es de pago (constante y frecuente a lo largo de la mañana), era imposible ir en un vehículo que se quedase allí esperando nuestro regreso sin encontrarlo cubierto de multas de aparcamiento.

Tras un rato de charla al abrigo del coche, haciendo tiempo (que no perdiéndolo, si entienden ustedes la diferencia que establecía Ortega y Gasset en sus "Lecciones de metafísica"... ¿Qué no lo han leído? Corran, corran a sus librerías, ya me lo agradecerán). Nos acercamos a la salida para reunirnos con más compañeros con los que habíamos quedado cuya enumeración excede los límites de lo lógico en una ágil narración.

Como si a mi me importase la agilidad narrativa, dirán ustedes, que aún no he ni tomado la salida (c.p.) y sigo gastando tinta a lo loco.

Aclaro que siempre me siento obligado a pedir disculpas cuando hago la crónica de una carrera. El motivo no es otro que la sensación de que hay una enorme saturación de esta especie de género que atasca Internet después de cada competición. Han surgido bitácoras como setas de cardo en el otoño tras las lluvias creando una marea de diarios de carreras que amenaza con convertirse en tzunami y que, en general no son una gran aportación a la literatura universal. Entre ellas me incluyo aunque hoy mancille el honrado blog de Corriendo por el Campo con unas letras.

En definitiva, lo que se suele contar en este tipo de páginas (no como en www.manuwar.es, dicen) es desde dónde y hasta dónde se va y por dónde se pasa, las sensaciones que se van teniendo, los amigos y conocidos que te vas encontrando, alguna anecdotilla o alguna dificultad a la que hay que sobreponerse. los tiempos de paso y quizá alguna epifanía o revelación que en la agonía del esfuerzo sobreviene a la conciencia. Algo que puede acabar saturando.

Comenzando por el recorrido, se trata de este:

Camino de Santiago entre Madrid y Segovia: pasa por
Tres Cantos, Colmenar, Manzanares el Real, Mataelpino, Navacerrada y Cercedilla.
Las sensaciones normales. Al principio bien, luego duele un poco. Se hizo fácil gracias a la compañía de Eduardo, que tuvo a bien apostar por mis ritmos y dejar que el Maestro Spanjaard se dejase llevar por su ardor juvenil y trotase alegremente por delante de nosotros camino de la sierra de Guadarrama cual gacela.

Ninguna anecdotilla reseñable, ninguna epifanía, si algún problemilla o dolor al que sobreponerse, como suele ocurrir, por lo demás, cuando se trata de una carrera de tres cifras. Los tiempos de paso, como un metrónomo, camino del objetivo previsto gracias a mi compañero que los llevaba apuntados y se mantuvo firme en su consecución.

Y sobre los encuentros, todos muy agradables. Hay gente majísima que se acerca a saludarte o que está en los avituallamientos, currando de voluntarios y que, después de algunos años, conoces en este círculo relativamente cerrado que es el mundo de la montaña y también buenos amigos.

El encuentro más sorprendente, en meta, con Miguel Ángel, el amable caballero que hace dos años me llevó haciendo autoestop a meta desde la Granja de San Ildefonso en el tortuoso camino de regreso cuando me perdí al final del recorrido.

Postureo a la mitad del recorrido en Mataelpino.
Es increíble como la cabeza, cuando sabe que le queda
la mitad, no manda señales de cansancio. Cualquier otro día 50
kilómetros es una burrada descomunal que no te permite dar un paso más.
Foto: Ana Barroso
Saliendo de Cercedilla, repuestos tras un descanso y acompañados
por Anne, mon p'ti chou, y el padre de Eduardo. PK 69.
Foto: Ana Barroso

Entrada en meta. Un poco borrosa, no por la velocidad extraordinaria que llevamos,
que solo es la justa para que no le demos tiempo a la fotógrafa de pillarnos bien.
Al fondo, dos mil años nos contemplan.
Foto: Ana Barroso
Es una carrera muy recomendable. No para alguien que solamente haya corrido medios maratones o que esté empezando, pero si se ha hecho alguna vez un maratón, habría que entrenarla simplemente bajando un poco los ritmos y metiendo algunas pateadas (mejor de más de cuarenta kilómetros) e ir mezclando correr y andar escuchando las sensaciones del cuerpo para ir siempre muy conservador. De esa manera se mantendrá el impulso durante más tiempo que es lo más importante en estas "carreras de cien fáciles".

Que fáciles no son, oiga, hay que hacer cada kilómetro como en cualquier otra y la dureza la pondrá usted. Si quiere que sea dura (con perdón), tan solo tendrá que apretar un buen ritmo desde la salida y ya verá, ya.

Verás la maravilla del camino,
camino de soñada Compostela
-¡oh monte lila y flavo!-, peregrino,
en un llano, entre chopos de candela.
     Otoño con dos ríos ha dorado
el cerco del gigante centinela
de piedra y luz, prodigio torreado
que en el azul sin mancha se modela.
     Verás en la llanura una jauría
de agudos galgos y un señor de caza,
cabalgando a lejana serranía,
     vano fantasma de una vieja raza.
Debes entrar cuando en la tarde fría
brille un balcón en la desierta plaza.

Antonio Machado



30 ago 2015

¿C'acis?


¿Cuánto tiempo hace que no venías por aquí ?

¿Nos echabas de menos? ¿Alguna vez has sentido que nos echabas de más?

¿Quieres rollo?

¿Cuántos kilates crees que hemos acumulado en nuestras otrora atléticas cuerpas para alegría y gloria de tiendas de barrio, grandes superficies, cerveceras y sector cárnico?

¿Has sentido alguna vez que cuanto más gorda la tienes (la barriga) más pequeños parecen tus ojos, como dos puñaladas en un tomate?

¿Por qué cojones después de una carrera de más de 100 km se te quitan las ganas de correr y te entran unas ganas de comer que ni comiendo se te pasan?

¿Alguien ha visto una cría de paloma alguna vez? Sí, una paloma pequeñita, una paloma bebé. ¿Nacen ya grandes?

¿Por qué Miguel (nuestro hipster más moderno) termina las carreras como si acabara de salir de una sesión de belleza y los demás terminamos con si la sesión fuera de fealdad?

¿No tendréis por ahí un euro pa un café?

¿Por qué cuando engordamos Luis o yo se nos ponen tetas de quinceañera (sobre todo la izquierda)?

Hablando del presi... ¿Cómo estará en Guasintón?

Muy pronto en sus pantallas las respuestas a todas estas preguntas (o casi)

Amos, coño, que nos movemos menos que los dientes de abajo.

¡A correr todo el mundo!

2 jul 2015

GTP: estrategias, experiencias, realidades.

Este año enfrentábamos el GTP con un no sé qué, que qué sé yo...


Nos inscribimos porque Luis, el Presi, se nos marcha a Guasintón por una temporada y le apetecía hacer los 110 (este año 115) km. de Peñalara para despedirse de las montañas patrias.
El Sr. Presidente y su señora esposa
Los demás le seguimos, pero cada uno a su aire, por distintos motivos.

Miguel Ángel y Guti también querían hacer allí su primera de más de 100 km del tirón, recordando lo bien que lo pasaron hace dos años cuando hicieron la de 60 km.

Manu, el filósofo jebi y experto ultrarunner, guiaría a Anne para que ésta también debutara en una gorda.

JAN se apuntó a la de los chupetines (TP60) para poder conocer Peñalara poco a poco y poder correr el año que viene la de los mayores. 

El Lidl correría también la pequeña porque, básicamente, le daba la gana, que para eso es el Lidl.

Jorge y yo sabíamos que teníamos que correrla cuando Luis dijo: "Yo este año voy a ir a hacer el GTP".

Así que, allí iríamos los CxCeses y aledaños (como Pelu y el Sr. Tocino) para echar unas horas por el monte y pasarlo lo mejor posible.
Algunos CxC y aledaños
También acudirían a la fiesta los Mineros (Abilio y Pablo) y los Quijotes (Toty y José Luis, acompañados de José Ángel). 
Abilio y Pablo
Guti, José Luis y José Ángel
Por si fuera poco, en lo más alto de la carrera (Pico Peñalara) estarían con jamón y cerveza los buenos de Pepe Moral (haciendo noche para ejercer como voluntario desde que llegaran los primeros corredores) y Nicco (el rugbier más símpático a este lado del Guadiana).
Abilio ensilando bajo la antenta mirada de Nicco
Pepe Moral, el más grande
Para rematar la faena, acudían más amigos de los que corren de verdad, como Gemma Arenas (a la postre vencedora femenina de la prueba ¡Y de qué forma!) y su marido Agustín.
Abilio y Gemma
¡Manchegos a cascoporro este año en el GTP!

Pero vamos a centrarnos en CxC, que si no, nos liamos.

Comencemos con las estrategias.  

Sabíamos que Manu y Anne irían a un ritmo que les permitiese pasar los controles, apretando un poco al principio para pasar los primeros al ser los más exigentes (quizá demasiado para los del final del pelotón popular) y disfrutar durante el resto para poder llegar cuanto más lejos mejor y tratar de terminar. 

Guti se iría con los Quijotes, con los que llevaba entrenando duro durante los últimos meses, tratando de alcanzar el mejor momento de forma. Haría la guerra por su cuenta en su primera carrera larga, pero iría acompañado por quienes tenían experiencia suficiente en esto de correr largo por montaña.

Ramón, siendo el puto Lidl, haría lo que hace siempre: lo que le sale del níspero, porque puede y porque quiere. 60 km para él, a pesar de no estar ahora mismo en su mejor momento de forma, en principio no suponen gran cosa.

La estrategia del resto se puso encima de la mesa unos días antes, delante de unas cervezas, como podréis suponer...

Luis se uniría a Manu y Anne, al menos durante la primera parte de la carrera para después ver qué debía hacer en función de sus fuerzas. 

JAN acudiría por primera vez a Peñalara y lo hacía desconociendo todo lo que se iba a encontrar en los 65 km que tenía por delante. A pesar de que le dijimos cómo era el terreno, dónde se podía correr y cuáles eran los puntos claves, él solo decía que le imponía mucho respeto. Que iría "despacico y con buena letra". También podría acoplarse con Pelu y Tocino, que han entrenado con nosotros en algunas ocasiones y también eran novatos. Así podrían ayudarse entre los tres.

Yo ya había comentado con Jorge mi decisión en algún entreno y parecíamos estar en sintonía. Iríamos a nuestro ritmo, sin arriesgar, pero sin dormirnos, tratando de disfrutar al máximo de la prueba. Nos conocemos, sabemos cómo estamos con solo vernos la cara, el ritmo que llevamos y que nuestras fuerzas suelen estar equilibradas, sin perjuicio de que en una carrera tan larga pasan mil cosas y hay momentos para todo. Yo no quería frenar a nadie, ni ir marcando un ritmo a nadie porque no estoy completamente seguro de que ese sea el ritmo adecuado. Traté de explicarlo de la mejor forma posible, pero no lo conseguí. 

Miguel puso mala cara y pensó que le estaba diciendo que nosotros iríamos a nuestra bola y que él fuera a la suya. Aguantó estoicamente mi ataque de sinceridad y nos dijo muy serio que ya sabíamos que él jamás había puesto ningún problema en una carrera por los ritmos y que sabíamos perfectamente lo que iba a hacer durante toda la carrera, que iría con nosotros. Le respondí que yo no sabía lo que él haría en esa carrera porque ni siquiera él lo sabía. Así de duro, así de descarnado y de capullo soy en ocasiones (bueno, espero que solo en ocasiones). 

Al final, aquello quedó en una anécdota. Miguel es muy buena gente y, al final, entendiéndome o no, decidió tomarlo por el lado positivo. "Yo iré con vosotros" - terminó diciendo con un gesto serio.

Pero, lejos de ser una simple anécdota, quizá sean éstas las claves de una carrera larga por montaña: la estrategia personal, la adaptación de ésta a la realidad del día de la carrera (a las sensaciones, a la climatología, al estado físico y anímico, al terreno...) gracias, todo ello, a las experiencias vividas en otras carreras.

Solemos decir que la mitad de estas pruebas de resistencia son cabeza. Quizá sea eso lo que quiero decir. Que la cabeza debe analizar multitud de situaciones y sensaciones muy distintas para poder gestionar de la mejor manera posible el esfuerzo necesario para poder completar el recorrido. 

Quizá sea necesario pasarlo mal, tener sensaciones muy malas y, en definitiva, sufrir física y mentalmente para poder comprobar cómo reacciona nuestro cuerpo y nuestra cabeza ante ello. O para poder saber qué es lo que "vivimos" para así poder decidir qué tipo de carreras queremos correr. 

Quizá solo así podremos comprobar que el cuerpo y la mente tienen una capacidad de adaptación y recuperación asombrosas. Esa experiencia es la que utilizaremos después para gestionar tantas horas en movimiento, para saber qué nos va bien y qué nos va mal. 

El problema es que hay tantas situaciones posibles que uno jamás tiene la experiencia suficiente para no tomarse en serio una carrera de este tipo. Si estás atento, la carrera te podrá vencer, pero si te descuidas, te vapulea. 

Por eso pueden darse casos de gente absolutamente preparada que no es capaz de completar un tercio del recorrido en un momento determinado. O que teniendo las piernas perfectas se nos cierre el estómago y no podamos comer, lo que hace imposible avanzar cuando las fuerzas que proporciona el alimento desaparecen. O que nos lesionemos. O que la mente nos juegue una mala pasada y de al traste con la ilusión de llegar a meta.

Todo es posible en las carreras de larga distancia por la montaña. Tanto, que hasta un tipo como yo puede completar el Gran Trail de Peñalara, con sus más de 115 km de distancia unos 10.200 metros de desnivel en 24 horas y 31 minutos. 
La pulsera y la chaqueta conseguida al llegar a meta
Después de ello, cuando pasan tres días, recuerdas el asfixiante calor subiendo el reventón, ese sudor continuo que caía por tu cara como si tuvieras un grifo abierto sobre la cabeza, esas miradas de Miguel y de Jorge para ver si seguía detrás. Ese fue mi momento malo de la carrera. El resto fueron buenos, la mayoría muy buenos. No obstante, después, todo se suaviza y se moldea, adquiriendo en ocasiones un tono rosa suave que hace que todo lo ocurrido sea positivo. 

Recuerdo lo bien que lo pasé con Miguel y con Jorge durante los kilómetros que estuvimos juntos (más de 80). Recuerdo ir con ellos, mirar al cielo y verlo lleno de estrellas, echar la vista hacia atrás y ver cientos de luces subiendo la montaña después de nosotros. Recuerdo nuestro ánimo, nuestras risas, nuestras palabras de aliento cuando alguno quería flojear un poco. Recuerdo el piornal y el viento fresco de la montaña. Recuerdo los primeros rayos de sol subiendo a la Morcuera.

Recuerdo la alegría de ver a los demás CxCeses en mitad de la carrera. Recuerdo la alegría de ver a nuestras chicas en La Granja para animarnos y para consolar a los que allí se quedaban. Recuerdo mis trucos mientras iba solo subiendo el río eresma, haciéndole trampas a mi cabeza para que no pensara más que en avanzar. Recuerdo ir solo por el Camino Schmidt mientras se ocultaban los últimos rayos de sol y pensar que tenía mucha suerte de estar allí. Recuerdo un trozo de sandía en el Puerto de Navacerrada. Y el abrazo de Mercedes ("Pels") en el control de la Barranca y su invitación a dos chupitos de cerveza fresquita y unas gominolas. Y los últimos kilómetros corriendo como alma que lleva el diablo con Jorge ("Pardi"), de los Paquetes, hasta llegar a meta para encontrar allí un pueblo lleno de vida, con la gente en las terrazas aplaudiéndote, unos amigos emocionados más que tú al ver que ya llegas, a Marisol que sonríe como diciendo "ya te dije yo que llegarías" y a JAN tendiéndome un tercio helado de cerveza a la vez que me decía "qué huevos tienes, cabrón".










Gracias a todos mis amigos de CxC por todo lo bien que lo he pasado con ellos antes y durante esta carrera. Gracias a las "miembras" por estar ahí animando y sufriendo nuestros entrenos. Gracias a la comprensión de Marisol, a sus ánimos y a su apoyo incondicional. Gracias a la familia que siempre están pendientes de mí, pensando -de forma equivocada- que tienen un hijo o un hermano que hace cosas extraordinarias. Gracias a todos los voluntarios de la carrera.

Peñalara es un carrerón. Un carrera grande en todos los sentidos, pero sobre todo en el recorrido. Toda la carrera es bonita. 



¡Hasta el año que viene Peñalara! ¡Te conquistaremos todos los CxC! ¡La próxima vez no te escapas!